El pueblo indígena que creó su red de telefonía móvil
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El pueblo indígena que creó su red de telefonía móvil

Ante la negativa de las compañías de telefonía celular de llevar servicio a Talea de Castro una comunidad en Oaxaca con 2,500 habitantes, sus pobladores decidieron crear su propia red telefónica.
15 de octubre, 2013
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A Talea de Castro es difícil llegar, pero no imposible. A un bus interurbano le toma unas cinco horas desde la ciudad de Oaxaca, serpenteando por una carretera pavimentada que, hacia la mitad de su recorrido por la Sierra de Juárez, se estrecha y empieza a sembrarse de huecos.

Unos diez minutos antes de llegar, desde un monumento a la virgen de Guadalupe, se ve a Talea aparecer y desaparecer entre la neblina.

Desde allí parece un poblado mexicano indígena como cualquier otro. Pero no lo es.

Hace seis meses, y en vista de que las compañías de telefonía celular consideraron demasiado costoso llevar el servicio a sus 2.500 habitantes, los taleanos, ayudados por dos “gringos”, crearon su propia red telefónica.

Los costos
En realidad, los gringos no son dos, sino uno: Peter Bloom, un estadounidense que habla español como mexicano pues lo aprendió trabajando con inmigrantes en su país.

El otro, Xabi, es un joven italiano -de Génova- que lleva un año paseando por el sur de México su barba rala y sus brazos tatuados.
Acaban de llegar a Talea en un viejo Volskwagen rojo. Hoy es un día especial: después de seis meses de plan piloto van a instalar una antena más grande y definitiva, que mejorará el cubrimiento de la red local.

Durante los últimos seis meses, Peter y Xabi han subido a Talea de Castro al menos una vez a la semana para vigilar el progreso del piloto.

Estacionan el volkswagen rojo a unos cien metros del palacio municipal, un hermoso edificio de ladrillo donde se llevan a cabo todas las discusiones importantes de la comunidad.

En algún lugar de las entrañas de esa edificación están las cartas que la comunidad cruzó en 2009 y 2010 con las compañías telefónicas Telmex (propiedad de Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, según la revista Forbes) y Telcel para que les dieran cobertura celular.

Así lo recuerda Wilfrido Martínez, secretario municipal: “Nos estaban pidiendo requisitos, como garantizar 10 mil usuarios, que no se podían cumplir porque la comunidad es muy pequeña”.

“Como era tanto nuestro afán, nos comprometimos a buscar en punto en la montaña desde donde se pudiera dar cobertura a otras comunidades para reunir los 10 mil habitantes.

“Hay un punto aquí al frente donde se alcanzan a visualizar catorce comunidades, pero resulta que de acá a allá no hay carretera, entonces teníamos que abrir una brecha que nos iba a costar muy caro. También había que electrificar y eso también nos iba a salir muy costoso. Estamos hablando de tres a cuatro millones de pesos no más para acondicionar el lugar donde iba a estar la antena”.

La red

En el edificio de color ocre también se llevaron a cabo las reuniones cruciales para crear la red, desde el plan piloto hasta la estructura final.

Allí, Peter Bloom, coordinador del Colectivo Rhizomatic, presentó su proyecto ante la “asamblea de ciudadanos” -integrada, en su mayoría, por los hombre de esta comunidad zapoteca-. Allí mismo se aprobó la realización del plan piloto.

Finalmente, allí, también por mayoría, se dio luz verde a la instalación de una antena permanente y con mayor potencia, todo financiado por la cooperativa local, que opera como banco y pertenece en un 80% a la comunidad.

En la asamblea de ciudadanos no sólo discutió el tema de la tecnología, sino también el de cómo ésta podría afectar la vida cotidiana de la comunidad.

Así lo recuerda Keila Metsulemet Ramírez, coordinadora equipo de la radio comunitaria y quien desde el principio ha estado involucrada en el proyecto.

“En la reunión se dijo que solamente se permitirían cinco minutos para llamadas locales, para no saturar las líneas. Si es una llamada muy urgente, algo para lo que no puedo salir de mi casa, pues tomo el celular y llamo”.

Pero si no es algo de suma urgencia, quieren que las personas sigan hablando cara a cara. “Lo que no queremos es perder la oralidad”, añade Keila.

Las llamadas locales son gratis, así como los mensaje de texto, que además son ilimitados. Las llamadas fuera de la comunidad tienen cargo, pero incluso llamar a Estados Unidos cuesta menos que una llamada local en una compañía normal.

“Yo he hablado con un familiar a Estados Unidos y en cinco minutos si acaso me he gastado cuatro pesos. Anteriormente, en una caseta telefónica me venía gastado 30 0 40 pesos”, dice ” dice Wilfrido Martínez, secretario municipal.

