Mariguana, droga ilegal más consumida en el mundo
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Mariguana, droga ilegal más consumida en el mundo

Los países con leyes duras contra las drogas tuvieron las peores tasas de muerte por adicción en comparación con naciones que recurren a otras políticas para alejar a la gente de las drogas, de acuerdo con el estudio.
28 de agosto, 2013
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La mariguana es la droga ilegal más consumida en todo el mundo, según el primer estudio global sobre abuso de fármacos ilícitos del Estudio de Estadísticas y Evaluación de Salud de la Universidad de Washington, con sede en Estados Unidos.

Los investigadores encontraron que en todos los fármacos estudiados, los hombres veinteañeros años tuvieron los índices más altos de consumo. Los países con mayor abuso de consumo fueron Australia, Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos. El estudio fue publicado en internet el jueves en la revista Lancet.

En otro estudio, los científicos encontraron que problemas de salud mental y de abuso de consumo de drogas incluidos depresión, esquizofrenia y adicción a la cocaína mataron más gente a nivel mundial que el sida, tuberculosis, diabetes o accidentes viales.

En algunos países en desarrollo como India, los esfuerzos para detener el sida han disminuido también el abuso de consumo de drogas ya que se están enfocando en ayudar a la gente a dejar sus adicciones, según Vikram Patel, del Centro para la Salud Mental Global de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. Patel recomendó un enfoque similar para el consumo de drogas al que se utiliza actualmente sobre el tabaco.

Una política de despenalización al consumo de drogas podría potencialmente transformar el enfoque de salud pública hacia el consumo de drogas”, escribió Patel. “Los enormes ahorros en el sistema de justicia penal podrían ser utilizados para financiar programas de tratamiento de adicciones“, agregó.

Pero hubo pocas cifras concretas en las cuales basarse y los investigadores utilizaron técnicas de modelado para llegar a sus cálculos.

“Aun si no se trata de cifras muy sólidas, podemos decir definitivamente que existe un problemas de consumo de drogas en la mayor parte del mundo“, dijo Theo Vos, del Instituto de Estadísticas y Evaluación de Salud de la Universidad de Washington, autor principal del estudio. Vos encontró una tendencia de abusar de drogas producidas cerca de los respectivos países: cocaína en Norteamérica, anfetaminas y opioides en Asia y Australia. Los índices más bajos de abuso de consumo de drogas estuvieron en Asia y África. De las aproximadamente 78,000 muertes por abuso de drogas ilegales en 2010, más de la mitad se debieron a adicciones a analgésicos.

Vos señaló que los países con leyes duras contra las drogas tuvieron las peores tasas de muerte por adicción en comparación con naciones que recurren a otras políticas para alejar a la gente de las drogas, como programas de intercambio de jeringas y clínicas de metadona.

“El uso ilícito de opioides con receta en Estados Unidos ha ocurrido apenas en los últimos 10 años aproximadamente”, dijo Michael Lysnkey, del Centro Nacional de Adicciones en King’s College de Londres, quien fue coautor de un comentario anexo. “Es posible que en otros veinte años, cambiarán nuevamente los modelos de manera que no podemos predecir”.

Además de cannabis y analgésicos derivados del opio, los científicos analizaron en 2010 el abuso de consumo de cocaína y anfetaminas, que fueron la base principal de estudios previos. No se incluyó éxtasis (metilendioximetanfetamina) ni alucinógenos, debido a que no había datos suficientes.

Con información de AP

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Cómo el cubrebocas evita la propagación de la COVID y puede reducir los síntomas

Un nuevo estudio concluyó que usar mascarillas reduce la carga viral a la que estaríamos expuestos y, de contagiarnos, la manifestación de la enfermedad sería más leve o inclusive asintomática.
Getty Images
9 de agosto, 2020
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El argumento generalizado de parte de las autoridades sanitarias y gobernantes por todo el mundo que recomiendan y/o imponen el uso de mascarillas es que evitan que las personas infectadas propaguen el coronavirus.

Pero un nuevo estudio concluyó, tras examinar varios casos, que usar mascarillas reduce la carga viral a la que estaríamos expuestos y, de contagiarnos, la manifestación de la enfermedad sería más leve o inclusive asintomática.

La investigación realizada en Estados Unidos por los doctores Monica Gandhi y Eric Goosby, de la Universidad de California, y el doctor Chris Beyrer, de la Universidad Johns Hopkins, resalta que la exposición al coronavirus sin consecuencias severas debido al uso de mascarillas podría generar una inmunidad a nivel comunitario y reducir la propagación mientras se desarrolla una vacuna contra el virus.

En vista del rechazo al uso de mascarillas de algunos grupos y personas, el beneficio al individuo (además de a otros) que porta el tapabocas sugerido por el estudio podría ser un incentivo más para su uso y convertirse en un pilar del control de la pandemia.

El estudio fue publicado en la revista especializada Journal of General Internal Medicine.

