Ser amigo es lo más complicado del mundo
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Ser amigo es lo más complicado del mundo

La novela juvenil Puppy Love, de Antonio Ramos Revillas, es una historia que retrata las maiaventuras, pero también la importancia de la amistad y del encanto-desencanto del primer amor, del primer beso.
Por Moisés Castillo
4 de mayo, 2013
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I.

Dicen que la vida no es nada sin la amistad. Maia aprendió la lección cuando sintió que su corazón ya no latía tras discutir con Luz, su mejor amiga. Todo por un secreto familiar y todo por un chico guapo llamado León, quien era dueño de un perro Gran danés y de un ojeroso mapache. Luego de chatear en Facebook pudo arreglar la relación: “a los amigos no los escogemos, ellos te escogen a ti”, reflexionó la jovencita de tercero de secundaria.

Maia es una chica solitaria que a veces piensa que algo le hace falta. Tiene una familia ejemplar, pero es feliz a ratos. Es una extraña sensación que invade su cuerpo delicado. Sin embargo, se olvida un momento cuando escucha el claxon de la vieja camioneta de su tía Zoe, señal inconfundible para ir a rescatar a algún perro o gato de la ciudad. Es su tía preferida, es veterinaria y defensora por convicción de animales. Cuando sea grande le gustaría trabajar con ella en su clínica luminosa.

Así es la vida de Maia, protagonista de la novela juvenil Puppy Love, de Antonio Ramos Revillas (Alfaguara, 2012). Una historia que retrata las maiaventuras, pero también la importancia de la amistad y del encanto-desencanto del primer amor, del primer beso. Pero lo peor es cuando a tu mejor amigo le gusta la misma persona, así le pasó a Maia con Luz. En un momento de locura y celos enfermos Maia se dice “claro que se pueden tener amigas verdaderas. Siempre y cuando… ¡no se fijen en tu novio!”.

Esta novela surgió en un viaje a Monterrey que hizo el escritor regio con su esposa Orfa Alarcón, quien de una forma natural sacó a media plática el término puppy love para hablar del amor en la infancia, un término muy común en Estados Unidos. Mientras estaba al volante, Antonio comenzó a contarle poco a poco la historia a su mujer: recuperar de la calle a perros, gatos y demás animales abandonados o que sufren una mala vida; recurrir a la buena nostalgia ¿qué sentiste cuando te enamoraste por primera vez? La carretera fue una especie de hoja en blanco para él y así fue como escribió casi todo el libro.

Sin duda, la maiaventura más peligrosa se presenta cuando Katia, una anciana que vive sola en una casona que huele a humedad, pide ayuda a La Veterinaria para que se lleven a una gata que acaba de tener crías y no para de quejarse. La gata blanca con manchas amarillas y negras estaba escondida detrás de unos contenedores de plástico, protegiendo a sus gatitos. Quisieron llorar y gritar al mismo tiempo cuando vieron su boca ensangrentada: mató a un cachorro para proteger a los demás. Cada vez que se presentaba una situación extrema, la tía Zoe tranquilizaba a Maia diciéndole “el mundo animal tiene otras reglas y códigos que a veces nosotros, los humanos no sabemos o no podemos interpretar bien”.

Pareciera que Puppy Love es una novela inofensiva pero es todo lo contrario. Es una historia espejo que disecciona de manera notable ese salto niñez-juventud, esa etapa conflictiva, definitiva, llena de incertidumbre e incomprensión, de cambios constantes e inexplicables que marcan la personalidad de una persona. Ese sentimiento inocente que nunca volverá: soy joven y puedo hacer lo que quiera, puedo durar más que todo.

Hacia la parte final salta una frase que puede resumir este rompecabezas “tal vez esa sensación en realidad nunca desaparece, que ser feliz no existe, pero no ser feliz tampoco es ser infeliz…”.

