¿A dónde va lo recaudado con aumento a la gasolina?
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¿A dónde va lo recaudado con aumento a la gasolina?

La cifra es tan grande, que cuesta imaginarla: 97 mil 669 millones 400 mil pesos. Esa es la cantidad que, desde 2009 y hasta junio pasado, se ha recaudado por este impuesto especial
Por Rafael Cabrera
26 de agosto, 2013
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Para los especialistas en movilidad, por lo menos una parte de lo recaudado debe etiquetarse para inversiones de alto valor social y ambiental. //Foto: Cuartoscuro.

La cifra es tan grande, que cuesta imaginarla: 97 mil 669 millones 400 mil pesos. Esa es la cantidad que, desde 2009 y hasta junio pasado, se ha recaudado por el aumento de la gasolina. Un impuesto cuyos fondos recaudados han ido a dar a las arcas de los 31 Estados y del DF, y que es imposible saber cómo se han usado.

Debido a que es una participación federal, cuyo destino no se etiqueta, los recursos han ingresado a las tesorerías estatales para gasto corriente.

El Estado de México, Veracruz, Jalisco, DF y Chiapas son las cinco entidades que mayor proporción reciben de estos recursos, de acuerdo con los informes públicos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

gasolinazo

En diciembre 2007, cuándo la Cámara de Diputados aprobó por primera vez este impuesto especial para apoyar a las finanzas de los Estados, se propuso que fueran para obras de medio ambiente e infraestructura. Sin embargo, un grupo de legisladores lo impugnó y la Suprema Corte de Justicia de la Nación les dio la razón, argumentando que no se podía violentar la autonomía de Estados y Municipios en el ejercicio de su gasto.

Si el Congreso no cambia de opinión, ya hay una fecha para el fin del aumento de la gasolina: el 1 de enero de 2015.

Para el especialista Xavier Treviño, del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP por sus siglas en inglés), este impuesto debería compensar el “altísimo subsidio público al precio de la gasolina” y, además, mitigar el impacto ambiental y social del consumo de combustibles.

“No debería ser para gasto corriente. El destino de los recursos recaudados debe por lo tanto estar etiquetado al menos una parte para inversiones de alto valor social y ambiental, no dejarlos a la decisión de la estructura burocrática y política de los estados”, consideró.

El economista Gerardo Esquivel, de El Colegio de México, explicó que el aumento de la gasolina enfrenta falta de rendición de cuentas. “En un mundo ideal”, dijo, “deberían utilizarse los recursos en políticas más eficientes, las cuales pueden ser tipo política social o construcción  de infraestructura”.

Vidal Llerenas, diputado de la ALDF y ex Secretario de Finanzas local, explicó que el aumento de la gasolina surgió para sustituir la eliminación de la tenencia: “La idea es que acabara en 2012, pero se ha prolongado. Por ser una participación federal, no se etiqueta y digamos que entra al fondo general de cada Tesorería”.

¿En qué consiste el aumento de la gasolina?

En diciembre de 2007, el presidente Felipe Calderón envió a la Cámara de Diputados su iniciativa de presupuesto para el siguiente año, en la que apareció por primera vez la propuesta que fue bautizada como “gasolinazo”, aunque en realidad se conoce como Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para gasolinas y diesel.

Este gravamen buscó dar más recursos a los Estados del país y a la Ciudad de México, y quedó establecido en el artículo 2A, fracción II, de la Ley del Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios.

La legislación planteó que el aumento por litro de combustible fuera gradual durante 18 meses, es decir, durante 2008 y hasta junio de 2009, hasta llegar al tope por litro de 36 centavos adicionales para Magna, 43 para Premium y 29 para Diesel.

Para Magna, por ejemplo, se aprobó que sumara un sobreprecio mensual de 2 centavos, hasta llegar a los 36 centavos en junio de 2009.

Estos montos, desde entonces, han estado fijos en el precio de cada litro, pero que son independientes de los aumentos que continúan cada mes y que son una reducción del subsidio que da el Gobierno.

La Ley de Coordinación Fiscal establece que los recursos del IEPS serán captados por el Gobierno estatal donde hayan sido generados.

El total se dividirá en once partes: nueve se darán a los Estados donde se obtuvieron los recursos y las otras dos partes irán a un Fondo de Compensación para poyar a las entidades que registran el menor Producto Interno Bruto (PIB) por no contar con actividad minera ni petrolera.

Los Estados que reciben el Fondo, son Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Estado de México, Michoacán, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y Zacatecas.

La Ley de Coordinación Fiscal establece que cada Estado destinará 20 por ciento a municipios y el 80 por ciento a sus propias finanzas. Y es ahí donde la transparencia enfrenta un obstáculo.

A través de solicitudes de información a todas las entidades, se solicitó conocer cómo se han usado estos recursos. El DF, la cuarta entidad que más recursos capta, señaló que es imposible identificar los rubros o programas a dónde se ha ido este dinero. Aguascalientes, por ejemplo, informó que ha dado el 23 por ciento a sus municipios y el resto ha ido a su gasto corriente. Otros Estados ni siquiera dieron el desglose municipal. Chihuahua fue el único que detalló el dinero destinado a cada municipio.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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