"Glee" y otras muertes inesperadas en cine y televisión
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"Glee" y otras muertes inesperadas en cine y televisión

Del mago de Harry Potter, Dumbledore, al archienemigo de Batman, el Guasón. Varios personajes de superproducciones han sufrido cambios tras la muerte del actor detrás. Tras la muerte de Cory Monteith de Glee , un recuento.
18 de julio, 2013
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El actor canadiense Cory Monteith falleció víctima de una mezcla de drogas y alcohol. //Foto: AP

El actor canadiense Cory Monteith falleció víctima de una mezcla de drogas y alcohol. //Foto: AP

Una mezcla tóxica de drogas, “incluyendo heroína y alcohol”, fue lo que terminó con la vida de Cory Monteith.

El actor de 31 años que encarnaba a Finn Hudson en la popular serie estadounidense “Glee” fue encontrado muerto el fin de semana en un hotel de Vancouver, Canadá.

No sólo luto les dejó el fallecimiento a los ejecutivos de la serie. Además de un mar de seguidores llorando la muerte de Monteith, la producción debió enfrentarse con el desafío de repensar el futuro de la serie, cuya próxima temporada sería lanzada en menos de dos meses.

Sin embargo, “Glee” no es la primera -ni será la última- producción que ha tenido que sobreponerse a un evento inesperado.

Muertes, enfermedades y hasta arrestos de miembros del equipo son casos que han debido enfrentar guionistas y productores de la industria audiovisual.

BBC Mundo hace un recuento de muertes célebres que pusieron en jaque grandes producciones de la industria audiovisual.

James Dean: vivir rápido, morir joven…

“Vivir rápido, morir joven”. Una frase famosa, generalmente atribuida a la superestrella de la década de 1950, James Dean.

Lo cierto es que la frase no es del actor, sino de la película “Knock on any door” (“Horas de angustia”), de 1949, protagonizada por Humphrey Bogart y John Derek. Sin embargo, el dicho se popularizó tras la muerte de Dean, un icono rebelde.

Varias hipótesis se manejan alrededor de la muerte del joven actor. La más aceptada dice que Dean estrelló su Porsche cuando se encontró de frente con el auto de Donald Turnupseed, un estudiante que manejaba a exceso de velocidad, el 30 de septiembre de 1955.

Por esa época, Dean estaba terminando de filmar “Gigante”, película protagonizada también por Elizabeth Taylor y Rock Hudson.

La película fue estrenada un año después y aunque Dean había alcanzado a grabar la mayoría de sus escenas, algunos de los diálogos debieron ser interpretados por otro actor.

Para el aniversario número 50 de su muerte, se conocieron análisis realizados al Porsche los que revelaron que el “rebelde sin causa” manejaba a menor velocidad y que intentó esquivar el choque pero no pudo evitar ser embestido.

La última hipótesis indica que James Dean tenía intenciones de suicidarse ya que días antes visitó a sus amigos actores vestido de negro, atuendo que no solía utilizar. Razón por la cual, ante lo inevitable, supuestamente no trató de evadir el accidente en el que perdió la vida.

Tyrone Power: ataque por la reina de Saba

Tres años después de la muerte de Dean, otra estrella de Hollywood moría repentinamente en medio de una filmación.

Tal como nos recuerda nuestro lector Víctor Hugo Thomas a través de la página de BBC Mundo en Facebook, Tyrone Power estaba filmando “Salomón y la reina de Saba” cuando murió de un ataque cardíaco en pleno rodaje.

Power y su esposa estaban en España durante el rodaje. Mientras filmaba una escena de duelo con su compañero y amigo George Sanders, Power se desplomó.

El actor había filmado más de la mitad de sus escenas. Sin embargo, fue imposible compatibilizar el 25% restante, por lo que la producción contrató a Yul Brynner para reemplazarlo.

No todo se perdió, eso sí. Algunos planos generales, donde Power aparecía de lejos fueron reciclados.

Bela Lugosi: el vampiro que volvió de la muerte

En 1959, el mismo año del estreno de “Salomón y la reina de Saba”, Hollywood también ponía en pantalla otra película bastante especial: “Plan 9 del espacio exterior”.

