Indígenas protestan: priorizan la ayuda a turistas
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Indígenas protestan: priorizan la ayuda a turistas

Al cumplirse diez días desde que iniciara el azote de las lluvias sobre las comunidades de La Montaña, la secretaria de Desarrollo Social del gobierno federal, Rosario Robles, se presentó ayer por primera vez en este punto.
Por Paris Martínez
24 de septiembre, 2013
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Aspecto general de los destrozos que existen y los derrumbes constantes que se presentan sobre la carretera federal Tlapa-Marquelia. Foto: Cuartoscuro.

A causa de las lluvias que azotaron Guerrero entre el 13 y el 18 de septiembre, al menos 42 personas perdieron la vida en 55 comunidades indígenas de la región serrana conocida como La Montaña (nueve casos más de los reconocidos por Protección Civil), mientras que los posteriores deslaves y el crecimiento de ríos destruyeron o dañaron gravemente 3 mil 381 viviendas en esta zona, según información preliminar divulgada ayer 23 de septiembre por el Centro de Derechos Humanos Tlachinollan.

Además, se reportó que las lluvias provocaron la pérdida de por lo menos 5 mil 303 parcelas en esta región, predominantemente indígena, en las cuales se cultivaba principalmente maíz, pero también café y frijol, lo que pone en riesgo la alimentación en estas comunidades, en el corto y mediano plazo.

Durante el encuentro que representantes de estas comunidades sostuvieron ayer con Rosario Robles, en el municipio de Tlapa, el antropólogo Abel Barrera, de Tlachinollan, destacó asimismo que hasta el momento sólo han podido documentar las afectaciones en siete de los 19 municipios de La Montaña, en los cuales habitan 32 mil personas, que permanecen en estas localidades sin asistencia alguna.

El integrante de Tlachinollan detalló que los desgajamientos de cerros causados por la tormenta Manuel han destruido 936 casas en los pueblos de La Montaña, mientras que la crecida de los ríos se ha llevado otras 191 viviendas, y 2 mil 254 más presentan daños estructurales; y aún falta por contabilizar la infraestructura pública dañada o destruida, como escuelas, centros de salud, puentes, así como tendido eléctrico o para el abasto de agua potable.

Además, se reportaron serias afectaciones a la carretera Tlapa-Marquelia, única vía de comunicación de los pueblos indígenas de La Montaña, a causa de deslaves, hundimientos y desprendimientos, misma que, por ahora, permanece intransitable.

La culpa es de la prensa

Al cumplirse diez días desde que iniciara el azote de las lluvias sobre las comunidades de La Montaña, la secretaria de Desarrollo Social del gobierno federal, Rosario Robles, se presentó ayer por primera vez en este punto, ante los delegados de los pueblos indígenas de la región –algunos de los cuales caminaron hasta 48 horas para llegar al encuentro–, pero no para organizar con ellos el envío de asistencia, aún de forma tardía, sino para justificar la falta de ayuda humanitaria a los habitantes de esas localidades, la mayoría de las cuales permanece sin recibir ningún tipo de apoyo oficial, hasta la fecha.

A pesar de que la acusación de que la ayuda no ha llegado a estas localidades indígenas le fue formulada directamente por los representantes de dichos pueblos, la exdirigente nacional del PRD, hoy integrante del gabinete del presidente Enrique Peña Nieto, aseguró que esta impresión “ha sido un problema mediático, pero no de trabajo: hemos estado en todas las partes del estado de Guerrero”.

Pese a ello, reconoció que la asistencia no es entregada directamente a las localidades afectadas, sino a los alcaldes de los municipios en que éstas se hallan enclavadas, y a los cuales los pobladores acusan de dar un uso partidista a dicha ayuda, negándosela a aquellos que no los respaldaron en sus campañas, y que en muchos casos se trata de pueblos enteros.

