EU, sin objeciones a la estrategia de seguridad de Peña
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EU, sin objeciones a la estrategia de seguridad de Peña

El subsecretario de Estado para el Combate al Narcotráfico Internacional señaló que no tiene objeción sobre la nueva estrategia de seguridad de México
23 de mayo, 2013
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mexico_marina_guerra_narcoEl Departamento de Estado de Estados Unidos informó al Congreso de ese país que trabaja para adaptar su estrategia de contra el narco en México para centralizar su cooperación y recursos antinarcóticos a través de la Secretaría de Gobernación.

Al comparecer ante la subcomisión para el Hemisferio Occidental de la cámara baja, el subsecretario de Estado para el Combate al Narcotráfico Internacional William R. Brownfield señaló que no tiene objeción sobre la nueva estrategia pero aclaró que “trabajamos ahora sobre cómo implementar eso en un programa multimillonario con docenas de organismos gubernamentales. Aún estamos trabajando sobre eso y espero poder tener una respuesta más concreta cuando comparezca de nuevo” ante este comité.

Antes de que el presidente Barack Obama visitara México a comienzos de mes, las autoridades mexicanas anunciaron su preferencia de centralizar la cooperación a través de la Secretaría de Gobernación para maximizar la coordinación interministerial.

Brownfield explicó que Estados Unidos ha entregado mil 200 de los mil 900 millones de dólares comprometidos en 2008 a los esfuerzos antinarcóticos en México a través de la Iniciativa Mérida.

El funcionario calificó de “predecible y sistemática” la reducción gradual de fondos asignados en años recientes a la Iniciativa Mérida y lo atribuyó a los logros obtenidos por la iniciativa.

Mérida recibió 248 millones de dólares durante el año fiscal 2012, 199 millones en 2013 y para 2014 fueron solicitados 148 millones, señaló Brownfield al precisar que los fondos correspondientes a 2013 aún no han sido desembolsados.

Además hay otros 95 millones de dólares correspondientes a Mérida retenidos “por temas relacionados a la naturaleza del plan y la estrategia en el futuro” y Brownfield dijo estar trabajando con las autoridades mexicanas sobre “cómo responder a una solicitud del Senado para obtener información adicional”.

Entre otros cambios a la estrategia de seguridad propuestos por el gobierno de Enrique Peña Nieto, en el poder desde diciembre, se incluye una Comisión para la Prevención del Delito, revisar la práctica de detenciones preventivas prolongadas sin la formulación de cargos y la creación de un Programa Nacional de Derechos Humanos.

Brownfield señaló que la cooperación estadounidense ha permitido hasta el momento el entrenamiento de 8 mil 500 funcionarios federales del poder judicial, 19 mil  policías federales y estatales (de los cuales 4 mil son investigadores federales), el reforzamiento en la custodia de 14 centros penitenciarios federales con capacidad para 20 mil reclusos y la incautación de bienes ilícitos valorados en casi 3 mil millones de dólares.

Peña Nieto buscó una modificación en la estrategia de seguridad que reemplazara a la ejecutada por su antecesor Felipe Calderón, cuya gestión dejó al menos 75 mil muertes relacionadas al combate al crimen organizado.

AP

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Cómo el cubrebocas evita la propagación de la COVID y puede reducir los síntomas

Un nuevo estudio concluyó que usar mascarillas reduce la carga viral a la que estaríamos expuestos y, de contagiarnos, la manifestación de la enfermedad sería más leve o inclusive asintomática.
Getty Images
9 de agosto, 2020
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El argumento generalizado de parte de las autoridades sanitarias y gobernantes por todo el mundo que recomiendan y/o imponen el uso de mascarillas es que evitan que las personas infectadas propaguen el coronavirus.

Pero un nuevo estudio concluyó, tras examinar varios casos, que usar mascarillas reduce la carga viral a la que estaríamos expuestos y, de contagiarnos, la manifestación de la enfermedad sería más leve o inclusive asintomática.

La investigación realizada en Estados Unidos por los doctores Monica Gandhi y Eric Goosby, de la Universidad de California, y el doctor Chris Beyrer, de la Universidad Johns Hopkins, resalta que la exposición al coronavirus sin consecuencias severas debido al uso de mascarillas podría generar una inmunidad a nivel comunitario y reducir la propagación mientras se desarrolla una vacuna contra el virus.

En vista del rechazo al uso de mascarillas de algunos grupos y personas, el beneficio al individuo (además de a otros) que porta el tapabocas sugerido por el estudio podría ser un incentivo más para su uso y convertirse en un pilar del control de la pandemia.

El estudio fue publicado en la revista especializada Journal of General Internal Medicine.

Un hombre con una mascarilla pasa frente a una valla con la imagen del coronavirus

Getty Images
La mascarilla reduce la posibilidad de tener síntomas severos de covid-19, dicen los investigadores.

