Ellas son las madres de desaparecidos en huelga de hambre
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Ellas son las madres de desaparecidos en huelga de hambre

Ellas son las diez mamás, hermanas y papás que, desde ayer, se encuentran en huelga de hambre en Paseo de la Reforma y que hoy conmemorarán el 10 de Mayo a una sola voz: "¡¿Donde están, dónde están, nuestros hijos dónde están?!"
Por Paris Martínez
10 de mayo, 2013
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Foto: Cuartoscuro

Foto: Cuartoscuro

Exigen que la promesa de buscar a sus hijos, víctimas de desaparición forzada, sea cumplida por el nuevo gobierno federal, encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto. Exigen que el procurador Jesús Murillo, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el comisionado de Seguridad Pública, Manuel Mondragón, expliquen por qué, a seis meses de haber ocupado el cargo, nada han hecho para localizar a sus seres queridos. Reclaman una búsqueda efectiva, de campo, no procedimientos administrativos. Apuntan sus demandas contra la fachada de la PGR, tal como en noviembre lo hicieran contra el Antiguo Palacio de Covián.

Algunas están enfermas, otras convalecientes, y todas están “hartas de engaños”. Ellas son las diez mamás, hermanas y papás que, desde ayer, se encuentran en huelga de hambre en Paseo de la Reforma y que hoy conmemorarán el 10 de Mayo a una sola voz: “¡¿Donde están, dónde están, nuestros hijos dónde están?!”

Dolores Rodríguez Rodríguez

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“Estoy aquí, en apoyo a todas las madres que tenemos hijos desaparecidos, ya que, desgraciadamente mi hijo desapareció el 1 de septiembre de 2011, en Tampico Tamaulipas, en la central camionera y hasta la fecha no hemos tenido ninguna respuesta de las autoridades, y eso que hemos logrado recabar mucha información: tenemos un video, llamadas, teléfonos, nombres, los cuales proporcionamos desde noviembre de 2011 a PGR, sin que hasta el momento se haya hecho nada. Mi hijo es Juan Eduardo Olivares Rodríguez, actualmente tiene 23 años de edad, y cuando se lo llevaron tenía 21 años… Él venía de Tampico a la ciudad de Álamo, en Veracruz. Un video de la terminal ADO lo muestra abordando su autobús y luego se ve que dos sujetos ingresan a la zona de andenes, sin que ningún vigilante se los impida o les pida boleto, suben al autobús de mi hijo y lo sacan, no sabemos el motivo, y desde entonces no sabemos nada de él. Ese video se lo hemos proporcionado a todos, a la Marina, a la PGR, al Ejército, a la Procuraduría estatal, pero ninguna autoridad ha hecho nada, sólo nos traen de un lado para otro y no hay nada… no es justo que nos prometan y no nos cumplan.”

Irma Alicia Trejo

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“Mi hijo se llama Francisco Albavera Trejo y desapareció el 26 de marzo de 2012, en la Línea 1 del Metro y, desde entonces, no se ha hecho nada: en la Procuraduría de Justicia del DF no ha habido avances en la investigación, y aunque la PGR inició un acta circunstanciada, las diligencias solicitadas están totalmente detenidas. Las autoridades te dicen muy tranquilamente que las cosas no se pueden hacer. Por ejemplo, en enero se me acercó a una persona para decirme que en octubre pasado recibió un mensaje de texto de un conocido, en el cual le indicaba que estaba con mi hijo, y cuando informé de esta situación a las autoridades capitalinas, me dijeron que no podían investigar los historiales telefónicos del informante y de la persona que envió el mensaje. Resulta que mi caso no es considerado secuestro ni desaparición forzada, y por lo tanto lo lleva el Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes, la cual no está autorizada para solicitar las sábanas de llamadas de estos teléfonos. La persona que me da toda la información está en toda la disposición de presentarse a declarar y, sin embargo, el agente del Ministerio Público dice que tienen otros casos, que no tiene tiempo… Y la búsqueda de mi hijo no es un trabajo administrativo, porque el trabajo de papel lo hacen muy bien, existen tomos inmensos con expedientes, pero, ¿quién está buscando a mi hijo? Yo no tengo un agente investigador que yo sepa que está haciendo el trabajo de campo, no lo hay. Entonces, yo salgo a buscar a mi hijo en la medida que puedo y con los poco indicios que tengo, no soy profesional, sin embargo el corazón de madre me llama a hacer lo que tenga que hacer, para encontrarlo.”

