Volver a México sólo para morir
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Volver a México sólo para morir

Carlota y sus hijos se fueron a Estados Unidos para alcanzar el sueño americano. Cuando ellos regresaron, sólo fue para morir.
Por Rosario Carmona.
26 de marzo, 2013
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De ser el recuerdo añorado, la casa de la infancia, el lugar a donde esperaba volver para ser sepultada, junto a sus padres,  la imagen de su pueblo se volvió la más dolorosa.

Carlota Cruz vive en Estados Unidos desde hace varios años. Llegó como muchos otros, con sus dos hijos y esperando tener una vida mejor.

Pero el sueño americano no la ha alcanzado y una desgracia le alejó de la posibilidad de sentirse en paz.

En abril del 2011, sus hijos Carlos e Israel regresaron a Cuernavaca para hacer los trámites necesarios para regularizar su situación en la Unión Americana.

Israel debía ir a Ciudad Juárez para cumplir con los plazos que el abogado le había indicado. Dejó a su esposa y tres hijos en Chicago y regresó a su lugar de origen con la esperanza de cumplir con los trámites suficientes para poder regularizar su situación migratoria.

Bastaron sólo algunos meses y entonces, simplemente pasó.

“El 11 de abril secuestraron a mis dos hijos, a uno creyeron que ya estaba muerto y lo dejaron ahí tirado. Y a Israel, se lo llevaron por otro lado, a los once días un agricultor lo encontró. Estaba escarbando en el campo y lo encontró tapado con tierra”.

Nada más le dieron 6 meses de vida, dice doña Carlota.

“Cuando se fue, yo sólo le dije mijo yo te espero de regreso. Ni siquiera alcancé a verlo en su caja, nada más me mandaron el acta de defunción y una foto del lugar donde lo sepultaron.

No me dieron siquiera una despedida.

En Estados Unidos tenía una vida hecha. Llegó de 8 años, cuando era tan sólo un niño, ahí creció, estudió, no conocía otro hogar  y entonces, a los 24 regresó a México… sólo para morir, para que lo mataran”.

En el documento que recibió doña Carlota se indica cómo fue asesinado su hijo, navajeado, decapitado y cada vez que lo lee, es un nuevo puñal que se le clava en el pecho, con una herida que no termina de cerrar.

“Nomás fue a entregar su vida porque no debía nada, sólo iba a arreglar su situación migratoria, ya tenía la cita en Juárez y nunca regresó. Aquí era vendedor de cosas usadas, desde zapatos, radios, ropa, de todo, además trabajaba en una factoría, le iba bien, estaba bien…

“Y lo peor es la impotencia, porque yo estoy con la pregunta de qué están haciendo las autoridades, por qué nadie hace nada, nadie está investigando, es como si me hubieran matado a un animal, como si no le importara a nadie, no lo entiendo, no entiendo…”

En medio del llanto, de la impotencia y del coraje que se han convertido en el estado permanente en el ánimo de doña Cecilia, no hay, al menos la posibilidad de recuperar a ese hijo que sobrevivió.

Carlos no tiene papeles, no se puede regresar.

“Mi otro hijo está muy mal, muy mal psicológicamente. Cada vez que le hablo me dice, ya no sufras porque yo me voy a morir aquí. Él es el más grande y se regresó a México para apoyar a su hermano menor, y en apariencia está bien físicamente pero él dice que desde que su hermano murió, él también está muerto.

“Yo le digo a mi hijo: tú y yo, los dos somos muertos hijo, porque parece que los perdí a los dos. Uno no puede regresar y el otro está muerto…

“Hay días que camino, hay días que voy a un grupo de ayuda, pero la verdad es que no sé qué hacer, no encuentro consuelo, mi vida se terminó.

“Nadie está investigando, esta impotencia me va a matar, por qué me mataron a mi hijo, porque no encuentro respuestas.”

Y es que a la distancia y a pesar del tiempo, la única versión que ha recibido es el silencio y una serie de publicaciones oficiales donde, en el mejor de los casos, su hijo sólo aparece como un número en la estadística.

Las víctimas 91 y 92

En abril del 2011, las autoridades de Morelos informaron sobre el hallazgo de dos cuerpos en un campo de cultivo de Xochitepec, al sur de Cuernavaca.

Los reportes de la Procuraduría General de Justicia señalaron que los dos cuerpos estaban atados de pies y manos con cinta adhesiva y vendas y se calculaba que tenían entre 8 y 12 días sin vida.

“Los cuerpos fueron encontrados en el campo de cultivo El Bolón, en el ejido de Real del Puente de Xochitepec”.

La señora Cruz y su familia en Estados Unidos debieron enterarse por los medios mexicanos del reporte que las autoridades emitieron, donde incluso se dieron detalles de la vestimenta de Israel, ropa interior y otros datos que no hicieron más que sumar motivos para el coraje, la indignación y la tristeza.

En la estadística se les ubicó como las víctimas números 91 y 92 del crimen durante el 2011, en el estado y se confirmó que fueron hallados enterrados en una parcela ubicada en los campos del Bolón, perímetro de Real del Puente en Xochitepec.

Doña Carlota Cruz espera que una llamada le aclare el porqué de la muerte de su hijo, pero también, confía en que a pesar de los años y del dolor que le provoca recordar  su lugar de origen, algún día, ella también volverá a México para poder morir en su casa.

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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