El efecto de la carga viral

Los doctores Gandhi, Goosby y Beyrer respaldan su teoría -como la llaman- comparando la evidencia de múltiples situaciones en las que grupos usaron o dejaron de usar mascarillas y la relación que eso tiene con la carga viral y los crecientes índices de infecciones leves o asintomáticas.

La infección asintomática puede ser problemática porque promueve la propagación del virus por personas que están contagiadas sin que lo sepan, pero al mismo tiempo ser asintomático en lugar de estar gravemente enfermo es beneficioso para el individuo, indican.

Además, los índices más altos de infección asintomática conducen a índices más altos de exposición al virus. El exponer a una sociedad a este coronavirus sin las consecuencias de una enfermedad grave podría crear mayores niveles de inmunidad comunitaria, la llamada inmunidad de rebaño.

Los investigadores reconocen que la respuesta inmunológica de anticuerpos y células T a las diferentes manifestaciones de covid-19 todavía está siendo analizada, pero las señales basadas en los datos del desarrollo de esa inmunidad celular, aun con una infección leve, son esperanzadoras.

Evidencia

La perspectiva que los portadores de mascarillas están expuestos a una carga viral menor que resulta en una infección más leve está sustentada en el estudio de tres importantes cúmulos de evidencia: virológica, epidemiológica y ecológica.

Una fila de compradores todos con mascarillas

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Hasta ahora, el principal argumento para el uso de las mascarillas es la protección de los otros.

Con respecto a la primera, las mascarillas -dependiendo del diseño y material- filtran la mayoría de las partículas virales, aunque no todas. Desde hace un tiempo se ha propuesto que la exposición de ese bajo nivel de partículas virales probablemente producen una enfermedad que es menos severa.

Los resultados de experimentos realizados en el pasado con humanos expuestos a diferentes volúmenes de virus no letales demostraron síntomas más severos en sujetos que recibieron una carga viral mayor.

Con el nuevo coronavirus la experimentación no es posible ni ética, pero unas pruebas realizadas a hámsteres en las que se simuló el uso de mascarillas separando a los animales con una pared divisoria hecha de una máscara quirúrgica, no sólo demostraron que los hámsteres protegidos fueron menos propensos a la infección, sino que los que, entre esos, se contagiaron de covid-19 manifestaron síntomas leves.

En términos de la evidencia epidemiológica, los doctores indican que los altos índices de mortalidad que se vieron al inicio de la pandemia parecen estar asociados a la intensa exposición a la alta carga viral antes de que se introdujera el uso de mascarillas.

Caso del crucero argentino

Un caso reciente en particular llama la atención: el de un crucero en Argentina donde todos los pasajeros y tripulantes fueron dotados de mascarillas tras detectarse un brote de covid-19.

En ese entorno cerrado, 128 de las 217 personas abordo dieron positivo en la prueba de coronavirus. Sin embargo, la mayoría de los infectados (81%) se mantuvo asintomática.

Un autobús en Taiwán con pasajeros usando mascarillas

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Las tasas de mortalidad se han mantenido baja en países que han reabierto sus actividades pero todavía usan mascarillas.

Como evidencia ecológica, la investigación indica que los países y regiones que de por sí acostumbran a usar mascarillas para el control de infecciones, como Japón, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Tailandia y Corea del Sur, no han sufrido tanto en cuanto índices de la severidad de la enfermedad y la mortalidad.

Igualmente ha sucedido con los países que aplicaron tempranamente la medida del uso de mascarillas.

Es más, aun cuando los mencionados países registraron un resurgimiento de casos de covid-19 al reanudar la actividad social y económica, las tasas de mortalidad se ha mantenido baja, sustentando la teoría de la carga viral, afirman los autores del estudio.

En conclusión, los doctores alegan que el uso universal de mascarillas durante la pandemia debería ser uno de los fundamentos más importantes en el control de la enfermedad y abogan que esta medida se tome en particular en Estados Unidos, donde las directivas no han sido homogéneas y parte de la población ha reaccionado hasta violentamente contra el uso de mascarillas.

Resaltan que durante la devastadora pandemia de gripe en 1918, los estadounidenses adoptaron sin contratiempos el uso de las mascarillas en público, pero la respuesta a las actuales recomendaciones de los Centros de Control de Enfermedades (CDC) ha sido dispareja.

Una secretaria con mascarilla escribe a máquina en su escritorio en 1918

Getty Images
En 1918, el público estadounidense no tuvo objeción en cumplir con el uso de mascarillas para combatir la pandemia de influenza.

El uso de mascarillas tiene dos ventajas. La primera es proteger a los demás evitando la propagación del virus por una persona infectada. Si esa preocupación por el prójimo no es suficiente, tal vez la segunda ventaja -el beneficio individual- sea una motivación más eficaz.


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