Los "dreamers" que sueñan con entrar legalmente a EU
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Los "dreamers" que sueñan con entrar legalmente a EU

Este lunes, varios jóvenes indocumentados que residen en EE.UU. desde que eran menores intentarán ingresar a ese país de manera legal, poniendo en riesgo su condición. ¿Por qué lo hacen?
20 de julio, 2013
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Esta semana, tras 15 años de ausencia, Lisbeth Montero regresó a México. Lo hizo por su abuelo, a quien no había visto en todo ese tiempo. Pero, sobre todo, por el más de millón y medio de personas que ha sido deportadas de Estados Unidos desde que Barack Obama llegó al poder.

Lisbeth es una “dreamer” (literalmente “soñadora”), mote que se deriva del Dream Act (Development, Relief and Education for Alien Minors Act), un proyecto legislativo que busca legalizar la situación de jóvenes estudiantes indocumentados que llegaron a EE.UU. cuando todavía eran menores de edad.

Lisbeth llegó a Los Angeles de 14 años. Allí se graduó en estudios chicanos. En tres semanas espera empezar leyes. Sin embargo, ella y otros dos jóvenes latinos -en su misma situación- decidieron arriesgarlo todo, regresar a México después de años e intentar regresar de manera legal a su país de adopción.
Porque eso es lo que harán el próximo lunes Lisbeth, Lulú Martínez y Marcos Saavedra, así como varios jóvenes que ya han sido deportados: llegar a un punto oficial de cruce de la frontera entre los dos países e intentar ingresar de manera legal EE.UU.

¿Por qué?

Al otro lado de la línea telefónica está Mohammed Abdulahi, un joven “dreamer” de origen iraní que reside en EE.UU. desde que tenía tres años y que no pone un pie en Irán desde que tenía seis.

Mohammed es portavoz de la campaña Bring them home (“tráiganlos de regreso a casa”), un grupo que está detrás de el acto de protesta y de llamado de atención que realizarán los jóvenes latinos.

“Nosotros trabajamos con muchos estudiantes indocumentados en Estados Unidos con el Dream Act y, desafortunadamente, cada vez más y más son deportados. Decidimos que necesitábamos hacer algo por ellos, encontrar la manera de que regresen y la manera de que la gente hable sobre el tema”.

Y la manera que idearon es que varios jóvenes que pertenecen a la campaña salieran del país y traten de regresar de manera abierta y legal. Y llamar la atención todo posible.

¿Y si no se les permite ingresar?

“Esa es la gran pregunta. Si no se les permite regresar será, para nosotros, un mensaje muy fuerte para el presidente Obama y otras personas. Si es verdad que apoyan a los estudiantes indocumentados que han vivido acá la mayor parte de sus vidas, ¿por qué les están cerrando las puertas?”, indica Mohammed.

“El gobierno tiene la última decisión, según le parezca, sobre a quien deja entrar y a quien no. Ellos toman la decisión caso por caso. Entonces ellos, esencialmente, van a demostrar que son personas buenas, que estudian, que tienen una vida acá. Y que si el gobierno los apoya debe dejarlos entrar”.

Para algunos sería realmente dramático, a nivel personal, si no los dejan reingresar.

“Una de las estudiantes ha vivido acá desde que tiene cuatro meses. Toda su vida. No tiene recuerdos de México”, revela Mohammed.

Campaña por Obama

Lisbeth sí tiene muchos -y muy buenos- recuerdos de México. Sobre todo de sus abuelos. Desde una cafetería en una ciudad mexicana a la que acaba de llegar y donde toma la primera comida del día. Responde el teléfono en inglés, con acento de la costa oeste, pero luego empieza a hablar en perfecto español. Con acento mexicano.

El encuentro con el abuelo fue muy emocionante “él me reconoció en cuanto me vio, porque dice que me parezco mucho a mi mamá. Todos me decían: es como ver a tu mamá. Eso me dio a entender lo que yo ya sabía: que había tomado la decisión correcta”.

Buena parte de esa decisión se debió al “coraje” que sintió hace dos años cuando un tío -que llevaba mucho tiempo viviendo en EE.UU.- fue deportado y separado de su esposa, hijos y nietos.

