Juez rechaza que se grabe la audiencia judicial de Presunto Culpable
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Juez rechaza que se grabe la audiencia judicial de Presunto Culpable

Según la resolución de la juez para negar el ingreso de cámaras es porque "no resulta apto videograbar la audiencia pues el juicio se debe a daño moral motivado por la grabación de imagen".
Por Omar Sánchez de Tagle
10 de julio, 2013
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Presunto culpable, el documental.

Antonio Zúñiga, protagonista del documental que muestra las deficiencias del sistema de justicia mexicano.

La juez décimo séptimo de lo civil negó que el director y la productora del documental Presunto Culpable videograbaran la audiencia  en la que comparecieron este miércoles 10 de julio por 19 demandas en las que se acusa a Roberto Hernández y a Layda Negrete de daño moral.

La razón de la juez  para negar el ingreso de cámaras fue que “no resulta apto videograbar la audiencia, pues el juicio se debe a daño moral motivado por la grabación de imagen“.

La productora Layda Negrete explica afuera del juzgado los motivos expuestos por la juez para no permitir que se grabara la sesión.

resolucion preusnto culpbal

Resolución de la juez que impide la grabación. Foto: Emily Gómez.

Vistas y exhibidas las deficiencias del sistema de justicia mexicano en Presunto Culpable, Layda Negrete y Roberto Hernández pidieron desde la semana pasada a la juez que les permita grabar en audio o en video la audiencia que enfrentan los autores del filme.

Tanto el director como la productora señalan que se están enfrentando en varios juicios al mismo sistema deficiente que denunciaron en la película.

“Sentimos que más que árbitros de una controversia, los jueces se sienten como víctimas”, dijo Hernández.

En varias ocasiones, agrega el director, los jueces han manifestado su sesgo contra la película, les han hecho comentarios displicentes e incluso les han tratado con gritos. Por razones como esas, Negrete y Hernández solicitan que se grabe la audiencia de esta mañana.

“Hay comentarios poco afortunados que no quedan asentados en las actas de las audiencias. Si esto ocurriera en un juicio que fuese grabado en video o público, todo mundo tomaría nota de los comentarios de la juez, sin embargo, son los jueces quienes llevan el control por escrito de las audiencias y lo que no les conviene, pues no lo apuntan”, añadió el director de la película.

Layda Negrete detalló que es justo por los distintos incidentes que se han dado en las audiencias que es necesario que les permitan filmarlas.

“La única forma que tendríamos para debatir con los jueces son las actas de las audiencias, pero en ellas, los jueces omiten los gritos o comentarios, lo que hace que ellos tengan el control editorial de lo que pasa en las audiencias”.

El director y la productora del documental Presunto Culpable señalan que son objeto de “acoso judicial”, pues enfrentan 19 demandas en las que se les acusa de daño moral, se prohibe la distribución del filme en cines, su transmisión por televisión o su circulación en DVD.

Señalan ‘acoso judicial’

Layda Negrete, productora, y Roberto Hernández, director, acusan que la cinta y quienes participaron en ella han enfrentado una arremetida de algunos miembros del Poder Judicial del Distrito Federal por sacar a la luz el caso de Antonio Zúñiga, un joven acusado injustamente de asesinato. Para Negrete, al mostrar las deficiencias del caso, las autoridades involucradas han tomado el asunto como personal.

La existencia de 19 demandas, dijo Roberto Hernández en entrevista con Animal Político, demuestra que los poderes judiciales y los policías “tienen reglas poco claras” sobre el derecho a la libertad de expresión y de lo que se puede o no grabar”.

Entre los juicios que enfrentan Negrete y Hernández están los promovidos por tres personas. Una es la familia del hombre cuyo asesinato se imputa a Antonio Zúñiga, protagonista del documental. Ellos demandaron a los realizadores por el uso de una fotografía de la víctima. Otro promovente es Víctor Daniel Reyes, quien acusa falsamente a Antonio de haber cometido un asesinato. El último demandante es el agente de la policía judicial que detuvo e interrogó al protagonista. Los tres acusan a la productora y al director por daño moral.

