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Cortes de Drogas: NL imita a EU en combatir adicciones

El gobierno federal busca que funcionen en todo el país para la prevención del delito, pero organizaciones civiles denuncian que el modelo castiga con cárcel la adicción y no atiende las causas sociales que llevaron a delinquir o al consumo de drogas.
Por Tania L. Montalvo / Primera de dos partes
8 de octubre, 2013
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José Ángel no deja de mirar el suelo y de cerrar los puños con fuerza mientras contiene las lágrimas. El juez Pedro Cisneros ordena que cumpla 36 horas de arresto por consumir inhalantes pues, tras romper una racha de 286 días sin consumo, puso en riesgo su permanencia en el programa del Tribunal de Tratamiento de Adicciones.

Como José Ángel, actualmente hay 35 personas en el Tribunal de Tratamiento de Adicciones, que inició actividades en septiembre de 2009 en el municipio neoleonés de Guadalupe, contiguo a Monterrey. Las llamadas Cortes de Drogas ofrecen a quienes delinquen por primera vez, bajo el influjo de alguna droga, la opción de suspender su proceso judicial para iniciar rehabilitación y seguir en libertad un proceso de “reinserción social”.

En el estado hay seis pacientes más en un tribunal de San Nicolás y está por iniciar el programa en Monterrey, la capital del estado.

José Angel, de 29 años está en la última fase de las cinco que integran el programa que aplica el Poder Judicial de Nuevo León, pionero en México. Su arresto es una forma de sanción por recaer en el consumo y una advertencia de que en caso de no cumplir con la rehabilitación, se retomara el proceso judicial en su contra que le implicará una pena máxima de ocho años en prisión.

Con cuatro años en marcha en Nuevo León, el gobierno federal ha puesto la mira en los Tribunales para el Tratamiento de Adicciones para completar el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia.

El modelo, admite el juez Demetrio Cadena, el primero que encabezó las audiencias del Tribunal, “copia exactamente lo que realiza Estados Unidos para no llenar las cárceles de delincuentes que agravian a la sociedad por su adicción”.

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Con cuatro años en marcha en Nuevo León, el gobierno federal ha puesto la mira en los Tribunales para el Tratamiento de Adicciones para completar el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, uno de los pilares de la estrategia de seguridad del presidente Enrique Peña Nieto.

Según el subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa Cifrián, el Tribunal de Tratamiento de Adicciones de “ninguna manera” criminaliza la adicción, sino que da alternativas para evitar la reincidencia delictiva.

“Lo que se castiga es una conducta que está tipificada en el código penal, una conducta antijurídica, punible pero que a merced de este programa puede garantizarle a la gente que se mantenga en libertad siempre y cuando se cumpla con los compromisos que implica el mismo tratamiento. No se sanciona la adicción (…) contar con un esquema que lo rehabilite, que pueda sacarlo de esta adicción es la mejor manera de prevenir lo que sucede cuando la gente cae a la cárcel, que es la reincidencia”, dijo Campa en entrevista con Animal Político.

Las cifras del Instituto Nacional de Justicia de Estados Unidos (NIJ, por sus siglas en inglés) indican que en ese país las Cortes de Drogas han reducido la reincidencia delictiva pues en un periodo de seguimiento de dos años, la tasa de reincidencia se redujo 40%. Sin embargo, la Alianza por una Política sobre Drogas (Drug Policy Alliance, en inglés) considera que las Cortes han hecho que el sistema de justicia penal sea más punitivo.

“Los tribunales de drogas buscar ser un modelo para tratar la adicción como enfermedad pero siguen penalizando la recaída con el encarcelamiento y finalmente expulsan a quienes no son capaces de rehabilitarse o rechazan el tratamiento según el criterio de un juez”, concluye el estudio Drug Courts Are Not The Answer. Toward A Health-Centered Approach to Drug Use, (Las cortes de drogas no son la respuesta  de la propia Alianza.

En cuatro años del Tribunal de Tratamiento de Adicciones han egresado 46 personas y se ha se han expulsado a 56. La proporción es prácticamente de uno a uno. Tres cuartas partes de los expulsados del programa han quedado fuera por no cumplir con la rehabilitación, y 12% de ellos tras una recaída.

Cárcel, la consecuencia del incumplimiento

José Ángel es adicto a los inhalantes y se le procesa por el delito de lesiones tras una trifulca en la que hirió a una persona.

Previo a la audiencia pública en la que recibió la noticia sobre las 36 horas de arresto, su terapeuta explicó al juez, en una reunión privada, que expulsar al joven no era opción para mostrarle que la consecuencia de no rehabilitarse puede ser la cárcel.