-En casa tienes gatas, ¿qué tanto influyó ese entorno a la hora de escribir las situaciones de Maia? ¿Existió el efecto Orfa? Ya que ella adora a los animales, en especial a los mininos…

Jajaja. ¿Que si existe el efecto Orfa en mi vida? Por supuesto, en todo. Siempre me habían gustado los gatos, pero no había tenido por una cuestión de acuerdo de roommates, pero en mi casa paterna tenía tres. Pero lo que más influyó al momento de escribir sobre Maia fue que empecé a conocer a chicas y chicos que se dedican de manera más dedicada al rescate de perros y gatos; por ejemplo, una de ellas, Giovanna León, da conferencias y pertenece a varias asociaciones. Prestamos nuestra casa como hogar temporal para unos tres o cuatro gatos y Giovanna iba, los vigilaba, incluso operó con la ayuda de una veterinaria a uno de esos gatos en la mesa de la casa y yo ahí estuve todo ese tiempo. Eso influyó más que tener tres gatas de mascotas.

¿Cuál ha sido tu peor y tu mejor experiencia con una mascota? ¿Mejora la calidad de vida tener una en casa?

Mi mejor experiencia con una mascota, de niño, fue con una gata que tuvo sus crías en el patio de la casa. Mi peor experiencia fue con la misma gata que terminó comiéndose a una de sus crías porque había gatos que querían llevárselos. Eso tardé mucho en entenderlo. Cuando pierdes a una mascota es una sentimiento difícil de explicar porque ¿cómo mides ese amor? La gente dice, pero si es un gato o un perro, ¿para qué lloras? Llórale a los hombres. Pensar sólo que las cuestiones de la humanidad son importantes nos ha llevado a cientos de especies extinguidas o de miles de perros y gatos callejeros que son perseguidos, que también son foco de infección, pero que básicamente nos recuerdan nuestra forma irresponsable de vivir en relación con los demás. Una mascota en casa sí mejora tu calidad de vida, estoy seguro. Te da más responsabilidades, pero nada en esta vida que se quiera se tiene sin un mínimo de inversión. Hasta el amor se acaba.

-¿Cómo describirías a esta jovencita que le da miedo los mapaches? ¿Es una chica solitaria?

Todos somos seres solitarios. Extrovertidos o introvertidos, la soledad es una compañera fiel. La diferencia es qué haces con esa soledad: te atiborras de televisión, pero de esa clase de televisión donde los conductores sólo bailan y envían saludos, o ves algo más provechoso, o lees o trabajas. Trabajar es otra manera de estar solo también.

-La amistad para Maia es sagrada, ¿por qué Maia espera mucho del otro? ¿Qué significa ser amigo de alguien?

Ser amigo es lo más complicado del mundo. Necesita tiempo, saber escuchar, saber reír, saber enojarte. Ser amigos en realidad es un reto. Yo no creo en los amigos que nunca se dicen sus verdades o a los que no les pueden decir francamente que la regaron o que tú la regaste. Con casi todos mis mejores amigos me he peleado y lo hemos resuelto. Valoro mucho la amistad con mis amigas, pero en esta sociedad tener amigas y estar casado es casi como una incitación al adulterio, cosa más absurda. Pero así es la vida.

-Maia casi termina la secundaria, digamos que está en el cambio niña-adolescente, ¿cómo explicar esa “sensación de estar incompleta” en tu óptica masculina? En la parte final Maia dice: todo había cambiado desde que me bajó por primera vez…

El mayor descubrimiento que tiene todo adolescente es la soledad. Creo que cuando esa frase se vuelve más real, cuando descubres que tienes una personalidad. La cuestión es que no existen tantas diferencias entre una adolescente y un adolescente. Sienten lo mismo, aunque lo expresen de formas distintas. Con los hombres es complicado, porque se te enseña a no hablar, el mismo grupo se obliga a callarte muchas cosas que son bien vistas desde el patrón de “lo masculino”.

-En tiempos de las redes sociales, de lo instantáneo, la madre de Maia se la pasa “tuiteando” todo el día, ¿es una especie de crítica a las familias que ya no se platican, ya no se miran? ¿Pasa lo mismo con la relación amo-mascota?

