Jóvenes graduados toman el semáforo como opción laboral
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Jóvenes graduados toman el semáforo como opción laboral

Ante la falta de empleos bien remunerados, jóvenes recurren a oficios informales en los que obtienen ingresos para vivir y en algunos casos, incluso para estudiar.
Por Tania L. Montalvo
12 de agosto, 2013
Comparte
La tasa nacional de desempleo juvenil duplica la de los adultos. //Foto: Cuartoscuro.

La tasa nacional de desempleo juvenil duplica la de los adultos. //Foto: Cuartoscuro.

Con la luz del semáforo en rojo comienza a sonar la música africana y Anel baila frente a tres filas de autos que esperan por seguir su camino. Cuenta 20 segundos para pasar entre los carriles y recoger el pago de los conductores por el espectáculo.

La joven, de 27 años, se ve atrapada entre autos que intentan avanzar con la luz verde, se nota que todavía es nueva en “el semáforo”, como llaman a esta actividad con la que comenzó hace apenas 15 días, cuando su liquidación dejó de ser suficiente para pagar la renta de un departamento y tuvo que regresar a vivir con su mamá.

Con una licenciatura en mercadotecnia, Anel trabajó por casi cinco años en una agencia de publicidad en donde tenía un sueldo de 13 mil pesos mensuales por ser la encargada de capacitación y administración de personal.

Ya se cumplieron cuatro meses desde que la empresa cerró y tras al menos 30 entrevistas de trabajo y más de 50 currículos enviados, Anel decidió tomar la oferta de unos amigos de bailar música africana y “vivir del semáforo” para tener lo que ella llama, “un ingreso digno”.

La mitad de la población mexicana tiene entre 15 y 29 años de edad, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Los datos oficiales indican que México es un “país joven”, aunque es justo ese sector el más afectado en materia laboral pues la tasa de desempleo juvenil duplica a la de la población adulta, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

Entre los adultos de más de 30 años, la tasa de desempleo es del 3.5%, pero entre jóvenes de 20 a 29 años de edad es del 8.7%.

“Muchos nos juzgan y nos dicen que por qué estamos en la calle, que deberíamos buscar trabajo, pero lo cierto es que lo hacemos y no hay trabajo o es muy mal pagado. La verdad es que haciendo semáforo sí se perciben ingresos, sí se gana dinero así y es un trabajo, es una forma honesta de vivir cuando no hay otras opciones o las que tienes son trabajando más de ocho horas diarias con un salario miserable”, dice Anel.

Esta joven ve en el semáforo una buena opción de empleo, dice que lo mínimo que ella y los músicos que la acompañan sacan en un día completo de trabajo son 800 pesos por entre seis y ocho horas de estar tocando y bailando en diferentes cruces viales de la Ciudad de México, por lo que al dividir las ganancias, se lleva 200 pesos diarios. “Lo suficiente para comer algo, tener para el transporte a mi casa o por si necesito ir a algún lado a una entrevista”. Hasta para nuevas impresiones de currículos, bromea.

Mientras Anel recorre los autos a veces se topa con automovilistas que le faltan al respeto. Cuenta que alguna vez un señor le arrebató la bolsa en la que acumula las monedas y le gritó que dejara de mendigar para drogarse.

“Es un peligro estar en la calle. La gente cree que hacemos esto para comprar droga, alcoholizarnos y la verdad es que no. Mi situación es simple: no tengo trabajo, pero hay banda que lo hace también porque no tiene escuela, aquí sabemos que la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) o el Poli (Instituto Politécnico Nacional) desgraciadamente no cumplen con lo que se necesita para que todos pueden estudiar y entonces hay que buscar un trabajo que muchas veces no se encuentra más que aquí, en el semáforo, y eso es un trabajo, aunque nos cuenten como un ni-ni”.

