Por qué operaron a Cristina Fernández
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Por qué operaron a Cristina Fernández

La presidenta argentina sufría de un hematoma subdural crónico, una acumulación de sangre entre el cráneo y el cerebro. La condición ocurre con frecuencia tras un traumatismo en la cabeza. BBC Mundo le explica en qué consiste.
8 de octubre, 2013
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Cristina_Fdz

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se sometió este martes a una operación en la cabeza después de que le diagnosticaran una “colección subdural crónica”. Una intervención que si bien según los especialistas es relativamente sencilla, la dejará apartada de sus obligaciones como mandataria durante un mes.

La colección (o hematoma) subdural es una acumulación de sangre -o en algunos casos de otros líquidos- en la zona que está entre el cráneo y el cerebro. Ocurre con frecuencia tras una contusión en la cabeza.

Tal es el caso de Fernández, quien el pasado mes de agosto sufrió un traumatismo craneal, del que el gobierno no ha dado detalles.

“En la corteza cerebral tenemos venas muy finitas que por lo general no tienen mucha importancia, pero cuando se rompen producen una hemorragia”, le explica a BBC Mundo Pablo González, neurocirujano del Hospital General de Alicante, en España.

Muchas veces la persona no se entera de que la hemorragia porque el cuerpo se encarga de reparar el daño.

“Pero en ocasiones el hematoma se va haciendo más grande”, agrega el experto, quien explica que cuando el volumen de sangre se contiene pueden ocurrir dos cosas: que se reabsorba o se cronifique.

“Ocurre una reacción inflamatoria que encapsula el líquido y evita que se reabsorba”, señala González.

Cinco semanas

La colección subdural no ocurre de un día para otro; pueden llegar a pasar hasta cinco semanas antes de que el paciente empiece a notar síntomas.

Primero, en un proceso que puede tomar entre dos y tres semanas, la sangre se encapsula y se coagula.

Más tarde esa sangre casi sólida vuelve a hacerse líquida y es cuando empiezan los problemas, pues duplica su tamaño.

“Es similar a cuando se deshace el hielo, y es ese hematoma desecho el que da los síntomas”, continúa el especialista.

En este punto el paciente empieza a sufrir de cefalea -o dolor de cabeza- debido a la presión intracraneal.

“Si esto va a más, en la gente joven como Fernández -pues a los 60 años el cerebro es considerado como joven- puede salir una focalidad neurológica, que no es otra cosa que la pérdida de fuerza en una parte del cuerpo”, aclara González.

Según informó el corresponsal de BBC Mundo en Argentina, Ignacio de los Reyes, “la clínica Favaloro de Buenos Aires, donde Fernández se sometió a varios chequeos, informó que la presidenta también mostraba hormigueo en el brazo izquierdo y ‘leve pérdida de la fuerza muscular del mismo miembro superior'”.

Entonces, según los especialistas, la intervención quirúrgica es obligatoria.

Lea: Lo que se sabe y no se sabe sobre la salud de Cristina Fernández

Trepanación

Este procedimiento consiste en hacer un agujero en el cráneo, conocido como trepanación, de aproximadamente un centímetro de diámetro, para proceder con un bisturí a hacer el drenaje.

La zona se limpia bien y el drenaje se deja entre 24 y 48 horas, tras lo cual hay que realizar una resonancia para verificar que haya salido todo el líquido.

“Para nosotros (los neurocirujanos) es de las cirugías más agradecidas porque habitualmente va muy bien”, cuenta González.

El paciente puede regresar a casa dos días después de la intervención, pero se recomienda que tenga un reposo de dos a tres semanas; no sólo por la cirugía, sino por el golpe psicológico de haber sido sometido a una operación craneal.

Una vez superado el período de reposo, se puede incorporar a su rutina, “ya seas barrendero o presidente de un país, sin problemas”, agrega el neurocirujano.

Más propensos

El experto aclara que no hay riesgo de que vuelva a aparecer la colección subdural a menos que el paciente sufra otro traumatismo.

Si bien estos hematomas en el cerebro pueden ocurrir en cualquier persona, hay quienes son más propensos a sufrirlos.

Los que toman medicación -como la aspirina- para que la sangre se vuelva más líquida pueden ser más sensibles.

Esto se debe a que “si se rompen las venitas, es más fácil que se haga el coágulo”, apunta González. “Aunque también puede ocurrir en alguien completamente sano”.

Epidemia invisible

Las contusiones cerebrales ocurren con más frecuencia de la que muchos pueden imaginar. Y sus consecuencias si no se vigila o se trata bien, pueden ser nefastas.

