Michoacán se deslinda de triple desaparición en Paracho
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Michoacán se deslinda de triple desaparición en Paracho

Familiares de tres capitalinos raptados hace un año en Michoacán denuncian la falta de resultados en la investigación hecha por las autoridades de la entidad y señalan que se ha protegido a grupos del crimen organizado
Por Paris Martínez
22 de julio, 2013
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Foto Carrusel

Mientras este domingo se clausuraba en el municipio de Paracho, Michoacán, el octavo concurso nacional de globos Cantoya Fest 2013, amigos y familiares de los tres jóvenes capitalinos que hace un año fueron raptados por un grupo armado en esa localidad –a la que habían acudido para impartir cursos infantiles sobre elaboración de globos de papel– se congregaron en la Catedral Metropolitana, en la Ciudad de México, para orar por su regreso y para denunciar la falta de resultados en la investigación realizada a nivel estatal, así como la protección brindada en esa entidad a los grupos del crimen organizado.

“Desde abril pasado –informó Alicia Guadalupe Nava, mamá de Luis Enrique Nava y tía de Diego Antonio Maldonado, dos de los desaparecidos–, la PGR decidió atraer la investigación, porque a las autoridades estatales de Michoacán, y las municipales de Paracho, no hicieron nada por nuestros hijos. Yo misma me reuní tres veces con el procurador de Justicia de Michoacán y el señor nunca supo ni de lo que le estaba hablando, y luego de esas reuniones, cada vez que hemos vuelto para allá, nos han ignorado”.

De hecho, subrayó la señora Nava, fue el mismo gobierno del estado, a través de Jesús Reyna García –mandatario interino de la entidad– “quien nos mandó a la PGR, porque allá, en Michoacán, no hay interés de las autoridades y con el gobernador constitucional, Fausto Vallejo, nunca nos pudimos entrevistar, porque siempre estaba enfermo”.

A lo largo de este año transcurrido desde la desaparición forzada, ocurrida el 22 de julio de 2012, alrededor de las 4:00 horas, cuando un grupo armado ingresó al hotel donde se hospedaban los tres jóvenes, para extraerlos por la fuerza, “la Procuraduría de Justicia de Michoacán integró un expediente de mil 500 fojas –señaló por su parte el papá de Ana Belém Sánchez, la tercer víctima–, sin embargo, son mil 500 fojas en las que se concluye que no se sabe nada de los muchachos, y eso es un poco increíble”.

Paracho

En julio de 2012, Luis Enrique, Diego Antonio y Ana Belem fueron contratados por el gobierno municipal de Paracho, Michoacán, encabezado por el perredista Nicolás Zalapa Vargas, para impartir cursos a niños de la región, en el marco de la pasada edición del Cantoya Fest.

Ahí pasaron tres días, hospedados en el hotel Santa Fe –ubicado a corta distancia del palacio municipal–, y en la madrugada del 22 de julio, día en que se disponían a volver al DF, un grupo de hombres y mujeres armados ingresó al hotel, para raptarlos, sin que hasta la fecha se conozca su paradero.

“Dicen que (los atacantes) se quisieron llevar a la chica –narra la señora Nava– y cuando salieron mis hijos a defenderla, se los llevaron a los tres. Es lo único que nos han dicho. Se los llevaron en ropa interior, porque ya estaban acostados, el chico de la recepción dice que los iban golpeando en las escaleras, y que Ana iba pidiendo ayuda, pero nadie los ayudó.”

Esa misma semana, los familiares de los tres jóvenes acudieron a Michoacán para interponer la denuncia por el rapto, y ahí fueron informados de que la autoridad municipal tuvo conocimiento del hecho tan pronto como ocurrió y, sin embargo, no hizo nada para emprender la búsqueda.

“Yo hablé con el jefe de la policía de Paracho –narra el padre de Ana Belem–, y me dijo que él había ido en la madrugada del 22 de julio, porque le habían llamado del hotel, porque había problemas, dijo que tardó 15 o 20 minutos, en lo que se vestía, y que al pasar frente al establecimiento no notó nada anormal, por lo que reportó al presidente municipal que todo estaba tranquilo”.

Desde septiembre del año pasado, la madre de Luis Enrique Nava denunció que esta actitud de las autoridades municipales denotaba una intencional respuesta dilatoria por parte del alcalde Nicolás Zalapa, ya que, los mismos testigos afirman que los jóvenes fueron golpeados fuera del hotel, justo en el momento en el que el jefe de la policía afirma haber acudido al lugar.

Además, señaló, ninguno de los dos funcionarios municipales han aclarado cómo tuvieron conocimiento del rapto, en el momento en el que se desarrollaba.

La búsqueda

Al cumplirse 25 días del rapto de los tres jóvenes, el 14 de agosto de 2012, los presuntos secuestradores fueron hallados muertos en la sierra de Paracho. “Supuestamente –narra el papá de Ana Belem– se mataron entre ellos… Pero un día después, el 15 de agosto, mi hija me llamó por teléfono, o sea que ella todavía estaba viva… nada más me dijo ‘papi, soy yo’, y se cortó la comunicación. Pero era ella, sin duda.”