Ignacio Rodríguez Sampayo

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“Yo busco a mi hijo, Alejandro Rodríguez González, desaparecido por policías municipales de San Luis Potosí el 19 de julio de 2010. Cuando lo detuvieron, él hizo una llamada a su esposa, avisándole que las patrullas 1250 y 1440 del municipio lo acababan de parar, y desde entonces no sabemos nada de él… Yo encontré las patrullas, pero los policías negaron conocer o haber detenido a mi hijo, y el MP les permitió irse. Eso es todo lo que la autoridad ha hecho. No volvieron a cuestionar a esos policías, no les hicieron la prueba de polígrafo, nunca les cuestionaron por qué traían teléfonos de las compañías Telcel, Iusacell y Nextel, cuando ganan 800 pesos a la semana. Y  yo me pregunto, ¿para qué necesitaban esos policías tantos medios de comunicación? Nunca les preguntaron nada, las autoridades hicieron lo que normalmente acostumbran: llamar a declarar a estas personas, pero como no las pueden obligar a decir nada que no quieran decir, así se queda la cosa. Además, al integrar el expediente, extrañamente cambiaron datos importantes, y esos supuestos errores cuyo objetivo real es que la búsqueda sea imposible. Por eso estamos aquí, en huelga de hambre ante la PGR, para que las autoridades se den cuenta de que no nos pueden seguir engañando, no pueden seguir dándonos atole con el dedo, deben buscar a nuestros desaparecidos, ponerse a trabajar, ver de dónde conseguir el presupuesto necesario para que se inicie una búsqueda de todos los desaparecidos…”

Ana María Maldonado Chávez

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“Yo soy mamá de Carlos Palomares Maldonado, desaparecido el 22 de septiembre de 2010 en la calle de Palenque, de la colonia Narvarte. Mi hijo tenía una cita con un sujeto que le vendería un auto, a la cual sí llegó y, supuestamente, la compra-venta se realizó sin problemas. Mi hijo, no obstante, ya no volvió, desapareció, y las autoridades no han hecho nada. La Procuraduría General de Justicia del DF tuvo el caso dos años y medio, pero nunca investigó. Apenas hace unos meses trasladaron el expediente a la PGR, pero eso tampoco ha arrojado ningún resultado, sólo nos dicen que no tienen personal de investigación. Por eso estoy en huelga de hambre. Quiero resultados ya.”

María Guadalupe Aguilar

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“Mi hijo es José Luis Arana, desaparecido desde el 17 de enero de 2011, en Guadalajara, Jalisco, cuando se dirigía a una cita con su hermano, a la cual nunca llegó. Hemos iniciado la búsqueda toda la familia: acudimos a las instancias gubernamentales, a la procuraduría estatal, pero jamás nos hicieron caso, nos dimos cuenta de que tendríamos que buscarlo por nosotros mismos… El vehículo en el que se transportaba José Luis fue hallado en Colima dos meses después, lo sacaron de Jalisco el mismo día que mi hijo desapareció. El auto había sido empleado para perpetrar un doble homicidio en marzo de 2011 y tuve que sobornar al empleado del corralón para poder inspeccionarlo, y pude ver que dentro aún estaba una maleta en la que mi hijo había guardado biberones para su bebé el día en que desapareció. Han pasado ya 27 meses desde que se llevaron a José Luis, y en ese tiempo hemos hablado con el anterior presidente, Felipe Calderón, y con el actual, Enrique Peña, pero sólo recibimos puras promesas y promesas.  Tomamos esta decisión de irnos a huelga de hambre porque estamos hartas de que nos peloteen de una dependencia a otra, cuando a nosotros se nos está yendo la vida en la búsqueda de nuestros hijos. Se nos ha mermado mucho la salud, la economía, pero no vamos a parar, al menos por mi parte, hasta el último minuto de mi vida buscaré a mi hijo… Ahorita yo ya no busco a ningún culpable, estoy plenamente segura de que no hay justicia terrenal para quienes se llevan a la gente, de tal suerte que  no me interesa refundir a nadie en la cárcel, ni tomar justicia por mi propia mano, no, lo único que quiero es saber dónde está mi hijo. Es todo lo que quiero.”