No sé si sea una crítica, porque yo también me la paso en las redes sociales. Pero es cierto que llega un punto en el que tienes más lazos sociales con personas virtuales que de carne y hueso. Una amiga escribió en su muro, después de que nos vimos con otro grupo de personas, que era padre recordar que existía la tercera dimensión. Me dio mucha risa, pero también esconde una gran verdad: nos estamos convirtiendo en esos humanos que se retratan muy bien en la película de Wall-E. Y si eso ocurre con las personas, ahora imagina con las mascotas. Mascotas que tienes en casa pero a las que sólo les das de comer. Se mueren o se van.

-En la novela abordas otros temas fuertes como el divorcio, la muerte de los padres de León, la voracidad de los bancos, ¿es complicado ser niño-adolescente? ¿Qué cosas han cambiado cuando tenías esa edad y ahora?

Creo que la malicia propia y la extraña es lo que más aprendes. A defender y atacar. Pero en el fondo sigo siendo el mismo, con todo lo bueno y lo malo que eso pueda ser. Lo que sí ha cambiado en mí es la tranquilidad. Tranquilidad porque ya tengo más o menos una ideología, una forma de vivir, de ganarme la vida. No uso tarjetas de crédito, por ejemplo. Una vez tuve una deuda y el banco me trató como si fuera un criminal. Los bancos no saben si no tienes trabajo, si ganas lo suficiente y no te mediste en una compra. Los bancos quieren que no te midas en tus compras. Por eso ahora mi relación con los bancos es genial. No me prestan ni les pido prestado. Procuro vivir con lo que tengo, además soy muy malo con las deudas a largo plazo.

-Maia decía que no estaba interesada ni pensaba en tener novio… ¿el primer amor jamás se olvida? Cuéntame de tu primer beso y tu primer amor.

Fui pésimo para eso. Tuve una primera novia, una chica de secundaria que me gustaba desde la primaria. Ni beso le alcancé a dar porque me cortó a las dos semanas vía una de sus amigas. Como a mí me gustaba ya otra compañera, pues ni sentí feo. Con la otra compañera tampoco me fue bien.

II.

Algunos escritores coinciden que es más difícil escribir para adolescentes porque se requiere atrapar su atención desde las primeras páginas, ya que de lo contrario botan el libro. Puppy Love tiene la virtud de la sencillez del lenguaje. No hay que confundir sencillez con simpleza. Para Antonio Ramos Revillas, que anteriormente publicó la espléndida novela El cantante de muertos, el reto del lenguaje es lo más complicado para todo escritor. Las páginas de Puppy Love destilan claridad y honestidad.

“Debo confesarte que antes me hablaban del lenguaje y yo no entendía. Para mí era la historia, contar un cuento con un buen inicio, tensión, un final sorprendente. Poco a poco me di cuenta que estaba equivocado. Me gusta un lenguaje que sea mío y que nadie pueda copiar. Veía o leí a muchos que hacían que su lenguaje fuera como carne de puerco a la hora de la cena y eso no me gustaba”.

A la mitad de la historia, Maia se percata que existen muchos tipos de personas que cuidan animales y ofrece una clasificación muy singular para definirlos. Son ocho niveles: abre con la gente que detesta a las mascotas, es decir, no tiene amor propio; y cierra con el extremo de las personas que pasan más el tiempo con sus cachorros que con los humanos. Es decir, una especie de La loca de los gatos de Los Simpson. Peligro total.

Según el hincha de los Rayados de Monterrey la literatura juvenil vive un boom en Latinoamérica. Sobresalen escritores como Lygia Bojunga, Triunfo Arcineagas, María Esperón, Pablo de Santis, Javier y Toño Malpica, Verónica Murguía, Emma Wolf, entre otros. A veces cuando está aburrido y quiere escribir pero no puede, toma algún libro de su biblioteca y lee al azar para encontrar una idea, a veces le funciona y otras muchas no. Todo buen escritor, dice, debería desconfiar de cada frase que escribe.

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Cortesía Fanny Griffin

El esclavo de Texas que se hizo millonario haciéndose pasar por mexicano

William Ellis nació como esclavo en un pequeño pueblo de Texas y a lo largo de su vida amasó fortuna haciéndose pasar por mexicano, cubano e incluso hawaiano para esquivar la segregación racial instalada durante la "Edad dorada" de EE.UU. de finales del siglo XIX.
Cortesía Fanny Griffin
3 de agosto, 2020
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Un espectacular acto de reinvención.

