Uruguay podría poner fin al aborto legal
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Uruguay podría poner fin al aborto legal

La Corte uruguaya ha determinado que serán necesarios 654 mil 287 votos de adhesión el próximo domingo para que, en un plazo de 60 días, se celebre en el país un referéndum con el que sí se podrá derogar o mantener la ley actual.
20 de junio, 2013
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abortoEl próximo 23 de junio se celebrará en Uruguay una consulta popular o ´Acto de Adhesión´ en la que los ciudadanos podrán votar si desean la convocatoria de un posible referéndum para validar o derogar la ley del aborto, que continúa vigente hoy en día en el país. 

Tras la implementación de la ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo a finales de 2012, han sido varios los colectivos ´pro-vida´ que han protestado buscando la derogación de dicha norma. Estos grupos llevaron a cabo la recogida de las firmas necesarias para que la Corte aceptara convocar el ‘Acto de Adhesión’, con el que comienza el proceso legal que permite a los ciudadanos uruguayos decidir si prohíben o no el aborto en Uruguay.

“Estuvimos luchando 25 años por la ley que ahora tenemos. Es una ley que no obliga a nadie a abortar, pero quien lo decida tiene derecho a hacerlo en buenas condiciones. (Si lo prohíben) No dejará de haber abortos, volverá a haber clandestinos y las secuelas que dejan en las salud de las mujeres son muy fuertes. Todo eso porque haya gente que piense que porque se junte un óvulo y un espermatozoide ya hay una persona ahí, y que esos derechos estén por encima del de las mujeres, es el colmo. ¡Este es un país laico!”, reivindica en entrevista a Radio Nederland Lucy Garrido, coordinadora en comunicación de la organización uruguaya Cotidiano Mujer.

La norma que rige la realización de abortos en el país, promovida por el presidente José Mujica, despenaliza la práctica de éste hasta la doceava semana de gestación y pone al servicio de quienes lo deseen todo lo necesario para pasar por el proceso de forma saludable. Esta normalización significa para muchas mujeres como Carolina, quien tuvo que recurrir a la práctica de un aborto, “una buena forma de logra una sociedad justa porque ayuda a las mujeres que lo necesitan venga de donde venga y tenga la condición social que tenga”.

Para esta uruguaya, de 28 años y madre de dos niños, la derogación de la ley del aborto sería “una marcha atrás en cuanto a la equidad y justicia”. “Sobre todo por la equidad de género, porque las mujeres son las que tienen que cargar con esa decisión, llevarla adelante y pasar por el procedimiento, aunque muchas veces el papá también lo vive. Para mi es súper importante que cualquier mujer pueda pasar por una interrupción de la misma forma. Sería un retroceso, no sólo en salud de la mujer, sino en equidad social y de género”, añade Carolina.

“Yo tuve que abortar porque tenía ya dos niños y por cuestión economía no podíamos mantener un tercero. Además, el papá es mi ex pareja y yo ya no quería continuar un vínculo con él. Fue algo afectivo y económico. Recibí mucha ayuda y, psicológicamente (no tuve) ningún problema. Las secuelas son por la carga social, por estar sistemática e históricamente (acusada) de estar cometiendo un delito. Ahora hay un respaldo jurídico y por tanto, lo haces con tranquilidad. Esto no debe cambiar”, afirma la joven.

Juego de confusión

La Corte uruguaya ha determinado que serán necesarios 654 mil 287 votos de adhesión el próximo domingo para que, en un plazo de 60 días, se celebre en el país un referéndum con el que sí se podrá derogar o mantener la ley actual.

“El problemas es que hay una publicidad engañosa. No informan nada. Lo que ellos (quien promueve el ´Acto de Adhesión´) necesitan es que 650 mil personas vayan a votar, y como aquí suele ser obligatorio y tenemos referendos y plebiscitos cada dos por tres, juegan a confundir, porque votar acá es como una fiesta. Son las fuerzas conservadoras los que lo promueven y cuentan con que, incluso la gente de izquierdas, se confunda y vaya a votar. Sin embargo, creo que no van a llegar ni siquiera a las firmas de adhesión. Cometieron errores y la Iglesia empezó a fomentar que se fuera a votar, y eso a la gente en general no le gusto”, explica Lucy Garrido.

Uruguay Protege

Por su parte, desde Organizaciones de la Sociedad Civil dieron a conocer el movimiento ciudadano “Uruguay Protege, un voto una vida”, a través del cual “se invita a los uruguayos a fortalecer los canales democráticos y remarcar la defensa de los derechos humanos, como la protección de la vida de todas y todos, a través de su voto a la adhesión al recurso de referéndum el próximo domingo 23 de Junio”.