“José Ángel cometió el error de regresar al lugar que solía frecuentar en donde se encontró con sus amigos consumiendo. Es necesario una medida de rehabilitación y que él esté consciente de las consecuencias de volver a la vida que tenía”, explica uno de los psicólogos al juez en una reunión de preparación de audiencia, en la que se discuten las condiciones de cada uno de los participantes del Tribunal y se da cuenta de su comportamiento y evolución.

El abogado de oficio que participa en la junta coincide y la agente del Ministerio Público, Etna Zavelieva Mata García, dice que es necesario que José Ángel entienda que está en medio de un proceso legal y si no cumple con la rehabilitación, la consecuencia puede ser la cárcel. Sugiere también que el caso sirva de ejemplo para los otros pacientes, que verán la importancia de “cumplir con sus obligaciones”.

Ser parte del programa

En la reunión también participa Rolando Almanza Moreno, comandante de la Secretaría de Seguridad encargado de los casos del Tribunal de Tratamiento de Adicciones. Él será quien lleve a José Ángel a la celda tras la decisión del juez.

Almanza es responsable de las evaluaciones de seguridad para determinar si una persona puede o no ingresar al Tribunal de Tratamiento y con ello, suspender su proceso judicial y llevarlo en libertad.  Dice que José Ángel iba bien, pero que esta recaída no puede pasar desapercibida.

El comandante es la pieza clave antes y durante el tratamiento para determinar si uno de los participantes tiene o no vínculo con la delincuencia organizada, que a decir del juez Demetrio Cadena, es “la única condición” que no está en la ley pero que se considera “determinante” para no ingresar al programa o ser expulsado de inmediato.

El comandante investiga a todos los participantes y realiza visitas sorpresa a los domicilios de los pacientes para confirmar que se mantengan alejados de cualquier actividad delictiva.

Otros criterios de elegibilidad para ser parte del Tribunal explica el juez Sexto de Control y de Preparación Penal, Pedro Cisneros, es que no haya antecedentes penales, no se hayan empleado armas de fuego al cometer el delito, que se trate de delitos no graves, que un evaluador en adicciones confirme el vínculo entre su adicción con la comisión del delito y que sea posible receptor a una pena máxima de ocho años.

Ese filtro ha llevado a que nueve de cada 10 participantes sean procesados por el delito de violencia familiar y lesiones y esa misma proporción son adictos al alcohol; el resto a inhalantes o marihuana.

Actualmente, en Nuevo León se atiende sólo a hombres en las Cortes de Drogas, pues no se ha dado el caso de mujeres que hayan delinquido por primera vez que cumplan con las condiciones de elegibilidad.

La organización Renace ABP, asociación de beneficencia privada que se dedica a la defensa jurídica de personas de bajos recursos económicos, está a favor de los modelos que propicien que “los pequeños delincuentes” puedan llevar su proceso en libertad sin “mezclarse” con otros criminales más experimentados, pero crítica el modelo de Cortes de Drogas, pues dice, es paternalista y aleja al juez de su responsabilidad de impartidor de justicia para colocarlo en una audiencia “a regañar a los procesados”.

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Escándalo en la iglesia La Luz del Mundo: el testimonio de una joven que perteneció al culto

Naasón Joaquín García, el llamado "Apóstol" y líder de la iglesia La Luz del Mundo, fue arrestado el pasado 3 de junio acusado de 26 delitos graves de pornografía infantil, abuso sexual contra menores, tráfico y trata de personas. BBC Mundo conversó con una joven que abandonó la iglesia hace dos años.
Getty Images
13 de junio, 2019
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La sede principal de la poderosa iglesia La Luz del Mundo está en México, pero Los Ángeles es el epicentro del escándalo que la rodea.

Horas después del arresto de su líder religioso, Naasón Joaquín García, en el aeropuerto de la ciudad estadounidense el pasado 3 de junio, cientos de miles de feligreses fueron convocados a los templos para mantener un rezo continuo de día y noche.

“La gente no conoce lo que es un hombre de Dios”, pronunciaba el “hermano” que oficiaba la misa el miércoles en la imponente iglesia del este de Los Ángeles, el barrio latino de la ciudad. A sus palabras le seguían sollozos y llantos agonizantes de decenas de mujeres que vestían faldas largas y se cubrían el pelo con velos.

García, quien se hace llamar “El Apóstol” y cuya iglesia afirma tener unos 7 millones de seguidores en el mundo, fue arrestado junto a dos mujeres asociadas con la organización religiosa.