Lo conocían como Guillermo Enrique Eliseo o Guillermo Ellis, el banquero de gran riqueza de Ciudad de México, que a su vez tenía una oficina en Wall Street en Nueva York y una residencia en la distinguida zona del oeste de Central Park.

Hubiese sido una locura pensar que este mismísimo hombre, siempre ataviado con joyas y ropas caras, había nacido como esclavo en una plantación de algodón en el sur de Texas.

William Henry Ellis era su verdadero nombre.

Lo investigó el FBI, conoció al entonces presidente Theodore Roosevelt, mantuvo estrechas relaciones con el Porfiriato mexicano, lideró una misión diplomática a Etiopía y, entre otras hazañas, orquestó “uno de los esfuerzos de emigración de afroestadounidenses más audaces en la historia de Estados Unidos”.

Karl Jacoby, historiador de la Universidad de Columbia (Nueva York), se encontró con la enigmática figura de Ellis por accidente.

Tal fue su fascinación que dedicó buena parte de su carrera académica a sumergirse en las sombras este personaje, que vivió entre 1864 y 1923.

Un esfuerzo que materializó en un libro de 2016 titulado The Strange Career of William Ellis: The Texas Slave Who Became a Mexican Millionaire (“La extraña carrera de William Ellis: el esclavo de Texas que se convirtió en un millonario mexicano”).

El año pasado, el documentalista estadounidense Phillip Rodríguez adquirió los derechos para televisión y cine del libro y está en el proceso de desarrollar el proyecto.

"Ellis hizo todas las cosas que un afroestadounidense de su tiempo supuestamente no debía hacer".", Source: Karl Jacoby, Source description: Historiador de la Universidad de Columbia (EE.UU.) y autor de la biografía de William Ellis, Image:

Uno de los aspectos que más llamó la atención de Jacoby fue que Ellis “hizo todas las cosas que un afroestadounidense de su tiempo supuestamente no debía hacer”.

“Esta es la época en que Jim Crow estaba institucionalizándose y aun así, él encontró las fisuras del sistema y pudo hacer cosas notables”, le dice Jacoby a BBC Mundo.

Ellis vivió en los márgenes fronterizos y de raza, esquivando etiquetas y al mismo tiempo asumiendo los peligros que para la época representaba que lo reconocieran como negro.

Su “extraña” carrera, como menciona Jacoby, plantea la pregunta más básica y sin embargo la que asalta a la mente en seguida: ¿cómo lo hizo?

De traductor a emprendedor

Las características geográficas en las que creció William Ellis facilitaron que aprendiese español, una poderosa herramienta que supo aprovechar por el resto de su vida.

Nacido en Victoria, en el sur de Texas, un año antes de que se aboliera la institución de la esclavitud en 1865, Ellis compartía con “mexicanos, tejanos, anglo estadounidenses y afroestadounidenses que vivían unos cerca de los otros”, describe Jacoby.

Construcción abandonada de aparceros en lo que era la plantación de los Weisiger y donde nació William Ellis.

Cortesia Karl Jacoby
Construcción abandonada de aparceros en lo que era la plantación de los Weisiger y donde nació William Ellis, en el sur de Texas.

En la plantación de Joseph Weisiger, un patriarca blanco de Kentucky, la familia de Ellis entró en contacto con mexicanos que convocaban en las ocupadas épocas de recolección de algodón.

Fue así que el joven William aprendió a hablar español con fluidez y se convirtió luego en el asistente y traductor del irlandés William McNamara, un poderoso comerciante de algodón y cuero.

“McNamara no solo compra las materias primas en Texas sino a lo largo de la frontera con México y el joven Ellis lo acompaña y habla por él”, describe Jacoby.

A los 20 años de edad, Ellis se despide de su Victoria natal y decide mudarse a San Antonio, una ciudad más grande.

Ahí empieza la reinvención: al abrir su negocio de comercio de cuero y algodón, Ellis les dice a sus nuevos contactos que su nombre es Guillermo Enrique Eliseo y que es de origen mexicano.

