Muere Jorge Rafael Videla, el ideólogo del terror
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Muere Jorge Rafael Videla, el ideólogo del terror

17 de mayo, 2013
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Jorge Rafael videla.

Jorge Rafael videla.

“Un ser despreciable ha dejado este mundo”, dijo la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, al saber sobre la muerte de Jorge Rafael Videla, fallecido este viernes a los 87 años.

Ideólogo de la represión de Estado en Argentina entre 1976 y 1983, Videla murió en la cárcel por causas naturales.

Fue uno de los hombres más controvertidos y odiados de Argentina, y bajo su régimen murieron o desaparecieron unas 30.000 personas, según cifras de organismos de derechos humanos.

Falleció en el penal de Marcos Paz, a 50 kilómetros al oeste de Buenos Aires, de muerte natural.

Videla, quien llegó al poder en un golpe de Estado en 1976, fue condenado a cadena perpetua en 2010 por la desaparición de 31 detenidos y a otros 50 años en 2012 por el robo de niños nacidos de prisioneras en centros de detención clandestinos.

“La situación de este hombre ha sido dolorosa para el país, entonces creo que su fallecimiento puso límite a su presencia física, pero no a lo que hizo contra el pueblo”, le dijo a Reuters Adolfo Pérez Esquivel, ganador del premio Nobel de la Paz por su defensa de los derechos humanos durante el gobierno militar.

Primera perpetua

Líder de la Junta Militar que derrocó a la viuda de Juan Domingo Perón, Isabel Perón, el 24 de marzo de 1976, Videla controló el destino del país hasta 1981.

Con su muerte ya no quedan sobrevivientes de la primera Junta Militar, que también integraban el comandante Orlando Agosti, fallecido en 1997, y el almirante Emilio Massera, muerto en 2010.

Ese año le delegó el poder a Roberto Eduardo Viola. Dos años después, en 1982, la era militar terminaría con la derrota en la guerra de las Malvinas o Falklands contra Reino Unido.

Además, Videla fue el primer gobernante de facto argentino condenado a prisión perpetua.

Las víctimas de sus crímenes, al menos, tienen el consuelo de que murió preso en una cárcel, ya que hasta 2008 cumplía arresto domiciliario.

Carrera y prisión

Jorge Rafael Videla Redondo nació en la ciudad de Mercedes, en la provincia de Buenos Aires.

Era descendiente de una familia tradicional de la provincia de San Luis y algunos de su ancestros ya habían ocupado cargos políticos.

A los 23 años se casó con Alicia Raquel Hartridge Lacoste, hija del embajador argentino en Turquía, con quien tuvo siete hijos.

Ingresó en el Colegio Militar en 1942 y se graduó en diciembre de 1944. Su ascendente carrera culminó cuando, después de que en 1975 la presidenta Isabel Perón lo nombrara Comandante en Jefe del Ejército, lideró la cúpula militar que la derrocó y se convirtió en presidente de Argentina.

Tras la recuperación de la democracia en 1983, Videla fue juzgado y condenado en 1985 a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad. Pero en 1990, el entonces presidente Carlos Menem lo indultó.

En 1998 regresó a prisión, aunque solo por 38 días dado que se le concedió el beneficio del arresto domiciliario.

Diez años después, y con la decisión del gobierno de Néstor Kirchner de promover los juicios por delitos de lesa humanidad, perdió ese beneficio y fue trasladado a la cárcel que funciona en Campo de Mayo. En 2010 fue condenado prisión perpetua a cumplirse en una cárcel común y dos años más tarde se lo sentenció a 50 años de prisión por el robo de bebés.

Provocador

Videla nunca mostró arrepentimiento por los crímenes de Estado de los que se lo acusaba y por los que fue condenado.

Se había negado a declarar el pasado martes en el del juicio “Plan Cóndor” en el que estaba siendo juzgado junto a otros 25 acusados, entre ellos el último gobernante de facto, Reynaldo Bignone. Se describió como un preso político y dijo que tenía una pérdida de memoria.

Es tristemente célebre su frase en la que evita dar explicaciones sobre los muertos durante el terror de Estado. “Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos”, decía ante la televisión argentina en 1985.

Hace dos años, dijo haber encabezado “no una guerra sucia sino una guerra justa, que aún no ha terminado” y que “los enemigos derrotados ayer cumplieron su propósito y son los que hoy gobiernan el país”, en alusión directa al gobierno de la presidenta Cristina Fernández.

Su última gran provocación fue en marzo, cuando desde la cárcel habló a sus excamaradas de las Fuerzas Armadas “de 58 a 68 años que aún estén en aptitud física de combatir” y les propuso armarse para enfrentar a “la presidente Cristina y sus secuaces”.

