¿Por qué la policía respondió con tanta fuerza a las protestas en Brasil?
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¿Por qué la policía respondió con tanta fuerza a las protestas en Brasil?

En Brasilia y Río de Janeiro la policía militar también usó gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar protestas organizadas el fin de semana antes de los partidos de la Copa Confederaciones, cerca de los estadios.
18 de junio, 2013
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Foto: AP.

Foto: AP.

Las denuncias de uso excesivo de la fuerza policial fueron frecuentes en primeras las protestas en Sao Paulo, Río de Janeiro y otras ciudades brasileñas contra la subida del precio del transporte colectivo y los costos del Mundial de fútbol 2014.

Con las manifestaciones escenificadas este lunes por un movimiento sin liderazgo claro, muchos temieron que la violencia se repitiera pese a que el gobierno de Sao Paulo descartó el uso de balas de goma o de la Tropa de Choque, la unidad antidisturbios en el centro de la polémica.

Pero esos temores no se verificaron este martes, pues en las manifestaciones en Brasilia, Sao Paolo, Rio de Janeiro y Belem los agentes decidieron usar tácticas diferentes, como mantener los piquetes policiales más alejados de las concentraciones y no recurrir a las balas de goma, salvo que se estuviera destruyendo propiedad pública y privada.

Según expertos, los episodios recientes muestran un desconcierto de las autoridades brasileñas para lidiar con protestas callejeras atípicas en este país y exponen una herencia que la policía arrastra del gobierno militar (1964-1985).

“Aún no conseguimos encontrar el papel de la policía en el marco de la democracia”, dijo Luciana Guimarães, directora de Sou da Paz, un instituto especializado en políticas públicas de seguridad, con sede en Sao Paulo.

“Violencia policial”

Guimarães afirmó que en Brasil hay resquicios de la época de la dictadura en que la policía actuaba “a favor del Estado y contra las personas”, y que el entrenamiento tipo militar de los efectivos hoy dificulta los cambios en seguridad.

“Por toda esa historia, las organizaciones más progresistas, comprometidas con derechos civiles y una agenda de democracia, también niegan la existencia de la policía y en ese sentido no ayudan a construir una nueva policía”, agregó en diálogo con BBC Mundo.

Sao Paulo es la ciudad brasileña donde ocurrieron los peores hechos de violencia en protestas recientes por el aumento de la tarifa de autobús organizadas por un grupo llamado Movimiento Pase Libre, que se extendieron a otras urbes.

El jueves, en la cuarta protesta de este tipo en Sao Paulo hubo cerca de un centenar de heridos (entre ellos varios periodistas) y más de 190 detenidos.

Algunos reportes de prensa, entre ellos del columnista Elio Gaspari, del diario Folha de Sao Paulo, indican que los disturbios los iniciaron efectivos de la Tropa de Choque que tiraron bombas de gas lacrimógeno a manifestantes, sin aviso.

El ministro brasileño de Justicia, José Eduardo Cardozo, que antes había ofrecido apoyo al gobierno paulista para lidiar con las protestas, advirtió el viernes que eran inaceptables los “abusos” y la “violencia policial”.

“Es muy importante que nuestros cuerpos de seguridad sepan localizarse dentro de la democracia”, afirmó Cardozo en rueda de prensa.

“Recibes balas”

En Brasilia y Río de Janeiro la policía militar también usó gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar protestas organizadas el fin de semana antes de los partidos de la Copa Confederaciones, cerca de los estadios.

Eso provocó escenas de pánico y confusión cuando manifestantes pero también hinchas locales y extranjeros que procuraban asistir a los juegos fueron afectados por los gases.

En Brasilia hubo una treintena de heridos y unos 20 detenidos el sábado, mientras en Río de Janeiro se reportaron ocho detenidos el domingo.

“Venimos a protestar y ¿qué ocurre? Recibes balas. Nadie aquí es bandido o vándalo”, dijo Marcos Aurelio Silva, un estudiante de derecho que participaba de la manifestación cerca del estadio Maracaná, a BBC Mundo.

