60% de mexicanos bebería menos chesco si subiera el precio
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60% de mexicanos bebería menos chesco si subiera el precio

Según Parametría, sólo 4 de cada 10 mexicanos se enteraron de la propuesta de aplicar un impuesto del 20 % a las bebidas carbonatadas y endulzadas.
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30 de mayo, 2013
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

México es uno de los países que más consume bebidas no alcohólicas (refrescos, jugos, tés, y bebidas con cafeína) en el mundo.  De acuerdo con la agencia Euromonitor Internacional, los mexicanos se han convertido en uno de los mayores consumidores de refresco del mundo, con un promedio de 119 litros por persona al año, ubicándose en el tercer puesto de la clasificación mundial, detrás de Argentina y Chile.

La investigación muestra que la industria tiene en Latinoamérica su principal mercado, ya que en esta región se encuentran los países que más beben refresco. Asimismo, el estudio informa que la marca de refresco que más se consume en el mundo es Coca-Cola, la cual también se encuentra en el primer lugar de las preferencias del consumidor mexicano.

Actualmente, la mayoría de la población mexicana bebe más refresco y agua embotellada. El director de la organización El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo, explica que el difícil o nulo acceso al líquido vital es una de las causas principales del alto consumo de refrescos y agua embotellada sobre todo en las comunidades más pobres. Calvillo denuncia que “10 millones de personas no cuentan con servicio de agua potable y 11.5 carecen del servicio de alcantarillado, cifras que representan el 9.1% y 10.4% de la población, respectivamente”.

De acuerdo con la encuesta nacional en vivienda de Parametría de diciembre de 2012, el 78 % de la población admite consumir bebidas no alcohólicas, carbonatadas y endulzadas; de aquellos que las consumen, 31 % las toma uno o dos días a la semana, 29% las ingiere diario, 22 % afirma beberlas tres o cuatro días de la semana, 10 % compra este tipo de líquidos de vez en cuando, y 7 % ingiere bebidas dulces con gas casi todos los días.

Si se suman aquellos entrevistados que consumen refresco diario y casi diario,  entonces que cuatro de diez mexicanos (36 %) posiblemente puedan padecer sobrepeso o diabetes por ingerir con frecuencia bebidas dulces y carbonatadas, esto de acuerdo con las declaraciones de organizaciones civiles como La Alianza por la Salud Alimentaria, El Poder del Consumidor y OXFAM-México y algunos analistas como Xiuh Guillermo Tenorio, que basados en investigaciones científicas afirman que un niño que consume al día una porción de refresco (227 ml) aumenta 60 % las probabilidades de padecer obesidad; de igual forma, un adulto que toma un refresco al día incrementa el riesgo de sufrir alguna enfermedad relacionada con el contenido calórico en un 25 % más que a una persona que no ingiere bebidas carbonatadas.

También, las personas que consumen de manera ocasional están en riesgo, son 15 % más propensos a padecer sobrepeso u obesidad.

Ante el gran incremento del consumo de refrescos y de la obesidad infantil, la Alianza por la Salud Alimentaria, grupo de asociaciones civiles, han lanzado campañas para crear conciencia en la población sobre los riesgos de tomar gaseosas. En una de las publicidades para aminorar el consumo de refresco, se observa que las bebidas Fanta sabor fresa y Mirinda son las más dulces, ya que contienen 16 cucharadas de azúcar por envase de 600 ml, y las que menos tienen son Peñafiel fresa y Orange Crush.

Para frenar enfermedades derivadas del alto consumo de refrescos, en diciembre de 2012, el Senado de la República turnó a la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma a la Ley de Impuestos Especiales para gravar el consumo de refrescos, sin embargo, la iniciativa no fue prioridad en el Congreso de la Unión, ni en la población en general. Apenas 4 de cada 10 mexicanos se enteraron de la propuesta de aplicar un impuesto del 20 % a las bebidas carbonatadas y endulzadas; y de ellos, sólo dos (50 % de aquellos que se enteraron del impuesto) están de acuerdo con el gravamen para desalentar el consumo del refresco y reducir el problema de obesidad y diabetes.

Arantxa Colchero Aragonés, investigadora de la Dirección de Economía de la Salud del Centro de Investigación en Evaluación y Encuestas del Instituto Nacional de Salud Pública, argumenta que un incremento en el precio de los refrescos reduce el consumo; en Hungría, Francia, Finlandia, Bélgica y Reino Unido se han aplicado medidas similares y han resultado.

Colchero Aragonés estima que un aumento del 10% en el costo disminuye el consumo en un 12.9 %. Asimismo, afirma que un impuesto al refresco, tendría importantes beneficios en la salud, en los costos de la atención médica y en la economía de las familias.

Las estimaciones hechas coinciden con la percepción de los entrevistados en la encuesta nacional de Parametría. El 30 % de la población afirmó que si el precio aumenta entre 1 y 5 pesos consumiría menos refresco; y el 20 % contestó que definitivamente dejaría de tomar ese tipo de bebidas si el aumento en el costo fuera de 6 a 10 pesos. No obstante, 6 de cada 10 mexicanos (entre el 56 % y el 61 %) consumiría menos refresco si se incrementara en 1 peso o más el costo de estas bebidas. Cabe mencionar que entre el 15 % y 20 % dudó del monto del incremento en el precio o prefirió no externar alguna opinión al respecto.

Pese a los beneficios que pueda traer un impuesto al refresco, la propuesta hasta el momento no ha sido aprobada ni discutida. Distintos analistas consideran fundamental el que los legisladores aprueben el gravamen al litro de refresco de casi dos pesos ($1.7 pesos) y que eso reduzca su consumo y modifique poco a poco los hábitos de consumo y nutrición de la población.

