¿De qué le sirve a México ser el país con más libre comercio del mundo?
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¿De qué le sirve a México ser el país con más libre comercio del mundo?

México tiene 49 acuerdos comerciales con 44 países. Algunos especialistas sostienen que esta apertura ha sido fundamental para superar crisis. Pero otros afirman que muchos beneficios anunciados con esos tratados no existen.
14 de mayo, 2013
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

México es el país con más tratados de libre comercio en el mundo, pero muchos mexicanos se preguntan para qué han servido tantos acuerdos económicos, especialmente con naciones con las que el intercambio económico es mínimo.

De acuerdo con la Secretaría de Economía, México tiene 12 tratados de libre comercio, 28 acuerdos para la promoción recíproca de inversiones y nueve acuerdos de complementación económica. En total son 49 acuerdos diversos que se han firmado con 44 países distintos.

Algunos especialistas sostienen que esta apertura económica, que inició en 1986, ha sido fundamental para superar las distintas crisis financieras.

Pero los críticos de los acuerdos afirman que muchos beneficios anunciados con esos tratados no existen, e incluso aumentó la dependencia de la economía mexicana a la estadounidense, lo que se pretendía evitar con la diversificación de relaciones comerciales.

El país, explica a BBC Mundo Arnulfo Gómez, investigador de la Universidad Anáhuac, no aprovechó sus ventajas competitivas:

Ser vecino de Estados Unidos, conseguir un acceso preferencial a ese mercado, contar con reformas estructurales en su economía interna y mantener un tipo de cambio devaluado.

Firmar tantos acuerdos comerciales sirvió, entonces, de muy poco, asegura el académico.

“Debido a la falta de programas, proyectos y la falta de competitividad empezamos a importar de todos los demás países para exportar a Estados Unidos, y lo que sucedió fue que el valor agregado de México en el proceso de exportación se redujo”.

Números

Antes de 1986 la economía mexicana se basaba en el modelo de sustitución de importaciones, con un esquema de protección gubernamental a la industria y agricultura del país.

Pero ese año, en medio de una de las crisis financieras más severas de su historia, el gobierno decidió incorporarse al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) con lo cual el país se abrió al libre mercado internacional.

Ocho años más tarde, en 1994, México firmó con Estados Unidos y Canadá el Tratado de Libre Comercio de América de Norte (TLCAN), que pretendía crear una de las economías regionales más importantes del mundo.

Pero al año siguiente también estableció acuerdos similares con Costa Rica y Colombia, y después con Nicaragua, Chile, Israel o Liechtenstein, naciones con las que el intercambio comercial era reducido.

En su momento el gobierno del presidente Ernesto Zedillo (1994-2000) -período en el que se firmaron muchos de estos convenios-, afirmó que el objetivo era ampliar las relaciones comerciales mexicanas, concentradas con su vecino del norte, y aprovechar el TLCAN como una puerta al mercado estadounidense.

Así ocurrió al principio, explica el investigador Arnulfo Gómez. Pero luego se perdió el impulso.

Según la Organización Mundial de Comercio entre 1993 y 2001 México pasó de ocupar el lugar 17 en el rango de países exportadores a la posición 12. Pero luego descendió en la escala y el año pasado se colocó en el sitio número 16.

Asociación Transpacífico

¿Para qué sirven 49 acuerdos comerciales con 44 países?

La Secretaría de Economía afirma que, con los tratados, México tiene acceso a un mercado potencial de unos 1.000 millones de consumidores, que representan el 60% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.

Pero ha sido sólo una posibilidad, coinciden analistas. Datos de la Secretaría de Economía indican que el 78% del comercio mexicano se realiza con Estados Unidos.

La mayor parte de las mercancías que se exportan son petróleo, televisores y pantallas; vehículos, computadoras, teléfonos móviles, equipo eléctrico, aparatos médicos, tractores, oro y plata.

Pero lo más grave es que la forma como se ha realizado la apertura comercial perjudicó a varios sectores de la economía, como la producción agrícola le dice a BBC Mundo Víctor Suárez, director de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productos del Campo (ANEC).

Hasta ahora el modelo de competencia de la economía mexicana se basa en dos temas, afirma: el bajo costo de la mano de obra y la exportación de materias primas.

“Para nosotros tener 49, 50 u 80 tratados de libre comercio es lo mismo, porque no hay un proyecto nacional de desarrollo basado en el mercado interno, la articulación de las cadenas productivas o elevar el salario para mejorar el nivel de vida”, señala.

Más allá de las críticas, para las autoridades mexicanas los acuerdos comerciales son fundamentales. Uno de sus principales defensores es el presidente Enrique Peña Nieto, quien ha dicho que el libre comercio “marcará mi gobierno”, e incluso recientemente anunció que establecerá con Estados Unidos un equipo de alto nivel para negociaciones comerciales entre ambos países.

Por lo pronto México mantiene negociaciones para unirse al Acuerdo de Asociación Transpacífico, donde participarían China y Estados Unidos, y que podría convertirse en el tratado comercial más grande de la historia.

