Localizan, sin vida, a músico desaparecido desde 2011
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Especial

Localizan, sin vida, a músico desaparecido desde 2011

En 2011, Francisco Iván Serrano Hernández fue asesinado por su esposa y su amante. Dos años después fue hallado por su madre
Especial
Por Paris Martínez
31 de julio, 2013
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Foto-CarruselJulio 30, 2013. Una trompeta melancólica entona “Dios nunca muere”, mientras el féretro de Francisco Iván desciende, entre flores, a la tumba que un centenar de personas rodea, justo al centro del panteón de San Agustín, en el municipio mexiquense de Tecámac.

Han llegado hasta aquí, tras recorrer en procesión fúnebre el pueblo de Los Reyes Acozac, con Celia, su mamá, marchando al frente, sin soltar nunca el retrato de Francisco Iván, trompetista titular de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, segunda trompeta de la Sinfónica Nacional y también integrante del conjunto de reagge mexicano Los Rastrillos, a quien se tenía en calidad de desaparecido desde el 5 de octubre de 2011.

“Un año y nueve meses me tomó encontrar a mi hijo –dice Celia, con la calma que precede a las tormentas– y ahora que ya lo tengo conmigo, sigue la búsqueda de quien lo asesinó: Mónica González Toxqui, su esposa”.

***

Es 5 de octubre de 2011. Francisco Iván Serrano Hernández parte rumbo a la casa de sus suegros, tras concluir los ensayos de la Orquesta Sinfónica del Politécnico.

Ha sido convocado a esa vivienda por su cónyuge, a la que el músico de 33 años solicitó recientemente el divorcio, tras cuatro años de conflictos maritales.

Francisco Iván ignora que dentro de la vivienda a la que fue llamado lo esperan no sólo su esposa, Mónica, sino también el amante de ésta, Rodrigo González Tinajero.

Son las 19:30 horas. Francisco Iván llega puntual a la cita que, piensa él, servirá para consensuar la disolución matrimonial. Toca en la puerta de la vivienda y desde dentro le permiten el acceso. Después, su vida acaba.

Celia Hernández

Celia Hernández

***

 “Mi hijo fue asesinado con un golpe en la cabeza –narra Celia–, él murió por fractura craneoencefálica. El golpe se lo dio Rodrigo González, y luego, con ayuda de Mónica, su cuerpo fue llevado a un baño y ahí lo dejaron hasta la medianoche, cuando lo metieron a un carro y lo fueron a tirar al pueblo de San Salvador Atenco…”

Ese mismo día, dice Celia, Rodrigo y Mónica se fugaron a Nuevo León. Y en esa entidad, subraya, Rodrigo fue aceptado como integrante de la Fuerza Civil, la policía preventiva neoleonesa que, según su propia página de internet, está conformada por “una nueva fuerza de héroes, valientes, inteligentes, preparados para proteger la seguridad y la tranquilidad de las familias…”

Por más de un año, el homicida de Francisco Iván permaneció en las filas de esta corporación policiaca.

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Es marzo de 2013. Celia lleva un año y cinco meses buscando a su hijo. El expediente sobre su desaparición primero fue radicado en la fiscalía de Tecámac, y luego turnado a la de Ecatepec, pero en ninguna de estas oficinas de la Procuraduría de Justicia del Estado de México se logran resultados.

Las cosas, de hecho, por un momento parecen haberse vuelto en su contra: Mónica es reportada como “desaparecida” por sus padres, quienes acusan a Celia y al resto de la familia de Francisco Iván de haber atentado contra ella e, “incluso, los suegros de mi hijo me acusaron de acosarlos, y con ese pretexto pusieron en venta su casa, pero todas esas eran mentiras para encubrir el crimen que se perpetró en esa vivienda, en presencia de sus moradores.”

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Pero aún con estas trabas, las investigaciones que Celia ha realizado por su cuenta, entre los vecinos de Tecámac, permiten identificar a Rodrigo González como amante de Mónica, y por lo tanto como potencial implicado en su desaparición, y ya con esa información, las autoridades mexiquenses lograron rastrearlo hasta Monterrey, Nuevo León, donde para entonces ya lucía un uniforme policiaco.

“Dos veces la Procuraduría mexiquense fue por él –afirma Celia–, y las dos veces fue protegido por las autoridades de Nuevo León. No fue sino hasta que se giró un citatorio directamente a la Fuerza Civil, que a Rodrigo González Tinajero le ordenaron sus mandos acudir al Estado de México, y cuando llegó, ya no lo dejaron ir: aquí se quedó arrestado… y entonces confesó todo.”