La red ha sido especialmente crucial en varios casos de accidente.

La parte legal

Peter Bloom indica que uno de sus principales retos es el legal. En la actualidad están gestionando un permiso de dos años de las autoridades.

Además, tienen esperanzas en la reforma a las telecomunicaciones que adelanta el actual gobierno, pues incluye “concesiones sociales” que permitiría a las comunidades su propia infraestructura en telecomunicaciones.

“Es algo que no existe y que, potencialmente, podría beneficiarnos”, agrega.

Un modelo

Según los cálculos de Peter Bloom, una red telefónica que puede valer unos US$250.000, finalmente costó US$25.000, es decir el 10%.
Al observar cómo instalan la nueva antena se entiende por qué: todo el trabajo lo realizan los integrantes de la comunidad, en medio de bromas. Incluso bajo la lluvia pertinaz que lleva varios días cayendo en esta región montañosa, su entusiasmo no disminuye.

Peter (cuando camina por la calles del pueblo los vendedores le gritan “Peeeeedro” y le regalan frutas) cree que el de Talea de Castro es un modelo que puede reproducirse en cualquier parte del mundo donde existan comunidades en condiciones similares.

“Alrededor del mundo hay unos 700 millones de personas sin acceso a teléfonos celulares. Tiene que ver, sobre todo, con que viven en áreas remotas. Creo que en México las grandes compañías no ven el campo como una opción viable en términos económicos. Es muy costoso para ellos venir, montar y mantener una red telefónica.

“Nosotros no estamos necesariamente en desacuerdo con ellos, pero vemos otras opciones. Buscamos nueva tecnología y tratamos de aprovechar las estructuras locales y su capacidad”

“Este puede ser un modelo para otras poblaciones pequeñas en México, Centroamérica o incluso del mundo”, asegura.

A esto, Keila Metsulemet Ramírez agrega “la satisfacción de tener un equipo de la comunidad. Podemos ser autónomos, autosuficientes y autosustentables. Nosotros mismos, los indígenas de esta comunidad, podemos operar el equipo”.

¿Su consejo para las comunidades que quieran lograr algo parecido? “Lo primero es que se organicen, que estén unidos buscando un bien común. No es para un particular o para organizar una empresa”.

Cuando a Wilfredo Martínez se le pregunta qué piensan en la comunidad de las grandes compañías telefónicas, simplemente dibuja una equis en el aire.

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Clare Freer

Parosmia: desde que tuve COVID-19, la comida me da ganas de vomitar

Muchas personas descubren que las cosas no huelen bien después de padecer COVID y que la mayoría de los alimentos huelen y saben repugnantes.
Clare Freer
26 de febrero, 2021
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Muchas personas con COVID-19 pierden temporalmente el sentido del olfato.

A medida que se recuperan, este por lo general regresa, pero algunos descubren que las cosas huelen diferente y algunas que deberían oler bien, como la comida, el jabón y sus seres queridos, huelen repulsivamente.

El número de personas con esta afección, conocida como parosmia, aumenta constantemente, pero los científicos no están seguros de por qué ocurre o cómo curarla.

Short presentational grey line

BBC

Clare Freer termina llorando cada vez que intenta cocinar para su familia.

“Me mareo con los olores. Un olor podrido invade la casa en cuanto se enciende el horno y es insoportable”, describe.

La mujer de 47 años de Sutton Coldfield, Reino Unido, ha estado padeciendo parosmia durante siete meses y dice que muchos olores cotidianos le resultan repugnantes.

Las cebollas, el café, la carne, las frutas, el alcohol, la pasta de dientes, los productos de limpieza y los perfumes le dan ganas de vomitar.

El agua del grifo tiene el mismo efecto (aunque no el agua filtrada), lo que dificulta el lavado.

“Ya ni siquiera puedo besar a mi pareja”, dice.

Clare contrajo COVID-19 en marzo del año pasado y, como muchas personas, perdió el olfato como resultado.

El sentido regresó brevemente en mayo, pero en junio Clare empezó a rechazar sus comidas para llevar favoritas porque tenían un aroma rancio y cada vez que algo entraba en el horno había un olor abrumador a productos químicos o algo quemado.

Desde el verano lleva una dieta de pan y queso porque es todo lo que puede tolerar.

“No tengo energía y me duele todo”, cuenta. También la ha afectado emocionalmente. Dice que llora la mayoría de los días.

“Aunque la anosmia no fue agradable, pude seguir con mi vida normal y seguir comiendo y bebiendo”, dice Clare. “Viviría con eso para siempre, si eso significara deshacerme de la parosmia”.

Clare disfruta de un día de mimos con su hija mayor: el perfume ahora huele repugnante para ella.