Un hombre con una mascarilla pasa frente a una valla con la imagen del coronavirus

Getty Images
La mascarilla reduce la posibilidad de tener síntomas severos de covid-19, dicen los investigadores.

El efecto de la carga viral

Los doctores Gandhi, Goosby y Beyrer respaldan su teoría -como la llaman- comparando la evidencia de múltiples situaciones en las que grupos usaron o dejaron de usar mascarillas y la relación que eso tiene con la carga viral y los crecientes índices de infecciones leves o asintomáticas.

La infección asintomática puede ser problemática porque promueve la propagación del virus por personas que están contagiadas sin que lo sepan, pero al mismo tiempo ser asintomático en lugar de estar gravemente enfermo es beneficioso para el individuo, indican.

Además, los índices más altos de infección asintomática conducen a índices más altos de exposición al virus. El exponer a una sociedad a este coronavirus sin las consecuencias de una enfermedad grave podría crear mayores niveles de inmunidad comunitaria, la llamada inmunidad de rebaño.

Los investigadores reconocen que la respuesta inmunológica de anticuerpos y células T a las diferentes manifestaciones de covid-19 todavía está siendo analizada, pero las señales basadas en los datos del desarrollo de esa inmunidad celular, aun con una infección leve, son esperanzadoras.

Evidencia

La perspectiva que los portadores de mascarillas están expuestos a una carga viral menor que resulta en una infección más leve está sustentada en el estudio de tres importantes cúmulos de evidencia: virológica, epidemiológica y ecológica.

Una fila de compradores todos con mascarillas

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Hasta ahora, el principal argumento para el uso de las mascarillas es la protección de los otros.

Con respecto a la primera, las mascarillas -dependiendo del diseño y material- filtran la mayoría de las partículas virales, aunque no todas. Desde hace un tiempo se ha propuesto que la exposición de ese bajo nivel de partículas virales probablemente producen una enfermedad que es menos severa.

Los resultados de experimentos realizados en el pasado con humanos expuestos a diferentes volúmenes de virus no letales demostraron síntomas más severos en sujetos que recibieron una carga viral mayor.

Con el nuevo coronavirus la experimentación no es posible ni ética, pero unas pruebas realizadas a hámsteres en las que se simuló el uso de mascarillas separando a los animales con una pared divisoria hecha de una máscara quirúrgica, no sólo demostraron que los hámsteres protegidos fueron menos propensos a la infección, sino que los que, entre esos, se contagiaron de covid-19 manifestaron síntomas leves.

En términos de la evidencia epidemiológica, los doctores indican que los altos índices de mortalidad que se vieron al inicio de la pandemia parecen estar asociados a la intensa exposición a la alta carga viral antes de que se introdujera el uso de mascarillas.

Caso del crucero argentino

Un caso reciente en particular llama la atención: el de un crucero en Argentina donde todos los pasajeros y tripulantes fueron dotados de mascarillas tras detectarse un brote de covid-19.

En ese entorno cerrado, 128 de las 217 personas abordo dieron positivo en la prueba de coronavirus. Sin embargo, la mayoría de los infectados (81%) se mantuvo asintomática.

Un autobús en Taiwán con pasajeros usando mascarillas

Getty Images
Las tasas de mortalidad se han mantenido baja en países que han reabierto sus actividades pero todavía usan mascarillas.

Como evidencia ecológica, la investigación indica que los países y regiones que de por sí acostumbran a usar mascarillas para el control de infecciones, como Japón, Hong Kong, Taiwán, Singapur, Tailandia y Corea del Sur, no han sufrido tanto en cuanto índices de la severidad de la enfermedad y la mortalidad.

Igualmente ha sucedido con los países que aplicaron tempranamente la medida del uso de mascarillas.

Es más, aun cuando los mencionados países registraron un resurgimiento de casos de covid-19 al reanudar la actividad social y económica, las tasas de mortalidad se ha mantenido baja, sustentando la teoría de la carga viral, afirman los autores del estudio.

En conclusión, los doctores alegan que el uso universal de mascarillas durante la pandemia debería ser uno de los fundamentos más importantes en el control de la enfermedad y abogan que esta medida se tome en particular en Estados Unidos, donde las directivas no han sido homogéneas y parte de la población ha reaccionado hasta violentamente contra el uso de mascarillas.

Resaltan que durante la devastadora pandemia de gripe en 1918, los estadounidenses adoptaron sin contratiempos el uso de las mascarillas en público, pero la respuesta a las actuales recomendaciones de los Centros de Control de Enfermedades (CDC) ha sido dispareja.

Una secretaria con mascarilla escribe a máquina en su escritorio en 1918

Getty Images
En 1918, el público estadounidense no tuvo objeción en cumplir con el uso de mascarillas para combatir la pandemia de influenza.

El uso de mascarillas tiene dos ventajas. La primera es proteger a los demás evitando la propagación del virus por una persona infectada. Si esa preocupación por el prójimo no es suficiente, tal vez la segunda ventaja -el beneficio individual- sea una motivación más eficaz.


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