Seis señales de cambio que dio el papa en Brasil
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Seis señales de cambio que dio el papa en Brasil

Seis claves que quedaron de la visita del argentino Jorge Bergoglio a Río de Janeiro para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica.
29 de julio, 2013
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Tarcisio Bertone, Pope Francis

Cuando el papa Francisco subió el domingo a su avión de vuelta a Roma tras una semana en Brasil, dejó tras de sí algunas señales claras de que está dispuesto a dejar su huella en la Iglesia que lidera, pero que los cambios tendrán límites.

Durante su primer viaje internacional desde el inicio de su pontificado en marzo, el primer papa latinoamericano procuró sacudir la modorra de la Iglesia, cuya inacción criticó con dureza, y llamó a recuperar fieles que se convirtieron a evangélicos o dejaron la religión.

En sus pedidos a los católicos para que se concentren “en las favelas, en los cantegriles, en las villas miseria”, deslizó denuncias sobre la acción política, y al abordar cuestiones sociales como la legalización de las drogas exhibió una postura conservadora.

A continuación, seis claves que quedaron de la visita del argentino Jorge Bergoglio a Río de Janeiro para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica, que cerró el domingo con una misa en la playa de Copacabana ante un público estimado en tres millones.

El llamado a hacer “lío”

El énfasis del papa Francisco en la labor pastoral de la Iglesia fue fuerte y aludió a la necesidad de que los jóvenes hagan “lío”, como dijo el jueves ante centenares de fieles argentinos la Catedral Metropolitana de Río:

“Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera. Quiero que la iglesia salga a la calle. (…) Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir. Si no salen, se convierten en una ONG. Y la Iglesia no puede ser una ONG”.

El pontífice reiteró el sábado esas palabras casi en forma textual y el domingo pidió a los voluntarios que ayudaron a organizar la JMJ “que sean revolucionarios, que vayan contracorriente”.

Salir a las calles para marcar presencia fue precisamente lo que Francisco procuró hacer en Brasil, por ejemplo al recorrer una favela de Río, visitar un hospital que atiende a adictos a las drogas y recorrer varios trayectos en un papamóvil abierto.

La crítica a la Iglesia

Pope FrancisDurante su semana en Brasil, el papa dirigió varias críticas a su propia Iglesia, una de ellas el sábado durante un almuerzo con cardenales de Brasil y obispos de la región:

“A veces perdemos a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez. (…) Tal vez la Iglesia se ha mostrado demasiado débil, demasiado lejana de sus necesidades, demasiado pobre para responder a sus inquietudes, demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones”.

El domingo, al reunirse con obispos de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam), Francisco les advirtió sobre la “psicología de príncipes” y contra la ideologización del mensaje, “desde el liberalismo del mercado hasta la categorización marxista”.

También aludió, en una entrevista con la red Globo, a un escándalo reciente de un monseñor acusado de intentar transferir irregularmente millones de dólares de Suiza a Italia. “Hay que reconocerlo, este señor obró mal y la Iglesia tiene que darle la sanción que merece”, dijo el papa.

En cambio, no hizo comentarios directos sobre los escándalos de abusos sexuales en la Iglesia, aunque algunos creen que aludió a eso el viernes cuando habló de quienes “han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio”.

Denuncia política

En un Brasil sacudido por la ola de protestas sociales del mes pasado, el papa se mostró resuelto a incursionar en terreno político para criticar desde un punto de vista ético problemas como el egoísmo y la corrupción, como hizo el jueves en la favela de Varginha:

“Queridos jóvenes, ustedes tienen una especial sensibilidad ante la injusticia, pero a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en vez de buscar el bien común persiguen su propio interés”.

Francisco habló el sábado de la exigencia de una “rehabilitación de la política” y en una vigía en Copacabana se refirió a los jóvenes de todo el mundo que salieron a las calles a “expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna”. Les pidió: “No dejen que otros sean los protagonistas del cambio: ustedes son los que tienen el futuro”.

Competencia evangélica

PAPA-FOTOGALERIAVarios especialistas dudaban que Francisco, defensor del diálogo religioso, llegara a Brasil con un ánimo de competencia con las iglesias evangélicas que le están quitando adeptos en este país en la región en general. Pero el sábado llamó abiertamente a reconquistar fieles perdidos:

“Hay muchos como los dos discípulos de Emaús; no sólo los que buscan respuestas en los nuevos y difusos grupos religiosos, sino también aquellos que parecen vivir ya sin Dios, tanto en la teoría como en la práctica. Ante esta situación, ¿qué hacer? Hace falta una Iglesia que no tenga miedo a entrar en su noche. Necesitamos una Iglesia capaz de encontrarse en su camino”.

En la entrevista con Globo, el papa dijo desconocer las causas y los porcentajes de pérdida de católicos en Brasil, sostuvo que puede deberse a la “falta de cercanía” de la Iglesia con la gente y la “falta de sacerdotes”.

En la misa en Copacabana, fue evidente la presencia de miembros del Movimiento de Renovación Carismática, con curas que cantaron sobre el escenario. Esto sugiere que el papa ve con buenos ojos esta vertiente de la Iglesia, que muchos creen importante para competir con los evangélicos.

Continuismo social

Pese al estilo simple del papa y a su insistencia en cambiar las prioridades de la Iglesia, una frase suya al visitar el miércoles un hospital de Río que atiende drogadictos mostró que en cuestiones sociales puede seguir la línea de los papas anteriores:

“No es la liberalización del consumo de drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química”.

El domingo, ante los obispos de la Celam, el papa aludió además a las ideas de que se casen los curas, se ordenen las monjas o comulguen los divorciados, que atribuyó a “católicos ilustrados” y descartó que puedan ir al problema de fondo.

Consultado por periodistas en el avión de regreso a Roma sobre por qué evitó hablar en Brasil sobre una ley que amplía el derecho al aborto u otra que contempla matrimonios entre personas del mismo sexo, Francisco respondió: “La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso, no era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé sobre la estafa, la mentira u otras cosas sobre las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara”.

Fueron referencias que echaron un balde de agua fría a la aspiración de muchos católicos de que el papa argentino también promueva cambios en la posición de la iglesia sobre estos y otros temas sociales.

La homosexualidad y la fe

Pope FrancisEl colofón en la lista de señales enviadas por el Papa en su visita a Brasil llegó en su vuelo de regreso a Roma, en el que dio una conferencia de prensa para los periodistas que lo acompañaban en el avión.

Allí dijo que los homosexuales no deben ser juzgados ni marginados y que deben ser integrados en la sociedad.

“Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? El catecismo de la Iglesia Católica explica y dice que no se deben marginar a personas que tengan esa orientación”, aseguró el líder eclesiástico.

El Pontífice, sin embargo, se mostró crítico del “lobby gay”, ante la pregunta de si hay grupos de presión operando en el Vaticano en apoyo de los homosexuales.

“El problema es hacer el lobby, de esa tendencia, o de políticos, masones. Ése es el problema más grande”, explicó.

Y agregó: “En un lobby no todos son buenos”.

Su antecesor, Benedicto XVI, había firmado en 2005 un documento en el que decía que los hombres con profundas tendencias homosexuales no debían ser sacerdotes.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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