Reportear lo lleva a la cárcel y a escribir vida de narcotraficantes
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Reportear lo lleva a la cárcel y a escribir vida de narcotraficantes

En el libro Los malditos de la editorial Grijalbo, Jesús Lemus nos cuenta la forma en la que fue visto el líder del cártel de Sinaloa Joaquín “El Chapo” Guzmán y otros criminales.
Por Irvin Pineda
27 de julio, 2013
Comparte

244_9786073116893.jpgEl diario El Tiempo de la Piedad, Michoacán, en 2008 era uno de los periódicos que retrataba con mayor precisión la lucha anticrimen emprendida en ese estado por el entonces presidente Felipe Calderón.

El Tiempo se caracterizaba porque en sus dos mil ejemplares que vendía diariamente informaba con datos duros sobre enfrentamientos de bandas criminales y hasta las detenciones que se registraban en esa zona.

Su dueño y director era el periodista Jesús Lemus Barajas, quien pronto vio el ascenso en las ventas del periódico. Sin embargo, el 7 de mayo de 2008 la suerte no estuvo de su lado. Ese día su fuente informativa, un comandante de Guanajuato, lo llamó al municipio de Cuerámaro para ofrecerle datos importantes que podrían ser difundidos en el impreso.

Pero ese día su fuente lo trató diferente. Lo secuestró por dos días sin darle motivos y después lo presentó ante la agencia del Ministerio Público de ese municipio.

“Era un comandante de la Policía de Guanajuato y este comandante me secuestra y me mantuvo privado de la libertad durante dos días siete horas y luego este comandante me presenta ante el Ministerio Público del fuero común después de dos días de tortura donde pedía que yo firmará un acta incriminatoria”, reveló en entrevista con Animal Político.

Tras su secuestro y la petición de aceptar acusaciones vinculadas con el tráfico de drogas, Jesús Lemus Barajas fue encarcelado en el penal de Puentecillas, Guanajuato, por el delito de promoción contra la salud.

La Procuraduría de Guanajuato argumentó el 22 de mayo de 2008 que la detención del periodista se dio cuando realizaba “labores de espionaje”.

El 27 de mayo de 2008, Lemus Barajas fue acusado de intentar comprar a las autoridades de Guanajuato para vender drogas. Ese mismo día la investigación del Ministerio Público de Cuerámaro arrojó que era un integrante de la “Familia Michoacana”.

Por estas razones, las autoridades decidieron trasladarlo al penal de máxima seguridad de Puente Grande en Jalisco.

Para Jesús Lemus, estas acusaciones y su estancia de tres años en Puente Grande fueron producto de la venganza de alguien muy poderoso que se molestó por la información que publicaba en  El Tiempo.

“Tuvo que ser alguien poderoso como el presidente de la República (…) Por eso no dudo en señalar que vino del presidente de la República”, comentó.

Cuando Jesús Lemus pensó que estaba en el peor momento de su vida por estar internado en un penal de máxima seguridad se dio cuenta que la vida le había dado un golpe de suerte de reportero.

Esto porque estaba recluido con Daniel Arizmendi “El Mochaorejas”, Alfredo Beltrán Leyva “El Mochomo”, Mario Aburto y Rafael Caro Quintero.

“Veo que estoy en un lugar que muchos periodistas hubieran querido haber estado. Veo que estoy en una posición dentro de la desgracia privilegiada porque me doy cuenta de las personalidades mediáticas que están ahí. Me doy cuenta que hay reos reconocidos mundialmente por el impacto de sus actos que los llevaron a la cárcel y entonces me surge la idea, me surge la necesidad de ejercer mi trabajo periodístico”, declaró.

Es en ese momento cuando el comunicador comienza a escribir los relatos de estos personajes y de la vida en la cárcel. Todas éstas en cuadros de papel higiénico que en este 2013 se han transformado en el libro Los malditos, crónica negra desde Puente Grande.