***

Una pensión por viudez y el cobro de dos seguros de vida conformaban el botín que Mónica y Rodrigo pensaban obtener. “Ella misma le confesó a mi hijo que, a pesar del divorcio, quería mantener el mismo nivel de vida al que ya estaba acostumbrada… mi hijo era muy trabajador y ganaba bien. Y, ya que fue capturado, Rodrigo González confirmó que lo habían matado por los problemas que mantenía con Mónica.”

A partir de la confesión de Rodrigo González Tinajero, quien permanece recluido en el Estado de México, contra Mónica González Toxqui fue emitida una orden de aprehensión.

Sin embargo, se lamenta Celia, “contra los padres de ella, la procuraduría no levantó cargos, a pesar de que facilitaron y encubrieron el homicidio. Dicen que contra la familia directa no pueden proceder, no entiendo el porqué, incluso contra la vivienda debería aplicarse la extinción de dominio, porque fue empleada, con conocimiento de los propietarios, para cometer un delito grave… Pero todo eso es lo que sigue, ahora que ya tengo a mi hijo”.

***

Es 16 de octubre de 2011. Han pasado 11 días desde la desaparición de Francisco Iván, hecho del cual han sido ya notificadas tanto la Procuraduría de Justicia del Estado de México, como la del Distrito Federal, donde el músico radica.

A pesar de ello, cuando las autoridades mexiquenses hallan un cadáver masculino en San Salvador Atenco, sin mayor trámite es enviado a la fosa común.

A pesar de que en sus registros de desaparecidos hay una persona que cuadra, por la ropa y la fisionomía, con el cuerpo encontrado, la Procuraduría lo da por “no identificado“.

“¿Por qué razón no verificaron en sus mismos registros sobre personas extraviadas? ¿Por qué no lo reportaron aunque sea a las autoridades de la Ciudad de México, que también tenían el reporte, o a Locatel? No me han dado ninguna explicación”, dice Celia.

–Ya que encontraste a tu hijo, ¿qué sigue para ti, en lo personal?

–Yo voy a seguir en la lucha por la localización de los demás hijos de las madres que me han acompañado a mí, en la búsqueda de Francisco Iván –responde Celia–, y en la de todas las demás madres que buscan a sus hijos e hijas, en todo el país.

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“Mi prioridad era seguir respirando”: El relato de dos mexicanas heridas durante estampida en Seúl en festejo de Halloween

Las jóvenes Juliana Velandia y Carolina Cano recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse y esperan apoyo de las autoridades mexicanas para recibir tratamiento psicológico.
2 de noviembre, 2022
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Nunca pensaron que una noche de Halloween a casi 10,000 km de su hogar se convertiría en una tragedia en la que estuvieron a punto de perder la vida.

Juliana Velandia y Carolina Cano, de 23 y 21 años respectivamente, son las dos únicas mexicanas que resultaron heridas en la estampida que el pasado sábado se cobró la vida de más de 150 personas en un popular barrio nocturno de Seúl.

Las dos jóvenes estudiantes originarias de Mexicali, en el norte del país, llegaron a la capital surcoreana el pasado agosto para estudiar un semestre mediante un programa de intercambio universitario.

Como otros testigos, hablan de una calle totalmente colapsada ante la ausencia de personal policial o de seguridad en plena celebración de fin de semana.

Y como otros sobrevivientes, recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse, así como la eterna hora y media que transcurrió hasta que pudieron reencontrarse y celebrar entre llantos que ambas seguían vivas.

Con heridas físicas pero, especialmente, impactadas psicológicamente -para cuya recuperación piden el apoyo de las autoridades mexicanas-, ambas compartieron con gran entereza su relato con BBC Mundo desde el dormitorio que comparten en el país asiático.


CAROLINA CANO (CC): Itaewon es un barrio de Seúl muy popular donde muchos jóvenes van y, especialmente este fin de semana que fue Halloween, fue como el lugar de celebración. Entonces Juliana y yo dijimos: “bueno, estamos en Corea, hay que ir a pasearnos”.

JULIANA VELANDIA (JV): Yo sí dudé en acudir, porque pensé que habría un chorro de gente, que todos los restaurantes y los bares iban a estar llenísimos… pero bueno, queríamos ver cómo lo celebran aquí. Nunca nos íbamos a imaginar que iba a pasar eso.

CC: Cuando llegamos ya había mucha gente, pero después de unas horas estaba mucho más lleno. Después de caminar un rato y tomar unas fotos, decidimos irnos porque había demasiadas personas. Íbamos a tomar el metro, nuestra salida era ese callejón y por eso terminamos ahí.

JV: Es una de las calles más concurridas de Itaewon donde hay muchos restaurantes, antros muy famosos que llevan hacia la colina. Estábamos caminando y el tráfico era cada vez más y más y más.