“En el 2008 yo hice campaña por Obama. Estuve en Nevada, tocando puertas, hablando con gente, haciendo llamadas. Durante esas fechas mi abuela estaba muy enferma. Mi mamá me decía: ‘por qué estás allá, vente a la casa, en estos momentos necesitamos que la familia esté más unida’… (su voz se quiebra).

“…Y yo haciendo campaña por este señor que nos había prometido la reforma migratoria. No estuve con mi familia cuando más lo necesitaba. Y cinco días después de que Obama ganó la presidencia, mi abuela murió. No tuve la oportunidad de verla. Y lo único que este presidente nos ha traído son más y más deportaciones, más y más separaciones de familias, incluyendo la mía”.

El regreso

Este lunes, cuando intenten ingresar por un punto aún desconocido de la frontera, Lisbeth Montero, sus dos amigos latinos y los jóvenes deportados que la acompañan no estarán solos: a ambos lados de la frontera habrá pastores, sacerdotes, familiares, amigos y activistas que buscan llamar la atención sobre este dilema.

Cuando estén cruzando, Lisbeth estará, literalmente, en el lugar donde se encuentra su ser: entre dos países. Dos culturas.

“Mi corazón está como dividido, porque por una parte, cuando pienso dónde es mi casa, de inmediato pienso en Los Ángeles. Pero también, ahora que he visto a mi abuelo, que he conocido a mis primos, siento que parte de mi corazón se queda aquí. Porque mi familia nunca va a estar completa mientras haya un sistema de migración que no funciona para nosotros”.

Sin embargo, una de las posibilidades es que le nieguen la entrada. O que ingrese a un limbo burocrático que tarde meses.

¿No tiene temor?

“No me da miedo lo que va a ocurrir el lunes. No debemos olvidar que es la realidad que está viviendo mucha gente. Y sobrevive. A pesar de lo mal que los tratan, de estar detenidos, deportados, sobreviven. Ese es un riesgo que todas las familias corren. Eso le podría pasar a mi papá o a mi mamá”.

“De todas maneras yo tengo confianza en la comunidad, que va a responder. Ahí está mi fe. Y vamos a luchar hasta el último momento para poder lograr esto”.

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Ruth Bader Ginsburg: por qué la muerte de la jueza de la Corte Suprema de EE.UU. supone un terremoto en una nación ya fracturada

Si el presidente Trump nomina un reemplazante de la magistrada podría alterar por años el equilibrio ideológico del mayor tribunal de justicia del país y aumentar la tensión política a pocas semanas de las elecciones.
19 de septiembre, 2020
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La muerte de un juez de la Corte Suprema de Justicia siempre es algo trascendente en Estados Unidos. Pero la de Ruth Bader Ginsburg supone un terremoto de consecuencias imprevisibles para este país.

Ginsburg, que murió el viernes a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, era un ícono feminista y progresista del máximo tribunal judicial de EE.UU. para asuntos como la igualdad de género o la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Su muerte abre ahora la posibilidad de que el presidente Donald Trump nomine a su sucesor en una corte de nueve miembros donde ya ha colocado a dos, y altere así por años el equilibrio ideológico del Supremo a favor de los conservadores.

Como esto ocurre además en un país políticamente polarizado y a pocas semanas de una elección presidencial cargada de tensión, el debate por el reemplazo de Ginsburg amenaza con aumentar la fractura entre republicanos y demócratas.

“Normalmente las nominaciones a la Corte Suprema son un deporte de sangre. Entonces esto va a ser verdaderamente apocalíptico. Hay mucho en juego en esta nominación”, dice Jonathan Turley, un destacado profesor de derecho constitucional en la Universidad George Washington, a BBC Mundo.

Una silla clave

El hecho de que los magistrados de la Corte Suprema ocupen su cargo de manera vitalicia significa que cualquier cambio en la integración tiene efectos duraderos.

Nominada por el presidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg formaba parte de un bloque de cuatro jueces progresistas de la corte que solía necesitar de un quinto voto “péndulo” para lograr mayoría.