Aunque el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) lo reconoce como un acto discriminatorio, se conoce popularmente como ni-nis a los jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Cifras del INEGI indican que el 26% de los jóvenes de entre 20 y 29 años de edad no estudian o trabajan, aunque el Instituto aclara que ese porcentaje podría ser menor debido a que un “número importante” de esa población se dedica a actividades en el hogar.

Sin embargo, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México es el país con el tercer porcentaje más alto de jóvenes que ni estudian ni trabajan de entre los 34 países miembro.

Según el informe Panorama de la educación 2013 de ese organismo multinacional, el 24.7% de los jóvenes mexicanos no tienen actividades.

“El semáforo fue una salida, pero no una fácil”

César lleva cuatro años “haciendo semáforo”. Comenzó a los 22 años, cuando perdió su trabajo como repartidor de un restaurante de comida corrida en el centro histórico de la Ciudad de México.

Llegó de Veracruz a los 18 años para estudiar Filosofía, Historia o Ciencia Política pero no logró ingresar a la UNAM o a alguna universidad pública y se sumó a la lista de jóvenes rechazados de las instituciones de educación superior.

En 2013, la Secretaría de Educación Pública (SEP) reconoció que al menos 200 mil jóvenes se quedaron sin un lugar para continuar con sus estudios universitarios y aunque inició un programa emergente, apenas pudo ofrecer 20 mil sitios para ellos.

César tenía el plan de trabajar para pagar una universidad privada, pero no lo logró. Cuando perdió su empleo intentó buscar alguna otra cosa pero nada superaba los 900 pesos semanales que le pagaban en el pequeño restaurante, así que comenzó a hacer malabares con bolos y clavas en diferentes cruces viales.

Actualmente, César acumula 200 pesos por tres horas de trabajo de lunes a jueves, los fines de semana ese monto se duplica, por lo que trabajando hasta ocho horas de cada viernes, sábado y domingo, obtiene un ingreso aproximado de 2 mil 500 pesos.

“Tenía un plan pero lo tuve que cambiar. No hay trabajo bien pagado. Trabajé bastante tiempo, pero los trabajos no están chidos, pasé de estar mal pagado por un trabajo de ocho horas a uno en el que controlas el tiempo y te va bien. El semáforo fue una salida, pero no una fácil, hay que invertirle tiempo, entrenar, y estar aquí”, cuenta.

“Yo de aquí tengo que sacar para mi plan de vida y es lo que hago”. Alessandra, joven que trabaja en un semáforo del DF. 

Para César, lo más difícil de vivir del semáforo es encontrar “una buena esquina”, en la que además de que haya buena afluencia de coches, se pueda llegar a un acuerdo con vendedores ambulantes y limpiaparabrisas.

No existen cifras oficiales sobre el número de jóvenes que hayan decidido emplearse haciendo malabares o bailando en semáforos, pero según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), México tiene la mayor tasa de empleo informal entre las economías de América Latina, con el 59% de su población en edad productiva.

En el apartado de Trabajo del Reporte sobre la discriminación en México 2012, el Conapred indica que dentro de la informalidad predomina la presencia de mujeres, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad.

Alessandra ha buscado la forma de hacer “alianzas” con vendedores de agua y de flores para no tener problemas en el semáforo mientras hace malabares.

A sus 20 años, cree que es una forma “fácil y rápida de ganar dinero” para mantenerse mientras termina de estudiar idiomas en la FES Acatlán y para después pagar una carrera en periodismo.

Con un año en el semáforo, Alessandra, quien antes fue mesera en un restaurante de la Condesa, considera que hacer semáforo no es fácil porque se requiere mucho entrenamiento, tiempo y fuerza para resistir los días malos.

“Yo me harté del trabajo, tantas horas de trabajo para ganar lo mínimo y ver cómo se hace más difícil mantenerte y hacer lo que quieres para ti. Yo lo hago (trabajar en semáforo) para ganar dinero y mantenerme pero ahora también por gusto, porque esto es un arte”.

Según Conapred, en México los jóvenes optan por el subempleo y el empleo informal como las mejores vías de acceso al mercado de trabajo, con lo que se “arrinconan en la precariedad laboral”.

