El entrenador del "peor equipo de fútbol del mundo"
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El entrenador del "peor equipo de fútbol del mundo"

El inglés Matthew Green, de 41 años, está ocupado tratando de librar a las Islas Turcas y Caicos del título de "peor equipo de fútbol del mundo
21 de octubre, 2013
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Matthew_green-BBCDespertar cada mañana en una isla con lagos de agua cristalina, rodeado de un mar turquesa y con temperaturas tropicales suena como el paraíso.

Pero en vez de relajarse en una hamaca todo el día en su hogar adoptivo de las Islas Turcas y Caicos, el inglés Matthew Green, de 41 años, está ocupado tratando de librar al país del título de “peor equipo de fútbol del mundo”.

Es una distinción que comparten con Bután y San Marino al ocupar el puesto 207 en el ranking mundial de la FIFA.

La tarea no es fácil, ya que el equipo de Green ganó por última vez en 2008 (contra Santa Lucía) y en realidad no ha jugado un partido durante dos años debido a la escasez de jugadores. En la plantilla hay policías, abogados, profesores y trabajadores de la construcción.

Agregue el hecho de que su única experiencia previa como entrenador fue con el equipo de un pub de Hull, en el norte de Inglaterra, y uno tiene una idea de qué tan complicado es el trabajo.

“Todo el mundo piensa que estoy sentado en la playa tomando piñas coladas”, dice Green. “Me gustaría, pero hay mucho que hacer”.

“Una vez llevé a un equipo de un pub en Hull, llamado Spiders (Arañas), a un título de una liga dominical. Pero eso fue un poco diferente a dirigir un equipo internacional”.

“Cada vez que vuelvo a Hull, mi hermano y sus amigos se burlan del hecho de que estamos clasificados tan abajo. Sé que sólo están bromeando, pero hay orgullo. Quieres ver a tu país mejorar en el ranking”.

“Si podemos conseguir algunos recursos adicionales, definitivamente estamos en condiciones de hacerlo”, agrega.

Las Islas Turcas y Caicos constituyen un territorio británico formado por 40 islas del Caribe, ocho de ellas habitadas, con una superficie de 166 kilómetros cuadrados. La población total es de aproximadamente 30.000 personas, un tercio de los cuales son menores de 15 años.

Como director técnico de la asociación de fútbol del país, Green es responsable de supervisar todos los aspectos del desarrollo de este deporte, desde trabajar con las selecciones masculina y femenina, los juveniles, entrenadores y árbitros.

La liga de la isla cuenta con seis equipos de aficionados, pero la mayoría de los jugadores son extranjeros lo que significa que Green tiene que elegir de un grupo de menos de 25 jugadores.

Hay algunos jóvenes talentosos, pero tienden a estar con becas en Estados Unidos y Reino Unido, por lo que es difícil que retornen para los partidos o entrenamientos.

Uno de los pocos profesionales disponibles es Gavin Glinton, de 34 años, quien juega en la segunda división del club vietnamita Mikado Nam Dinhis. Es el máximo goleador del país, con cuatro goles en ocho partidos internacionales.

Como en casa

La asociación de fútbol de la isla fue creada en 1996 y dos años después se afilió a la FIFA. Por ese entonces no había canchas ni ligas. Y tuvieron que esperar hasta 2006 para su primera victoria: contra las Islas Caimán en la Copa del Caribe.

Pero, ¿cómo un exmaestro de Hull se convirtió en su entrenador?

Green fue dejado en libertad por el equipo Hull City a los 15 años por ser demasiado pequeño y pasó a prepararse para ser maestro. Llegó a las Bahamas en 1998 en busca de un trabajo en una escuela.

La búsqueda fue fructífera y convirtió a Temple Christian High School en una de las grandes potencias del fútbol de Bahamas.

También jugaba para el equipo local Grasshoppers FC, y fue su máximo goleador en 2000 y 2001.

En 2007, vio un anuncio para el puesto de director técnico de la selección de las Islas Turcas y Caicos y decidió intentarlo.