En este libro de editorial Grijalbo, Jesús Lemus nos cuenta la forma en la que fue visto el líder del cártel de Sinaloa Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien escapó de esa cárcel el 19 de enero del 2001.

El periodista michoacano recoge el testimonio de Ovidio Sánchez Limón, “El Gato”, lugarteniente de líder del cártel de Sinaloa.

“Estos datos periodísticos es la primera información que se recaba desde adentro (…) “El Gato” me cuenta que en ese tiempo el Chapo Guzmán era la persona más importante del penal y que como tal todo mundo se cuadraba ante él como autoridades penitenciarias, custodios, policías, incluso me dicen que hasta funcionarios públicos de la Secretaría de Seguridad Pública (Federal)”, detalla.

En ese penal, “El Chapo” Guzmán se ha convertido en toda una leyenda que vive entre los reos y custodios.

“El Chapo sigue estando presente, ese es el mérito yo creo del Chapo, que se convierte en un hombre ubicuo, se convierte en una persona que no está pero ahí está todos los días en la memoria y en el pensamiento de los presos que lo conocieron porque lo recuerdan a todo dar. Yo no conocí a un solo preso que dijera algo negativo de él”, explica.

El autor de Los malditos precisa que tras platicar con varios reos llegó a la conclusión de que “El Chapo” siempre dio un trato amable a sus compañeros de celda.

“Para ellos fue Joaquín Guzmán, fue El Chapito, y fue una persona que les ayudó y les tendió la mano en todo momento, sin importar adentro cárteles, grupos, nada”, argumentó.

La historia del líder del cártel de Sinaloa no es la que más lo marcó como periodista en esta entrega, fue la vida al interior de la cárcel de Rafael Caro Quintero.

“Cuando yo platicaba con él siempre veía una personalidad muy fuerte, que se ha sobrepuesto a la cárcel y se ha impuesto una disciplina de vida envidiable (…) Lo veías siempre callado, siempre masticando sus pensamientos, pocas veces hablaba, cuando hablaba todo lo expresaba en frases muy concretas y cortas”, afirmó.

Otra de las historias que se puede leer en Los malditos es la del asesino del candidato presidencial del PRI en 1994, Luis Donaldo Colosio, Mario Aburto. Un hombre que para Jesús Lemus tiene una personalidad esquiva, narcisista y mitómana.

“Le pregunté que si mató a Colosio y él me contesta evasivamente, no me dice nada y la plática se va por otro lado (…) El dato duro fue la evasión de la pregunta”, comentó.

Los malditos también es la vida en la cárcel de un secuestrador como Daniel Arizmendi “El mochaorejas”, quien purga una condena de 50 años de prisión y quien pareciera que vive retraído y en otro mundo.

Estos narcotraficantes y secuestradores tienen algo en común: que su vida en prisión es como morir en vida.

“Son hombres apagados, son hombres que están muertos en vida, nos les ve mayor rasgo más allá de la pena que se les refleja. El sólo hecho de estar encerrado te va consumiendo todos los días y lo ves en todos los presos”, narra Jesús Lemus.

La vida de Jesús Lemus al interior de Puente Grande nunca fue fácil debido a que estaba preso por el miedo y un delito que no cometió.

“El miedo era algo que estaba todo el día contigo, todo el día pegado a la piel de uno pensando hasta cuándo iba a ser el último día en la cárcel, pero debo aclarar que ese miedo venía de la conducta de los vigilantes (..) Sí, me torturaron dentro de la cárcel, la tortura comenzó desde el ingreso, es una especie de bienvenida”, expresó.

El autor de Los malditos quedó en libertad el pasado 11 de mayo de 2011 debido a que un juez no encontró pruebas para vincularlo con bandas del narcotráfico. Jesús Lemus espera una disculpa pública y la reparación del daño por parte de las autoridades que lo inculparon.

