El diccionario de niños que sorprende a los adultos
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El diccionario de niños que sorprende a los adultos

Un diccionario escrito por niños de comunidades rurales colombianas fue el gran éxito en la última Feria del Libro de Bogotá. El texto revela la sabiduría y poesía de los niños.
18 de mayo, 2013
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Son definiciones llenas de poesía y de sabiduría, a pesar de la corta edad de sus autores.

O, más bien, precisamente por ello.

Van desde la A de adulto (“Persona que en toda cosa que habla, primero ella”, según Andrés Felipe Bedoya, de 8 años), hasta la V de violencia (“Parte mala de la paz”, en la definición de Sara Martínez, de siete).

Y están contenidas en “Casa de las estrellas: el universo contado por los niños”, una obra que sorprendió al convertirse en el éxito de la recientemente concluida Feria Internacional del Libro de Bogotá, ya que fue publicada por primera vez en Colombia en 1999, y que nuevamente fue reeditado a principios de año.

“Eso me da pie a pensar que el libro sigue revelando, sigue diciéndole a las personas cosas”, le dijo a BBC Mundo Javier Naranjo, el paciente compilador de las definiciones, elaboradas por niños colombianos.

“Ellos (los niños) tienen una lógica distinta, otra manera de entender el mundo, otra manera de habitar la realidad y de revelarnos muchas cosas que ya hemos olvidado”, explicó.

Y así, en el particular diccionario, el agua es – entre otras cosas – una “Transparencia que se puede tomar”, un campesino “no tiene casa, ni plata. Solamente sus hijos” y Colombia “Es un partido de fútbol”.

Mientras, una de las definiciones de Dios es “el amor con pelo largo y poderes”, la oscuridad “Es como la frescura de la noche” y la soledad esa “Tristeza que le da a uno a veces”.

“Otra visión del mundo”

Las definiciones – casi 500, para un total de 133 palabras diferentes – fueron compiladas durante un período “de entre ocho o diez años”, mientras Naranjo trabajaba como maestro en varios colegios rurales del oriente del departamento de Antioquía.

“En creación literaria hacíamos juegos de palabras, inventábamos historias. Y la génesis del libro es uno de los ejercicios que hacíamos”, le relató el ahora director de la biblioteca y centro comunitario rural “Laboratorio del Espíritu” a BBC Mundo.

Según Naranjo, se celebraba el Día del Niño y a él le dio por pedirles a sus alumnos que definieran lo que era un niño.

“Y recuerdo una definición que era: ‘Un niño es un amigo que tiene el pelo cortito, no toma ron y se acuesta más temprano’. A mí me encantó, me pareció perfecta”, recuerda.

“Y entendí – bueno, ya lo venía comprendiendo con el trato cotidiano con ellos – que ellos tienen una lógica distinta, otra manera de entender el mundo, otra manera de habitar la realidad. Entendí que pueden revelarnos muchas cosas que ya hemos olvidado”.

Fue durante esos juegos en el aula de clases que Natalia Bueno, de 7 años, definió iglesia como “Donde uno va a perdonar a Dios” y Catalina Taborda, de la misma edad, explicó que sombra “Son los movimientos de cada persona en la oscuridad”, dos de las definiciones que más emocionan a Naranjo.

Y de esos juegos también salió la definición de niño como “Humano feliz” (Johan Agudelo, 8 años) y como “Damnificado de la violencia” (Jorge Villegas, 11), las dos caras del país que también se adivina detrás de las asociaciones de “Casa de las estrellas”.

“Los niños eligieron algunas palabras y yo también: palabras que me interesaban, por las que me preguntaba. Pero no eludí ninguna”, le explicó Naranjo a BBC Mundo.

“Está guerra – “Gente que se mata por un pedazo de tierra o de paz” (Juan Carlos Mejía, 11 años) –, está desplazado – “Es como cuando lo sacan del país para la calle” (Oscar Darío Ríos, 11) –, está la palabra sexo – “Es una persona que se besa encima de la otra” (Luisa Pates, 8)”, dijo.

“Y ninguna definición dicha por ellos alrededor de esas palabras la taché o la quité (del libro) por un asunto ideológico. La única guía que tuve para la selección era la potencia de esas palabras y de sus expresiones. El poder de revelación que tenían”, afirmó.

Aprender a escuchar

Para la publicación, Naranjo seleccionó y corrigió puntuación y ortografía. Pero nada más.

Lo que significa que la voz de los niños sigue ahí, con sus formas de explicar las cosas y sus particulares construcciones gramaticales. Como en la definición de tranquilidad de Blanca Yuli Henao, de 10 años: “Por ejemplo que el papá le diga que le va a pegar y que después le diga que ya no”.

Para Naranjo, ese respeto a las voces de los niños también es parte del éxito del libro, que fue reeditado en 2005 y 2009 y ha inspirado ejercicios similares en países como México y Venezuela.

