La cámara que capta olores
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La cámara que capta olores

¿Cansado de las fotos de Facebook o Instagram? Pruebe la cámara de los olores, un nuevo invento que podría hacer que nuestros recuerdos fuesen mucho más intensos.
17 de julio, 2013
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Una británica desarrolla una “cámara” muy especial: en vez de almacenar imágenes, retiene olores.

En el célebre “episodio de la magdalena” del autor Marcel Proust, al narrador de “En busca del tiempo perdido”, la más famosa obra del escritor francés, le asaltan recuerdos del pasado cuando huele y prueba una magdalena que en principio no tenía ningún significado para él.

Proust relató aquí lo que es posiblemente la más famosa alusión literaria a la denominada memoria involuntaria, aquella que nos llega cuando ni la esperamos ni la buscamos.

Y la anécodota de la magdalena está además avalada científicamente, ya que varios estudios científicos han demostrado que el sentido del olfato es el que consigue traer las memorias de forma más clara.

Ahora, un nuevo invento intenta convertir esto en algo más tangible, y poder reproducirlo casi como si de una foto se tratase. La “cámara de olores” podría ser realidad muy pronto.

Captar los olores

“Acababa de terminar mi licenciatura en la universidad de St. Martin cuando me empecé a interesar en cómo sería posible guardar los recuerdos de alguna forma que no fuese visual. En internet y en las redes sociales estamos tan invadidos por fotos, videos, etc… que a veces parecen perder valor”, le dijo a BBC Mundo Amy Radcliffe, la autora de la idea (que denomina “scentografía”).

La idea de Amy es conseguir captar con un aparato olores que puedan ser transferidos a una especie de ampolla, que luego podrá ser abierta y olida en otro momento y en otro lugar.

“Buscaba algo con un poco más de valor, algo no tan común como una imagen, y entonces me encontré con los olores, que son capaces de provocar una respuesta emocional muy intensa”, señala.

Y todo esto se consigue con un proceso que no es precisamente nuevo.

Una tecnología no tan nueva

La tecnología que hace posible la idea de Amy es conocida como tecnología “headspace”, que data de los años 80 y que se usa para capturar olores de determinados ambientes y traspasarlos a lugares controlados. Con este principio esta británica consiguió fabricar su propia “cámara” de olores.

El proceso se basa en la cámara propiamente dicha, que consiste en una especie de cubierta de vidrio y un sensor de olores, además de un cuerpo de cerámica. La cámara absorbe el olor del objeto, que se pone bajo la cubierta de vidrio.

El sensor de olores, que está sobre la cámara, contiene una resina especial que retiene el olor y que será posteriormente transportado a un laboratorio para ser analizado y así poder ser reconstruido sintéticamente.

Una vez hecho esto el olor podrá ser almacenado en un pequeño frasco.

“La idea es que el frasco se use una única vez, ya que los olores tienen menos resistencia que otros recuerdos, en el sentido de que si lo pudiese almacenar para recordarlo una y otra vez al final ese olor perdería su significado para mí”, señaló Amy.

Olores personalizados

La magdalena de Proust probablemente no significaría nada para cualquier mortal que no sea el narrador, por eso las muestras con las que trabaja Amy son de olores muy personales.

“Intentaremos almacenar olores orgánicos, que son los más susceptibles y los más fáciles de captar, pero el problema es que cada uno de ellos significa algo diferente para cada persona.”

En caso de que la “cámara” se desarrollase comercialmente las cápsulas de recuerdos tendrían que tener un claro significado para el que la está
oliendo.

Pero si funcionase, como la magdalena, podría provocar al que la oliese una respuesta emocional intensa, una epifanía que no pudiese ser despertada de ningún otro modo, un trozo de nuestra vida que ninguna foto podría devolvernos de la misma forma.

Ni siquiera una foto de Instagram.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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