Margarita López

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“Yo busco a mi hija, Yahaira Guadalupe Bahena López, que fue raptada por policías de Oaxaca que trabajaban para el crimen organizado, en 2011. En noviembre pasado, hicimos una huelga de hambre ante la Secretaría de Gobernación, y ahí nos ofrecieron la creación de un grupo especial para investigar el paradero de nuestros hijos, pero no hay tal grupo especial, no hay nada. Nos han cancelado las citas para revisar los avances de la policía, pactadas con semanas de antelación; no tenemos funcionarios capaces de atender los casos de nuestros hijos, no hay seriedad por parte de la PGR ni de la Policía Federal, y todo eso nos está afectando. Queremos una reunión con el presidente Peña, donde estén el secretario de Gobernación, el titular de la PGR y el comisionado Mondragón, para que nos digan dónde está el grupo especial. Ya nos cansamos de que nos citen en Gobernación para que nos digan que somos unos “pinches malagradecidos”, porque esas palabras usó contra nosotros la licenciada Ana Macarena Velázquez, subdirectora de Atención a Casos de la Unidad para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos. Ya estamos hartas de que cancelen diligencias, de que nos citen para nada, de que nos mientan. De aquí no nos moveremos hasta que esto cambie.”

Erika Montes de Oca

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“Estoy buscando a mi sobrino Sergio Eduardo Guillén Montes de Oca, quien desapareció el 28 de noviembre de 2012, aquí, en el DF. Él es originario de Coacalco y empezó a trabajar en un bar de la Zona Rosa, tenía tres semanas de haber iniciado en ese trabajo cuando, una noche, ya no regresó a casa. La investigación de este caso está prácticamente parada y lo que me argumentan las autoridades capitalinas es que, como trabajaba en un bar, quién sabe en qué anduviera metido. Nos dicen que seguramente lo ha de haber reclutado la mafia o que se fue con una mujer, básicamente no tienen pistas ni rastro de él. Sergio tiene 27 años y entró de barman y tiene una niña de siete años.”

Nancy Rosete

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“El 29 de diciembre de 2010 desapareció mi hijo, junto con otros dos compañeros, cuando se dirigían a Matamoros. Mi hijo se llama Elvis Axell Torres Rosete y tenía 17 años en el momento de su desaparición. Yo decidí participar en la huelga de hambre porque, como víctimas, no contamos con certeza sobre las acciones que realizan las autoridades. Han pasado ya más de dos años y, aun cuando hay supuestos avances en las investigaciones, nosotros no podemos verificarlos. Hace 15 días, por ejemplo, me notificaron que en abril de 2011 –cinco meses después de la desaparición de mi hijo– hallaron en Querétaro un cráneo, con una perforación de bala, el cual me aseguran que tiene 99% de compatibilidad genética con Axell. Ese cráneo lo tienen desde 2011 y apenas me dicen que es el de mi hijo. Pero yo creo que no es él, aunque digan que hay compatibilidad, y no lo creo por una sencilla razón: mi hijo es dientón, y ese cráneo que encontraron es de una persona con los dientes muy chiquititos. Yo demando certeza en las actuaciones de la PGR, para poder creer que no nos están dando sólo atole con el dedo.”

Olga Reyes

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“Yo soy parte de una familia de Ciudad Juárez a la que le han asesinado a seis de sus miembros por ser parte de luchas civiles y pro los derechos humanos. Toda mi familia ha tenido que huir de Juárez, muchos incluso se han exiliado fuera de México, y nuestras casas quedaron abandonadas y fueron sido incendiadas. Por ninguno de esos delitos hay detenidos. No hay una investigación, no hay nada. De hecho, ahora en la Policía Federal me dicen que se trata de delitos del orden común y que, por lo tanto, no pueden intervenir, solamente coadyuvar con la procuraduría de Chihuahua. No les importa que mis hermanos hayan sido asesinados con armas de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas, para la autoridad esos fueron delitos comunes y nada se puede hacer. Nuestras casas, nuestro patrimonio quedó abandonado y ahora dos de esas casas están invadidas por gente que no sabemos quién es, o con permiso de quién se apropiaron de esos espacios… y nuevamente, la autoridad no ha hecho nada para impedírselos. Por eso estoy aquí, no podrán con nosotras, no van a desechar la investigación sobre la muerte de mis familiares, no lo voy a permitir.”