Robles, quien calificó su presencia en Tlapa como un “acontecimiento histórico”, afirmó además que ésta no es la primera vez que visita La Montaña, sino que antes de las lluvias estuvo en la zona, para la instalación de 105 comedores comunitarios.

Y aún cuando nunca le fue solicitado que personalmente recorriera los pueblos de La Montaña, Robles subrayó que no es su responsabilidad asistir a estas localidades, sino “organizar que la ayuda llegue”, lo cual, justamente, es lo que no está ocurriendo, tal como afirmaron los representantes comunitarios.

Hongos, el único alimento disponible

En su turno al habla, la joven Isela Bautista, de Acatepec, informó que varias comunidades han debido abandonar sus hogares, y refugiarse en la punta de cerros, “y ahí están ahorita, sin que les haya llegado apoyo hasta el momento, y nuestros niños están comiendo lo que pueden encontrar, como son hongos… los niños están llorando porque no tienen qué comer”.

Asimismo, informó que en el río Zontecomapa han comenzado a aparecer cadáveres que los pobladores de Acatepec no han podido identificar.

Por su parte, Edith Herrera, otra joven originaria de San Marcos, en Metlatónoc, levantó varias veces los aplausos de los representantes indígenas, al reclamar a Robles el que se haya priorizado dar atención a los turistas de Acapulco, para los cuales fueron puestos a disposición todos los helicópteros empleados en labores de rescate y envío de víveres, mientras que los indígenas de La Montaña, sin alimento ni refugio, fueron ignorados al elaborar los planes de contingencia, al menos durante estos diez días. “Las imágenes de la ayuda que se dio en Acapulco nos indignaron a todos en La Montaña, porque a nosotros nadie nos asistió… es muy sospechoso que nuestras comunidades estuvieran hasta hace poco llenas de militares, supuestamente apoyando la cruzada contra el hambre –que Robles encabeza–, pero cuando se trató de brindarnos verdadero auxilio, resulta que no tienen medios para hacerlo.”

Esta joven, además, encaró al presidente municipal de Metlatónoc, Neftalí Hernández, quien acompañaba a Robles, y lo acusó de mantenerse escondido durante estos diez días, sin acudir siquiera a los pueblos afectados de la región que gobierna, para verificar qué tipo de ayuda es necesaria.

Además, se denunció que los presidentes municipales estaban acaparando la poca ayuda que ha fluido hacia esta zona del estado, por lo que reclamaron a Robles que deje de coordinarse con estas autoridades, que han dado un uso clientelar a la asistencia humanitaria, y que reconozca que los verdaderos representantes de los pueblos indígenas de La Montaña son los delegados nombrados en asamblea.

Estas autoridades reconocidas por usos y costumbres, cabe destacar, conformaron el pasado domingo el Consejo de Comunidades Damnificadas de la Montaña de Guerrero,para el cual “exigimos respeto y reconocimiento” a los tres niveles del gobierno, para que sea éste organismo civil el que encabece la distribución de la asistencia humanitaria que, eventualmente, se envíe a los pueblos indígenas, sin que se corra el riesgo de que intermediarios con “intereses exclusivamente partidistas” acaparen esta ayuda.

Epílogo: el silencio anhelado

Justo antes de que iniciara el encuentro con los representantes de los pueblos indígenas de La Montaña, Rosario Robles demandó que la prensa abandonara el recinto, argumentando que “debemos platicar con calma”, y luego arguyendo que los enviados de los medios –alrededor de 10 personas– “están quitando espacio”, aún cuando un tercio de la sala empleada estaba desocupada, razón por la cual Ramón Sosamontes, colaborador de la secretaria de Desarrollo Social desde sus épocas de funcionaria del gobierno capitalino, comenzó a exigir a los camarógrafos que apagaran sus equipos, y a los reporteros que salieran del lugar.

No obstante, los funcionarios federales debieron desistir de su intento de mantener en privado la discusión con los pueblos indígenas, ya que la presencia de la prensa en el encuentro fue defendida por los mismos representantes de las comunidades afectadas por la tormenta Manuel.

