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Desastres naturales aumentan 3.7% la pobreza extrema
Oaxaca y Guerrero son ya dos de los estados más pobres del país, pero las lluvias los colocarán en una situación más precaria, pues la pobreza extrema en esas entidades podría elevarse hasta 3.5%, según un estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
Por Margarita Vega
18 de septiembre, 2013
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Los dos estados con menor desarrollo humano del país, Oaxaca y Guerrero, han sido especialmente afectados por las intensas lluvias. //Foto: Cuartoscuro.

Oaxaca y Guerrero son ya dos de los estados más pobres del país, pero las intensas lluvias de los últimos días los colocarán en una situación todavía más precaria, pues la pobreza extrema en esas entidades podría elevarse hasta 3.7%.

Rodolfo de la Torre, responsable de investigación para México del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), realizó un estudio donde comprobó que las inundaciones tienen un fuerte impacto en los niveles de pobreza extrema de una comunidad.

“Encontramos que la recurrencia de estos desastres elevaba en un 3.7% la pobreza extrema, mientras que en aquellos que eran pobres, pero no pobres extremos, se incrementaba un 1.5 por ciento. La presencia de estas situación de desastres es regresiva, es como si se concentrara más en las personas más pobres y menos en las que no son tan pobres y mucho menos en los que no son pobres”, indicó.

Ello se debe, explicó, a que las personas en pobreza extrema viven en zonas con mayores riesgos, ubicadas en el cauce de los ríos o las laderas de los cerros. Además, sus viviendas son frágiles y suelen invertir sus pocos ahorros en ganado, por lo que la presencia de estos fenómenos naturales les arrebata todo lo que tienen.

Los dos estados con menor desarrollo humano del país, Oaxaca y Guerrero, han sido especialmente afectados por las intensas lluvias, por lo que De la Torre prevé que sus habitantes tengan serios retrocesos en materia de desarrollo. Lo mismo podría ocurrir con Veracruz, la quinta entidad con menores niveles de desarrollo humano, el cual mide condiciones de salud, educación e ingreso.

En tanto, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval) reportó en 2012 que en Guerrero el 31.7% de la población vive en pobreza extrema y el 69.7% en pobreza, en Oaxaca el 61.9% es pobre extremo y el 23.3% pobre, mientras que en Veracruz la pobreza afecta al 52.6% y la pobreza extrema al 14.3%.

“Depende de la severidad en que se presente la temporada completa de lluvias, huracanes y todo tipo de situaciones catastróficas, pero sí es de esperar que algunos municipios bien localizados tengan una situación más difícil”, planteó.

Como parte de este deterioro, el experto advirtió que las recientes inundaciones no sólo se llevaron consigo el patrimonio de miles de familias, sino también el progreso que pudieron haber alcanzado.

Las afectaciones representan un retroceso de hasta dos años en los avances que estas familias pudieron haber conseguido en materia de ingreso, salud y educación.

“Con la presencia de inundaciones se destruyen sistemas de salud, se generan focos de enfermedad, las personas tiene que suspender actividades como ir a la escuela para recuperarse de una inundación y en varias ocasiones tienen que retirar los niños de la escuela para que trabajen para recuperar lo perdido y por supuesto las pérdidas materiales de riqueza que se pueden tener.

“En salud concretamente las pérdidas son por enfermedades que no se presentarían tan frecuentemente sin situaciones catastróficas y sobre todo enfermedades gastrointestinales y broncorespiratorias que van mermando la posibilidad de una vida más larga”, dijo en entrevista.

De la Torre recomendó tomar medidas preventivas para evitar que las personas más pobres sean afectadas, y no sólo realizar acciones cuando las lluvias ya se llevaron consigo su patrimonio y sus posibilidades de desarrollo.

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Qué buscaba originalmente la 'Guerra contra las drogas' que declaró EU en 1971
Nixon describió el abuso de drogas como una 'emergencia nacional' y le pidió al Congreso casi US$400 millones de dólares para abordar el problema. Todos estos años y muertos más tarde, Jeffrey Donfeld le contó a la BBC cuál era el enfoque en un principio.
13 de mayo, 2019
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Richard Nixon

Getty Images
Richard Nixon fue presidente de EE.UU. entre 1969 y 1973.

“La adicción a las drogas es el enemigo público número uno de Estados Unidos”.

La frase fue pronunciada por el entonces presidente estadounidense Richard Nixon, en una conferencia de prensa que tuvo lugar en la Casa Blanca en junio de 1971.

De esa manera comenzó lo que se ha conocido como la “guerra contra las drogas”, que ha llevado al gobierno estadounidense a gastar cerca de US$51.000 millones con el fin de combatir la compraventa de sustancias ilegales, a las que consideran un flagelo.

Y que ha hecho que cerca del 22% de la población carcelaria del país esté tras las rejas por delitos relacionados con la tenencia y el consumo de estupefacientes.

Sin embargo, más allá de los resultados y las estadísticas, esta “guerra” en un principio tuvo un enfoque muy distinto al que presenta actualmente.

“Se pensaba más en encontrar al adicto y ayudarlo que en encontrar al adicto y encerrarlo en una cárcel”, le dijo a la BBC Jeffrey Donfeld, un abogado californiano que fue el encargado de liderar la improbable misión de erradicar el consumo de drogas en el país.

Él fue el primer director de la Oficina Especial de Acción para Combatir la Adicción a las Drogas, tal su título formal.

policías sobre paquetes de cocaína

Getty Images
Actualmente EE.UU. se gasta unos US$51.000 millones en combatir el consumo de droga en su país.