Por lo pronto, el periodista michoacano se dedica a promocionar su libro y a rehacer su vida junto con su familia en la Ciudad de México.

Checa aquí el video de la presentación:

Y lee aquí el primer capítulo de regalo:

 

Pages From Los Malditos CAP_1 by http://www.animalpolitico.com

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Lula gana en Brasil: 3 razones que explican su regreso a la presidencia 12 años después

La añoranza por la bonanza que vivió Brasil durante su gobierno y los altos niveles de rechazo de su rival, Jair Bolsonaro, fueron algunos de los factores que beneficiaron la candidatura presidencial de Lula.
31 de octubre, 2022
Comparte

El líder izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva logra un retorno a la presidencia brasileña que parecía improbable un tiempo atrás, en base a logros propios y debilidades del presidente Bolsonaro.

Viaja 55 meses al pasado y hazte una pregunta: ¿creerías que Lula volverá a ser presidente de Brasil?

Aquel abril de 2018, Lula comenzaba a cumplir una condena de 12 años de cárcel por corrupción que muchos pensaron que ponía el punto final a su carrera política. Tenía de 72 años de edad.

Pero el Supremo Tribunal brasileño anuló la condena en 2021 por errores en el proceso, y Lula ganó este domingo un balotaje presidencial con 50,9% de los votos contra 49,1% del actual presidente, Jair Bolsonaro.

Hoy con 77 años, el izquierdista Lula se apresta a volver el 1 de enero al cargo de presidente que ya ejerció de 2003 a 2011.

Hay tres claves que explican por qué el líder del Partido de los Trabajadores (PT) venció al ultraderechista Bolsonaro en medio de una gran polarización política, según expertos.

1. Nostalgia por los gobiernos de Lula

La primera razón de la victoria de Lula es la añoranza que buena parte de los brasileños tienen de los tiempos en que presidió Brasil, expresada con votos el domingo.

Lula durante su discurso postelectoral.

Reuters
Para muchos brasileros, la iagen de Lula encarna el recuerdo de tiempos mejores.

En los dos mandatos consecutivos de Lula, el país tuvo un boom económico, con altos de precios de las materias primas que produce. Más de 30 millones de personas ascendieron a la clase media con programas sociales del gobierno.

Eso contrasta con la crisis económica que Brasil vivió en los años recientes, cuando millones de brasileños cayeron en la pobreza y la miseria.

La situación social se agravó con la pandemia de coronavirus que Bolsonaro calificó de “gripecita” y que mató a más de 685.000 brasileños.

Ni el tibio crecimiento de la economía brasileña en los últimos meses, ni las ayudas financieras que distribuyó el gobierno en plena campaña pudieron borrar la nostalgia por los gobiernos de Lula.

La pandemia dejó expuestos los principales problemas sociales de Brasil con más claridad: hoy los problemas más importantes son educación, salud, hambre; incluso más que los problemas económicos”, dice Antonio Lavareda, un politólogo brasileño experto en comportamiento electoral.

“Y con esa agenda social, Lula lleva la ventaja de ser muy vinculado a las políticas sociales de sus dos gobiernos anteriores”, agrega Lavareda en diálogo con BBC Mundo.

De hecho, un pilar electoral de Lula fue el apoyo de los más pobres. Según encuestas previas al balotaje, cerca de tres de cada cinco votantes que ganan hasta dos salarios mínimos se inclinaban por él.

A lo largo de la campaña, el expresidente evitó dar detalles de sus planes de gobierno. En cambio, buscó refrescar el recuerdo de su gestión, que concluyó con una aprobación superior a 80%.

“Posiblemente uno de los mejores momentos que este país vivió en las últimas décadas fue el tiempo en que yo goberné”, dijo Lula en su último debate con Bolsonaro el viernes.

Y pidió que lo votaran para volver a “hacer crecer el país, generar empleo, distribuir renta y que el pueblo vuelva a comer bien”.

Todo indica que esta estrategia le dio resultado.