En Estados Unidos, el neurocirujano Anand Veeravagu, del Hospital de Veteranos de Palo Alto, en California, advirtió hace poco que las conmociones cerebrales son una “epidemia invisible” en ese país.

“Sólo este año, el Centro de Control de Enfermedades estima que más de 1,7 millones de personas sufrirá alguna lesión cerebral traumática, ya sea una conmoción suave o algo más serio”, explicó Veeravagu en un artículo publicado por la BBC.

Lea: La epidemia invisible de la conmoción cerebral

El especialista indica que la estadística “más triste es que muchas de estas lesiones, que potencialmente cambian la vida, se pueden evitar.

Una lesión cerebral afecta a cada individuo de forma distinta. “Con frecuencia estos síntomas son tan abstractos que el diagnóstico resulta difícil de detectar para los pacientes, los parientes y doctores”.

El experto estadounidense indica que el tratamiento más eficaz para los traumatismos cerebrales es evitar que se produzcan. Y cuando sólo quede lidiar con consecuencias, una intervención a tiempo.

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Cómo Islandia se convirtió en el primer país de Europa en deshacerse de la COVID-19

Islandia ha tenido un gran éxito conteniendo la pandemia del coronavirus, lo que le ha permitido reanudar sus actividades con bastante normalidad mientras muchos otros países de Europa siguen bajo confinamiento.
24 de marzo, 2021
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Sí, Islandia es una isla remota en el Atlántico Norte, con un solo aeropuerto internacional. Y sí, es el hogar de menos de medio millón de personas.

Por lo tanto, sería justo suponer que tiene que agradecer la suerte de poder convertirse en el primer país de Europa en deshacerse virtualmente del covid-19.

Pero diles eso a los islandeses y no harás muchos amigos. Porque cuando apartas la geografía y miras los detalles, hay más; y estos isleños están bastante orgullosos de su éxito.

Es jueves por la noche y los jóvenes acuden en masa a la noche de karaoke en el centro de Reikiavik, la capital, gritando en el micrófono interpretaciones de todos los clásicos. Se abrazan y se besan, mientras gotitas de saliva vuelan por el aire.

En Reikiavik ya disfrutan nuevamente de sus noches de karaoke.

BBC
En Reikiavik ya disfrutan nuevamente de sus noches de karaoke.

Las salidas nocturnas, los restaurantes, los conciertos y todo lo que el resto de Europa anhela están de vuelta aquí.

Solo hay 20 casos confirmados de coronavirus al momento de escribir este artículo. Una persona está siendo tratada en el hospital e Islandia ha tenido un total de 29 muertes, lo que equivale a 8.5 por cada 100.000 personas.

“Me he estado preparando para esta pandemia durante 15 años”, dijo Thorolfur Gudnason, el epidemiólogo jefe de Islandia, cuando la BBC le preguntó exactamente cómo lo había manejado.

Gudnason fue puesto a cargo de la respuesta a la pandemia de Islandia desde el principio.

“Decidimos de inmediato lo que haríamos: realizar pruebas, rastrear contactos y aislar a todos los diagnosticados. Hicimos esto de manera agresiva, desde el primer día”, apuntó.

Su equipo de rastreo de contactos, integrado por detectives de la vida real, estaba en funcionamiento antes de que Islandia registrara su primer caso.

Cuando aparqué frente a un hotel feo en el centro de Reikiavik, un hombre alto y alegre retiró las barricadas de metal, bloqueando la puerta: “Bienvenido al hotel de aislamiento”, se rió entre dientes.

Gylfi Thor Thorsteinsson dejó un trabajo en marketing en marzo pasado para abrir el hotel, donde se envía a las personas diagnosticadas con el virus. “En mi primer día, la mayoría del personal del hotel simplemente se fue, se negaron a participar”, cuenta.

Gylfi Thorsteinsson.

BBC
Gylfi Thorsteinsson dejó su trabajo para abrir un hotel de aislamiento.

Poco a poco, los convenció de que regresaran y, durante el último año, han atendido a más pacientes que todos los hospitales de Islandia juntos.

Todos los días, Thorsteinsson se viste con equipo de protección personal completo para ir a sus habitaciones y hacerles compañía.

“Ha sido un viaje, sin saber nunca lo que traerá el día”, dice.

Ahora el hotel tiene solo un puñado de pacientes.

Pero Islandia ya ha estado aquí antes. Tuvo su primera ola bajo control rápidamente y, en mayo de 2020, la gente había comenzado a declarar al país libre de coronavirus.