“Decidamos juntos si la ley que permite el aborto permanece o es derogada. Uruguay debe situarse como un país de vanguardia que reconoce a sus habitantes todos los derechos humanos, siendo el principal el derecho a la vida desde su inicio en la fecundación y sin el cual no podrían existir los demás”, reclaman desde la plataforma Uruguay Protege.

Mientras, los uruguayos se enfrentan a una decisión que, según la portavoz de Cotidiana Mujer, es “muy importante” puesto que “va a impactar mucho en la región”. “Lo que pase acá con adhesiones o referéndum impactará mucho, ya impacto cuando se aprobó la ley. Seríamos un ejemplo que ayudaría a todo el mundo a que avanzaran los derechos humanos”, concluye.

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¿Es la inflación más dañina que la recesión?

Las medidas que toman las autoridades para detener la inflación, como subir el costo de los créditos, le ponen un freno a la economía. Si las tasas de interés son demasiado altas y el freno económico demasiado profundo, puede llegar una recesión.
11 de agosto, 2022
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Hay que apagar el fuego antes de que se salga de control.

Esa parece ser la consigna de los países afectados por la gigantesca inflación que recorre el mundo y que ha llegado a máximos históricos en décadas.

Con Alemania marcando el nivel más alto en casi medio siglo -en medio de una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania-, Estados Unidos y Reino Unido en el más alto nivel de los últimos 40 años y América Latina también bajo presión por la escalada en el costo de la vida, los bomberos están trabajando a toda velocidad.

Bomberos encargados de la política fiscal y monetaria de los países que intentan apagar una hoguera sin descuidar otro foco de incendio: la recesión.

Empleado de un fondo de inversiones mira varias pantallas de computadora

Getty Images

Pues bien, ¿qué tiene que ver la inflación alta con una recesión económica?

Mucho. Cuando se dispara la inflación, los bancos centrales suben las tasas de interés (el costo de los créditos) para desincentivar la compra de bienes o servicios.

Es una política que busca reducir el consumo y las inversiones con la esperanza de que bajen los precios.

Con este mecanismo se controla la inflación pero, al mismo tiempo, se frena el crecimiento económico.

Si el frenazo es demasiado grande, la economía se estanca y aumentan las posibilidades de que el país entre en recesión.

Trabajador estadounidense

Getty Images

Frente a este dilema las autoridades tienen que hacer de equilibrista y preguntarse: hasta dónde puedo subir las tasas de interés sin ahogar demasiado la economía.

Y ese equilibrio precario entre inflación y recesión es lo que tiene a los economistas tratando de apagar un incendio sin echarle leña al otro.

De ahí viene la pregunta: ¿es peor la inflación o una recesión económica?

El mal menor

No es tanto cuál es peor, sino qué es lo primero que hay que atajar. Yo creo que un país que quiere mantener su estabilidad macroeconómica, no puede permitirse una inflación elevada”, argumenta Juan Carlos Martínez, profesor de Economía en la universidad IE Business School, España.

“Una recesión es un mal menor comparado con una inflación persistente en la economía”, dice en diálogo con BBC Mundo.

cONSUMIDORA CON CAJA DE FRESAS EN LA MANO

Getty Images

Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del centro de estudios Wilson Center y profesor de la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU., también argumenta que disminuir el costo de la vida es algo prioritario.

Las dos cosas son malas, pero la inflación es más difícil de superar en muchos casos”, apunta el experto.

Una inflación crónicamente alta, agrega, le impone muchos costos a una sociedad.

No solo se trata del frenazo económico. “También crea tensiones sociales, ya que los trabajadores exigen aumentos salariales recurrentes, los propietarios exigen subidas del alquiler y los comerciantes deciden aplicar repetidos aumentos de precios”, le dice Gedan a BBC Mundo.

Desde otra perspectiva, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC) de México, agrega al debate que controlar una inflación elevada puede tomar muchos años, mientras que las recesiones, al menos en los últimos años, se han podido superar más rápidamente.

Persona comprando gasolina en Estados Unidos

Getty Images

“En este momento es fundamental contener la inflación porque las experiencias de los últimos 50 años nos muestran que una espiral inflacionaria acaba desencadenando una recesión”, le dice el economista a BBC Mundo.

“Se puede atajar una recesión sin que esto implique inflación, pero en el otro caso, la inflación termina provocando una crisis”.

Estados Unidos, por ejemplo, “está pagando el costo de un error”, agrega, porque las autoridades dejaron pasar mucho tiempo antes de subir las tasas de interés para controlar el consumo y la inversión.

De esa manera, la demanda siguió alta y los precios continuaron escalando, señala de la Cruz, sin que se eliminaran los incentivos para seguir gastando.