Lo ayudaba que para su época, finales del siglo XIX, “nadie tenía pasaporte, ni licencia de conducir o certificados de nacimiento, había muy poco rastro en papel”, señala el historiador.

Al mismo tiempo, el desarrollo de las ferrovías en la década de 1880 facilitó el desplazamiento más rápido y de mayor distancia.

El anhelo de México

Desde antes del nacimiento de Ellis, en el imaginario de muchos afroestadounidenses del sur habitaba la idea de México como una tierra de libertad.

“Un estimado de 4,000 esclavos huyeron de Estados Unidos a México antes de la Guerra Civil ”, indica el libro.

Así lo describió Felix Haywood, un antiguo esclavo de Texas en un testimonio citado en el libro: “No había razón para huir hacia el Norte. Todo lo que teníamos que hacer era caminar, pero caminar hacia el Sur, y ahí seríamos libres tan pronto como cruzáramos el Río Bravo”.

Un dibujo muestra a esclavos trabajando la tierra mientras son supervisados por un hombre.

Getty Images
“Un estimado de 4,000 esclavos huyeron de Estados Unidos a México antes de la Guerra Civil ”, indica el libro.

La esclavitud de africanos existió en México desde 1519, recoge Jacoby. Pero después de la independencia en 1821, el país “adoptó medidas para prohibir el comercio de esclavos y emancipar a todos los niños esclavos menores de 14 años”.

“Es difícil para los estadounidenses entender el hecho de que el verdadero faro de libertad durante estos tiempos no era parte de Estados Unidos, sino México”, dice Jacoby.

Una nueva era: passing

Con la abolición de la esclavitud en Estados Unidos no cesó el maltrato hacia la población negra, lo que llevó a que muchos en el sur vieran el beneficio -y asumieran el riesgo- de hacerse pasar por mexicanos o nacionales de otros países.

En inglés, se le conocía bajo el término passing y, por lo general, se usaba para describir a alguien “que tenía ascendencia afroestadounidense pero que se presentaba como blanco“, explica Jacoby.

Era frecuente que aquellos que empezaban una nueva vida como “blancos” se distanciaran para siempre de sus familias, y por ello a veces el acto se veía como “darle la espalda a la comunidad a la que se pertenecía”.

En última instancia, acota Jacoby, lo que indicaba el passing es que “todo el sistema de razas dependía de clasificaciones de sentido común y de la idea de que se podía ‘saber’ la raza de alguien solo con verle”.

Un dibujo con un retrato de William Ellis a finales de la década de 1880.

Cortesia Karl Jacoby
Un dibujo con un retrato de William Ellis a finales de la década de 1880.

“Pero esto no es posible, especialmente si consideramos que durante el periodo de la esclavitud, hubo una tremenda explotación sexual de mujeres negras por parte de sus esclavizadores”, dice.

Convenientemente, Ellis se hizo pasar por mexicano en San Antonio, una ciudad en la que el 20% de la población era de ese origen.

Luego, en Nueva York por ejemplo, se haría pasar por cubano. Y en otras ocasiones, hasta hawaiano.

La única vez que admitió hacer passing fue en 1891 en una entrevista con un diario de Chicago, según documenta el libro.

Explicó que viajar en ferrocarril fue lo que lo motivó a hacerlo: “Estoy obligado a hacerme pasar por mexicano para poder obtener las comodidades básicas de un viajero blanco”, dijo entonces.

Un hombre “que se hizo a sí mismo”

Ellis se desenvolvió durante la llamada “era dorada” o Gilded Age de Estados Unidos, cuando el país atravesó grandes cambios con la llegada de la industrialización y muchos amasaron fortunas gracias a ello.

Años antes de establecerse como un hombre de negocios y el contacto necesario entre los inversionistas de Wall Street y México, Ellis se embarcó en un ambicioso proyecto desde Texas.

El comerciante viajó a Ciudad de México en 1889 junto a un socio y ambos llevaron cartas de presentación a altos miembros del gobierno de Porfirio Díaz.

“Convencieron a Pacheco (secretario de fomento) de que les aprobara un contrato de 10 años para colonizar hasta 20,000 personas en México“, explica el libro.