La cinta de Ed Wood literalmente reciclaba tomas que el director le había hecho a uno de sus actores favoritos: Bela Lugosi, famoso por sus interpretaciones de vampiros.

Aquí no hubo sorpresa ni cambio de guión, más bien lo contrario. “Plan 9 del espacio exterior” contenía grabaciones de Lugosi intercaladas con escenas de un doble suyo que ni siquiera se parecía a él.

Las dificultades de financiación sólo le permitieron a Wood filmar escenas cortas y mudas. Y como Lugosi falleció tres años antes de que llegase
la financiación total del proyecto, el director debió encontrar un plan b: el quiropráctico de su esposa, quien dobló a Lugosi tapándose la cara con la capa en casi todas sus escenas.

Nicholas Colasanto: el trago amargo de “Cheers”

Los guionista que sí se vieron obligados a exprimir su creatividad al máximo fueron los de la serie “Cheers”.

La popular -y larga- sitcom estadounidense cuya trama se basaba en las historias de los empleados y clientes de un bar de Boston sufrió la pérdida de uno de sus actores en 1985.

Nicholas Colasanto, quien encarnaba al veterano Coach, murió de un ataque al corazón.
El show reconoció la muerte de su popular personaje e incluso trasladó un retrato de éste que Colasanto tenía en su camerino a un lugar permanente en medio del set del bar.

“Los escritores inventaron un nuevo personaje, inverso a Coach, Woody Boyd (Woody Harrelson). En vez de un aturdido camarero mayor, él fue un encantador inocente y simple joven recién llegado a la gran ciudad. Woody sintonizó con la audiencia y se convirtió en un popular y vital miembro del show”, recordó Scott Huver, experto en cultura pop y entretenimiento, en una en la columna Tarts Pop de FOX411.

Brandon Lee: la bala que no era de salva

Otro de los casos famosos, esta vez por su crudeza y las leyendas que han surgido a partir de la tragedia, fue la muerte de Brandon Lee.

El hijo de Bruce y protagonista de “El cuervo”, murió en el set al recibir un disparo contemplado en la película, pero con una bala que no era de salva, sino real.

El accidente ocurrió días antes de terminar la filmación, en marzo de 1993, por lo que la mayoría de las tomas ya se habían realizado.
Los detalles que quedaban –principalmente escenas de retrospectiva- fueron completados con un doble y con efectos digitales.

Richard Harris: la muerte del inmortal Dumbledore

En octubre de 2002, un par de semanas antes del estreno de “Harry Potter and the chamber of secrets”, la segunda película de la saga inspirada en los libros de J.K. Rolling, el hombre que interpretaba a Albus Dumbledore moría en un hospital de Londres.

Richard Harris, el actor irlandés que encarnó al director de la escuela de magia de Harry Potter en las primeras dos películas de la saga, había sido diagnosticado con la enfermedad de Hodkin, un tipo de linfoma maligno dos meses antes.

Warner Brothers debió enfrentar entonces la complicada decisión de quien sería su remplazo para continuar la saga, la cual arrojaba resultados millonarios y cuya tercera parte no debía retrasarse.

El elegido fue otro oriundo de Irlanda, Michael Gambon, quien participó en todo el resto de la saga.

Heath Ledger: el hombre detrás del Guasón

Una de las muertes repentinas más recientes de la industria hollywoodense fue la del actor Heath Ledger, quien encarnaba al Guasón en “Batman. El caballero de la noche”.

El actor, también conocido por su participación en “Secreto en la montaña” y “10 cosas que odio de ti”, fue encontrado muerto en enero de 2008 en su departamento por una sobredosis de calmantes.

Si bien la película ya estaba en etapa de postproducción, los productores debieron revaluar su campaña de marketing, ya que esta estaba basada en el personaje de Ledger escribiendo con sangre “¿Por qué estás tan serio?”.

Finalmente la película fue un éxito y Ledger recibió un Oscar póstumo como actor de reparto.

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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