¿Qué pasa en América Latina?

Tal como está ocurriendo en otras partes del mundo, Latinoamérica también ha sufrido la ola inflacionaria.

En países como Chile, la inflación se disparó a un histórico 13,1% (la mayor en casi tres décadas), seguido por Brasil y Colombia (superando los dos dígitos), mientras países como Perú y México, donde la espiral inflacionaria es un poco menor, también han sufrido las consecuencias de precios que están dejando huellas aún más profundas en los sectores más vulnerables.

Mujer en supermercado, foto genérica.

Getty Images

Argentina, que sufre un problema crónico de inflación, tiene la herida abierta con un aumento anual del costo de vida de 64%.

Ante este escenario, los bancos centrales de la región han aplicado históricos aumentos de las tasas de interés para tratar de sacarle la presión a la olla.

En los buenos tiempos económicos, muchos gobiernos solían ponerse como meta inflacionaria un rango de entre 2% a 4%.

Pero ahora que el costo del crédito está disparado, esas metas se esfumaron, al menos por ahora.

Brasil, por ejemplo, tiene sus tipos de interés en 13,7%, mientras que en Chile el costo de los préstamos escaló a un máximo histórico de 9,7% y en Colombia al 9%.

Pocas ganas les quedan a los consumidores que aspiraban a comprarse una casa con un crédito bancario, o a los empresarios que pensaban renovar equipos, ampliar sus operaciones o iniciar nuevos proyectos de inversión.

Manos con billetes chilenos

Getty Images

Claramente la época del “dinero barato”, es decir, de los préstamos más asequibles, quedó en el pasado.

Tan veloz y profundo han sido el aumento del costo del crédito, que los economistas esperan ver resultados prontamente.

De hecho, en países como Estados Unidos o Brasil, la inflación dio una tregua y disminuyó levemente, aumentando las expectativas de que los precios podrían estar alcanzando sus niveles máximos.

¿Quiénes son los más perjudicados con la inflación?

“Lo peor de todo es que la inflación es un impuesto sobre los pobres, que tienen escasos ahorros y normalmente trabajan en el sector informal, con poca capacidad para proteger su poder adquisitivo”, explica Gedan.

“Dada la pobreza generalizada de la región y el gigantesco sector informal, los impactos de la inflación son particularmente severos en América Latina”, apunta.

Trabajadora colombiana en empresa textil.

Getty Images

En ese sentido, las autoridades no han dudado en subir las tasas, especialmente por los episodios de escalada de precios en Latinoamérica en las décadas pasadas.

“Es que dados los traumas pasados ​​de la región con la hiperinflación y el deseo de conservar la credibilidad ganada con tanto esfuerzo de los bancos centrales, no sorprende ver medidas rápidas en muchos países para frenar los aumentos de precios”, dice el experto.

El debate en Estados Unidos

Si bien inflación y recesión son dos amenazas económicas de alto calibre, en Estados Unidos el debate se ha centrado en cuánto y a qué velocidad la Reserva Federal (el equivalente al banco central en otros países) debe seguir subiendo las tasas para detener la escalada de los precios.

Criticada por no haber actuado antes, la Fed se ha embarcado este año en una serie de subidas de los tipos de interés.

Y como esas subidas le ponen un freno a la economía, la pregunta que muchos se hacen es si Estados Unidos caerá o no caerá en una recesión con todas sus letras.

Porque ya está atravesando lo que se conoce como una “recesión técnica”, equivalente a dos trimestres seguidos de contracción económica.

Foto genérica de buque carguero con contenedores y bandera de Estados Unidos.

Getty Images

Pero en EE.UU. esos números rojos no representan una verdadera recesión, según los estándares que se utilizan en ese país.

El árbitro que la define, por decirlo de alguna manera, es una organización independiente: la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

En ella participan destacados economistas que se reúnen regularmente y analizan todas las variables que pueden incidir en un proceso recesivo.

La definición que ellos utilizan está lejos de ser una fórmula matemática: “Una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

El enfoque del comité de economistas es que, si bien cada uno de los tres criterios (profundidad, difusión y duración) debe cumplirse individualmente hasta cierto punto, las condiciones extremas reveladas por un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro.

Precisamente porque no es una fórmula infalible hay tanto debate en Estados Unidos sobre si realmente el país va camino a una recesión o si no llegará a ese punto.

Las máximas autoridades del país (encargadas de la política fiscal y monetaria) se han mostrado optimistas argumentando que el mercado del trabajo se mantiene fuerte.

Y en julio la inflación bajó levemente (de 9,1% a 8,5%), aportando una cuota de alivio frente a los pronósticos que consideraban como inevitable una recesión en el país.


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