“Cosa curiosa”

Las autoridades estatales y policiales han justificado el accionar policial durante las protestas que han reunido a cientos o algunos miles de personas como máximo, en su mayoría jóvenes al canto de “sin violencia”.

El gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, sostuvo que su estado tiene “la mejor policía de Brasil” y atribuyó a los manifestantes actos de vandalismo, violencia e intereses políticos.

Y el coronel Frederico Caldas, portavoz de la policía militar de Río, calificó como positiva la respuesta a la protesta en los alrededores de Maracaná para garantizar la viabilidad del evento deportivo.

“Vamos a imaginar que (los manifestantes) cerrasen una calle y que uno de los equipos no pasase. Nuestra responsabilidad era con 70 mil personas que estaban en Maracaná”, dijo Caldas citado por el portal de noticias G1 de Globo.

En las protestas de Sao Paulo o Río hubo varios jóvenes que arrojaron piedras a la policía y pintaron o destruyeron bienes públicos, pero los expertos hablan de un uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía.

“Es una cosa curiosa: la agencia (a cargo) de seguridad acaba produciendo inseguridad”, indicó João Trajano, cientista político y coordinador del Laboratorio de análisis de la violencia en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ).

“Cadena de comando”

Trajano afirmó que “lo que se está revelando es una dificultad por parte de las autoridades en lidiar con manifestaciones como estas, de masas.

“Son situaciones en que la cadena de comando tiene que funcionar y eso comienza por el tope de la jerarquía, que es el gobierno estatal”, le dijo el experto a BBC Mundo.

En Brasil, cada estado es responsable de la actuación de la policía militar en su territorio.

Viviane Cubas, investigadora del Núcleo de Estudios de Violencia en la Universidad de Sao Paulo, recordó que los problemas del accionar policial en el país no se circunscriben al tema de las protestas callejeras.

“La violencia es lo que está presente cotidianamente en las interacciones de la policía con los ciudadanos”, dijo. “Aquí la fuerza parece ser usada más como patrón que como recurso extraordinario, y el control es muy débil”.

Agregó que “buena parte de la población apoya ese tipo de acción”, lo que vuelve aún más complicado enfrentar el problema.

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El caso de Enrique "Kiki" Camarena, el agente de la DEA por el que EU perseguía a Caro Quintero

De origen mexicano y nacionalizado estadounidense, el agente especial le había dado uno de los peores golpes al cartel de Guadalajara.
16 de julio, 2022
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El día que el cuerpo de Enrique Camarena fue encontrado, todo cambió. El Kiki, como se le conocía, fue el primer agente de la historia de la DEA en ser asesinado.

El crimen ocurrió el 9 de febrero de 1985 y provocó, según expertos, la mayor crisis diplomática entre México y Estados Unidos en la historia reciente.

El narcotraficante mexicano Rafael Caro Quintero fue condenado por el crimen, ocurrido pocos meses después de que Camarena descubriera un gran plantío de marihuana en el estado de Sinaloa.

Pero Caro Quintero logró la libertad en 2013. La DEA lanzó entonces una recompensa de US$20 millones por información que ayudara a capturarlo de nuevo.

Este viernes, nueve años después, se dio su captura en México por el mismo delito.

Rafael Caro Quintero (centro) detenido en Sinaloa

Reuters
Rafael Caro Quintero fue detectado entre los arbustos por un perro policía.

En la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. (DEA, por su sigla en inglés) Camarena es considerado un héroe, y la recaptura de su asesino era un asunto pendiente.

Pero ¿quién era este agente que murió a los 37 años y cómo resultó cercano al cartel de Guadalajara?

El Kiki

Camarena nació el 26 de julio de 1947 en Mexicali, Baja California (México). A los 9 años se mudó junto a su familia del otro lado de la frontera a la localidad hermana de Calexico, California.

Al terminar la escuela secundaria se alistó en la Marina estadounidense, donde estuvo dos años.

Un tiempo después fue bombero y luego se unió al Departamento de Policía de Calexico. Allí pasó a trabajar en una ciudad cercana como investigador de narcóticos.

En 1974 se convirtió en agente especial de la DEA.

