Recuperar La Laguna en bicicleta
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Recuperar La Laguna en bicicleta

Cada miércoles por la noche, un grupo de ciclistas toma las calles de la Comarca Lagunera para retomar la normalidad que el crimen organizado le ha robado a la zona, y de paso, promueven una cultura vial incluyente.
Por Dulce Ramos
15 de mayo, 2013
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Quien nunca haya visto a una sandía andar en bicicleta, no ha ido a la Comarca Lagunera.

IMG_1814Cada miércoles desde hace dos años, un grupo de ciclistas inicia a las 20:30 horas una rodada nocturna por las calles de Torreón, la principal ciudad de zona metropolitana de La Laguna. Región, donde confluyen municipios de Coahuila y Durango y que está clasificada como la segunda más violenta, sólo después de Acapulco. Su tasa de homicidios dolosos triplica a la nacional.

Casi siempre en la punta del grupo se puede distinguir a la sandía que pedalea, como todo el grupo, con una alegría impensable para cualquiera que viva en una ciudad donde hay, por lo menos un asesinato diario. De cuando en cuando, la fruta ciclista lidera el contingente.

La sandía se llama Francisco Valdés y es un catedrático universitario que ronda los 50 años. El casco verde a rayas con el que protege su cabeza asemeja la mitad de esa cucurbitácea que, casualmente, es típica de la Comarca. Hoy por hoy, cuando las pedaleadas nocturnas superan los 300 participantes, todo aquel que no conoce a Francisco, pero infiere su mando, se refiere a él como el Sargento Sandía.

Fue el Sargento quien justo hoy hace dos años convocó a la primera pedaleada a través de Facebook. 13 bicicletas y 14 laguneros hicieron el primer recorrido por el Boulevard Independencia, una de las vías principales de Torreón. Todos los fundadores recuerdan que la novia de un chico hizo el paseo parada en los ‘diablitos’.

Ese fue el inicio de Ruedas del Desierto (@Ruedasdesierto). Prácticamente el primer grupo de ciclismo urbano en la región y que actualmente lucha en dos frentes: la recuperación de la convivencia fracturada por inseguridad, e incidir en políticas públicas orientadas hacia los ciudadanos. En ambos terrenos ya empiezan a sumar logros.

Pronto alcanzarán los 170 paseos y su decena de organizadores ya ha convocado a casi 400 bicicletas. Su paseante más joven es un pequeño de 5 años y el más viejo, un abuelo de más de 70. Hace un mes inauguraron un paseo nocturno en la ciudad vecina de Gómez Palacio, Durango, que se celebra cada jueves y que pasó de 70 a 100 ciclistas en tres semanas.

 “¿Quieres que te maten?”

En marzo de 2011, el ayuntamiento de Torreón, encabezado por el priista Eduardo Olmos, emuló el paseo ciclista que cada domingo se celebra en el Distrito Federal, en la Avenida Paseo de la Reforma.

Olmos dispuso el cierre de la Calzada Colón una de las más bellas de la ciudad, para que los ciudadanos pedalearan sus casi dos kilómetros desde las 7:00 hasta las 14:00 horas. Si bien la iniciativa tuvo éxito inmediato, pronto se quedó chica para algunos ánimos.

“Ya que empezó, Ruedas del Desierto pidió al alcalde que lo extendiera, pero no tuvimos éxito. Sentíamos que era corto para una actividad de ciclismo urbano, así que los que empujábamos esa idea pensamos: ‘¿Para qué necesitamos al alcalde y al Municipio? En muchas partes del país se hace esto sin apoyo del gobierno’. Y así empezaron nuestras pedaleadas”, cuenta Francisco en el descanso de un paseo sabatino.

Sacar a los laguneros del miedo es el logro más importante hasta ahora, según los organizadores. Foto: //Dulce Ramos

Sacar a los laguneros del miedo es el logro más importante hasta ahora, según los organizadores. // Foto: Dulce Ramos

Pedalear en La Laguna, zona que aparece en la prensa y en la televisión nacional casi como un Bagdad mexicano, parece a todas luces un acto suicida, pero en su nacimiento, Ruedas del Desierto nunca se asumió como un actor en el tema de la inseguridad.

“Nos planteábamos no ir a los sitios más conflictivos. Si oíamos de una balacera decidíamos no acudir ese lugar. No éramos irresponsables, pero bien pronto nos dimos cuenta que éramos parte del asunto”, relata Francisco.

“La gente que se incorpora a nuestros paseos dice: ‘mucho mejor que estar con miedo en mi casa es estar aquí, con mis hijos y con una bola de desconocidos que ahora son mis amigos y me cuidan’. Aunque no nos lo planteamos, ese ha sido el logro más importante de Ruedas del Desierto. El volver a construir esto que le dicen el ‘tejido social’. Que no estemos en nuestro rincón todos temerosos, sino que podamos salir, convivir y tomar las calles”.