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Iquitos, ciudad escondida en la selva que se convirtió en 'isla bonita' de la población LGTB de Perú

En un país que no reconoce la unión entre personas del mismo sexo ni el cambio de identidad, el colectivo LGTB ha encontrado un colorido refugio en la selva amazónica.
29 de junio, 2022
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Ser una persona LGTB no es fácil en Perú.

Según muestran varios informes internacionales y el testimonio de personas homosexuales, la situación de este colectivo puede mejorar mucho.

Las leyes peruanas impiden el matrimonio y cualquier unión civil entre personas del mismo sexo y no se permite el cambio de identidad legal a las personas trans.

Un estudio de la ONG Promsex realizado en 2016 encontró que ocho de cada 10 estudiantes LGTB dijo sufrir acoso verbal por su condición sexual en la escuela, mientras uno de cada cinco refirió agresiones.

Y Perú ocupaba el puesto 71 en el índice global de igualdad que publica Equaldex, una red estadounidense que comparte datos de asociaciones LGTB en todo el mundo. Solo Bolivia y Paraguay mostraron una opinión pública más hostil a los no heterosexuales en Sudamérica.

Pero hay un lugar en el que las cosas son un tanto diferentes, según cuentan sus propios habitantes.

Es Iquitos, una ciudad de cerca de 150.000 habitantes, capital del Departamento de Loreto, en mitad de la Amazonía peruana y a la que solo se puede llegar en avión desde Lima.

“Aquí uno puede ser quién realmente es”, cuenta en conversación con BBC Mundo Carlos Vela, homosexual residente en Iquitos.

“En general, la aceptación es muy buena. Muchos visitantes europeos dicen cuando vienen que hay tanta tolerancia como en Europa”, corrobora Silvia Barbarán, activista que lleva años trabajando con personas LGTB en la ciudad.

Qué hace diferente a Iquitos

No es casualidad que la marcha del Orgullo Gay de Iquitos haya ganado fama como una de las más concurridas y coloridas de Perú.

“Aquí celebramos el Orgullo con mucho calor”, comenta Carlos. El calor húmedo de la Amazonía anima a los participantes a mostrar un desparpajo difícil de imaginar en otros lugares de Perú en los que el clima social no es tan abierto.

Valery La Mas es una mujer transexual que se mudó a Iquitos hace cinco años desde Leticia, la ciudad colombiana en la que nació. “En Colombia estamos mejor que en Perú, pero en Iquitos se ha avanzado mucho en los últimos años”.

“Aquí las mujeres trans tenemos alternativas a trabajar en la prostitución”, indica.

En esta ciudad rodeada de vegetación y flanqueada por dos afluentes del Amazonas, no es difícil encontrar negocios de peluquería y estética regidos por personas LGTB y la hostelería local emplea a mujeres trans en sus cocinas.

Map

Es un ambiente muy distinto al que reflejan los informes de Promsex o el que retrató la película “Retablo” en 2017.

En ella, el cineasta Álvaro Delgado Aparicio contaba a través de la historia de un artesano la crueldad que a veces pueden alcanzar los comportamientos homofóbicos en las pequeñas comunidades montañosas de los Andes.

El ambiente cálido y exuberante de la selva contrasta con el frío y la austeridad del paisaje andino, una diferencia que a menudo se refleja también en el carácter de la gente.

La riqueza de la selva amazónica y la sensualidad de sus culturas ancestrales, así como los contactos frecuentes con poblaciones de Brasil, han sido algunos de los factores a los que se ha aludido para explicar la mayor tolerancia de Iquitos.

“Siempre fue más fácil ser LGTB en la selva, quizá porque allí hay una cultura prehispánica que tolera mejor la idea de los tres géneros”, comenta Jorge Chávez, del Movimiento Homosexual de Lima.

No en vano, Iquitos y otros lugares de la selva se convirtieron en el refugio de las personas LGTB que en la década de 1980 huyeron de las campañas de “limpieza social” lanzadas contra ellas por los grupos armados de extrema izquierda MRTA y Sendero Luminoso, que dejaron decenas de muertos en matanzas aún recordadas como la de Tarapoto en mayo de 1989.

Campesinos con sus mulas, en la época de Sendero Luminoso.

MARIE HIPPENMEYER
La violencia de Sendero Luminoso y el MRTA contra los no heterosexuales desplazó a muchos de sus hogares.

Norma Muller, antropóloga de la Pontífica Universidad Católica del Perú, apunta que “la población de la selva es más abierta al amor y a la diversidad sexual, porque no lo asocian con el pecado, como ocurre en la tradición cristiana”.

Quizá el menor peso de la religión en estos territorios sea una de las razones por las que este lugar se convirtió en refugio para los perseguidos por la homofobia y hoy sea en palabras de Valery La Mas, la “isla bonita para los LGTB peruanos”.