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'El día que le dije a mi novio que era una persona no binaria'

Katje van Loon tuvo la idea de celebrar un Día Internacional de las Personas No Binarias, a mitad de camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre.
14 de julio, 2022
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Hace 10 años, Katje van Loon escribió una publicación en su blog en la que pedía la creación del Día Internacional de las Personas No Binarias el 14 de julio, exactamente a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre. Katje le ha contado a la corresponsal de género e identidad de la BBC, Megha Mohan, por qué es importante que el día se haya convertido en una realidad.

Hay un meme que aparece de vez en cuando sobre un pájaro al que han llamado pingüino toda su vida. Un día, el pájaro se encuentra con un médico que le dice: “No eres un pingüino, eres lo que se llama un cisne“. El cisne se siente aliviado. De repente, toda su vida cobra sentido.

Yo tuve mi momento cisne en 2011, cuando tenía unos 20 años.

Mi abuela acababa de morir y yo estaba en su apartamento organizando sus cosas. Tratando de distraerme, entré en internet y, pasando de un página a otra, me encontré con la entrada en Wikipedia sobre identidades de género.

Fue aquí donde leí por primera vez la definición de “no binario”. En esos párrafos, aprendí sobre personas que no siguen las normas binarias de género, personas que sienten que existen en un espacio intermedio fuera de las definiciones de hombre y mujer.

“Esto soy yo”, pensé. “Soy una persona no binaria. Esto es lo que he sido toda mi vida. Y nunca he tenido las palabras para describirlo”. Empecé a llorar. Sabía que tenía que contárselo a mi novio.

La chica más fuerte

El teatro era mi asignatura favorita en la escuela secundaria. Me gustaba todo, incluso acarrear las cosas pesadas que habíamos utilizado al final de la clase. Me señalaban como la “chica más fuerte de la clase de teatro” cuando me tocaba guardar las piezas pesadas del set junto con los chicos.

Así que allí estaba yo, moviendo atrezzo con los chicos, identificada como diferente a las otras chicas. Pero, extrañamente, esta era de las pocas veces en las que ser diferente era un motivo de orgullo para mí en lugar de una vergüenza.

De alguna manera, yo era como mi madre. La gente decía que mi madre era una mujer “guapa”, y mucho más tarde me di cuenta de que en realidad lo decían como un insulto para referirse a su aparente falta de feminidad.

Era una mujer soltera, abogada y educadora. Ella no era como las otras madres de la escuela. Se sentía tan cómoda arreglando cosas por la casa como cuando enseñaba a sus alumnos o me cuidaba a mí.

Yo era como ella al adoptar roles de género no tradicionales. Pero a diferencia de ella, yo existía en otro lugar. No era solo que no me sintiera “femenina”, o que fuera más alta y más grande y menos femenina. Era algo más que eso: la etiqueta de “mujer” simplemente no me encajaba.

Al crecer en los barrios periféricos de Vancouver, en Canadá, y luego en Hawái, me perdí en libros de fantasía, en mundos ficticios creados por escritores como Ursula K. Le Guin, habitados por personajes sin identidad de género fija.

A los 12 años comencé a escribir, creando mis propios planetas ficticios. Más de una década después pude publicar una versión muy revisada y pulida de estos mundos, la primera de una serie de novelas de ciencia ficción.

En estos imperios creativos, jugué con los roles de género; los personajes oscilaban entre tener características sexuales masculinas o femeninas. Escribir me dio la libertad para imaginar una realidad menos rígida.

Como milenial, crecí en internet. En los chats encontré comunidades de personas que hablaban sobre sexualidad y me declaré bisexual a los 14 años. Primero en internet y luego en el mundo real, las comunidades LGBT me dieron la bienvenida cuando me abrí sobre mi sexualidad, y entonces experimenté un sentimiento de pertenencia.

Expulsada de la comunidad LGTB

Más tarde, cuando tenía 20 años, me enamoré de mi novio, Nathan. Pero esto tuvo un precio. Creo que no hay forma más rápida de ser expulsada de una comunidad LGBT que la de ser una mujer bisexual que sale con un hombre.

La gente te ve como “heterosexual”, alguien que no entiende la lucha, y de repente las conversaciones y los eventos ya no te incluyen. Lo llaman el “bi-borrado”, y es un fenómeno muy real. Dejan de invitarte a cosas. Se crean grupos privados sin ti.

En mi experiencia, las personas todavía entienden la sexualidad de la forma en la que no entienden la identidad de género.

Cuando encontré la página de Wikipedia que explicaba mi identidad no binaria, Nathan fue la primera persona a la que quise contárselo, pero me daba mucho miedo.

Cuando lo vi más tarde ese día, lo dije rápidamente: “Soy una persona no binaria”.

Pausa.

“Entonces, ¿qué es lo que cambia?”, preguntó.

Otra pausa.

Puede que use pronombres diferentes“, respondí. “O que me llame de otra forma a veces”.

Me preguntó si yo era transgénero. ¿Estaba pensando en cambiar físicamente de alguna forma?

Dije que no, que no lo era.

“Está bien, intentaré recordar tus pronombres”, dijo, “pero no soy muy bueno recordando cosas”.