La joven invierte 100 pesos diarios para viajar de Cuautitlán Izcalli en el Estado de México a la delegación Benito Juárez o Cuauhtémoc en el Distrito Federal, en donde suele escoger diferentes cruces viales para malabarear.

Ese gasto la obliga a trabajar más horas para quedarse con mínimo 200 pesos cada día y al igual que César, labora más de ocho horas los fines de semana porque es cuando más ingresos obtiene.

“Al principio es difícil. No es cualquier cosa meterse a un semáforo, pero es un trabajo, es una forma de ganar dinero y por eso la gente paga. Es obvio que nos entrenamos para hacerlo bien. No hay muchas opciones de trabajo y más nos vale a los que lo hacemos disfrutarlo por eso. Yo de aquí tengo que sacar para mi plan de vida y es lo que hago”.

Alessandra también ve al semáforo como un centro de entrenamiento. Dice que no le preocupa lo que pueda venir después porque por ahora, ya encontró un trabajo, en donde combina el arte con “una buena forma” de tener un ingreso para subsistir.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Reuters

5 claves para entender la confusión sobre la cifra de muertos por COVID en México

Es una de las preguntas más repetidas en México desde la llegada del COVID-19: ¿son realmente las muertes por coronavirus muchas más de las que reporta y a qué se debe esa discrepancia de datos?
Reuters
6 de julio, 2020
Comparte

Es una de las preguntas más repetidas en México desde la llegada del coronavirus: ¿son realmente las muertes por COVID-19 muchas más de las reportadas oficialmente?

El gobierno ha recibido duras y repetidas acusaciones de querer ocultar la magnitud real de la pandemia.

Las autoridades lo niegan e insisten en que sus cifras oficiales solo reflejan las víctimas diagnosticadas con un test de la enfermedad. Por lo tanto, reconocen que por fuera se quedan todas las que fallecieron sin habérseles hecho la prueba.

Estas discrepancias entre el número total de muertes registradas en pandemia y las atribuidas oficialmente al coronavirus no son un fenómeno exclusivo de México.

Pero las críticas de quienes no creían en el balance oficial —30.639 muertos hasta la madrugada de este lunes— en un país de más de 125 millones habitantes llevaron al gobierno a encargar la revisión de miles de defunciones sospechosas en los últimos meses para tratar de arrojar algo de claridad.

Los resultados de estas análisis aún no se conocen, pero se da por hecho que el aumento en los números puede ser considerable.

El subsecretario de Salud de México, Hugo López-Gatell, reconoció la semana pasada que las muertes totales durante el brote podrían haber sido hasta el triple del balance habitual en años anteriores.

Hugo López-Gatell

Gobierno de México
Hugo López-Gatell es la cara visible del gobierno de México frente a la pandemia.

Estas son 5 claves para entender qué hace tan difícil conocer el balance real de víctimas por COVID-19 en México y si sus discordancias en los datos son mayores a las de otros países azotados por la pandemia

1. Las muertes sin diagnóstico de COVID-19

Al igual que muchos países, México solo contabiliza oficialmente las muertes por coronavirus que fueron confirmadas con pruebas de laboratorio.

Ello deja fuera del balance a miles que fallecieron antes de que se les tomara la muestra, ya sea porque llegaron muy graves al hospital o porque su empeoramiento fue muy rápido. Algo que también se ha visto en otros países como Ecuador o Brasil.

Esto fue más frecuente al inicio de la pandemia. “Al principio no se les practicaba la prueba porque, una vez ya fallecidos, no se creía importante para el reporte”, reconoce Gabriel O’Shea, secretario de Salud del Estado de México, el más poblado del país.

Eso, más las carencias y el desconocimiento general sobre cómo gestionar el nuevo coronavirus en sus inicios se tradujeron en miles de certificados de defunción con diagnósticos incorrectos.