Consiguió el trabajo y descubrió una isla de hermosas playas y temperaturas promedio en verano de 29ºC. No es de extrañar que celebridades como el actor Bruce Willis y el futbolista inglés Rio Ferdinand hayan adquirido propiedades allí en los últimos años.

Green vive en su propia casa de dos dormitorios rodeada de vegetación natural con vistas a lagos y colinas. El balcón ofrece unas maravillosas vistas.

Después de 15 años en el Caribe se siente como en casa, pero los rastros de su origen se revelen de tanto en tanto.

“Mi acento varía dependiendo de a quién le estoy hablando”, dice. “Tengo una ‘voz para entrenar’ (…) me asegura que todos nuestros jugadores puedan comprenderme”.

La selección no ha jugado desde una derrota de 10 a 0 (en el marcador global) en 2011 en las eliminatorias para el Mundial de Brasil 2014.

Green está decidido a disputar un par de partidos amistosos en los próximos meses, de cara a su campaña para las eliminatorias de la Concacaf para el Mundial de Rusia 2018. Y está seguro de que hay razones para el optimismo.

“En pocos años hemos logrado armar un programa juvenil bastante fuerte y nuestro programa de base es muy grande”, dice. “Ahora tenemos más de 20 ligas y competiciones en todas las edades y sexos. Unos años atrás teníamos tres”, dice.

“No ha sido fácil, pero se ha convertido en el deporte más popular en el país en la categoría juvenil. El atletismo, softball y baloncesto son todavía muy populares, pero, en términos de números, el fútbol está muy por delante ahora”.

“Un nuevo estadio con capacidad para 5.000 espectadores se construyó en los últimos años gracias a la financiación de la FIFA, mientras que ahora tenemos más de 500 jóvenes matriculados en nuestros programas juveniles en comparación con menos de 100 cuando empecé”, agrega.

Tal vez incluso pueda llegar a sacar a su selección del fondo de la clasificación mundial, lo que sería un motivo para celebrar.

 

 

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Ruth Bader Ginsburg: por qué la muerte de la jueza de la Corte Suprema de EE.UU. supone un terremoto en una nación ya fracturada

Si el presidente Trump nomina un reemplazante de la magistrada podría alterar por años el equilibrio ideológico del mayor tribunal de justicia del país y aumentar la tensión política a pocas semanas de las elecciones.
19 de septiembre, 2020
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La muerte de un juez de la Corte Suprema de Justicia siempre es algo trascendente en Estados Unidos. Pero la de Ruth Bader Ginsburg supone un terremoto de consecuencias imprevisibles para este país.

Ginsburg, que murió el viernes a los 87 años debido a un cáncer de páncreas, era un ícono feminista y progresista del máximo tribunal judicial de EE.UU. para asuntos como la igualdad de género o la inmigración, el aborto o el matrimonio igualitario.

Su muerte abre ahora la posibilidad de que el presidente Donald Trump nomine a su sucesor en una corte de nueve miembros donde ya ha colocado a dos, y altere así por años el equilibrio ideológico del Supremo a favor de los conservadores.

Como esto ocurre además en un país políticamente polarizado y a pocas semanas de una elección presidencial cargada de tensión, el debate por el reemplazo de Ginsburg amenaza con aumentar la fractura entre republicanos y demócratas.

“Normalmente las nominaciones a la Corte Suprema son un deporte de sangre. Entonces esto va a ser verdaderamente apocalíptico. Hay mucho en juego en esta nominación”, dice Jonathan Turley, un destacado profesor de derecho constitucional en la Universidad George Washington, a BBC Mundo.

Una silla clave

El hecho de que los magistrados de la Corte Suprema ocupen su cargo de manera vitalicia significa que cualquier cambio en la integración tiene efectos duraderos.

Nominada por el presidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg formaba parte de un bloque de cuatro jueces progresistas de la corte que solía necesitar de un quinto voto “péndulo” para lograr mayoría.

Ruth Bader Ginsburg

Reuters
Ginsbrurg era parte de un bloque de cuatro jueces progresistas.

En votaciones recientes ese quinto voto lo aportó el juez John Roberts para decisiones sobre inmigración, derechos de homosexuales y otros temas importantes de la “guerra cultural” en este país.