Desde que esa llamada fue realizada han pasado más de 11 meses y, hasta la fecha, las autoridades afirman seguir rastreando desde dónde fue realizada.

En marzo reciente, además, la Procuraduría de Justicia de Michoacán anunció haber encontrado pertenencias de los tres jóvenes, en bancos de arena de la zona conocida como Meseta Purhépecha, aunque no fue localizada ninguna pista que permitiera dar con el paradero de las víctimas.

“Es ya mucha la frustración –afirma la mamá de Luis Enrique–, el dolor se vuelve frustración y mucho coraje, este lunes se cumple un año de que se los llevaron y para las autoridades no ha pasado nada. El presidente municipal de Paracho, sigue invitando gente a Paracho, primero a la feria de los globos de Cantoya (celebrada este fin de semana), y luego al Festival de la Guitarra, pero no da ninguna protección a la gente que va para allá, no hay seguridad ni siquiera para la gente que llaman para participar en las actividades oficiales, como ocurrió con nuestros hijos, a los que se llevaron a trabajar allá, pero nadie los protegió. Nicolás Zalapa dice mentiras, dice que hay paz, pero eso no es verdad, hemos ido a muchos lugares de Michoacán, y en todos está horrible… no puede ir la gente joven para allá, porque corre mucho peligro.”

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El eclipse que salvó la vida de Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América

Por sus conocimientos de astronomía, Cristóbal Colón pudo saber que habría un eclipse mientras estaba en Jamaica. Te contamos cómo lo utilizó para no morir de hambre.
11 de octubre, 2020
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Ilustración de Colón mostrando el eclipse a los nativos. Camille Flammarion 1879.

Getty Images
Hubo un eclipse el 29 de febrero de 1504 y Colón lo supo aprovechar para salvarse del hambre.

Son muchos los historiadores que coinciden en que Cristóbal Colón, el primer navegante europeo que llegó a América, fue un hombre sumamente astuto.

Pese a que tenemos pocas certezas sobre su vida, hay consenso en que su inteligencia y rapidez lo ayudaron en varias oportunidades, tanto a conseguir lo que buscaba como a salvarse de aprietos y necesidades.

Una de esas ocasiones se dio en 1504 cuando el Almirante estaba varado en Jamaica durante su cuarto y último viaje al continente.

Y para lograr lo que quería de los nativos de la isla recurrió a sus extensos conocimientos astronómicos.

“Un genio del engaño”

Colón partió en 1502 hacia América con el propósito de hallar un estrecho marítimo hacia Asia.

Pero tras más de un año navegando había perdido dos embarcaciones y las otras dos estaban muy deterioradas, lo que les impedía continuar.

Así que él y un centenar de hombres terminaron varados en el norte de Jamaica.

Imagen en 3D de las carabelas de Colón.

Getty Images
En su cuarto viaje a América, Colón quedó varado en Jamaica tras el naufragio y deterioro de sus embarcaciones.

No era la primera vez que Colón llegaba a esta isla ni tampoco la había llamado así.

El navegante llegó allí en 1494 y la bautizó como la isla Santiago. Sin embargo, nunca se refirió a ella con ese nombre en su diario del cuarto viaje. Siempre usó Jamaica.

Esa denominación deriva del nombre original de los aborígenes arahuacos que es Xaymaca o Yamaya que significa “tierra de madera y agua”.

El genovés envió a un grupo, comandado por uno de sus colaboradores Diego Méndez de Segura, en canoa a la isla La Española en busca de ayuda para rescatarlos.

Mientras esperaban consiguió intercambiar con los nativos algunas de sus posesiones por comida. Sin embargo, pasaban los días y los meses y el rescate no llegaba.

A finales de 1503, la relación con los indígenas empezó a deteriorarse.

“Se amotinaron y no le querían traer de comer como solían”, cuenta Méndez de Segura en su testamento.

Las memorias de Méndez de Segura y detalles de este último viaje fueron publicadas en 1825 por Martín Fernández de Navarrete en el libro “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”.

Si querían sobrevivir, tenían que hacer algo. Y Colón diseñó un plan tan genial como perverso: atemorizar a los aborígenes con un eclipse que ocurriría el 29 de febrero de 1504, justo el día extra de ese año bisiesto.

Retrato de Cristóbal Colón

Getty Images
Colón supo usar la astronomía para engañar a los nativos de Jamaica en 1504.

Y el navegante sabía por sus estudios que no sería cualquier eclipse, sino uno lunar que teñiría al satélite natural de la Tierra de rojo como la sangre. Podía presentarlo como un castigo divino del cual los nativos no podrían escapar.

“Colón era un genio del engaño. Y esta era una idea salvadora”, le dice a BBC Mundo Antonio Bernal, divulgador científico del Observatorio astronómico de Fabra, en Barcelona, España.