Eduardo Rentería, comerciante de 52 años, es otro organizador del grupo y uno de esos 14 laguneros que fundaron la iniciativa. Habitualmente llega a los paseos con su hija adolescente. A lo largo de los recorridos detiene por unos segundos el tránsito vehicular en los cruceros complicados. Se le ve ir y venir, infatigable, de la punta a la retaguardia para incorporar a los rezagados.

Con la experiencia de un centenar de rodadas que cada vez son más nutridas, Eduardo explica el crecimiento de los paseos de manera contundente:

La gente sale a sus calles con toda la seguridad porque en grupo se siente en confianza. Se siente alegre y contenta. Tomar las calles es algo que los ciudadanos está entendiendo”.

Para aquellos que a pesar de todo no logran quitarse la percepción de riesgo y temor, Francisco cuenta la  anécdota de una joven ciclista que se le acercó tras su primera vez en dos ruedas por las vialidades toreonenses:

—Vas al centro de Torreón, en bicicleta, con desconocidos y en la noche. ¿Qué quieres? ¿Que te maten? —preguntaron unas amigas a la chica. Aún así, ella tomó su bicicleta y salió a pedalear. Al terminar le dijo al Sargento:

—Jamás me he sentido más protegida, a gusto y segura que con ustedes a pesar de que no conocía a nadie.

“La inseguridad ha sacado lo mejor de nosotros”

Combatir la percepción de inseguridad para que las rodadas tengan cada vez más y más gente son sólo una parte de los objetivos de este grupo.

“Tenemos que impulsar el ciclismo urbano mucho más allá. Requerimos ciclovías, biciestacionamientos, transporte público digno… una movilidad sustentable, a grandes rasgos”, agrega Eduardo Rentería. Además, Ruedas del Desierto actualmente pugna porque en el consejo ciudadano de las vialidades en Torreón haya un asiento para un peatón, un ciclista y un usuario del transporte público, pues hasta ahora, aseguran, está conformado sólo por automovilistas.

No obstante la dificultad para encontrar puntos de acuerdo con las autoridades de los municipios laguneros, el pasado 28 de abril, el grupo se sumó otro logro; esta vez en conjunto con el ayuntamiento de Gómez Palacio.

A las 9:00 horas de ese domingo, la alcaldesa priista Rocío Rebollo —a quien le rafaguearon su residencia a principios de año y cuyos negocios fueron incendiados por el crimen organizado— inauguró un paseo similar al de Torreón, asesorada por Ruedas del Desierto.

La respuesta ciudadana fue inmediata, pero los visitantes comparten el espacio con elementos del Ejército y la Policía Estatal que blanden sus armas largas y encapuchados, hacen rondines en sus camionetas. En la recuperación del espacio público aún no se puede cantar victoria, como tampoco en el apoyo de las autoridades a una cultura vial que deje de privilegiar al automóvil.

En La Laguna, según cifras del INEGI, seis de cada 10 muertes relacionadas con accidentes de tránsito son de peatones y tres de cada 10, de automovilistas.

“Algo estamos haciendo muy mal como ciudad para darle la mayor parte de la inversión a los automovilistas”, señala el analista político lagunero Carlos Castañón, quien también se ha involucrado con el impulso al ciclismo urbano.

Sobre la inseguridad, Castañón considera que si bien no se puede tapar la violencia con un contingente de bicicletas, la prensa nacional ha abusado de la visión negativa de la Comarca y ha sido omisa en ver “la otra cara de la moneda”.

“Después de cinco años de violencia, hemos visto que paulatinamente ha emergido lo mejor de la sociedad lagunera a través de grupos que no han tirado la toalla y son esperanzadores. Vemos a gente que levanta la mano para hacer rendir cuentas y exigir transparencia de las autoridades, vemos a grupos que han sido profundamente agraviados y que han formado asociaciones para exigir que se esclarezcan, por ejemplo, las desapariciones en Coahuila. Todo eso ha llevado de alguna manera a sintetizar lo mejor de la sociedad para salir adelante”.

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Paolo Miranda

El enfermero italiano toma fotografías de la crisis por el COVID-19 en un hospital

Paolo Miranda es enfermero en un hospital en Italia. Sus imágenes cuentan la historia de los trabajadores de la salud que están al frente en la lucha para salvar vidas.
Paolo Miranda
20 de marzo, 2020
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“Todos nos llaman héroes, pero no me siento como uno”.

Paolo Miranda es enfermero de cuidados intensivos en el único hospital de Cremona, una pequeña ciudad de la región italiana de Lombardía que está en el corazón del brote del nuevo coronavirus.

Allí, hasta el 19 de marzo había más de 2,000 personas contagiadas del virus y unas 200 habían muerto.

Al igual que muchos de sus colegas, Miranda ha estado trabajando largos turnos de 12 horas durante el último mes.

“Somos profesionales, pero nos estamos agotando. En este momento, sentimos que estamos en las trincheras, y todos tenemos miedo”.

Un enfermero frente a una pantalla.