Ruth Bader Ginsburg

Reuters
Ginsbrurg era parte de un bloque de cuatro jueces progresistas.

En votaciones recientes ese quinto voto lo aportó el juez John Roberts para decisiones sobre inmigración, derechos de homosexuales y otros temas importantes de la “guerra cultural” en este país.

Los presidentes de EE.UU. tienen la potestad de elegir los miembros de la corte, que deben ser ratificados por el Senado, y Trump suele señalar como un logro el haberlo hecho dos veces en menos de cuatro años de mandato.

Si lograse colocar a un tercer magistrado netamente conservador, la Corte pasaría a tener seis jueces instalados por republicanos, mientras el bloque liberal quedaría en una minoría de tres.

Eso puede conducir con el paso del tiempo a alteraciones significativas en diversas ramas del derecho.

“Esta es posiblemente la nominación más importante en la historia de la corte moderna. Hay una serie de doctrinas que actualmente penden de mayorías de cinco a cuatro”, advierte Turley.

Por ejemplo, señala que con un nuevo juez conservador en la corte quizás se abriría el camino para a revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973.

Trump y Kavanaugh

Reuters
Dos de los actuales jueces del Supremo fueron nominados por Donald Trump.

Probablemente consciente de todo esto, Ginsburg indicó en su testamento que su “deseo más ferviente” era que evitaran reemplazarla hasta que asumiera un nuevo presidente, según informó la radio pública estadounidense NPR.

La pregunta ahora es si Trump podrá provocar tal desequilibrio en un Supremo que recientemente ha fallado más de una vez en contra de los intereses del mandatario.

“Aumentará el nivel de furia”

La muerte de Ginsburg le ofrece a Trump la oportunidad de acicatear al electorado conservador y religioso a menos de 50 días de las elecciones, cuando las encuestas lo muestran atrás del candidato demócrata Joe Biden.

De hecho, desde hace semanas Trump señalaba la eventualidad de nominar a un tercer juez del Supremo como una razón para que lo reelijan, por lo que quedan pocas dudas de que intentará hacerlo en los meses que le quedan como presidente.

Mensaje para Ruth Baden Ginsburg

Reuters
Ginsburg pidió en su testamento que no se nombrara un sucesor antes de las elecciones.

Además, el debate que se abre con esto desviará algo la atención de la respuesta de Trump a la pandemia de coronavirus, cuando EE.UU. está a punto de llegar a 200.000 muertos por el covid-19, una cifra que ningún otro país ha registrado.

El Senado está controlado por el Partido Republicano de Trump y su líder allí, Mitch McConnell, anticipó en la misma noche del viernes que en la cámara habrá una votación sobre el juez que nomine el presidente.

Sin embargo, evitó decir cuándo ocurriría esto: si antes o después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los republicanos tienen 53 senadores (contra 47 demócratas), pero al menos dos miembros de esa mayoría se manifestaron días atrás reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Esto sugiere que el reemplazo de Ginsburg puede volverse una nueva prueba de fuego de la lealtad republicana hacia Trump cuando algunos senadores tienen dificultades para ser reelectos ellos mismos.

Joe Biden

Reuters
Biden también ha dicho que el remplazo de Ginsbrurg debe esperar a las elecciones.

Por otro lado, a la controversia se añade el antecedente de que McConnell bloqueó en 2016 la votación en el Senado de un juez nominado para la corte por el entonces presidente Barack Obama, argumentando que era un año electoral.

Su explicación ahora es que el voto puede proceder porque, a diferencia de cuatro años atrás, el presidente y la mayoría del Senado pertenecen al mismo partido.

Los demócratas se apresuraron a exigir que se espere hasta después de la elección.

“Los votantes deben elegir al presidente y el presidente debe elegir al juez para que lo considere el Senado”, declaró Biden el mismo viernes.

Esto también podría movilizar a favor de Biden a electores de izquierda que aún están inseguros de votar por él.

“No podía imaginar que fuera posible hacer esta elección más divisiva, pero ocurrió: esto agrega un elemento transformador a la elección”, reflexiona Turley. “Esto aumentará el nivel de furia en el país”.


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