La experiencia de vivir en un aeropuerto
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La experiencia de vivir en un aeropuerto

Cuando el exanalista de la CIA Edward Snowden cumple cuatro semanas en la zona de tránsito de un aeropuerto ruso, BBC explora la experiencia de Mohammed Al Bahish, quien lleva cuatro meses viviendo en un aeropuerto kazajo.
21 de julio, 2013
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Este fin de semana, el exanalista de la CIA Edward Snowden cumple cuatro semanas en el aeropuerto moscovita de Sheremetyevo. Pero lo que no todos saben es que en la vecina Kazajistán, un joven ya ha pasado cuatro meses en la zona de tránsito de un aeropuerto y reconoce que la situación lo está afectando seriamente.

Como muchos aeropuertos, el Aeropuerto Internacional de Kazajistán de Almaty no tiene muchas opciones para entretenerse.

Para Mohammed Al Bahish el hecho de estar atrapado por 120 días ha sido un calvario insoportable.

“Yo siento que poco a poco me estoy volviendo loco”

Mohammed Al Bahish

Ni siquiera tiene acceso al área libre de impuestos o a los costosos cafés y restaurantes.

El refugiado palestino de 26 años, nacido en Irak, está confinado a lo que los funcionarios del aeropuerto llaman “una zona estéril” para viajeros y para el personal del terminal aéreo. Él es la única persona que no pertenece a ninguna de las dos categorías, ni es pasajero ni trabaja en el aeropuerto.

Al Bahish no puede entrar a Kazajistán porque no tiene visa, pero tampoco tiene visa para ingresar a otros países.

Israel no le permitirá viajar a los territorios palestinos y las Naciones Unidas aceptan que como no tiene familiares vivos en Irak, podría ser muy arriesgado para él regresar a su país de origen.

Encierro

Cada día, se despierta al escuchar la misma monótona voz femenina que anuncia la información de los vuelos, el cierre de puertas y un monólogo un tanto largo que se repite con regularidad sobre las regulaciones aduaneras del país.

“Yo siento que poco a poco me estoy volviendo loco”, dijo.

Con el rostro pálido e hinchado, Al Bahish vive en un cuarto de 2 metros por 3 metros que no tiene ventanas y que está ubicado en la sala de llegadas.

El lugar huele a cigarrillo, tiene una litera, un sofá viejo y un Corán sobre una mesa que está pegada a la pared.

A través de la puerta, que está entre abierta, se pude ver un nuevo flujo de pasajeros que se desplaza desde las puertas de desembarque hacia los puestos de control de pasaportes.

Para intensificar la sensación de estar en el limbo, Mohammed come las comidas preparadas para los pasajeros de la aerolínea bandera del país, Air Astana.

“Me traen comida de avión tres veces al día, con cajas pequeñas de ensaladas y pasteles”, cuenta. “En todo el mes de junio, comí stroganoff de carne y champiñones. Dudo que vuelva a comer carne otra vez”.

Control

Los agentes de seguridad del aeropuerto controlan sus movimientos cuando sale del cuarto.

Ir a tomar café de las máquinas dispensadoras está permitido así como también bañarse en las duchas que usa el personal, ubicadas en el departamento de equipajes.

Dondequiera que vaya, la policía y los guardias de seguridad lo acompañan.

Su única oportunidad para respirar aire fresco es durante las caminatas a la zona donde se puede ver la pista de aterrizaje.

Su único contacto con el mundo exterior ocurre cuando la irregular señal de internet vuelve a la vida. En ese momento, cuando hay un destello de luz, usa Skype.

“Hablo con mi primo Yaser, quien vive en Noruega. No tengo otro familiar cercano, mis padres murieron en Irak cuando yo tenía 16 años y no tengo hermanos o hermanas”, dijo.

Familia

Fue el deseo de crear su propia familia lo que lo llevó a Kazajistán. Allí vive su novia, Olesya Grishenko, quien se encuentra embarazada con su primer hijo.

La joven de nacionalidad kazaja conoció a Mohammed en sus vacaciones en Dubai cuando él trabajaba como diseñador de interiores.

En Kazajistán, cuando efectuaba el trámite de registrar su intención de casarse, los documentos de viaje como refugiado de Mohammed se extraviaron y su visa para ingresar a Kazajistán y su visa para entrar en los Emiratos Árabes Unidos ya se habían vencido.

Posteriormente viajó a Turquía con la esperanza de renovar su visa kazaja, pero fue devuelto en la frontera.

“Fui deportado de Estambul por no tener una visa válida y me enviaron de regreso a Almaty. Aquí, como tampoco tenía una visa válida, me enviaron de regreso a Estambul. Viajé de ida y vuelta a las dos ciudades cuatro veces”, indicó Mohammed.

Las autoridades migratorias kazajas mantienen a Mohammed en la zona de tránsito, la cual no es considerada territorio nacional.

El mes pasado, las autoridades rechazaron su aplicación de asilo.

Escape

Mohammed cuenta que una sola idea lo ha mantenido preocupado desde que quedó atrapado en el aeropuerto: ¿cómo escapar?

“Echo de menos la luz del sol, me hace falta salir”, señaló.

“Veo a toda esta gente cuando deja el edificio y yo sigo varado aquí, no pudo ir a ninguna parte”, dijo.

Caminamos hacia las puertas que giratorias y que son atravesadas por los pasajeros que embarcan y desembarcan los autobuses. Pero Mohammed no puede llegar hasta ahí.

El sonido de los motores del avión se apoderan del aire. Más allá de Almaty, brillan las montañas.

“Estoy muy molesto cuando salgo hasta aquí porque realmente me siento como si estuviera en la cárcel”.

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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