“Muchas unidades médicas ni siquiera tenían acceso a las pruebas porque aún no se había establecido una red de laboratorios o porque no se contaban con insumos para la toma de muestras”, asegura el doctor Malaquías López, vocero de la Comisión COVID-19 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Muestras de covid

Reuters
A muchos de los fallecidos por coronavirus en México al inicio de la epidemia no se les practicaba la prueba, lo que impidió confirmar su diagnóstico.

“Al principio no sabíamos ni cómo llenar ese certificado de defunción. El doctor decía: ‘Mi paciente se murió con estos síntomas, ¿qué pondré si no tengo el examen de laboratorio? Pues le pondré neumonía atípica'”, dice Gabriel O’Shea en entrevista con BBC Mundo.

Esto cambió, dice, con el lineamiento técnico sobre cómo certificar las muertes que el gobierno publicó con base en las recomendaciones de la OMS a mediados de abril, un mes y medio después de detectarse el primer contagio en el país.

También ayudó el cambio de estrategia y la decisión de realizar pruebas PCR a todos los pacientes de COVID-19, incluso después de fallecer, siempre que resulte posible.

Pero, para entonces, los registros ya se habían llenado con actas de defunción que mostraban diagnósticos confusos como “probable COVID, “sospechoso de COVID”, las citadas “neumonías atípicas” o conceptos similares, a falta de poder confirmarse sin la prueba de laboratorio.

Mujer a la que le toman una muestra

AFP
En la actualidad, la prueba de COVID-19 se realiza a pacientes tanto vivos como muertos, cuando las circunstancias permiten aún recoger la muestra.

Investigaciones periodísticas han resaltado el alto número de estos diagnósticos poco claros y muchos acusaron a las autoridades de querer maquillar la realidad, algo que el gobierno niega.

Las acusaciones de falta de transparencia sí llevaron al Ejecutivo a anunciar, a inicios de junio, la creación de una comisión técnica para analizar esas actas de defunción para determinar “la mortalidad no observable” y sumar sus datos al balance de muertes reportadas.

Sus conclusiones, al igual que las de un grupo de expertos similar creado específicamente para Ciudad de México, se darán a conocer próximamente y alterarán sin duda la huella oficial conocida hasta ahora de lo que el coronavirus ha supuesto en el país.

2. Las muertes en casa

Otro de los desafíos para tener diagnósticos de COVID-19 confirmados oficialmente se da en el caso de las personas que mueren mientras son llevadas al hospital o en su propia casa.

Pese a que no suponen un porcentaje muy elevado del total de afectados, tomar una muestra útil en estas personas para enviar al laboratorio puede seguir resultando difícil.

“Cuando el médico acude a la casa y sospecha de una posible muerte por COVID, debe pedir a la jurisdicción que vaya a recoger la muestra. Pero esta se debe tomar poco después del fallecimiento y no horas después para que sirva para llevar control”, subraya O’Shea, quien también resultó contagiado con el virus hace unas semanas.

Laboratorio de covid/19 en Mexico

AFP
Las muestras deben ser recogidas poco después del fallecimiento para poder ser analizadas en los laboratorios de COVID-19, lo que no siempre es posible cuando la persona muere en su casa.

Estos casos son más complicados por el hecho de que ni el propio médico que acude a la casa ha podido ver por sí mismo los síntomas del paciente, sino que se remite a las explicaciones de los familiares.

“A veces, solo te saben decir que por la mañana empezó a arrojar muchas flemas y al mediodía ya había muerto en casa. Entonces tenía un problema pulmonar, pero si esa persona tenía 85 o 90 años, ¿puedo yo decir que fue COVID? Se vuelve difícil”, le dice López a BBC Mundo.

El experto cree que el número de muertes en casas se puede ver acentuado por el hecho de que en México “hay segmentos de la población que no reconocen ninguna fuente formal de atención médica y no saben a dónde dirigirse”.