Durante el siglo XIX y el XX, “hubo una discusión considerable sobre la llamada ‘colonización’ de afroestadounidenses tanto por parte de la comunidad negra como de la blanca”, aunque por razones diferentes, explica Jacoby.

Un mapa de la zona fronteriza entre México y EE.UU. en 1911

Getty Images
Un mapa de la zona fronteriza entre México y EU en 1911

Entre los blancos, señala, existía “esta fantasía de ‘limpiar’ étnicamente el país, de no querer la esclavitud pero tampoco a afroestadounidenses libres, por lo que entonces había que enviarlos a África“.

Entre los negros, en contraposición, el racismo estructural abrió la puerta a pensar que “tenía sentido mudarse a otro sitio”.

En paralelo, durante el Porfiriato, México invirtió esfuerzos en atraer más inmigrantes, principalmente de Europa, para “modernizarse como Estados Unidos”, dice Jacoby.

“Pero Ellis logró persuadirlos de llevar a negros desde Estados Unidos”.

Bajo el argumento de que “los negros eran agricultores excepcionales de algodón, ‘los mejores del mundo'”, el Senado mexicano aprobó en 1889 su plan de colonización.

Pero los emprendedores no recaudaron los fondos necesarios para financiar el programa, pese a que sí generó interés en Texas, explica Jacoby en el libro.

Esto, combinado con cambios internos en la política de México (Pacheco falleció), hicieron que el plan se anulara en 1891.

Segundo intento

Pero Ellis no descansaría hasta lograrlo.

Después de breves ambiciones políticas que lo llevaron a lanzarse como candidato al Congreso de Texas, en 1894 decidió retomar su plan de colonización.

La firma de un contrato con La Compañía Agrícola Limitada del Tlahualilo significó que casi mil afroestadounidenses emigraron a esta enorme hacienda, ubicada en el norte de México entre Durango y Coahuila, en 1895.

“Creo que este fue el número más grande de afroestadounidenses en emigrar de Estados Unidos en grupo durante todo el siglo XIX”, afirma Jacoby.

El sitio web que creó Karl Jacoby con la historia de William Ellis

Website
El sitio web que creó Karl Jacoby con la historia de William Ellis, williamhellis.com

Ellis dijo entonces: “Siete niños han nacido y el sueño de mi vida se ha hecho realidad. He vivido para ver al afroestadounidense en el País de Dios y la Libertad”.

Pronto, sin embargo, su anhelo de crear una comunidad pujante se frustró.

La aparición de enfermedades, “algo parecido a la malaria” según diagnosticó un médico de la época, y las denuncias por las malas condiciones de trabajo para los pobladores acabaron con el proyecto.

El destape

De vuelta en San Antonio, Ellis ya se había cimentado como una figura de reputación, pero ese estatus no llegaría muy lejos.

En un incidente que Jacoby describe en el libro, al empresario se negaron a atenderlo enuna cantina por su color de piel.

“Poco después, el nuevo directorio de la ciudad de San Antonio fue publicado. Por primera vez, el nombre de Ellis aparecía con una letra ‘c’ al lado, que quería decir hombre de color”, describe el texto.

“Su historia queda revelada y aunque podía quedarse allí como un hombre afroestadounidense, decide irse”, dice Jacoby.

William Ellis en una foto de pasaporte de 1919

Archivo Nacional de Estados Unidos
William Ellis en una foto de pasaporte de 1919.

Un año después, en 1898, los documentos muestran que Ellis ya tenía residencia en el hotel Imperial de Nueva York.

De ahí en adelante, apunta el historiador, su activismo en torno a su comunidad “se vuelve mucho más moderado porque no quieren que vuelvan a descubrirlo”.

Ellis, sin embargo, no corta relaciones con su familia, como pasaba con muchos que decidieron “pasarse” al mundo de los blancos.

Un distinguido mexicano en Nueva York

Su llegada a Nueva York coincidió con un “asombroso” crecimiento en las relaciones comerciales entre México y EU, comenta el autor.

“Él se convirtió en una persona muy útil porque en Wall Street estaban obsesionados con invertir en México y él estaba muy bien conectado con figuras clave del Porfiriato”, explica Jacoby.