Estamos acostumbradas a que a veces en el metro haya mucha gente y estamos como sardinas, pero pues sí podemos respirar y sabemos que se va a calmar cuando la gente se va yendo. Y pensamos que iba a ser también así.

Pero no fue el caso. Cada vez era peor, cada vez nos aplastaban más. Y entonces perdí de vista a Carolina.

Coches de emergencias, agentes de seguridad y gente.

Getty Images
Itaewon es un barrio muy popular por su vida nocturna.

Llegó un punto en el que ya no podíamos mover ni una sola parte de nuestro cuerpo, ya éramos una masa de cuerpos. O sea, había gente abajo de mí, encima de mí, por todos lados.

Ambas tuvimos la suerte de que nuestra cabeza estaba en la superficie y podíamos alcanzar a respirar, porque la gente que estaba abajo de nosotras, pues no había manera.

Nuestro pecho, nuestra espalda, nuestro tórax… estaban totalmente aplastados. Ya no podía expandir mis pulmones para respirar. Mis pies ya no tocaban el suelo porque había cuerpos abajo de mí, otros me empezaban a aplastar cada vez más mis piernas, hasta que dejé de sentirlas.

En ese momento juré que me iban a romper las piernas, que me iba a quedar sin ellas para siempre porque las dejé de sentir. No podía ni siquiera mover los dedos de mis pies.

Pero en ese momento mi prioridad no eran mis piernas, era seguir respirando. Y me di cuenta de que no podía hacerlo por mi nariz, porque eso hacía que se expandieran mis pulmones, y no los podía expandir. Entonces me di cuenta de que para poder seguir respirando era por la boca.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Ambas jóvenes llegaron a Corea del Sur en agosto como parte de un intercambio universitario.

CC: Como íbamos en pendiente, nos empezamos a ir hacia abajo todos juntos. Eso hacía que la persona que estaba enfrente de mí de repente ya estaba encima, y yo estaba sobre otra persona… Fue como un dominó.

Recuerdo tener un muchacho al lado. Su cuello estaba sobre mi cuello, él trataba de salir, de sacar su cabeza, hasta que yo ya no podía respirar. Me estaba ahogando, sentía como las ganas de vomitar, me estaba aplastando mi cuello.

Llegó un momento en el que dije: “Bueno, pues aquí se acabó todo”. Básicamente yo cerré mis ojos, me despedí de mi familia muy fuerte, y dije: “Bueno, si me voy, me quiero ir en paz”.

Entonces simplemente cerré mis ojos y una vez que los abro, vi que están llegando personas a rescatarnos. Y dije: “guau, entonces sí vamos a vivir, todavía no nos toca irnos”.

JV: Una vez que levantaron a un muchacho que estaba inconsciente sobre mí, ya pude respirar. Pero el problema es que mis piernas seguían atoradas entre todos los cuerpos y estaban paralizadas.

Entonces fue un muchacho coreano quien me extendió su mano, la agarré y él con todas sus fuerzas empujó todo mi cuerpo.

Yo le debo mi vida a ese muchacho, ese extraño que nunca podré saber su nombre, pero estoy agradecida infinitamente. Para siempre.

Pasamos mucho tiempo atrapadas. Revisé la última foto que tomé justo unos minutos antes de que entráramos a la colina, a unos metros. Dice que eran las 10:08 de la noche y en cuanto me rescataron revisé mi celular y decía 10:57. Así que estuvimos 30 o 40 minutos siendo aplastadas.

Última foto tomada por Velandia antes de la estampida

Cortesía
Esta foto a un grupo de personas disfrazadas fue la última imagen que Velandia captó minutos antes de la estampida.

JV: En cuanto me rescataron, mi prioridad fue saber dónde estaba Carolina. No la encontraba y yo estaba pensando en lo peor. Me quedé una hora en la escena buscándola. No sabía qué hacer y sabía que ella había perdido su celular, así que no había manera de contactarme.

Hasta que una hora después ella se pudo contactar conmigo a través del teléfono de una desconocida que se quedó con ella. Me marcó, me dijo: “aquí estoy”. Y caminé hacia ella y por fin la encontré.

Nos abrazamos y empezamos a llorar, a llantos porque las dos habíamos pensado lo peor.

CC: Yo cuando salí no podía moverme, creo que del shock que todavía sentía. Y en eso se me acerca una muchacha con su grupo de amigas, me toma de la mano y me dice: ¿cómo te llamas? ¿Tienes cómo comunicarte? No te voy a dejar sola, no te voy a dejar sola”.

Y creo que ese grupo de personas fueron mis ángeles verdaderamente, porque estuvieron conmigo después del incidente y me ayudaron a encontrar a Juliana, que igual era mi prioridad.