“No sabemos a dónde van estas personas cuando algo les sucede. O no buscan la atención, o lo hacen en algún servicio privado de bajo costo que no tiene capacidad ni los mecanismos para notificar algún problema”, agrega.

3. El exceso de muertes

El exceso de muertes es el número de fallecimientos ocurridos en esta pandemia por encima del promedio de muertes registradas en el mismo período de años anteriores.

Con base a este cálculo que López-Gatell reconoció la semana pasada al diario The Washington Post que la cifra general de muertos en Ciudad de México podría haber sido el triple de lo habitual, lo que después dijo que podría ocurrir también en todo el país.

Se contempla que la mayoría de este exceso de muertes corresponda a víctimas de covid-19 no registradas, aunque también incluiría fallecidos por otras causas.

Según O’Shea, en el Estado de México no se registró exceso de mortalidad por otras enfermedades, pero sí se dispararon los casos por causas respiratorias.

“En 2018 tuvimos reporte de 1,300 fallecidos por neumonía; 2,185 en 2019 y ahora en 2020 ya tenemos 7,924”, enumera con datos hasta el viernes 3 de julio.

Entierro en el Estado de Mexico.

Getty Images
Cerca de 8.000 actas de defunción sospechosas serán analizadas en el Estado de México para determinar si se debieron al covid-19.

Equipos de epidemiólogos revisan este alto número de neumonías para concluir si fueron o no debidas al covid.

Pero, basado en la positividad de casos vista en la evolución de esta pandemia, el secretario de Salud mexiquense calcula que “seguramente el 50% (de los 7,924) serán casos de covid”.

Estos se sumarían entonces a las más de 4,600 muertes confirmadas hasta ahora en el estado. Es decir, que la cifra actual de muertos en el Estado de México casi se duplicaría.

De nuevo, el exceso de muertes no es un fenómeno exclusivo de México sino identificado en buena parte del mundo durante esta pandemia.

Una investigación de la BBC sobre una treintena de países identificó al menos 130.000 personas fallecidas durante este período al margen de las muertes reconocidas como coronavirus.

Pero O’Shea sí señala un factor que puede contribuir a un mayor exceso de muertes en México respecto a otros países y a que la fase de máxima transmisión se haya convertido en “meseta” y los casos no acaben de disminuir visiblemente tras varias semanas.

“Aquí (en el estado de México) tenemos el primer y nada honroso lugar en obesidad, y también en pacientes diabéticos sin medicamento y sin control: cinco millones de los 13 que viven en el país”, recuerda.

“Es muy diferente la epidemiología de un mexicano que la de un noruego. Por estas comorbilidades de diabetes, hipertensión y obesidad es que el virus es más agresivo y, por ende, tenemos mayor mortalidad en nuestro país”.

4. La demora en los resultados de los tests

En este punto de la pandemia, el doctor López de la UNAM cree que el actual “cuello de botella” a la hora de tener mayor claridad sobre los casos es el rezago en la obtención de los resultados de las pruebas de laboratorio.

Así, en los datos que el gobierno publica diariamente, se observa cómo gran número de las nuevas muertes no ocurrieron realmente en las pasadas 24 horas, sino semanas o incluso meses antes.

Muestra

AFP
El retraso a la hora de analizar las muestras de posibles casos de covid-19 hace que algunos de los positivos se confirmen días o semanas después.

Ello dificulta enormemente el seguimiento epidemiológico y el conocer cuándo realmente la curva de casos comenzará a bajar, ya que las confirmaciones de las muestras de casos sospechosos recogidas hoy tardarán días o semanas en llegar.

Algo similar ocurrió en abril en Ecuador, cuando en un día duplicó su número oficial de contagios debido a la obtención de miles de resultados de pruebas retrasadas.

Y aunque en México se fueron abriendo laboratorios estatales para procesar las pruebas después de que inicialmente solo se realizaran en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (Indre) de la capital, el alto número de tests aún mantiene saturados los sistemas.