En la capital de la industrialización, Ellis “vendió el discurso de México como una tierra de riquezas tropicales, y de él mismo, Guillermo Eliseo, como la persona a la que había que conocer”.

Ellis aparecía en documentos revisados por Jacoby como presidente de al menos siete compañías, algunas valoradas en millones de dólares.

William Ellis

Cortesia Fanny Griffin

Por esos años también compró la fábrica de muebles más grande de México y se convirtió en el representante para ese país de la Hotchkiss Arms Company, una manufacturera francesa de armas.

En este periodo, coordina dos llamativos viajes a Etiopía, uno de ellos una misión diplomática con el fin de concretar acuerdos de comercio con el emperador Menelik II.

Se convirtió en el primer afroestadounidense en visitar ese país, según documenta Jacoby, y a su regreso a EE.UU. sostuvo reuniones con el entonces presidente Roosevelt en 1904.

Por esos años, se casó con una mujer blanca de origen sencillo llamada Maude Sherwood y tuvieron seis hijos, dos de ellos fallecidos poco después de nacer.

Por alguna razón, Ellis mintió sobre los orígenes de su esposa al afirmar en un comunicado de prensa sobre su casamiento que pertenecía a la nobleza de Inglaterra.

“Una de las cosas difíciles al momento de escribir este libro fue que él intentaba esconder su historia de vida y siempre trataba de reinventarse”, explica Jacoby.

Tiempos turbios

Sus ambiciones de industrialización en Etiopía se estancaron, entre otras cosas, por falta de financiamiento, tal y como le había ocurrido en el pasado.

Obligado a volver a mirar hacia México y con las finanzas apretadas, Ellis tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos tras la Revolución Mexicana en 1910 y el fin del Porfiriato.

Los tiempos turbulentos y constantes cambios en el poder hicieron que Ellis perdiese ambiciosos contratos que había firmado en la era Díaz para establecer una fábrica de goma y una planta hidroeléctrica.

La Revolución Mexicana se prolongó desde 1910 hasta 1917 y dejó más de un millón de muertos.

Getty Images
La Revolución Mexicana se prolongó desde 1910 hasta 1917 y dejó más de un millón de muertos.

El haberse involucrado en los asuntos políticos del país que adoptó como propio hizo que el FBI (entonces conocido como Buró de Investigaciones) lo investigase en 1916, aunque no encontró hallazgos que lo incriminaran, documenta el historiador.

En 1920, cuando el general Álvaro Obregón depuso a Venustiano Carranza, Ellis estaba a su lado nada más y nada menos que cuando el presidente huía de Ciudad de México, reconstruye Jacoby.

Cuando EE.UU. finalmente reconoció el gobierno de Obregón en 1923, “Ellis ya estaba trabajando en un nuevo proyecto: un acuerdo de reducción de aranceles para varios puertos con el fin de atraer más comercio”.

Pero la enfermedad no le permitió llevar a cabo sus nuevos emprendimientos.

El 24 de septiembre de 1923, Ellis murió en Ciudad de México y su cuerpo está enterrado en una tumba sin nombre en el Panteón Español.

La tumba de William Ellis en el Panteón Español de Ciudad de México.

Cortesía Karl Jacoby
La tumba de William Ellis en el Panteón Español de Ciudad de México.

Durante su residencia en México, Ellis evitó involucrarse con la comunidad estadounidense y siempre se hospedó en un hotel cuyo dueño era un inmigrante inglés.

Sorpresivamente, el hombre que se reinventó no dejó grandes riquezas sino 5,000 dólares a su esposa Maude.

Pocos años después, su esposa e hijos se mudaron a México.

La prensa afroestadounidense reseñó su muerte resaltando su verdadero origen, pero Jacoby destaca que, en lugar de juzgarlo, se coló una cierta celebración de su vida.

“(…) Por el hecho de que su vida fue espectacular, llena de ambiciones a lo grande entre los más grandes del mundo, debemos sentir cierto grado de satisfacción al darnos cuenta de que él era de los nuestros“, destacó entonces el diario Dallas Express.


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