Yo estaba histérica porque también creí que… que la había perdido . Y sí, fue muy, muy difícil. Pasó como una hora y media para que nos pudiéramos reencontrar.

Las autoridades analizan el lugar de la tragedia

Getty Images
Este estrecho callejón en pendiente con multitud de personas subiendo y bajando a la vez fue el escenario de la tragedia.

JV: Pensamos que son varios factores los que causaron el accidente: la cantidad de personas, la colina en donde ocurrió… Como lleva directamente a la salida del metro, era gente saliendo queriendo subir la colina, y gente bajando queriendo entrar al metro. Era gente en ambas direcciones, yendo hacia arriba y hacia abajo. Muchas personas en un lugar muy pequeño.

Sí vimos que hubo mucha falta de control. Había personas controlando el tráfico peatonal entre las calles. Pero fuera de eso, creo que yo nunca vi ningún policía.

CC: El control estaba en las calles principales donde pasan los carros, pero entre las callecitas de los bares, de los antros… no.

JV: Físicamente ya nos sentimos mucho mejor. Ya nos atendieron en el hospital, estamos medicadas. A mí me diagnosticaron una condición llamada rabdomiólisis debido a la falta de circulación a mis piernas al ser aplastadas. Carolina también fue lastimada, pero afortunadamente no a ese nivel.

Pero mentalmente, emocionalmente… sí estamos buscando apoyo psicológico.

Sabemos que la cultura aquí es mucho más cerrada. No hablan de su salud mental, no hablan de sus emociones. Pero sí hemos visto que hay varios grupos de apoyo para los sobrevivientes y para las familias de las víctimas.

Ya mañana vamos a ir a un grupo de apoyo que nos va a ayudar con el trauma. Apenas ahorita andamos viendo y revisando nuestras redes sociales, porque en realidad no hemos visto nada, apenas estamos pasando por nuestro propio duelo.

Gente cerca de la estación de metro de Itaewon llena de flores

Reuters
El lugar del siniestro se llenó de flores como señal de homenaje a las víctimas.

CC: Yo la verdad no estoy viendo mucho los medios y las noticias, porque estoy en mi proceso de asimilarlo. Pero lo que sí he visto es que en algunos lugares de la ciudad hay como puntos de luto.

JV: La escena está llena de flores, de velas, de cartas. Y nosotras quisiéramos ir, pero en el hospital nos pidieron que descansáramos, llevamos tres días encerradas en nuestro cuarto.

Sobre al apoyo de autoridades, de parte del gobierno de Corea no sabemos nada. La Embajada en México contactó con nosotras al día siguiente y hablamos con el embajador para ver si nos podían ofrecer apoyo económico y psicológico, dado que ahorita estamos pagando todos los gastos del hospital con nuestras becas.

Pero tras buscar un psicólogo por nuestra cuenta, en la Embajada nos dicen que su tarifa es muy cara y que quizá un psicólogo en México sea más accesible… pero una sesión por videollamada no es lo mismo que en persona.

Teniendo en cuenta que solo fuimos dos mexicanas quienes fuimos afectadas en esto, la verdad es que estamos algo decepcionadas.

Por lo demás, mi familia ha sido muy optimista. Mi mamá está simplemente muy agradecida de que sigo con vida. Obviamente nos extrañan mucho y quieren venir para acá a vernos.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Pese a lo sucedido, las dos jóvenes mexicanas planean quedarse en Corea del Sur hasta terminar su estadía prevista.

CC: ¿Qué voy a hacer ahora? Lo más probable es que me quede y continúe con mi intercambio, pero igual tengo la opción de regresar con mi familia y a veces sí siento que es lo que necesito… pero todavía estoy en proceso de debatir si me quedo o me voy.

Las dos estábamos estudiando el idioma antes de venir. Entonces ya conocíamos un poco de la cultura, ya estábamos interesadas en Corea. En mi caso, yo soy estudiante de Negocios Internacionales, y por el auge económico que tiene el país es que decidí venir a estudiar aquí.

JV: Yo también empecé a estudiar coreano en México y me interesó mucho la cultura. Como soy estudiante de Medicina y quiero dedicarme a la dermatología, sé que Corea tiene las mejores tecnologías en cuanto a los productos de la piel, así que tener el idioma me va a ayudar para trabajar con otros dermatólogos de aquí y hacer investigaciones de productos y poder traérmelos a México.

Yo sí planeo quedarme. Carolina y yo trabajamos mucho y sufrimos mucho para llegar hasta acá. Es algo que tengo que hacer, es algo que tengo que terminar. Tengo que pasar mis materias, tengo viajes planeados. Obvio que lo único que quiero hacer es estar con mi familia en este momento, pero… en diciembre será.


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