Gabriela Sánchez

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“Yo reclamo justicia para mi hija, que es menor de edad, sufre discapacidad visual y mental, y fue atacada sexualmente por un maestro, en Jalisco. Luego de que lo denunciamos, hemos sufrido diversas amenazas, así que debimos salir del estado, y aún así, las amenazas siguieron, y el pasado 6 de febrero un sujeto armado me encañonó, por lo que el gobierno del Estado de México me otorgó medidas cautelares: ahora hay una patrulla fuera de mi casa, vigilando, las 24 horas. Sin embargo, esa patrulla no sirve, no arranca, los policías nada más se meten ahí para simular que el vehículo funciona, pero no es así, esas son las herramientas que disponen las autoridades para nuestra protección. Además, aunque nuestro caso es seguido por la Fiscalía de Atención a Víctimas, el apoyo que nos han ofrecido no se cumple, yo tengo un tumor de 15 centímetros y en los hospitales públicos en los que me han canalizado he sido humillada, así que por eso participo en esta huelga de hambre, a ver si más pronto recibo la atención y la justicia que reclamo, o si más pronto me muero.”

Epílogo: la marcha

Este viernes, se tiene previsto que la Segunda Marcha Nacional de la Dignidad, madres buscando a sus hijos e hijas y buscando justicia, realizada por familiares de personas desaparecidas en todo el país, parta a las 10:00 horas del Monumento a la Madre, en Insurgentes y Reforma, rumbo al Ángel de la Independencia, haciendo una escala a la altura de la PGR, en donde se les unirán las madres que se encuentran en huelga de hambre.

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Qué puedes hacer para reducir el riesgo de contraer COVID cuando viajas en transporte público

Los ambientes ruidosos, donde la gente debe inclinarse y gritar para ser escuchada, tienen mayor riesgo que los espacios silenciosos.
9 de septiembre, 2020
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En el metro de Londres, los pasajeros más listos conocen algunos secretos para llegar más pronto a su destino.

En los túneles ubicados entre las plataformas de las estaciones, por ejemplo, hay rutas que no están señaladas y que ofrecen atajos.

Y si eliges ciertos vagones, éstos te llevarán exactamente al punto donde está salida en la plataforma para que puedas salir pitando antes que el resto.

Navegar el transporte público durante la pandemia, sin embargo, es algo que ni los pasajeros más experimentados habían tenido que hacer antes.

Transportarte de un lugar a otro rápidamente ahora parece mucho menos importante que hacerlo de manera segura.

¿Cómo pueden reducirse los riesgos?

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Getty Images
Durante el confinamiento el metro de Londres transportó sólo a una tercera parte del número normal de pasajeros.

Hay, por supuesto, algunas cosas esenciales: usar una mascarilla, tratar de evitar las horas más congestionadas y seguir las guías de distanciamiento físico.

Seguir los consejos de salud pública es lo más importante y esto reducirá el riesgo significativamente.

Pero hay otras medidas menos obvias que vale la pena conocer.

El análisis de la investigación del transporte y la psicología de pasajeros pueden ofrecer algunas claves, además de indicar los cambios que debemos llevar a cabo en los próximos meses.

Asuntos de ventilación y flujo de aire

Con una enfermedad como covid-19, entre más gente respire, tosa o hable en el mismo espacio confiando, mayores las probabilidades de que resultar infectado.

Tu mejor opción, si puedes, es optar por la bicicleta, caminar o un escúter, ya que así podrás mantener la distancia de los otros.

Los autos obviamente también son seguros, siempre y cuando viajes con gente que vive en tu casa. Pero si todos conducimos esto llevará al efecto de la “tragedia de los bienes comunes” de mayor tráfico y mayor costo medioambiental, así que es difícil recomendarlo como una alternativa socialmente responsable.

“Los autos son muy ineficientes al usar la infraestructura urbana. Si todos nos movilizamos en auto, nadie se mueve”, dice Carlo Ratti, director del Senseable City Lab del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

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Getty Images
Entre más ventilación tiene tu medio de transporte, mejor.