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Por qué las fechas de vencimiento de la comida no tienen mucho de ciencia (y pueden ser culpables del desperdicio)

Un sistema de datación de productos más basado en la investigación podría facilitar que las personas diferencien los alimentos que pueden comer de manera segura de aquellos que podrían ser peligrosos.
23 de julio, 2022
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Un brote de listeria en Florida, Estados Unidos, provocó desde enero hasta ahora al menos una muerte, 22 hospitalizaciones y el retiro de una partida de helados.

Los humanos se enferman con infecciones de listeria, o listeriosis, por comer alimentos contaminados con tierra, carne poco cocida o productos lácteos crudos o sin pasteurizar.

La listeria puede causar convulsiones, coma, aborto espontáneo y defectos de nacimiento. Y es la tercera causa principal de muertes por intoxicación alimentaria en EE.UU.

Evitar los peligros ocultos de los alimentos es la razón por la que las personas suelen comprobar las fechas en los envases de los alimentos.

Impreso con el mes y el año, se presenta a menudo de una vertiginosa variedad de frases: “mejor antes de”, “usar antes de”, “usar preferentemente antes de”, “garantizado fresco hasta”, “congelar antes de” e incluso una etiqueta de “nacida en” utilizada en algunas cervezas.

Moho en la mermelada del desayuno.

Getty Images

La gente piensa en ellas como fechas de vencimiento, o la fecha en la que un alimento debe ir a la basura.

Pero las fechas tienen poco que ver con la caducidad de los alimentos o cuándo se vuelven menos seguros para comer.

Soy microbióloga e investigadora en salud pública y he utilizado la epidemiología molecular para estudiar la propagación de bacterias en los alimentos.

Un sistema de datación de productos más basado en la ciencia podría facilitar que las personas diferencien los alimentos que pueden comer de manera segura de aquellos que podrían ser peligrosos.

Confusión costosa

El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por su sigla en inglés) informa que en 2020 el hogar estadounidense promedio gastó el 12% de sus ingresos en alimentos.

Pero mucha comida simplemente se tira, a pesar de que es perfectamente segura para comer.

El Centro de Investigación Económica del USDA informa que casi el 31% de todos los alimentos disponibles nunca se consumen.

Los precios históricamente altos de los alimentos hacen que el problema del desperdicio parezca aún más alarmante.

Producto lácteo con fecha de vencimiento.

Getty Images

El actual sistema de etiquetado de alimentos puede ser el culpable de gran parte del desperdicio.

La FDA informa que la confusión de los consumidores sobre las etiquetas de fecha de los productos probablemente sea responsable de alrededor del 20% de los alimentos que se desperdician en el hogar, con un costo estimado de US$161.000 millones por año.

Es lógico creer que las etiquetas de fecha están ahí por razones de seguridad, ya que el gobierno hace cumplir las reglas para incluir información sobre nutrición e ingredientes en las etiquetas de los alimentos.

Aprobada en 1938 y continuamente modificada desde entonces, la ley de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos exige que las etiquetas informen a los consumidores sobre la nutrición y los ingredientes de los alimentos envasados, incluida la cantidad de sal, azúcar y grasa que contienen.

Sin embargo, las fechas en esos paquetes de alimentos no están reguladas por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por su sigla en inglés). Más bien, provienen de los productores de alimentos.

Y es posible que no se basen en la ciencia de la seguridad alimentaria.

Un hombre revisa la etiqueta de un producto en el supermercado.

Getty Images

Por ejemplo, un productor de alimentos puede encuestar a los consumidores en un focus group para elegir una fecha de caducidad que sea seis meses después de que se elaboró porque al 60% del grupo ya no le gustó el sabor.

Los fabricantes más pequeños de un alimento similar podrían imitar y poner la misma fecha en su producto.