Clare Freer
En esta foto se la puede ver a Clare Freer disfrutando de un día de mimos con su hija mayor. Ahora el perfume de sus seres queridos huele repugnante para ella.

El médico de cabecera de Clare dijo que nunca antes se había encontrado con un caso así.

Asustada y desconcertada, buscó respuestas en Internet y encontró un grupo de Facebook con 6.000 miembros creado por la organización benéfica de pérdida de olores AbScent.

Casi todos habían comenzado con anosmia derivada de la COVID-19 y terminaron con parosmia.

“Los descripciones comunes de los diferentes olores de parosmia incluyen: muerte, descomposición, carne podrida, heces“, dice la fundadora de AbScent, Chrissi Kelly, quien creó el grupo de Facebook en junio después de lo que describe como un “maremoto” de casos de parosmia por COVID-19 .

La gente usó frases como “aguas residuales con sabor a fruta”, “basura empapada y caliente” y “perro mojado rancio”.

A menudo, luchan por describir el olor porque no se parece a nada que hayan encontrado antes y eligen palabras que transmiten su disgusto.

Alrededor del 65% de las personas con COVID pierden el sentido del olfato y el gusto y se estima que alrededor del 10% de ellos desarrollan una “disfunción olfativa cualitativa”, es decir, parosmia u otra afección, fantosmia, cuando huele algo que no se encuentra en el lugar.

Si esto es correcto, 6.5 millones de personas de los 100 millones que han tenido COVID-19 en todo el mundo pueden estar experimentando parosmia prolongada por COVID.

Short presentational grey line

BBC

La doctora Jane Parker, científica especialista en sabor de la Universidad de Reading, Reino Unido, estaba estudiando la parosmia antes de la pandemia, cuando era una condición aún más rara.

Una teoría sobre el origen de los olores horribles que experimentan las personas que viven con parosmia es que solo perciben algunos de los compuestos volátiles que contiene una sustancia y que huelen peor de forma aislada. Incluso podría aumentar su intensidad.

Por ejemplo, el café contiene compuestos de azufre que huelen bien en combinación con todas las demás moléculas que le dan al café su aroma agradable, pero no cuando se huele solo.

Consultando con varias personas del grupo de Facebook AbScent parosmia, Parker y su equipo han descubierto que la carne, las cebollas, el ajo y el chocolate provocan habitualmente una mala reacción, junto con el café, las verduras, la fruta, el agua del grifo y el vino.

Jarra de café.

Getty Images
Para la mayoría de las personas que padecen de parosmia, el café sabe muy mal.

Muchas otras cosas huelen mal para algunos de los voluntarios y nada huele bien para todos ellos “excepto quizás almendras y cerezas”.

Ellos, y otros con parosmia, describen repetidamente algunos malos olores, incluido uno que es químico y ahumado, uno que es dulce y enfermizo, y otro descrito como “vómito”.

La investigación de Parker también ha encontrado que los malos olores pueden permanecer con los parósmicos, como se les llama, durante un tiempo inusualmente largo.

Para la mayoría de las personas, el olor a café permanecerá en sus fosas nasales durante unos segundos. Para los parósmicos, podría quedarse durante horas, incluso días.


Consejos para afrontar la parosmia

  • Consume alimentos a temperatura ambiente o fríos
  • Evita los alimentos fritos, carnes asadas, cebollas, ajo, huevos, café y chocolate, que son algunos de los peores alimentos para los parósmicos.
  • Prueba alimentos suaves como arroz, fideos, pan sin tostar, verduras al vapor y yogur natural.
  • Si no puedes tolerar la comida, considera batidos de proteínas sin sabor

Fuente: AbScent


Barry Smith, líder británico del Consorcio Global para la Investigación Quimiosensorial, dice que otro descubrimiento sorprendente: “lo bueno es malo y lo malo es bueno”.

“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”, describe.

“Es como si los desechos humanos ahora huelen a comida y la comida ahora huele a desechos humanos”.

Baño.

Getty Images
“Para algunas personas, los olores de los pañales y del baño se han vuelto tolerables, e incluso agradables”.

Entonces, ¿qué causa la parosmia?

La hipótesis predominante es que resulta del daño a las fibras nerviosas que transportan señales desde los receptores en la nariz hasta las terminales (glomérulos) del bulbo olfatorio en el cerebro.

Cuando estos vuelven a crecer, ya sea que el daño haya sido causado por un accidente automovilístico o por una infección viral o bacteriana, se cree que las fibras pueden volver a adherirse a la terminal incorrecta, dice Parker.

“¡Están en la sala de reuniones equivocada! Esto se conoce como cableado cruzado y significa que el cerebro no reconoce el olor y quizás está programado para pensar en él como un peligro”, detalla.