Si viajas por tren, autobús o metro, un factor que tienes que considerar cuando planees tu ruta es cómo está ventilado, explica Nick Tyler, investigador de transporte de la Universidad de Londres, quien ha hecho modelos de la forma como el virus se propaga en los autobuses.

“Fuera, en el aire libre, las microgotas se disipan en el aire y el viento”, dice. “Una vez que están dentro, éstas tienen menos movimiento”.

Los diseños difieren pero entre más ventanas, mejor. Por esta razón, un subterráneo es más difícil de ventilar que un tren o autobús en la superficie.

Según un estudio de 2018 realizado por Lara Gosce de la Universidad de Londres, la gente que usaba el metro de la capital británica regularmente tenía más probabilidades de sufrir síntomas de gripe que los que no lo hacían.

En general, los sistemas de ventilación del transporte público terrestre son menos efectivos que los de los aviones.

El aire en los aviones es redistribuido a través de sofisticados filtros HEPA (recogedor de partículas de alta eficiencia) con una cierta frecuencia, lo cual debe bloquear la mayoría de las partículas virales.

“La ventilación en los aviones es muy criticada de muchas formas. En realidad es uno de los mejores sistemas que podemos encontrar”, afirma Tyler.

Y a diferencia de muchos trenes y autobuses, el flujo de aire viaja directamente desde el techo al piso. Esto significa que las microgotas son empujadas al piso, lejos de las manos y las caras, más rápidamente.

Un vagón de metro de Nueva York, por el contrario, empuja el aire de forma horizontal, y usa filtros con menor rendimiento que los aviones, clasificados con siete en una escala de 20 en términos de eficiencia.

La ciencia es oro

Cuando analices tu medio de transporte, vale la pena que consideres cuánto se habla y a qué volumen.

Los ambientes ruidosos, donde la gente debe inclinarse y gritar para ser escuchada, tienen mayor riesgo que los espacios silenciosos.

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Getty Images
Muchos critican la ventilación de los aviones pero es el sistema más eficiente que hay.

Se piensa que esta es una de las razones por las que los clubes nocturnos, bares o plantas de empacado de carne tan experimentado altos niveles de contagio.

Así, un vagón de tren con cacofonía donde viajan hinchas deportivos que cantan presentará más riesgo que un autobús silenciosos donde los pasajeros leen sus teléfonos.

Dónde sentarse

Una viñeta muy citada de la revista New Yorker dice: “Nunca te subas en un vagón vacío”. Lo que implica que no te gustaría descubrir por qué todos han evitado subirse a ese vagón, por ejemplo, por un mal olor, o, en el peor de los casos, porque allí te podrían asaltar.

Ese consejo sigue vigente, por ejemplo si eres mujer y viajas de noche. Pero en la pandemia, evitar las multitudes de otros pasajeros es lo más prudente, si puedes hacerlo.

Además de alentar el uso de mascarillas, muchas autoridades de transporte han introducido señales y anuncios para recordar a la gente que mantenga la distancia física cuando se siente, pero ¿qué otras cosas hay que saber sobre qué asientos elegir o evitar?

Un estudio reciente en China analizó cuánto afecta la proximidad en los asientos en los trenes para el riesgo de transmisión.

Al rastrear los viajes y el lugar del asiento de más de 2.000 personas que tenían el virus en la red de trenes de alta velocidad de China, entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, lograron ver cómo el virus se desplazaba entre la gente.

Sentarse en la misma fila, especialmente una adyacente, tenía el mayor riesgo en este escenario en particular.

Al parecer los respaldos entre las hileras en el tipo de tren que estudiaron, un tren interurbano de alta velocidad, pudo haber ofrecido cierto tipo de barrera.

La gente sentada en la misma hilera en un viaje interurbano también necesitaba pasar frente a los otros pasajeros para ir al baño o a buscar refrigerios.

(Es importante notar que los investigadores no descartaron que la transmisión en las hileras era más alta debido a que la gente sentada de forma adyacente tenía más probabilidades de ser familiar o amigo, y que tenían contacto cercano).

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Getty Images
El virus también puede propagarse cuando tocamos superficies que están contamiadas.