Ambos nos reímos, relajados, y la tensión se disipó. Le expliqué cómo, al crecer, me había sentido mal representada como esta “otra” persona, y que ahora tenía un nombre para describir lo que era, por lo que inmediatamente encajé un poco mejor en mi propia piel.

Nos comprometimos poco después y nos casamos en 2015.

La boda de Katje y Nathan.

Zemekiss Photography

Durante varios años, usé diferentes pronombres en lugar de “ella”. Me gustó especialmente “zie”, que sonaba suave y divertido. Eran términos neutros en cuanto al género que la gente usaba en internet y que no determinaban el sexo de la persona.

Durante un tiempo estuve a favor del pronombre “they” utilizado en singular (en inglés significa tanto “ellos” como “ellas”). Pero a medida que vi su uso florecer y despegar, comenzó a desagradarme, y ahora no lo soporto.

Como escritora, me tomo el lenguaje muy en serio, y he leído varios textos en los que las personas usan el pronombre “they” que me confundieron realmente sobre si se referían a un individuo o a un grupo. Algunos escritores argumentan que Shakespeare solía usar “they”, a lo que respondo: “Muy pocas personas escriben tan bien como Shakespeare”.

Con el tiempo, mi amor de la infancia por la escritura de fantasía se convirtió en una carrera, así como en una salida para mi mundo imaginario fuera de las normas de género.

En mi libro “Stranger Skies” (Cielos más extraños), escribo sobre una diosa que cae de los cielos a un planeta que no obedece las leyes de la física o la biología. Descubre que en ese mundo, el género está programado, se es hombre o mujer, pero el sexo es mutable. Las personas pueden cambiar su cuerpo físico a través de una pequeña ceremonia semirreligiosa. Esto permite que las parejas homosexuales puedan tener hijos biológicos sin intervención médica. Me divierto mucho explorando estos conceptos en mi escritura.

Un año después de identificarme como persona no binaria, escribí una publicación de 153 palabras en mi blog sobre por qué debería haber un Día Internacional de las Personas No Binarias. Dije que debería ser en julio, a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer en marzo y el Día Internacional del Hombre en noviembre. Hubo algunos comentarios en el blog entonces, pero apenas se extendió por internet.

Katje haciendo pompas de jabón

Kam Abbott
Katje pasa ahora menos tiempo en internet.

Lo olvidé hasta varios años después, cuando vi que el Día Internacional de las Personas No Binarias se celebraría oficialmente el 14 de julio, el mismo día que sugerí en mi publicación. Lo iban a celebrar la organización Campaña por los Derechos Humanos, Stonewall, el sitio web del Parlamento de Reino Unido e incluso la web dictionary.com.

La gente citaba las razones que yo había dado para elegir la fecha, pero solo la página de Wikipedia sobre el género no binario mencionó mi blog como inspiración. Esto me molestó. Un pequeño reconocimiento hubiera estado bien.

Cambios

Ahora, las cosas han cambiado en mi vida. Estoy más cómoda conmigo misma. Me importa menos cuando la gente se refiere a mí como mujer o usa el pronombre “ella”.

Solía ​​​​estar muy a favor de tener un tercer marcador de género en las identificaciones, como pasaportes o permisos de conducir, como tienen en Argentina, Australia e India y han propuesto en Sudáfrica. Pero ahora no estoy tan segura. ¿Quiero que los datos de las minorías de género se recopilen en algún lugar al que los gobiernos puedan acceder fácilmente? Definitivamente no. No tengo fe en las burocracias. Puedo entender por qué puede ser importante para algunas personas en ciertos países, pero no lo es para mí.

También paso mucho menos tiempo en internet. No me siento cómoda ni en las páginas conservadoras ni en las liberales. Se fagocitan a sí mismas, a la espera de que la gente diga lo que ellos consideran que no está bien.

Solíamos llamarlo “la cultura de la denuncia“, pero ahora le han crecido más cabezas, es una bestia. Y no ayuda a nadie, y mucho menos a las personas vulnerables que quieren pertenecer a algo pero que saben que pueden ser apartadas en cualquier momento por decir algo incorrecto.

Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Katje van Loon
Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Puedo imaginar lo que puedes estar pensando ahora. Si no quiero ningún nuevo tipo de documento de identidad, y no necesito que respetes mis pronombres preferidos (todavía zie), ¿qué sentido tiene ser no binario? ¿Es importante tener un Día Internacional de las Personas No Binarias?

Sí, lo es.

Podemos sentirnos invisibles en un mundo que aún no ha entendido del todo lo que somos. Así que es bonito tener un día que reconozca nuestra existencia. ¿Tiene que ser un día en el que estemos en las calles marchando? No. Pero sería lindo recibir algunas flores.

Creo que ser llamada persona no binaria es importante a nivel interno. Para mí es importante tener esas palabras para describirme, y saber quién soy me permite estar más cómoda conmigo misma. Quiero que la gente sea feliz como es.

Y si tener un día te ayuda a ser feliz contigo mismo, genial. Ese es el mejor resultado que podría haber esperado de esa publicación de blog que escribí hace 10 años.


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