Pero aunque él continúa trabajando con los niños de Antioquia, hace tiempo dejó de practicar con ellos el juego de las definiciones, por lo que la última edición de “Casa de las estrellas” – con prólogo de la escritora Piedad Bonnett e ilustraciones de José Antonio Suárez Londoño – está supuesta a ser la definitiva.

Las ventas del libro, sin embargo, ayudarán a financiar las actividades de la biblioteca rural Laboratorio del Espíritu, donde actualmente Naranjo continúa invitando a los niños a dejar volar su imaginación con otras dinámicas.

Y es que si de algo está convencido el también poeta colombiano, es que los niños tienen mucho que enseñarnos “si estamos atentos a oírlos y a no condescender”.

“Los adultos pareciera que condescendiéramos a hablar con ellos y es al revés. Más que bajar tenemos que ponernos a su altura. Y estar a su altura es inclinarnos para poder mirarlos a los ojos y hablar con ellos en unos de tú a tú. Escuchar sus dudas, sus miedos, sus deseos y oírlos”, le dijo a BBC Mundo.

“Yo no quisiera perder nunca la habilidad de poder seguirlos escuchando”, concluyó.

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¿Es la inflación más dañina que la recesión?

Las medidas que toman las autoridades para detener la inflación, como subir el costo de los créditos, le ponen un freno a la economía. Si las tasas de interés son demasiado altas y el freno económico demasiado profundo, puede llegar una recesión.
11 de agosto, 2022
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Hay que apagar el fuego antes de que se salga de control.

Esa parece ser la consigna de los países afectados por la gigantesca inflación que recorre el mundo y que ha llegado a máximos históricos en décadas.

Con Alemania marcando el nivel más alto en casi medio siglo -en medio de una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania-, Estados Unidos y Reino Unido en el más alto nivel de los últimos 40 años y América Latina también bajo presión por la escalada en el costo de la vida, los bomberos están trabajando a toda velocidad.

Bomberos encargados de la política fiscal y monetaria de los países que intentan apagar una hoguera sin descuidar otro foco de incendio: la recesión.

Empleado de un fondo de inversiones mira varias pantallas de computadora

Getty Images

Pues bien, ¿qué tiene que ver la inflación alta con una recesión económica?

Mucho. Cuando se dispara la inflación, los bancos centrales suben las tasas de interés (el costo de los créditos) para desincentivar la compra de bienes o servicios.

Es una política que busca reducir el consumo y las inversiones con la esperanza de que bajen los precios.

Con este mecanismo se controla la inflación pero, al mismo tiempo, se frena el crecimiento económico.

Si el frenazo es demasiado grande, la economía se estanca y aumentan las posibilidades de que el país entre en recesión.

Trabajador estadounidense

Getty Images

Frente a este dilema las autoridades tienen que hacer de equilibrista y preguntarse: hasta dónde puedo subir las tasas de interés sin ahogar demasiado la economía.

Y ese equilibrio precario entre inflación y recesión es lo que tiene a los economistas tratando de apagar un incendio sin echarle leña al otro.

De ahí viene la pregunta: ¿es peor la inflación o una recesión económica?

El mal menor

No es tanto cuál es peor, sino qué es lo primero que hay que atajar. Yo creo que un país que quiere mantener su estabilidad macroeconómica, no puede permitirse una inflación elevada”, argumenta Juan Carlos Martínez, profesor de Economía en la universidad IE Business School, España.

“Una recesión es un mal menor comparado con una inflación persistente en la economía”, dice en diálogo con BBC Mundo.

cONSUMIDORA CON CAJA DE FRESAS EN LA MANO

Getty Images

Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del centro de estudios Wilson Center y profesor de la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU., también argumenta que disminuir el costo de la vida es algo prioritario.

Las dos cosas son malas, pero la inflación es más difícil de superar en muchos casos”, apunta el experto.

Una inflación crónicamente alta, agrega, le impone muchos costos a una sociedad.

No solo se trata del frenazo económico. “También crea tensiones sociales, ya que los trabajadores exigen aumentos salariales recurrentes, los propietarios exigen subidas del alquiler y los comerciantes deciden aplicar repetidos aumentos de precios”, le dice Gedan a BBC Mundo.

Desde otra perspectiva, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC) de México, agrega al debate que controlar una inflación elevada puede tomar muchos años, mientras que las recesiones, al menos en los últimos años, se han podido superar más rápidamente.

Persona comprando gasolina en Estados Unidos

Getty Images

“En este momento es fundamental contener la inflación porque las experiencias de los últimos 50 años nos muestran que una espiral inflacionaria acaba desencadenando una recesión”, le dice el economista a BBC Mundo.

“Se puede atajar una recesión sin que esto implique inflación, pero en el otro caso, la inflación termina provocando una crisis”.

Estados Unidos, por ejemplo, “está pagando el costo de un error”, agrega, porque las autoridades dejaron pasar mucho tiempo antes de subir las tasas de interés para controlar el consumo y la inversión.

