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México produce “escuelas pobres para pobres”; 59% tiene deficiencias
En el estudio “(Mal) Gasto. Estado de la Educación en México 2013”, elaborado por Mexicanos Primero y México Evalúa, se señala que 59% de las escuelas en México son una simulación.
Por Rafael Cabrera
24 de septiembre, 2013
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Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

El gasto federal por alumno no es equitativo en todas las entidades del país y los gobiernos estatales menos favorecidos poco hacen para subsanar el rezago. Por ejemplo, mientras en Campeche se destinan 32 mil pesos al año por estudiante, en Chiapas se gastan menos de 15 mil.

A decir de Mexicanos Primero y México Evalúa, la inequidad no se limita al dinero, sino que está vinculada al desarrollo y los índices educativos. Según estas organizaciones civiles, México sigue produciendo “escuelas pobres para pobres”.

El estudio “(Mal) Gasto. Estado de la Educación en México 2013”, elaborado por las dos organizaciones civiles mencionadas, el cual se presentó hoy, plantea que “la distribución de recursos educativos federales no sigue una lógica de equidad que diría que los estados más marginados, los que tienen un nivel más bajo de desarrollo educativo, por ejemplo, deben recibir más por alumno para contrarrestar este rezago”.

Chiapas recibe 11 mil 070 pesos anuales por alumno, una cifra catalogada como de “bajo nivel” por las organizaciones sociales. Además, el gobierno estatal aporta poco para revertir el rezago, sólo da 3 mil 641 pesos.

Oaxaca es un caso similar. Por alumno, el gobierno federal da 15 mil 055 pesos por año y el estado apenas aporta 537 pesos, lo que representa uno de los gastos más bajos en México.

“Hubo una clara tendencia en la que los estados con un nivel más bajo de desarrollo gastaron menos en la educación”, señala el informe con base en datos de 2011.

Para documentar los extremos en la inversión educativa, la investigadora Jennifer O’Donoghue comparó los casos de Nuevo León y Chiapas, estados que recibieron un promedio de 11 mil pesos federales por alumno.

Nuevo León contribuyó con otros 10 mil pesos por estudiante, dando como resultado una inversión que se acercó al promedio, arriba de 21 mil pesos por alumno. En cambio, Chiapas sólo agregó 3 mil 641 pesos por alumno. Si estas tendencias siguen así, esto significaría gastar 84 mil pesos menos en cada alumno de Chiapas en una trayectoria de 12 años de educación”.

O’Donoghue no da rodeos: “La distribución de recursos económicos a la educación sigue produciendo escuelas pobres para pobres”.

Al presentar el informe, Mexicanos Primero denunció que el país es el de las “no escuelas”, pues el 59% de éstas son una simulación, sobre lo cual realizó el siguiente video:

Mexicanos Primero y México Evalúa plantean que, además de la inequidad, está la forma poco transparente y desordenada de ejecutar el gasto, por lo que México ha sido catalogado como uno de los países menos eficientes, tanto entre naciones emergentes como desarrolladas, en su gasto en educación.

“Los factores culpables: una distribución no equitativa de recursos federales, un proceso de selección de maestros opacos, la falta de un vínculo entre la evaluación, el desarrollo profesional y el mejoramiento de la práctica pedagógica y la autonomía restringida de las escuelas”, revela el informe de las organizaciones.

A ello, según el análisis, se suma la corrupción del sistema político mexicano que afecta directamente a la educación que reciben los estudiantes.

“El malgasto perjudica el aprendizaje dado que el desvío del financiamiento impide el desarrollo material de las escuelas –y, por ende, la habilidad de enseñar- y baja la expectativa y asistencia tanto de maestros, como de alumnos”.

Ve aquí el estudio íntegro:

Malgasto_Libro Completo_Baja.pdf by http://www.animalpolitico.com

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente
Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

cuadro

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

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Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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