La fiscalía del estado de California acusó a García de 26 delitos graves, que incluyen pornografía infantil, abuso sexual contra menores, tráfico y trata de personas.

Naasón Joaquín García

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Naasón Joaquín García, conocido en su iglesia como “El Apóstol”, es acusado de violación y extorsión, entre otros delitos.

El escándalo ha provocado que la iglesia y muchos de sus seguidores defiendan la inocencia de García, pero también ha desembocado en quejas y denuncias en foros de internet de personas que abandonaron el que califican como “culto” religioso.

BBC Mundo conversó con una joven estadounidense de 23 años que decidió abandonar la iglesia hace dos años tras haber sufrido trauma psicológico, según afirma.

El testimonio que Teresa (nombre ficticio) comparte a continuación se mantiene anónimo por temor a sufrir represalias por parte de su familia.


Mi familia ha tenido esta religión desde los tiempos de mis abuelos, así que está muy metida en mis raíces.

Mis padres son de origen mexicano pero se conocieron en Estados Unidos y se casaron dentro de la iglesia.

Me enseñaron a asistir a al menos una de las misas que organizan a diario, aunque mientras fuese a más mejor porque, según la religión, el sirviente de Dios todavía está con vida y debemos agradecer por eso. Sentía que debía rezar por él porque me salvaba cada mañana.

Desde los 5 años era obligatorio para las niñas usar vestidos o faldas holgadas que no delinearan el cuerpo y llegaran hasta los tobillos, pues la religión dice que el cuerpo es un templo y debe honrarse y respetarse.

Crecí teniendo como referencia a Samuel, el padre de Naasón y quien era el anterior apóstol. Me sentía muy conectada con él. Recuerdo que sentía ganas de llorar porque estaba muy feliz de tenerlo en mi vida. Sabía lo importante que era, porque mis padres me habían enseñado que él era más importante que ellos.

Cuando era niña, sentía la urgencia de ayudar en la casa del pastor, aunque al final no lo hice por no tener edad suficiente. La iglesia quería que las mujeres más entregadas y puras sirvieran la mesa cuando había cenas especiales en su residencia.

Naasón Joaquín García

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García, de 50 años, se convirtió en el líder de la iglesia La Luz del Mundo después de que falleciera su padre, Samuel, en 2014.

Si alguna vez escuchaba algo negativo sobre la iglesia, tenía que interrumpir a la persona o irme. Creía que el diablo estaba utilizando a las personas y sentía que estaban perdidas en el mundo.

Mientras crecía, sentía que estaba en un mundo diferente al resto de la gente. Nos decían que éramos luz y que no debíamos mezclarnos con la oscuridad, manifestada en cualquier persona que no fuese parte de la iglesia.

Mis padres no me permitían asistir a ninguna actividad de la escuela ni me dejaban ir a fiestas de cumpleaños de compañeros de clase o a fiestas de pijamas.

Una seguidora de la iglesia La Luz del Mundo llora durante una misa.

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Los feligreses suelen lloran angustiosamente durante las ceremonias religiosas de la iglesia.

La iglesia dice que nada es obligado, pero sentía mucha culpa al querer usar maquillaje, bailar o escuchar música. Nos enseñaron que la carne no debía jubilarse y que debíamos luchar contra las urgencias de nuestro cuerpo.

A los 14 años me presenté oficialmente ante la iglesia con una ceremonia de bautizo y otra de “avivamiento” para recibir al Espíritu Santo, porque solo así iría al cielo. Si me oponía a hacerlo, mis padres se sentirían culpables porque mi decisión significaría que no me habían criado bien.

“Culpa y vergüenza”

Mientras veía a otros llorando movidos por la ceremonia, no sentí emoción durante mi bautizo. Y ahí fue cuando la culpa y la vergüenza empezaron a invadirme.

Tres años después, me aterrorizó la muerte del “apóstol” Samuel porque nunca se nos dijo en la iglesia qué iba a pasar cuando falleciera.

Mi familia y yo fuimos a México para participar en sus honras fúnebres. Recuerdo estar rezando sin parar en el avión, pensando que si Dios me quitaba la vida iba a ser bueno porque me había bautizado y había sido una buena cristiana.

Estando en México y días después de la muerte de Samuel, la iglesia reveló que Naasón sería el próximo líder.

Un grupo de fieles de la iglesia La Luz del Mundo caminan en Guadalajara

Getty Images
La Luz del Mundo tiene su sede principal en Guadalajara, México.

Al escuchar su nombre, no sentí felicidad ni alivio. Veía cómo otros lo honraban y se regocijaban llorando, mientras que yo fingía el llanto.