La teoría es que, en la mayoría de los casos, el cerebro, con el tiempo, corregirá el problema, pero Parker se muestra reacio a decir cuánto tiempo llevará.

“Debido a que muy pocas personas tenían parosmia antes de la COVID-19, no se estudió mucho y la mayoría de la gente no sabía qué era, por lo que no tenemos datos históricos. Y tampoco tenemos datos para COVID-19 porque eso podría llevar años”, asegura.

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BBC

Aparte de esperar a que el cerebro se adapte, no hay cura, aunque AbScent cree que el “entrenamiento del olfato” puede ayudar.

Consiste en oler regularmente una selección de aceites esenciales uno sobre otro, pensando en la planta de la que se obtuvieron.

Clare Freer ha estado haciendo esto y dice que el limón, el eucalipto y el clavo de olor han comenzado a oler levemente como deberían, pero que no registra nada en el caso de la rosa.

Algunos parósmicos han adaptado su dieta para hacer más llevadero vivir con la enfermedad.

Dos hermanas, Kirstie, de 20 años, y Laura, de 18, de Keighley, Reino Unido, están haciendo lo mismo, aunque tomó un tiempo descubrir cómo llevarlo a cabo y al mismo tiempo vivir en armonía con sus padres.

Una vez, las hermanas tuvieron que correr por la casa y abrir las ventanas, cuando sus padres llegaron con pescado y papas fritas, “porque el olor es horrible”, describe Laura.

Sus padres, en cambio, se han cansado de las especias picantes con las que cocinan las hermanas, para enmascarar los sabores desagradables y darles lo que para ellas es un toque de sabor.

Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

BBC
Kirstie (derecha) y Laura en el cumpleaños número 18 de la última que no pudo comer su pastel.

“Algunas personas nos dicen que simplemente debemos alimentarnos y comer de todos modos. Lo intentamos, pero es muy difícil comer alimentos que saben podridos“, dice Kirstie.

“Y luego, durante los próximos tres días, tendré que vivir con ese olor que se filtra en mi sudor. Es uno de los olores más angustiantes y me siento sucia constantemente”, detalla.

Ahora se han dado cuenta de que los alimentos de origen vegetal saben mejor y disfrutan de platos como la boloñesa de lentejas y el risotto de calabaza.

“La carne es un alimento que ahora evitamos. Encontrar buenas recetas que nos gusten ha hecho que sea mucho más fácil de afrontar”, afirma Kirstie.

“Hemos tenido que adaptarnos y cambiar nuestra forma de pensar porque sabemos que podríamos estar viviendo con esto durante años y años”, se resigna.

La pérdida del olfato a menudo afecta la salud mental

Jane Parker señala que la pérdida del olfato ocupa un lugar muy bajo en la lista de prioridades para quienes enfrentan la pandemia, pero ella y Barry Smith dicen que a menudo afecta la salud mental y la calidad de vida.

“Es sólo cuando pierdes el sentido del olfato que te das cuenta de cuánto fue parte de la esencia de tu experiencia”, explica Smith.

La conexión humana, el placer y los recuerdos están ligados al olfato, señala.

“Te dicen que se sienten aislados de su propio entorno, ajenos. Ya no encuentran ningún placer en comer y pierden esa cercanía tranquilizadora de poder oler a las personas que aman”, describe.

Mientras que Clare Freer extraña los días en que le gustaba el olor de su esposo cuando salía de la ducha, Justin Hyde, de 41 años, de Cheltenham, en el suroeste de Reino Unido, nunca ha olido el aroma de su hija nacida en marzo de 2020.

Justin no asistió al festival de carreras de caballo de su ciudad en el mismo mes, pero conoce a personas que sí lo hicieron, y no mucho después contrajo el virus, perdiendo el sentido del gusto y el olfato.

Justin Hyde

Justin Hyde
Justin Hyde ya no disfruta de una visita a una cervecería al aire libre porque no puede tolerar el sabor de la cerveza.

Tuvo una recuperación de los sentidos en julio, pero luego el café comenzó a oler extraño, y rápidamente las cosas empeoraron.

“Casi todos los olores se volvieron extraños”, puntualiza. “Los huevos me repelen físicamente y no puedo disfrutar de la cerveza o el vino, ya que tienen un sabor que simplemente llamo COVID”.

Al igual que Kirstie y Laura, él descubrió que algunos platos sin carne son comestibles, incluido el curry de verduras, pero no habrá más visitas a las cervecerías mientras dure su parosmia y ni desayunos con alimentos fritos.

“Todos esos placeres que damos por sentado han desaparecido desde que tuve COVID. Siento que estoy roto y ya no soy yo“.


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