PAOLO MIRANDA

A Paolo le encanta tomar fotos y decidió documentar la sombría situación dentro de la unidad de cuidados intensivos donde trabaja.

“No quiero olvidar lo que está pasando. Esto se convertirá en historia y para mí las imágenes son más poderosas que las palabras”.

En sus fotos, Paolo quiere mostrar la fuerza de sus colegas, pero también su fragilidad.

“El otro día, de la nada, una de mis compañeras comenzó a gritar y saltar de un lado a otro del pasillo”, relata.

“Le habían hecho una prueba de y acababa de enterarse de que no tenía el virus. Normalmente es muy tranquila, pero estaba aterrorizada y no podía contener su alivio. Es humana”.

Una trabajadora de la salud usa máscara de protección. A

PAOLO MIRANDA
Hay más de 35.000 casos confirmados de coronavirus en Italia.

Es un momento de prueba para el joven enfermero y su equipo. Pero están comprometidos y se ayudan mutuamente.

“A veces, algunos de nosotros nos derrumbamos: sentimos desesperación, lloramos porque nos sentimos impotentes cuando nuestros pacientes no están mejorando”, cuenta.

Cuando eso pasa, el resto del equipo intenta hacer que su compañero se sienta mejor.

“Decimos alguna una broma, lo hacemos sonreír e incluso reír. De lo contrario, nos volveríamos locos”, dice.

Un miembro del hospital consuela a un compañero.

PAOLO MIRANDA
El desgaste emocional puede ser muy duro muchas veces.

Italia superó ya a China en número de muertos con de 3.400.

Con más de 41.000 casos confirmados, los médicos y enfermeros del país, particularmente en las ciudades más afectadas del norte, están luchando para seguir adelante día a día.

En los nueve años que lleva ejerciendo de enfermero, Paolo vio morir a muchas personas, ya está acostumbrado.

Pero lo que lo golpeó durante esta pandemia es ver a tanta gente morir sola.

“Cuando los pacientes mueren en cuidados intensivos, normalmente están rodeados de su familia. Hay dignidad en su muerte. Y estamos allí para apoyarlos, es parte de lo que hacemos”.

Por lo general, los familiares y amigos pueden visitar y reunirse junto a la cama de los enfermos.

Pero durante el último mes, eso está prohibido, para evitar el contagio. Ni siquiera pueden entrar al hospital.

“Tratamos a todas estas personas con el virus como si básicamente fueran abandonados”, describe.

“Morir solo es algo muy feo, no se lo deseo a nadie”.

Dos enfermeras hablan en el hospital.

PAOLO MIRANDA
El norte de Italia, donde se encuentra este hospital, tiene una gran cantidad de personas mayores, que son más vulnerables al virus.

Un hospital abrumado

El hospital de Cremona se ha transformado en un “hospital de coronavirus”.

Ahora solo tratan a pacientes con el virus, alrededor de 600, y todas las demás operaciones médicas fueron suspendidas.

Siguen llegando nuevos pacientes, pero se han quedado sin camas en la unidad de cuidados intensivos.

“Hemos estado instalando camas en cualquier lugar que podemos, en todos los rincones. Está tan desbordado de gente”.

Están construyendo un hospital de campaña fuera de la entrada principal, que proporcionará 60 camas adicionales para cuidados intensivos. Pero no es suficiente.

Hospital staff put on protective clothing

PAOLO MIRANDA
Paolo capturó el momento en el que sus colegas se preparan para tratar a los pacientes con coronavirus.

Luz al final del túnel

Entonces, ¿cómo se las arregla Paolo para enfrentar en esta situación?

Él dice que el amor que la gente le está demostrando a los enfermeros en todo el país los mantiene activos.

Muchos fueron aclamados como héroes.

El equipo de este hospital en Cremona recibió decenas de regalos.

“Cada día que entramos en el trabajo encontramos algo nuevo”, cuenta Paolo.

“Pizzas, dulces, pasteles, bebidas… el otro día recibimos mil cápsulas de café con máquina de café espresso. Digamos que mantenemos el ánimo con carbohidratos”, bromea.

Los regalos le dan a Paolo algo de consuelo, pero nunca puede desconectarse por completo del hospital.

Dos enfermeros se abrazan.

PAOLO MIRANDA
Los enfermeros se cuidan unos a otros.
Una enfermera descansa en una silla.

PAOLO MIRANDA
Un breve descanso durante un turno de 12 horas ayuda a recuperar la fuerza.

Estoy destrozado cuando regreso a casa al final de mi turno. Me voy a dormir y me despierto varias veces durante la noche. A la mayoría de mis colegas les pasa lo mismo”.

Lo único que lo mantiene activo es la adrenalina.

Pero esta situación está empezando a pasar factura y Paolo se siente cada día más cansado.

“No veo la luz al final del túnel por ahora. No sé qué pasará, solo espero que esto termine”.

Foto grupal de miembros del hospital.

PAOLO MIRANDA
Los miembros del hospital tratan de mantener el espíritu en medio del brote del coronavirus.
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BBC

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