Era imposible cuestionar las cosas de la iglesia, así que fui muy cautelosa cuando les hacía preguntas a mis padres, porque no quería que pensaran que vivían con el enemigo.

Les pregunté qué pasaba si no sentía nada por Naasón y me decían que rezara más fuerte y que le pidiera a Dios con un corazón sincero que me hiciera sentir amor por el líder.

Mientras tanto, sentía que el diablo me usaba porque quería relacionarme más con personas fuera de la iglesia.

“Las solas”

Una de las cosas que me daba más vergüenza era sentir deseos sexuales o atracción hacia alguien.

Tenía una presión enorme de ser virgen porque, si no lo eres, no puedes usar un vestido blanco en tu casamiento y te expones a la vergüenza de que todos se enteren.

En las reglas de la iglesia, si te gusta alguien de la misma religión, debes hablar primero con el pastor para luego iniciar tres meses de citas y después casarte. Algunos lo hacen a los 14 años, si tienen el permiso de sus padres.

Pero si alguna de las dos partes no quiere casarse, entonces esa persona deberá quedarse soltera por el resto de su vida y será incluida en el grupo de “las solas” o “los solos”. El que sí quería hacerlo también es castigado y puesto a prueba temporalmente.

Una niña en una misa de La Luz del Mundo.

EPA
Según un portavoz la La Luz del Mundo, la iglesia cuenta con unos siete millones de feligreses.

Sabía que quería tener sexo, pero no quería hacerlo con alguien de la iglesia para no tener que casarme, así que terminé relacionándome con alguien de afuera.

Mis padres se enteraron porque decían que me veía diferente. Sentía tanta culpa que les conté y me pidieron que hablara con el pastor de mi iglesia local.

Me incomodó contarle mi vida sexual, pero al final lo hice y le dije que me sentía avergonzada.

Me dijo que me pondrían por cuatro meses en el grupo de “las solas”, me sacarían del coro y que debía ir a la iglesia cada día a pedir perdón, pues mi alma estaba en peligro.

La primera semana que fui a la iglesia cada mañana me sentí exhausta. Me preguntaba por qué me sentía tan culpable por algo que era natural.

Me sentí humillada cuando perdí la virginidad porque decepcioné a mis padres y recibí un castigo.

“Me quiero salir”

Estando castigada, pensé que ya no quería más estar en la iglesia y ahí fue cuando comencé a hacer cosas a espaldas de mis padres y a hablar con personas de otras religiones.

Conocí a una amiga católica a la que le compartí mis sentimientos de culpa y vergüenza y ella respondió diciéndome que sentía lo mismo.

La iglesia fue construida en 1985

BBC
La iglesia tiene una presencia importante en California, con al menos 40 sedes.

Hablamos sobre no estar de acuerdo con ciertas cosas y que eso no nos hacía locas.

Pero las enseñanzas de mi religión me asaltaban y me sentía muy mal por estar teniendo estas conversaciones, hasta el punto de que sufría ataques de pánico.

Empecé a tener miedo de quedarme dormida porque pensaba que, si moría durante el sueño, me iría al infierno.

La primera vez que entré en pánico pensé que moriría y mis padres me llevaron a la sala de urgencias, pero afortunadamente mi corazón estaba sano. Los médicos dijeron que quizá la cafeína me estaba afectando, pero yo sentía que era la iglesia.

“Es un culto”

Les confesé a mis padres hace unos dos años que ya no quería asistir más a la iglesia. Se les rompió el corazón y comenzaron a llorar.

Estaba molesta con ellos al principio porque sentía que condicionaron mi forma de pensar y la manera en que veía el mundo.

Pero luego entendí que ellos me han dado todo y que esta religión los ancla a algún tipo de esperanza de regocijo en el cielo.

Nuestra relación no es la mejor y es complicado porque aún vivo con ellos. Pero soy una de las afortunadas que siente que la conexión con su familia no está perdida por completo.

Pienso que es un culto y muchos se han quedado solos al decidir abandonarlo.

Cuando supe de la noticia del arresto de Naasón, me sorprendió que las personas se acercaran a las autoridades para denunciar a alguien con tanto poder y admirado por millones de personas.

Fieles de la iglesia llorando

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El escándalo ha provocado que la iglesia y muchos de sus seguidores defiendan la inocencia de García.

Me alegra porque están siendo valientes. Pero me preocupa que se ataque a gente común de la iglesia, especialmente a niños. Hay que dejarlos fuera de esto.

Yo todavía sufro de trauma psicológico y he buscado ayuda profesional para manejarlo.

Sabía que era arriesgado abandonar la iglesia, pero las cosas han mejorado para mí.


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