A estos tres casos se suman los litigios iniciados en marzo de 2012, cuando una jueza federal ordenó que se dejara de distribuir y comercializar en DVD la película en tanto no haya un pronunciamiento de la Dirección General de Radio, Televisiòn y Cinematografía, perteneciente a Segob, acerca de si el documental violenta o no el derecho a la privacidad de Víctor Daniel Reyes. Reyes alega que nunca autorizó a los directores para que su imagen fuera utilizada en el documental.

El documental de Presunto culpable recaudó en su primera semana 6.4 millones de pesos, con 128 mil espectadores, según portavoces de Cinépolis.

 

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Cómo una joven encontró a su familia 26 años después gracias a una foto en WhatsApp

Una niña que quedó huérfana en el genocidio de 1994 en Ruanda ha encontrado a sus familiares gracias a las redes sociales. Esta es su historia.
24 de septiembre, 2020
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Grace Umutoni de niña, a la izquierda, y en una imagen actual.

Grace Umutoni
“¿Me conocen?” Grace Umutoni publicó fotos de cuando era niña en las redes.

Para Grace Umtoni lo ocurrido ha sido “un milagro” obra de las redes sociales.

Umtoni quedó huérfana cuando solo tenía dos años. En 1994 sus padres fueron víctimas del genocidio que se cobró miles de vidas en Ruanda. Años después, ha podido encontrarse con algunos familiares.

La mujer, que no conocía su verdadero nombre, publicó fotos suyas de niña en grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter el pasado abril con la esperanza de que miembros de su familia la reconocieran y pudiera reunirse con ellos.

Sus intentos anteriores, a través de cauces más formales, no habían dado resultado.

Todo lo que esta enfermera de 28 años sabía de su historia es que la habían llevado a un orfanato en Kigali, la capital ruandesa, después de encontrarla en el barrio de Nyamirambo. También fue acogido allí su hermano, de 4 años, que murió después.

En Ruanda hay miles de niños como ella, que perdieron a sus padres entre las 800,000 víctimas que se estima dejó la matanza sistemática de miembros de la etnia tutsi y hutus moderados en cien días de genocidio.

Muchos siguen buscando a su familia.

Después de que publicara sus fotos, aparecieron algunas personas que dijeron ser parientes suyos, pero pasaron meses hasta que apareció alguien que de veras parecía serlo.

Antoine Rugagi había visto las fotos en WhatsApp y se puso en contacto con ella para decirle que se parecía mucho a su hermana, Liliose Kamukama, muerta en el genocidio.

“El milagro por el que había estado rezando”

“Cuando lo vi, yo también noté que nos parecíamos”, le dijo Umtoni a la BBC.

“Pero solos las pruebas de ADN podían confirmar si éramos parientes, así que nos hicimos unas en Kigali en julio”.

Umutoni viajó desde el distrito de Gakenke, donde vive, mientras que Rugagi llegó desde Gisenyi, en el oeste, para que pudieran recoger los resultados juntos.

Grace Umutoni y su tío Antoine Rugagi .

Grace Umutoni
Grace Umutoni y Antoine Rugagi viajaron a Kigali para recoger los resultados de su prueba de ADN.

Resultó ser un gran día para ambos, ya que las pruebas revelaron un 82% de posibilidades de que ambos fueran famlia.

“Estaba impactada. No pude contener mis ganas de expresar mi felicidad. Todavía hoy pienso que estoy en un sueño. Fue el milagro por el que siempre había rezado”, cuenta Umtoni.

Su recién hallado tío le contó que el nombre que le pusieron sus padres tutsis era Yvette Mumporeze.

También le presentó a varios parientes de la rama paterna de la familia, como su tía Marie Josée Tanner Bucura, que lleva meses atrapada en Suiza a causa de la pandemia.

Grace Umutoni y su madre.

Grace Umutoni
Grace Umutoni y su madre, Liliose Kamukama, en una imagen de un álbum familiar.