Quizás no sorprende que los viajes más largos incrementaron el riesgo, incluso para quienes estaban sentados a dos filas de distancia.

Los investigadores encontraron que después de dos horas, una distancia de menos 2,5 metros y sin mascarilla fue insuficiente para evitar la transmisión.

Algo tranquilizador fue el hecho de que sentarse en el mismo asiento de alguien que tenía el coronavirus no incrementó significativamente el riesgo de contagiarse.

Dónde pararse

Un estudio sobre conducta de pasajeros de metro en la ciudad de Nueva York sugiere que la gente que viaja parada tiene más probabilidad de agarrarse a los postes verticales que a otros asideros, como correas o tiras de resorte.

Aunque se piensa que el virus se transmite principalmente por el fino espray de aerosoles y microgotas que producimos cuando hablamos, respiramos o tosemos, también puede propagarse cuando tocamos superficies que están contaminadas con el virus y después nos llevamos los dedos a la boca o nariz.

Los investigadores también encontraron que los neoyorquinos que deciden pararse en los vagones tienen más probabilidad de permanecer cerca de las puertas, debido a la proximidad de la salida, las divisiones para recargarse o la oportunidad de evitar el contacto visual con los pasajeros sentados.

Así, quedarse cerca de las puertas puede tener beneficios mixtos. Quizás es uno de los espacios mejor ventilados, pero también es el más congestionado.

Se encontró que los hombres tienen más probabilidad de permanecer parados que las mujeres cuando los vagones comienzan a congestionarse.

Quizás se debe a la antigua cortesía social o quizás los hombres prefieren quedarse de pie.

Pero si consideras que los estudios muestran que los hombres se lavan las manos con menos frecuencia que las mujeres, podrías concluir que es mejor no compartir un poste con un hombre que puede tener las palmas sucias.

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Getty Images
Todavía no se sabe cómo cambiará el transporte en las ciudadaes cuando pase la pandemia de covid-19.

Lo que se desconoce

Aunque viajar regularmente en transporte público involucra cambios en el riesgo para la gente, por ahora no se sabe cuánto.

Hay cierta razón para el optimismo, como informó recientemente Christina Goldbaum en The New York Times: el rastreo de contactos en Japón, Francia y Austria no encontró vínculos entre los brotes y las redes de transporte público.

Algunos modelos matemáticos también sugieren que el transporte público bien ventilado con el uso de mascarillas presenta menos riesgo que otros ambientes interiores, como un bar concurrido y poco ventilado.

Es posible que los viajes de corta distancia, la ventilación y permanecer callados también ayuden. Pero es necesaria más evidencia.

Lo que es claro es que regresar a las formas prepandemia no funcionará, al menos en el futuro cercano.

Los autobuses en Londres, por ejemplo, han limitado su capacidad a 30%, así que por cada pasajero que regrese a la oficina ahora, necesitarás 2 o 3 autobuses más en la hora punta para mantener el distanciamiento social, o la gente enfrentará retrasos.

E incluso al llegar a su oficina, un trabajador en un rascacielos deberá esperar más tiempo formado para poder entrar a un elevador con distanciamiento social, afirma Tyler.

Quizás debemos ver esto como una oportunidad para repensar el transporte.

“Durante la época de cambios es importante permitir la experimentación en las ciudades”, dice Ratti.

“La capacidad de probar algo, ver si funciona y transformar la ciudad es algo que deberíamos conservar en el mundo post covid-19”.

Así, aunque hay formas para reducir a corto plazo tu riesgo en el transporte público, una pregunta más importante que debemos plantearnos es si es momento de reexaminar cómo transportarnos de un lugar a otro.

¿Cómo será trasladarse en una ciudad después de un año o dos de enfocarnos en la seguridad y no en la capacidad o la velocidad?

No se sabe pero, por ahora, lo único que podemos hacer como pasajeros es aferrarnos a lo que ha sido comprobado y esperar que el futuro nos lleve a un mejor lugar.

Esta nota fue publicada originalmente en BBC Future. Haz clic aquí si quieres leer la versión original (en inglés).

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=RaH9rA2Kdxw

https://www.youtube.com/watch?v=sVc_VPSn_FI

https://www.youtube.com/watch?v=Ujpo0T9Cz-0

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