El cuerpo de Enrique Camarena fue trasladado de México a Estados Unidos.

Getty Images
El cuerpo de Enrique Camarena fue trasladado de México a Estados Unidos.

Siete años después, en 1981, fue asignado para trabajar en Guadalajara en la investigación de la ruta de marihuana y cocaína hacia Estados Unidos.

La misión

Por esos años, narcotraficantes mexicanos y estadounidenses llevaban en avionetas la droga de un lado al otro de la frontera.

La demanda aumentaba cada vez más y los mexicanos se especializaban en las rutas que lograban llegar hasta EE.UU.

Fue ahí cuando los principales carteles se aliaron con sus pares colombianos para traficar cocaína, una sustancia que ocupaba mucho menos espacio y que multiplicaba las ganancias de forma astronómica.

La capital de Jalisco, entonces, se convirtió en el centro del tráfico de drogas en México.

“Llegó a Guadalajara un boom de inversiones incluso a través de grandes empresarios que empezaron a lavar mucho dinero, sobre todo en construcciones inmobiliarias, agencias de automóviles, comercios, bancos”, le contó Felipe Cobián Rosales a BBC Mundo en 2013.

Este fue el panorama que encontraron Camarena y otros agentes desplegados en la ciudad.

Kiki permaneció un año y medio en México. Personas que le conocieron en esa época cuentan que logró acercarse a algunos jefes del cartel de Guadalajara, especialmente a Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo.

No está claro si ellos supieron que se trataba de un agente encubierto, pero según estableció la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR) la orden para asesinarlo fue por venganza.

El crimen

Camarena había decidido investigar por aire el negocio de las drogas en el norte de México y volando en una avioneta pilotada por Alfredo Zavala descubrió en medio del desierto un gran espacio verde con plantas perfectamente sembradas.

Se acercó y confirmó que allí se hallaba lo que buscaba: casi mil hectáreas de marihuana que valían -en el mercado estadounidense de la época- unos US$8.000 millones.

En noviembre de 1984, 450 soldados ingresaron en el rancho conocido como El Búfalo en el estado de Chihuahua.

Meses después, cuando salía del consulado estadounidense en Guadalajara para almorzar con su esposa, Camarena fue secuestrado por cinco hombres que lo metieron en un auto.

Lo llevaron a una casa, lo torturaron y lo mataron.

Los cuerpos de Enrique Camarena y el piloto Alfredo Zavala envueltos en bolsas en una camioneta en México.

Getty Images
Los cuerpos de Enrique Camarena y el piloto Alfredo Zavala fueron hallados en el estado de Michoacán semanas después de que desaparecieran.

Su cuerpo apareció cuatro semanas después en el estado vecino de Michoacán.

Pese a que las autoridades señalaron en todo momento la responsabilidad de Caro Quintero, exagentes de la DEA señalaron a la CIA como partícipes del asesinato, algo que quedó plasmado en la serie documental de Amazon The Last Narc (“El último narco”).

En su momento se supo que, al investigarse el caso, se descubrió una extensa red de protección al cartel de Guadalajara donde participaron jefes de policía, mandos militares y funcionarios de alto nivel del gobierno mexicano.

Entre lo que más llamó la atención fue el hecho de que Caro Quintero y otros jefes del cartel, por ejemplo, portaban identificaciones de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), que entonces era la principal agencia mexicana de inteligencia para combatir el narcotráfico.

Además, el rancho El Búfalo era protegido por un comandante de la Policía Judicial Federal, Rafael Aguilar Guajardo, quien años después fundó el cartel de Juárez.

De ahí que la recaptura de Caro Quintero, en julio de 2022, represente un hecho histórico para el caso.

“El Kiki personalizó lo mejor de la DEA, era un agente tenaz que persiguió sin descanso a los carteles de la droga en México”, escribió en un comunicado dirigido a los trabajadores de la DEA Anne Milgram, titular de la agencia.

“Kiki es un héroe”, enfatizó la funcionaria tras conocerse la recaptura y pedido de extradición del principal incriminado en asesinar, por primera vez, a un agente especial.


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