Ella estaba convencida de que Grace Umtoni era su sobrina antes incluso de conocer el resultado de las pruebas genéticas por el parecido de la mujer de la foto de WhatsApp con el de la niña de los álbumes de la familia.

“Era claramente la hija de mi hermano Aprice Jean Marie Vianney y su esposa, Liliose Kamukama. A los dos los mataron en el genocidio”.

‘Pensamos que ninguno había sobrevivido’

La señora Bucura le contó también el nombre completo de su hermano, que llegó con ella al orfanato, Yves Mucyo, y que había tenido otro hermano, Fabrice, de un año.

El genocidio comenzó horas después de que el avión que transportaba a los presidentes de Ruanda y Burundi, ambos de la etnia hutu, fuera derribado en la noche del 6 de abril de 1994.

Milicias hutus recibieron la instrucción de dar caza a los miembros de la minoría tutsi. El suburbio de Nyamirambo, en Kigali, fue uno de los primeros en ser atacado.

Muchas de personas murieron a machetazos en sus casas o en barricadas levantadas para impedir el paso de quienes trataban de escapar. Algunos lograron ponerse a salvo en iglesias y mezquitas.

La señora Bucura dijo que alguien cómo una mujer agarraba del brazo al pequeño Yves y se lo llevaba corriendo de allí, pero no consiguieron más información. De su hermana no se supo nada.

El genocidio terminó meses después, cuando los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, liderado por el hoy presidente Paul Kagame, se alzó con el poder.

Cráneos en el Memorial del Genocidio en Kigali.

Reuters
Muchos murieron por golpes de machete, como se aprecia en los cráneos conservados en el Memorial del Genocidio en Kigali.

“Pensamos que ninguno había sobrevivido. Incluso los recordábamos cuando cada abril llegaba el aniversario del genocidio”, explica Bucura.

Umtoni no había podido averiguar sobre su familia y lo único que le contaron es que Yves murió al llegar al orfanato como resultado de las heridas que sufrió por las balas de las milicias hutus de las que huía.

Cuando tenía cuatro años, la niña fue adoptada por una familia tutsi del sur de Ruanda que le dio el nombre de Grace Umtoni.

“Los responsables de mi escuela me ayudaron y volví al orfanato en Kigali para preguntar si había algún rastro de mi pasado, pero no había nada”, dice.

“He vivido siempre en la pena de ser alguien sin raíces, pero seguí rezando por un milagro”.

“Por bien que me tratara la familia adoptiva, no podía dejar de pensar en mi familia biológica, pero tenía muy poca información para siquiera empezar a buscar”.

Ahora tiene curiosidad por saber más de sus padres. Han planeado una gran reunión familiar con parientes que llegaran de diferentes lugares del país y del extranjero, aunque el coronavirus ha obligado a aplazarla.

Entretanto, le han presentado a algunos de sos familiares a través de WhatsApp y ha descubierto que tiene un hermano mayor en Kigali, fruto de una relación anterior de su padre.

“Estamos agradecidos con su familia adoptiva”

Desde 1995, casi 20.000 personas se han vuelto a reunir con sus familias gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Su portavoz para Ruanda, Rachel Uwase, asegura que aún siguen recibiendo peticiones de ayuda de gente a la que el genocidio separó de su familia.

En lo que va de 2020, son 99 las personas que se han reencontrado con sus familiares.

Para la señora Bucura, descubrir que su sobrina había sobrevivido es algo que agradece.

“Estamos agradecidos con la familia que la adoptó, le dio un nombre y la crió”.

La joven mantendrá el nombre que le dio su familia adoptiva ya que es el que la ha acompañado la mayor parte de su vida.

Pero le tendrá siempre gratitud a las redes sociales por haberla ayudado a encontrar un sentido de pertenencia.

“Ahora hablo frecuentemente con mi nueva familia”, cuenta.

“He pasado toda mi vida con la sensación de que no tenía raíces, pero ahora me parece una bendición tener tanto a mi familia adoptiva como a la biológica, ambas pendientes de mí”.


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https://www.youtube.com/watch?v=QkzsUZOK6-0

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