Más interpretaciones

Un grupo de la industria, el Food Marketing Institute y la Grocery Manufacturers Association, sugieren que sus miembros marquen los alimentos como “mejor usar antes de” para indicar cuánto tiempo es seguro comerlos y “usar antes de” para indicar cuándo los alimentos se vuelven inseguros.

Pero el uso de estas leyendas más matizadas es voluntario. Y aunque la recomendación está motivada por el deseo de reducir el desperdicio de alimentos, aún no está claro si este cambio recomendado ha tenido algún impacto.

Lata de comida con fecha de vencimiento.

Getty Images

Un estudio conjunto de la Harvard Food Law and Policy Clinic y el National Resources Defense Council recomienda la eliminación de las fechas dirigidas a los consumidores, citando posibles confusiones y desperdicios.

En cambio, la investigación sugiere que los fabricantes y distribuidores utilicen fechas de “producción” o “empaque”, junto con fechas de “caducidad” dirigidas a los supermercados y otros minoristas.

Las fechas indicarían a los minoristas la cantidad de tiempo que un producto permanecerá en alta calidad.

La FDA considera que algunos productos son “alimentos potencialmente peligrosos” si tienen características que permiten que los microbios prosperen, como la humedad y una gran cantidad de nutrientes que los alimentan.

Estos comestibles incluyen pollo, leche y tomates en rodajas, todos los cuales se han relacionado con brotes graves de enfermedades transmitidas por los alimentos.

Pero actualmente no hay diferencia entre el etiquetado de fecha que se usa en ellos y el de alimentos más estables.

Fórmula científica

La leche de fórmula es el único producto alimenticio con una fecha de caducidad que está regulada por el gobierno en EE.UU. y determinada científicamente.

Se somete a pruebas de laboratorio de forma rutinaria para detectar contaminación. Pero la fórmula también se somete a pruebas de nutrición para determinar cuánto tardan los nutrientes, en particular las proteínas, en descomponerse.

Para prevenir la desnutrición en los bebés, la fecha de caducidad de la leche de fórmula indica cuándo ya no es nutritiva.

Los nutrientes en los alimentos son relativamente fáciles de medir y la FDA lo hace regularmente.

La agencia emite advertencias a los productores de alimentos cuando los contenidos de nutrientes que figuran en sus etiquetas no coinciden con lo que encuentra el laboratorio de la FDA.

Una mujer mira un producto que saca del refrigerador.

Getty Images

Los estudios microbianos, como en los que trabajamos los investigadores de seguridad alimentaria, también son un enfoque científico para el etiquetado significativo de la fecha en los alimentos.

En nuestro laboratorio, un estudio microbiano podría implicar dejar un alimento perecedero para que se eche a perder y medir la cantidad de bacterias que crecen en él con el tiempo.

Los científicos también realizan otro tipo de estudio microbiano observando cuánto tardan los microbios como la listeria en crecer hasta niveles peligrosos después de agregar intencionalmente los microbios a los alimentos para observar lo que hacen.

Se observan detalles tales como el crecimiento de la cantidad de bacterias con el tiempo y cuándo hay suficientes como para causar una enfermedad.

Consumidores por su cuenta

Determinar la vida útil de los alimentos con datos científicos sobre su nutrición y seguridad podría reducir drásticamente el desperdicio y ahorrar dinero a medida que los alimentos se vuelven más caros.

Pero en ausencia de un sistema uniforme de fechado de alimentos, los consumidores pueden confiar en sus ojos y narices, decidiendo descartar el pan peludo, el queso verde o la bolsa de ensalada con mal olor.

Las personas también podrían prestar mucha atención a las fechas de los alimentos más perecederos, como los fiambres, en los que los microbios crecen fácilmente.

*Jill Roberts es profesora asociada de salud global en la University of South Florida.

*Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y está reproducido bajo la licencia de Creative Commons. Haga clic aquí para leer el artículo original.


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