Los presidentes de EE.UU. tienen la potestad de elegir los miembros de la corte, que deben ser ratificados por el Senado, y Trump suele señalar como un logro el haberlo hecho dos veces en menos de cuatro años de mandato.

Si lograse colocar a un tercer magistrado netamente conservador, la Corte pasaría a tener seis jueces instalados por republicanos, mientras el bloque liberal quedaría en una minoría de tres.

Eso puede conducir con el paso del tiempo a alteraciones significativas en diversas ramas del derecho.

“Esta es posiblemente la nominación más importante en la historia de la corte moderna. Hay una serie de doctrinas que actualmente penden de mayorías de cinco a cuatro”, advierte Turley.

Por ejemplo, señala que con un nuevo juez conservador en la corte quizás se abriría el camino para a revertir parcial o totalmente Roe versus Wade, el emblemático caso por el que el tribunal despenalizó el aborto en 1973.

Trump y Kavanaugh

Reuters
Dos de los actuales jueces del Supremo fueron nominados por Donald Trump.

Probablemente consciente de todo esto, Ginsburg indicó en su testamento que su “deseo más ferviente” era que evitaran reemplazarla hasta que asumiera un nuevo presidente, según informó la radio pública estadounidense NPR.

La pregunta ahora es si Trump podrá provocar tal desequilibrio en un Supremo que recientemente ha fallado más de una vez en contra de los intereses del mandatario.

“Aumentará el nivel de furia”

La muerte de Ginsburg le ofrece a Trump la oportunidad de acicatear al electorado conservador y religioso a menos de 50 días de las elecciones, cuando las encuestas lo muestran atrás del candidato demócrata Joe Biden.

De hecho, desde hace semanas Trump señalaba la eventualidad de nominar a un tercer juez del Supremo como una razón para que lo reelijan, por lo que quedan pocas dudas de que intentará hacerlo en los meses que le quedan como presidente.

Mensaje para Ruth Baden Ginsburg

Reuters
Ginsburg pidió en su testamento que no se nombrara un sucesor antes de las elecciones.

Además, el debate que se abre con esto desviará algo la atención de la respuesta de Trump a la pandemia de coronavirus, cuando EE.UU. está a punto de llegar a 200.000 muertos por el covid-19, una cifra que ningún otro país ha registrado.

El Senado está controlado por el Partido Republicano de Trump y su líder allí, Mitch McConnell, anticipó en la misma noche del viernes que en la cámara habrá una votación sobre el juez que nomine el presidente.

Sin embargo, evitó decir cuándo ocurriría esto: si antes o después de las elecciones del 3 de noviembre.

Los republicanos tienen 53 senadores (contra 47 demócratas), pero al menos dos miembros de esa mayoría se manifestaron días atrás reticentes a votar un nuevo juez de la corte tan cerca de las elecciones.

Esto sugiere que el reemplazo de Ginsburg puede volverse una nueva prueba de fuego de la lealtad republicana hacia Trump cuando algunos senadores tienen dificultades para ser reelectos ellos mismos.

Joe Biden

Reuters
Biden también ha dicho que el remplazo de Ginsbrurg debe esperar a las elecciones.

Por otro lado, a la controversia se añade el antecedente de que McConnell bloqueó en 2016 la votación en el Senado de un juez nominado para la corte por el entonces presidente Barack Obama, argumentando que era un año electoral.

Su explicación ahora es que el voto puede proceder porque, a diferencia de cuatro años atrás, el presidente y la mayoría del Senado pertenecen al mismo partido.

Los demócratas se apresuraron a exigir que se espere hasta después de la elección.

“Los votantes deben elegir al presidente y el presidente debe elegir al juez para que lo considere el Senado”, declaró Biden el mismo viernes.

Esto también podría movilizar a favor de Biden a electores de izquierda que aún están inseguros de votar por él.

“No podía imaginar que fuera posible hacer esta elección más divisiva, pero ocurrió: esto agrega un elemento transformador a la elección”, reflexiona Turley. “Esto aumentará el nivel de furia en el país”.


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