Pero a sus 64 años, Silvia Barbarán recuerda que las cosas no siempre fueron fáciles. “Incluso en los medios locales era frecuente escuchar alusiones despectivas a los no heterosexuales”.

“Todo empezó a cambiar a partir de 2002, cuando comenzó a desarrollarse un movimiento con muchas asociaciones y un gran trabajo de educación y concienciación”.

Barbarán cuenta como la unión hizo la fuerza. “Una de las claves fue que todas las asociaciones íbamos juntas a protestar cada vez que se producía un episodio de discriminación. Cuando a una mujer trans le negaban la atención en el centro médico, salíamos todas las asociaciones con protestas en las calles y denuncias en los medios”.

“Así se fue ganando espacio, y ahora gais y trans tienen mucha visibilidad”.

Indígenas junto a una choza en la selva amazónica.

Getty Images
La diferente actitud ante la vida de los pueblos de la selva ha sido citada como una de las razones de la mayor tolerancia en Iquitos.

La bandera del VIH

Silvia Barbarán es una de las heterosexuales que se ha convertido en uña y carne con las personas LGTB.

En 2001 contrajo el virus del VIH y decidió lanzarse a concienciar a sus vecinos de los riesgos de una enfermedad que todavía hoy muestra una alta prevalencia en la región de Loreto.

Así montó Lazos de Vida, la asociación en la que atiende a niños portadores del virus, lo que la puso en contacto con muchos activistas LGTB comprometidos en la misma causa.

“El movimiento gay fue muy activo en educar a la población en que había que protegerse del virus. Eso ayudó mucho, porque la gente empezó a ver que no eran personas dedicadas solo a la fiesta, sino vecinos implicados en su comunidad”.

Su labor presionó además al gobierno en Lima para extender los tratamientos antirretrovirales contra el VIH, que entonces eran muy difíciles de encontrar en Iquitos.

Años de activismo y movilización desembocaron en la aprobación en 2010 de una ordenanza regional que reconocía una protección especial y una participación reforzada del colectivo LGTB. Más tarde se acompañó de una estrategia para la prevención del acoso escolar por motivos de género en las escuelas.

Barbarán concluye satisfecha que “hoy hay un movimiento LGTB muy fuerte”.

Un movimiento que en los años de la pandemia, cuando Perú era uno de los países que más sufría el golpe de la covid, recurrió a la imaginación para celebrar la fiesta del Orgullo sin violar las restricciones de las reuniones públicas y organizó una marcha que, en lugar de discurrir en carrozas por el centro de la ciudad, lo hizo en pequeñas embarcaciones por el río Itaya, uno de los que rodean Iquitos.

En 2022, tras una larga espera, el Orgullo volvió a tierra firme. “Vienen muchas familias, como antes de la pandemia”, celebra Barbarán.

Retos pendientes

Pero incluso desde dentro de la comunidad LGTB iquiteña hay voces que advierten de que no se deben lanzar las campanas al vuelo.

El panorama general en el país no invita al optimismo.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori, en un debate electoral.

Getty Images
Pedro Castillo y Keiko Fujimori coinciden en su rechazo a las uniones no heterosexuales.

Tras una larga batalla judicial, el Tribunal Constitucional volvió a rechazar recientemente el recurso presentado por Susel Paredes, una congresista que reclama que se reconozca su matrimonio con otra mujer celebrado en Estados Unidos.

Y el Congreso aprobó en mayo un proyecto de ley que según sus detractores impedirá el enfoque de género y la educación sobre la igualdad y la diversidad sexual en las escuelas peruanas.

El rechazo a la unión entre personas del mismo sexo es uno de los aspectos en los que coinciden el presidente Pedro Castillo y la que fue su rival en las últimas elecciones, Keiko Fujimori, una coincidencia en la que muchos aprecian el peso que tienen en Perú visiones conservadoras de la sociedad y la familia defendidas por las iglesias católica y evangélicas.

BBC Mundo trató de recabar la visión del Gobierno, pero el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables no respondió inmediatamente a una dolicitud de comentarios.

En la región de Loreto la prevención del VIH sigue siendo asignatura pendiente.

Es la segunda región con más casos del país solo superada por Lima Metropolitana.

Carol Carobi, funcionaria del Gobierno Regional y una de las pocas mujeres trans que ocupa un cargo público en el país, destaca que “los trans todavía estamos peor que los gais y seguimos conviviendo con el estigma también en muchos lugares de Iquitos”.

“Hemos empezado a ganar espacios, pero aún estamos en un proceso”.

Silvia Barbarán señala cuáles deben ser los próximos desafíos: “En los últimos años en Iquitos hemos avanzado muchísimo, pero el reto es ahora ocupar otros espacios en la sociedad, también los cargos políticos. Y para eso hay que estudiar”.


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