"Ahora, el cuello de botella está en el tiempo que se tarda en regresar el resultado de las pruebas de covid-19 desde el laboratorio"", Source: Malaquias López, Source description: Profesor de Salud Pública y vocero de la Comisión Covid-19 de la UNAM., Image: Malaquías López, profesor de Salud Pública y vocero de la Comisión Covid-19 de la UNAM.

En el Estado de México, según su titular de Salud, se está a la espera de conocer el resultado de unas 4.000 pruebas de las 2,000 que se realizan diariamente.

O’Shea calcula que, actualmente, los resultados de los tests realizados en su estado demoran hasta una semana en ser publicados, frente a “los 15 o 20 días, o incluso un mes” que pueden llegar a tardar en laboratorios federales como el Indre, asegura.

5. La necesidad o no de contabilizar todas las muertes

Al igual que las autoridades federales, el secretario de Salud del Estado de México niega tajantemente tener interés en ocultar las muertes reales por COVID-19 y atribuye las discrepancias en los datos a los factores ya mencionados.

“Yo no veo el fin o la utilidad de que yo, como doctor, pudiera querer esconder o no informar de los casos. No veo que estemos luchando por tener un último o segundo lugar, de eso no se trata”, dice O’Shea.

“Al contrario, estaré muy feliz el día en que tenga la letalidad definitiva en mi estado, para ver cómo afectó a los mexiquenses. El índice de muertos que deje la pandemia es muy importante saberlo, el registro es vital para saber el comportamiento de este virus”.

Cementerio en Mexico.

Reuters
Expertos discuten sobre si registrar el 100% de muertes por COVID-19 es imprescindible o no para diseñar las estrategias sanitarias frente a la pandemia.

Pero López-Gatell insistió en los últimos días en que no es necesario tener una contabilidad completa de indicadores como las muertes para reconocer los patrones de ocurrencia de la enfermedad y poder así actuar frente a su propagación.

Y aunque subrayó no querer decir que no sea importante contabilizar todos los eventos, sobre todo los fallecimientos, aseguró que no es objetivo de ningún sistema de vigilancia epidemiológica contabilizar todos los casos.

“En ningún país del mundo se tiene un número del tamaño real de la epidemia”, dijo en varias ocasiones, y recordó cómo en Estados Unidos sus autoridades sanitarias reconocieron que la epidemia podría ser diez veces mayor.

"Yo no veo el fin o la utilidad de que yo, como doctor, pudiera querer esconder o no informar de los casos. No veo que estemos luchando por tener un último o segundo lugar"", Source: Gabriel O´Shea, Source description: Secretario de Salud del Estado de México., Image: Gabriel O´Shea, secretario de Salud del Estado de México.

Su planteamiento recuerda al utilizado para defender el método Centinela, empleado al inicio de la epidemia en México para contabilizar los casos con un sistema de muestreo similar al de las encuestas.

El Centinela permitía tener un estimado de casos de COVID-19, aunque lejos del número real, al considerarse que no era necesario para plantear las estrategias sanitarias, lo que provocó enfrentamientos entre defensores y críticos de este método.

“El argumento que se dio para usar el Centinela se basaba en la creencia de que estábamos ante una enfermedad casi idéntica a la influenza, con una variación muy predecible en términos de estacionalidad y de la cantidad de personas que pueden llegar a tener alguna forma grave”, dice López.

Con la influenza se considera pertinente enfocarse en ofrecer atención hospitalaria a los casos graves, pensando que todos los demás “se curarían solos”. Así que resulta suficiente con tener una idea del número de contagios, pero sin saberlo con exactitud.

“Cuando llegó el COVID a México se pensó que se podría tratar igual que la influenza, y creo que fue un error fatal, un error monumental por el que ahora ya no hay manera de reconstruir la realidad y conocer exactamente el alcance de la enfermedad”, concluye el experto de la UNAM.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=XBfltfjAEZk

https://www.youtube.com/watch?v=-kpIq2W8Sqs

https://www.youtube.com/watch?v=K3Ul81J5oEU

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.