El episodio está extensamente narrado en el libro “El Memorial de los Libros Naufragados”, del historiador inglés Edward Wilson-Lee, sobre el que puedes leer más en el link que sigue.

Dios está enojado

Según el relato de Méndez, “Él (Colón) hizo llamar a todos los caciques y les dijo que se maravillaba de que no le llevaran comida como solían, sabiendo, como les había dicho, que había venido allí por mandato de Dios”.

Les dijo “que Dios estaba enojado con ellos y que se los mostraría aquella noche por señales que haría en el cielo; y como aquella noche era el eclipse de la Luna, casi todo se oscureció”.

Colón reforzó la idea de que Dios provocaba el eclipse por enfado, “porque no le traían de comer y ellos le creyeron y se fueron muy espantados y prometieron que le traerían siempre de comer“, dice el libro de Fernández de Navarrete.

Eclipse lunar de julio de 2018

Getty Images
El eclipse de Luna suele teñir al satélite natural de la Tierra en rojo por unos minutos.

Colón sabía a qué hora empezaba el eclipse y que la Luna se volvería roja.

“El eclipse de Luna tiene dos partes principales: una es el principio, que es la parte parcial, en la que la Luna se ve parcialmente oscura. Y cuando está toda negra, empieza la segunda parte que es la de totalidad”, explica Bernal.

“Este eclipse tenía, además, una característica especial: la Luna se eclipsaba cuando todavía estaba sin salir, debajo del horizonte”, añade.

Entonces cuando apareció en el cielo ya se vio parcialmente oscura.

“Y después de la totalidad, los eclipses de Luna hacen que esta se vea roja, por refracción de la atmosfera terrestre“, detalla.

Esto se debe a que la luz solar no llega directamente a la Luna, sino que parte ella es filtrada por la atmósfera de la Tierra y os colores rojizos y anaranjados se proyectan sobre el satélite natural.

¿Pero por qué estaba Colón tan seguro de que habría un eclipse?

El almanaque

Cristóbal Colón tenía muchos conocimientos a su haber: sabía de navegación, hablaba varias lenguas, y “tenía una escritura muy bonita”, según cuenta Consuelo Varela, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España.

“Él era un hombre con una gran capacidad y un ansia de conocer y aprender. Quizás la característica que resaltaría de Colón es su empeño en saber las cosas”, le dice a BBC Mundo la historiadora española experta en temas americanos y en Colón.

Pero sobre todo “Colón conocía el cielo”, agrega Bernal. “Conocía las estrellas y se guiaba por ellas”.

El Almirante era un aficionado a la astronomía y se sabe que en sus viajes llevaba consigo un calendario de eclipses: el almanaque Regiomontano.

Este fue confeccionado por el astrónomo y matemático alemán Johann Müller (1436-1476), cuyo apodo era precisamente “Regiomontano”, que proviene de la traducción latina del nombre de la ciudad alemana donde nació: Königsberg y que significa (Montaña real o Montaña Regia).

Parte del almanaque de Regiomontano con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
El almanaque Regiomontano contaba con dos agujas móviles para calcular el movimiento de la Luna.

Los calendarios y almanaques impresos eran extremadamente populares en los siglos XV y XVI y proporcionaban a la gente los conocimientos básicos necesarios para planificar sus rutinas diarias.

“Los fenómenos celestes servían para muchas cosas: primero para orientarse, y segundo, la meteorología se predecía con los fenómenos celestes. Hoy sabemos que eso es un error, pero en ese tiempo no se sabía”, explica Bernal.

El almanaque de Regiomontano, en particular, era muy utilizado porque sus cálculos eran muy precisos.

Su creador registró varios eclipses de Luna y su interés lo llevó a hacer la importante observación de que la longitud en el mar se podía determinar calculando distancias lunares.

Incluso en 1472 observó un cometa, 210 años antes de que el astrónomo Edmund Halley lo viera “por primera vez”, destaca la Universidad de Glasgow en sus archivos y colecciones especiales, que cuenta con una copia de este calendario impreso en 1482.

Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Gentileza Biblioteca de la Universidad de Glasgow
Estas dos páginas del almanaque de Regiomontano describen los eclipses de Sol y Luna. En el extremo derecho inferior está señalado el eclipse de Luna del 29 de febrero de 1504 que utilizó Cristóbal Colón.

Se trataba de una ayuda indispensable para cartógrafos, navegantes y astrólogos.

Fue esa la herramienta que Colón utilizó para “predecir” el eclipse lunar del 29 de febrero de 1504 y salvarse a él y a sus hombres de morir de hambre, hasta que en junio de ese año finalmente llegaron los refuerzos que tanto esperaban.

“Colón era un hombre enormemente listo y esa era la única forma que tenía de asustar a los indios. El sobresalto que se debieron dar los pobres indígenas“, dice bromeando Consuelo Varela.


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