“Era algo que realmente estaba presente en la cultura. Era el tercer tema que más preocupaba a los estadounidenses en aquellos años después de la guerra de Vietnam y la economía”, explicó.

Pero, ¿cómo fue esa primera aproximación de la llamada “guerra contra las drogas”, casi medio siglo atrás?

Emergencia nacional

En su tercer año como presidente, Richard Nixon vio cómo los niveles de adicción a las drogas y la criminalidad aumentaban dramáticamente en el país, por lo que decidió decretar la emergencia nacional y buscar recursos en el Congreso.

En junio de 1971, con un presupuesto cercano a los US$71 millones aprobado por los legisladores, comenzaron los programas para controlar la adicción a las sustancias ilícitas en todo el país.

Uno de ellos contemplaba presionar a otros países como Francia, Tailandia y Turquía para que tomaran acciones en contra de la producción de estupefacientes en sus respectivos territorios.

“Los otros dos fueron quitarle el glamour que estaba asociado a la idea del consumo, que estaba muy extendido en EE.UU. por entonces, y desarrollar un nuevo acercamiento para tratar a los adictos”, relató Donfeld.

Mano con pinchanzos

Getty Images
En 1971 se declaró la emergencia nacional por el tema del consumo de drogas.

Aunque se consumía mucho LSD y marihuana -la cocaína no había hecho su aparición a gran escala todavía-, lo cierto es que la droga que más llamaba la atención era otra: la heroína.

Por esa razón, Donfeld viajó por todo el país visitando centros para el tratamiento de adictos a este potente opioide.

Y aunque se encontró con muchas clínicas donde prevalecía la terapia como enfoque para dejar la adicción, le llamó la atención un lugar en particular: el centro terapéutico Daytop, que tenía sus principales sedes en Nueva York y Washington DC.

Nos dimos cuenta que a los adictos les daban metadona como reemplazo de la heroína“, explicó Donfeld.

“Era algo novedoso en aquellos tiempos. Aunque era una droga, la persona que la consumía, además de estar en terapia, podía ir a trabajar y tener una vida cercana a normal”, explicó el exdirector.

Metadona y racismo

Pero su viaje no solo le reveló este dato, sino que también le mostró que había una fuerte relación entre los crímenes y el consumo de drogas en varias de las principales ciudades de EE.UU.

Consumo de drogas

Getty Images
El consumo de heroína y drogas psicodélicas era lo que preocupaba a las autoridades estadounidenses.

“En aquellos centros de tratamiento había muchas personas que habían estado en la cárcel”, explicó.

“Y dentro de esa evaluación general que hicimos en el país, recibimos unas cifras que señalaban que las personas que recibían la metadona eran mucho menos proclives a reincidir en el crimen que aquellas que solo asistían a procesos de terapia”, recordó el abogado.

Entonces, Donfeld diseñó una campaña para convertir el uso de la metadona en un asunto nacional.

Pero se topó con varios problemas. Uno de ellos: lo acusaron de que su estrategia era racista.

“Varias entidades indicaron que esa idea, que podía ayudar a reducir los índices de criminalidad, era en realidad una estrategia del gobierno de Nixon para subyugar a las comunidades negras de EE.UU.”, relató.

“Era una acusación falsa. Nuestra intención no solo era reducir el consumo y ayudar a combatir el crimen, sino reducir las muertes por heroína”, se defendió el exfuncionario.

Heroína

Getty Images
Actualmente, Estados Unidos vive otra emergencia nacional debido al consumo de opiáceos y drogas relacionadas con la heroína.

Así las cosas, la ayuda para extender su idea y convencer al presidente Nixon le llegó de donde menos lo esperaba: Vietnam.

Regreso a casa

Por entonces, dos congresistas hicieron un viaje de visita a las tropas estadounidenses desplegadas en Vietnam y, al regreso, reportaron que entre el 10% y el 15% de los efectivos en el terreno eran adictos a la heroína.

Donfeld, enviado por Nixon, se reunió con los generales que, según él, no tenían la menor idea de cómo combatir ese flagelo. Entonces les propuso una idea.

“La propuesta era llevar dos máquinas que podían detectar rastros de drogas en la orina. Y allá les avisaron a los soldados que si se hallaban drogas en las muestras, se iban a demorar una semana más en llegar a casa, porque había que desintoxicarlos”, recordó.

Heroína.

Getty Images
Dos congresistas señalaron que entre el 10% y el 15% de los soldados de Vietnam eran adictos a la heroína.

“Nadie quería quedarse una semana más. Así que muchos dejaron de consumir o se sometieron a un tratamiento. Ese fue un enfoque distinto al que existía previamente, que era simplemente enviar ante una corte marcial a quienes fueran sorprendidos consumiendo drogas”.

Lo cierto es que ese enfoque comenzó a aplicarse también en algunas ciudades de Estados Unidos a través de la oficina antidrogas de la que Donfeld era director.

“Al año siguiente los índices de criminalidad se redujeron entre un 20% y un 30% en ciudades como Nueva York y Washington. Creo que era una estrategia válida y efectiva, aunque creo que ha cambiado mucho en los últimos años”, concluyó.

El proyecto fue modificado después de que Nixon -quien había sido el propulsor de la guerra contra las drogas- se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en renunciar a su cargo, tras haber sido reelegido en 1972 y por cuenta del encubrimiento en el sonado caso de Watergate.


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