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"Estamos en huelga de tener bebés": el país con la natalidad más baja del mundo (y las consecuencias)

En 2021 Corea del Sur volvió a registrar otra caída histórica en el número de nacimientos, una disminución que expertos atribuyen al alto costo de la vida y la desigualdad entre hombres y mujeres en el trabajo.
26 de agosto, 2022
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Corea del Sur se encamina a una crisis sin precedentes. ¿La razón? Su población no crece al ritmo que debería.

En 2021 el país asiático volvió a registrar la tasa de natalidad más baja del mundo, pues la Oficina Nacional de Estadística apenas contabilizó el nacimiento de 260.600 niños, 11.800 menos que el año anterior, informó la agencia Yonhap.

Desde 2018 la tasa de natalidad en Corea del Sur es inferior a un hijo por mujer. Las últimas cifras oficiales muestran que esta tendencia lejos de revertirse tiende a agudizarse. Así, en los últimos 12 meses las mujeres tuvieron 0,81 niños en promedio, un dato que representa una disminución de tres puntos en comparación con 2020, y que supone además el sexto descenso consecutivo.

Esta caída en la tasa de natalidad amenaza con complicar los problemas que viene atravesando la economía del país, la cual apenas crece. En las economías más avanzadas del mundo el promedio de hijos por pareja es de 1,6; es decir, el doble que en el país asiático.

Las causas

En los últimos años, la presión económica y factores profesionales han sido claves a la hora de tomar la decisión de tener hijos, dicen los expertos.

Para las cifras de 2021, los analistas apuntan al costo de vida cada vez más alto, la subida del precio de las casas y el impacto de la pandemia de covid como principales factores que desaniman a la población a tener hijos.

Una mujer entre dos hombres

Getty Images
Cada vez son más las mujeres que privilegian su carrera profesional ante la posibilidad de formar una familia, una decisión impulsada por la desigualdad con los hombres que persiste en el mercado laboral.

En el caso concreto de la carrera profesional, las mujeres surcoreanas tienen una gran formación, explica la corresponsal de la BBC en Seúl, Jean Mackenzie, pero están lejos de haber logrado condiciones de igualdad en el trabajo respecto a los hombres.

“El país tiene la mayor diferencia salarial entre hombres y mujeres de todos los países ricos“, señala Mackenzie.

Además, el hecho de que las tareas domésticas y el cuidado de los niños siga recayendo mayoritariamente en ellas hace que sea más común que las mujeres dejen de trabajar después de tener hijos o que sus carreras se estanquen.

En esencia, indica la corresponsal de la BBC, muchas mujeres se ven todavía forzadas a elegir entre tener una carrera o una familia. Cada vez más deciden que no quieren sacrificar sus carreras.

Como le dijo una mujer a la periodista, “estamos en huelga de procrear”.

No tengo planes de tener un niño. No quiero sufrir el dolor físico de parir ni ver cómo mi carrera se perjudica”, explicó la surcoreana Jang Yun-hwa en una entrevista que concedió a la BBC en 2018.

“Prefiero vivir sola y conseguir mis sueños a ser parte de una familia”, agregó Jang.

Un grupo de trabajadores en una fábrica.

Getty Images
La disminución de la natalidad y el envejecimiento de la población amenazan con complicar los problemas que viene padeciendo la economía surcoreana.

Las consecuencias

Las tasas de natalidad han “disminuido notablemente” en las últimas seis décadas en las economías más grandes y avanzadas, de acuerdo a los datos manejados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Países como España también afrontan problemas demográficos similares, aunque las olas migratorias registradas en las últimas décadas, sobre todo las provenientes de África y América Latina, han paliado sus efectos.

Sin embargo, el caso de Corea del Sur es particular, porque el tamaño de sus familias se ha reducido considerablemente en unas pocas generaciones. A principios de los años 70, las mujeres tenían una media de cuatro hijos.

Esta disminución ha provocado un envejecimiento de la población y el consiguiente aumento en la tasa de mortalidad. Desde 2020 Corea del Sur ve cómo su población desciende, pues el número de muertes está superando a la cifra de recién nacidos. Solo en mayo de este año el país registró 28.859 decesos frente a 20.007 alumbramientos.

Vista de Seúl

Getty Images
El costo de la vida, en particular el de la vivienda, es otro de los factores que hace que más jóvenes surcoreanos pospongan o descarten formar una familia.

Los expertos sostienen que los países necesitan al menos dos hijos por pareja -una tasa de 2,1- para mantener su población en el mismo tamaño, sin tener que recurrir a las inmigración.

La disminución de la población puede generar múltiples problemas económicos. Por un lado, exige un mayor gasto público para responder al aumento de la demanda de los sistemas sanitarios y de las pensiones y, por el otro, el descenso de la población joven también causa una escasez de mano de obra.

Los pronósticos

Los expertos advierten que Corea del Sur podría enfrentar un “terremoto demográfico” a partir de 2030, debido al declive y rápido envejecimiento de su población.

Estudios del propio gobierno citados por la agencia Yonhap afirman que si la situación no se revierte la población en edad de trabajar caerá 35% durante los próximos 30 años.

En América Latina, Uruguay enfrenta un desafío demográfico similar al de Corea del Sur. Desde 2015 la tasa de natalidad del país sudamericano ha pasado de 1,9 hijos por mujer a 1,4 y a ello hay que sumarle la emigración de sus jóvenes, una combinación que explica por qué su población viene decreciendo.


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