De esa manera, la demanda siguió alta y los precios continuaron escalando, señala de la Cruz, sin que se eliminaran los incentivos para seguir gastando.

¿Qué pasa en América Latina?

Tal como está ocurriendo en otras partes del mundo, Latinoamérica también ha sufrido la ola inflacionaria.

En países como Chile, la inflación se disparó a un histórico 13,1% (la mayor en casi tres décadas), seguido por Brasil y Colombia (superando los dos dígitos), mientras países como Perú y México, donde la espiral inflacionaria es un poco menor, también han sufrido las consecuencias de precios que están dejando huellas aún más profundas en los sectores más vulnerables.

Mujer en supermercado, foto genérica.

Getty Images

Argentina, que sufre un problema crónico de inflación, tiene la herida abierta con un aumento anual del costo de vida de 64%.

Ante este escenario, los bancos centrales de la región han aplicado históricos aumentos de las tasas de interés para tratar de sacarle la presión a la olla.

En los buenos tiempos económicos, muchos gobiernos solían ponerse como meta inflacionaria un rango de entre 2% a 4%.

Pero ahora que el costo del crédito está disparado, esas metas se esfumaron, al menos por ahora.

Brasil, por ejemplo, tiene sus tipos de interés en 13,7%, mientras que en Chile el costo de los préstamos escaló a un máximo histórico de 9,7% y en Colombia al 9%.

Pocas ganas les quedan a los consumidores que aspiraban a comprarse una casa con un crédito bancario, o a los empresarios que pensaban renovar equipos, ampliar sus operaciones o iniciar nuevos proyectos de inversión.

Manos con billetes chilenos

Getty Images

Claramente la época del “dinero barato”, es decir, de los préstamos más asequibles, quedó en el pasado.

Tan veloz y profundo han sido el aumento del costo del crédito, que los economistas esperan ver resultados prontamente.

De hecho, en países como Estados Unidos o Brasil, la inflación dio una tregua y disminuyó levemente, aumentando las expectativas de que los precios podrían estar alcanzando sus niveles máximos.

¿Quiénes son los más perjudicados con la inflación?

“Lo peor de todo es que la inflación es un impuesto sobre los pobres, que tienen escasos ahorros y normalmente trabajan en el sector informal, con poca capacidad para proteger su poder adquisitivo”, explica Gedan.

“Dada la pobreza generalizada de la región y el gigantesco sector informal, los impactos de la inflación son particularmente severos en América Latina”, apunta.

Trabajadora colombiana en empresa textil.

Getty Images

En ese sentido, las autoridades no han dudado en subir las tasas, especialmente por los episodios de escalada de precios en Latinoamérica en las décadas pasadas.

“Es que dados los traumas pasados ​​de la región con la hiperinflación y el deseo de conservar la credibilidad ganada con tanto esfuerzo de los bancos centrales, no sorprende ver medidas rápidas en muchos países para frenar los aumentos de precios”, dice el experto.

El debate en Estados Unidos

Si bien inflación y recesión son dos amenazas económicas de alto calibre, en Estados Unidos el debate se ha centrado en cuánto y a qué velocidad la Reserva Federal (el equivalente al banco central en otros países) debe seguir subiendo las tasas para detener la escalada de los precios.

Criticada por no haber actuado antes, la Fed se ha embarcado este año en una serie de subidas de los tipos de interés.

Y como esas subidas le ponen un freno a la economía, la pregunta que muchos se hacen es si Estados Unidos caerá o no caerá en una recesión con todas sus letras.

Porque ya está atravesando lo que se conoce como una “recesión técnica”, equivalente a dos trimestres seguidos de contracción económica.

Foto genérica de buque carguero con contenedores y bandera de Estados Unidos.

Getty Images

Pero en EE.UU. esos números rojos no representan una verdadera recesión, según los estándares que se utilizan en ese país.

El árbitro que la define, por decirlo de alguna manera, es una organización independiente: la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

En ella participan destacados economistas que se reúnen regularmente y analizan todas las variables que pueden incidir en un proceso recesivo.

La definición que ellos utilizan está lejos de ser una fórmula matemática: “Una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

El enfoque del comité de economistas es que, si bien cada uno de los tres criterios (profundidad, difusión y duración) debe cumplirse individualmente hasta cierto punto, las condiciones extremas reveladas por un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro.

Precisamente porque no es una fórmula infalible hay tanto debate en Estados Unidos sobre si realmente el país va camino a una recesión o si no llegará a ese punto.

Las máximas autoridades del país (encargadas de la política fiscal y monetaria) se han mostrado optimistas argumentando que el mercado del trabajo se mantiene fuerte.

Y en julio la inflación bajó levemente (de 9,1% a 8,5%), aportando una cuota de alivio frente a los pronósticos que consideraban como inevitable una recesión en el país.


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