¿Cómo celebramos el Día de las Madres?
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¿Cómo celebramos el Día de las Madres?

No es secreto. Cada año los mexicanos gastan millones de pesos para celebrar a las madres en su día pero ¿cuánto y cómo? Te decimos:
Por Alejandro Rossette
10 de mayo, 2013
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Es final de quincena pero ¿qué importa? [email protected] [email protected] no escatiman en dinero a la hora de comprar regalos para sus madres y, al menos una vez al año, festejarla aunque cualquiera se encargue de recordársela a diario.

¿Quieres darle una sorpresa única a mamá? Difícilmente lo lograrás. Quizá lo único original en este Día de la Madre sería NO reproducir la canción de Denisse de Kalafe, pues los patrones de consumo están definidos y aquí te los presentamos.

La intención es lo que cuenta

¿Un detalle del corazón es lo mejor? Mentira. De acuerdo con un estudio realizado por De la Riva Group, por cada millón de habitantes en México se gasta un promedio de 572 millones 818 mil 415 pesos sólo para agasajar a las madres en su día. Es decir 873 pesos por cada persona y eso que sólo 1 de cada 3 entrevistados admitió que no piensa dar un obsequio a su mamá.

¿Quiénes son los que más gastan? Los hombres, particularmente los jóvenes entre 18 y 30 años, quienes gastarán hasta mil pesos. Por regiones quienes más destinarán, mil 355 pesos, son los habitantes del Valle de México y quienes menos gastarán serán quienes viven en el Noreste del país.

El detalle de distinción

Al momento de elegir un regalo, el lugar importa. Según el mismo estudio hecho por la casa De la Riva Group, 19% de los entrevistados acudieron, o bien apenas acudirán, a una tienda departamental para adquirir el presente. Con igual porcentaje están aquellos que prefieren acudir a una tienda especializada en algún producto.

El 14% prefiere comprar su regalo en un supermercado y 7 por ciento eligen las tiendas de electrodomésticos para buscar el regalo ideal para mamá.

Esto también varía por región pues la mayoría de los habitantes del Noreste prefieren acudir a las tiendas de artículos para el hogar, en contraste con los pobladores del Occidente que buscan los obsequios en tiendas departamentales.

Madres pequeñas y grandes

El regalo preferido es la ropa. El 21%  de los mexicanos que celebran esta fecha prefieren comprar una blusa, un pantalón o alguna prenda. En cambio, 12% aún considera que un ramo de flores aún es el presente ideal.

Sin embargo todavía existen aquellas personas, el 10% , que creen que su madre estará encantada con una plancha a vapor, una licuadora de 10 velocidades o un horno de microondas con dorador integrado. Un electrodoméstico hará feliz a mamá, seguro.

El resto prefiero algo más práctico como calzado (6%), el lujo de la joyería (5%) o se va a la segura con una caja de dulces o chocolates (3%). En menor medida están los hijos que le regalarán un aparato electrónico, muebles o un teléfono celular a su madre. Todo para tener cerca y cómoda a su jefecita.

Las visitas tienen sueño

Para festejar a la madre los hijos prefieren la intimidad y cercanía. De acuerdo con el mismo estudio, 34 de cada 100 entrevistados prefieren organizar una comida o reunión en su propia casa. De cerca le siguen aquellos que visitarán a mamá en su casa, 28%, y apenas el 9%  celebrará en un restaurante. El resto pasará el día en casa de algún familiar o en otro lugar no especificado.

En este sentido quienes viven en el Noreste son quienes menos prefieren festejar en un restaurante, sólo 1% de ellos, en contraste con la región Occidente, en donde el 34% de los habitantes prefieren pagar una cuenta antes de tener que organizar la reunión en casa.

Acá puedes consultar el estudio completo de De la Riva Group:

Diez de Mayo- 2013 by http://www.animalpolitico.com

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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