2. El fuerte rechazo a Bolsonaro

Bolsonaro es el primer presidente de Brasil que pierde un intento de ser reelecto desde que la Constitución del país habilitó esa posibilidad hace un cuarto de siglo.

Jair Bolsonaro

Reuters
Una parte del apoyo que obtuvo Lula provino de votantes que querían evitar que Bolsonaro siguiera en el poder.

Esto también se debe en gran medida al alto nivel de rechazo que genera el actual mandatario.

La mitad (50%) de los votantes brasileños decía que evitarían votar de cualquier modo a Bolsonaro, según una encuesta de la empresa Datafolha publicada el sábado.

El índice se mantuvo cercano a ese nivel a lo largo de la campaña, por encima del rechazo también elevado a Lula (46% según la misma encuesta).

“Esta elección en Brasil se volvió un gran referéndum sobre el gobierno de Bolsonaro”, dice Maurício Santoro, un politólogo de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, a BBC Mundo.

Agrega que muchos votantes del ganador el domingo “pueden no ser grandes admiradores de Lula, del Partido de los Trabajadores o de la izquierda”, sino que vieron en él “la única posibilidad de derrotar a Bolsonaro”.

Las críticas al actual presidente de Brasil van mucho más allá de su manejo de la economía o su respuesta a la pandemia.

A lo largo de su gobierno, Bolsonaro fue acusado de alentar la división de su país, asumir actitudes autoritarias y amenazar a otros poderes del Estado.

Y distintos analistas dentro y fuera de Brasil advirtieron que un segundo mandato del actual presidente podía suponer un desafío aún mayor para la democracia del gigante sudamericano.

Magna Inácio, profesora de ciencia política en la Universidad Federal de Minas Gerais, señala que en medio de tantas turbulencias hubo “un sentimiento del elector por el cambio” que colocó en un segundo plano el recuerdo de los escándalos que surgieron en los gobiernos del PT.

“Una conjunción de factores favorecían la candidatura de Lula e hicieron que la cuestión de la corrupción pierda cierta centralidad, deje de ser el factor más importante para los electores y que esas otras cuestiones se vuelvan más relevantes”, dice Inácio a BBC Mundo.

3. La conquista del centro político

Otra clave del triunfo electoral de Lula fue que disputó con éxito el centro político brasileño a lo largo de la campaña.

Para ello, el izquierdista escogió como candidato a vicepresidente a Geraldo Alckmin, un exrival suyo de centro derecha al que derrotó en las elecciones de 2006.

Lula y Alckmin durante a campaña presidencial.

EPA
De cara a las elecciones de este año, Lula se alió electoralmente con su exrival Geraldo Alckmin.

Luego de ganar la primera vuelta del 2 de octubre con 48,4% de los votos, Lula logró para el balotaje el apoyo de los candidatos centristas que habían quedado en el tercera y cuarta posición: Simone Tebet y Ciro Gomes.

También recibió el respaldo del expresidente Fernando Henrique Cardoso, un socialdemócrata de 91 años que fue rival político de Lula en el pasado y es respetado en círculos intelectuales.

Todo esto contribuyó a reducir las inquietudes que la perspectiva de un nuevo gobierno de izquierda en Brasil podía generar en parte de la élite del país y en el mercado financiero, señala Santoro.

“Esta alianza que Lula montó en las elecciones de 2022 es la mayor y más diversa que Brasil tiene desde el movimiento por el retorno de la democracia en los años 1980: están la izquierda, los liberales, parte de la derecha”, dice.

Lula aludió a esto en su primer discurso tras ser electo, al afirmar que la suya “es la victoria de un inmenso movimiento democrático que se formó encima de los partidos políticos, de los intereses personales (y) las ideologías, para que la democracia saliera vencedora”.

En un país tan polarizado y sin mayoría en el Congreso, un desafío clave de Lula será mantener ese respaldo que tuvo en las urnas en el gobierno.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.