Las cosas siguieron así por un tiempo, pero a fines del verano, Islandia fue golpeada inesperadamente por otra ola más feroz, después de que dos turistas que dieron positivo rompieron las reglas de su aislamiento.

Hotel de aislamiento.

BBC
El hotel de aislamiento llegó a cerrar pero debió ser reabierto cuando surgieron nuevos casos de coronavirus.

Thorsteinsson ya había cerrado y se había ido a casa. Incluso había organizado una gran fiesta para todo su personal para celebrar.

“Honestamente pensamos que habíamos ganado. Pero luego recibí la llamada: estaba de regreso. En media hora, había abierto de nuevo y la gente seguía viniendo y viniendo. Y todavía lo hacen”, señala.

Después de erradicar el virus de la sociedad, Islandia erigió fronteras de acero. Desde junio del año pasado, todos los pasajeros que llegan han sido puestos en cuarentena y hay pruebas obligatorias en el aeropuerto.

Las aguas termales de Islandia son un gran atractivo para los turistas.

BBC
Las aguas termales de Islandia son un gran atractivo para los turistas.

“Siguiente”, grita una enfermera antes de meter un hisopo en mi nariz y bajar por la garganta, todo antes del control de pasaportes.

Algo que algunos países tardaron casi un año en descifrar, Islandia lo descubrió en unos meses. Si la sociedad tenía alguna posibilidad de reabrirse, el virus tenía que ser contenido al entrar.

Cuando le pregunté a Thorsteinsson qué le había dado a Islandia esta ventaja, fue enfático: “han sido los científicos quienes han creado las reglas, no los políticos. Eso importa. Ellos saben de lo que están hablando, los políticos no”.

En cada paso, Islandia ha seguido la ciencia, liderada por el profesor Gudnason y su equipo, sin que los políticos participen en las reuniones informativas diarias.

Al reunirme después con la primera ministra de Islandia, Katrin Jakobsdottir, tenía curiosidad por saber por qué se había quedado en un segundo plano.

La mujer, de 44 años de edad, ha dirigido el gobierno verde de izquierda del país desde 2017.

Para ella, pandemia y política son dos palabras que no van de la mano.

Ella me dijo lo emocionada que estaba por impulsar la realización rigurosa de pruebas, rastreando y aislando a los posibles contagiados, con la esperanza de evitar que el país sufriera bloqueos drásticos, algo que, en general, consiguió.

Pero pasar a un segundo plano no significó tomárselo con calma: “Esta pandemia me ha mantenido despierta durante todo un año. Solo desearía que todo terminara y pudiera volver a hablar de política de nuevo”, señala.

Alguna ayuda inesperada obtuvo desde el principio. Reikiavik es el hogar de una de las principales empresas de genética humana del mundo, dirigida por Kari Stefansson, un hombre animado de unos 70 años de edad que ha alcanzado el estatus de celebridad en Islandia.

A los pocos días de la llegada del virus a la isla, Stefansson acordó poner en manos de los científicos sus laboratorios de última generación para rastrear la propagación.

“Al principio, esto parecía la extinción de la humanidad, así que nos lanzamos con toda nuestra fuerza”, me dijo Stefansson mientras recorríamos los laboratorios.

“Somos una pequeña comunidad. Todos sabían que podíamos hacer esto, así que estaba claro que teníamos que hacerlo”.

Desde entonces, sus equipos han secuenciado cada caso positivo para comprender cómo se está propagando y cambiando. Señala que como el virus muta con cada cuarta transmisión, el 25% de las veces, ellos pueden averiguar quién se lo ha transmitido a quién. “¿Se lo transmitió Juan a Pedro o Pedro a Juan?”, explica.

Vida nocturna en Reikiavik.

BBC
El eficaz mecanismo de rastreo de contactos de Islandia es considerado como una de las claves para poder reanudar las actividades de ocio nocturno.

No tiene ninguna duda de que esto ha ayudado a Islandia a mantenerse por delante. “Para mí, ha sido un momento divertido. Me siento un poco culpable de admitirlo, pero ha sido emocionante”, apunta.

Durante meses, Islandia ha logrado evitar que la variante británica ingrese al país al contener los casos en la frontera.

Pero mientras estuve allí, el equipo de Kari Stefansson notó que el primer caso se había filtrado y había contagiado a otra persona.

Esa persona había ido a trabajar a un hospital y, luego, a un concierto con otras 800 personas en el que habían socializado en el bar durante el intermedio.

Parecía un desastre. Pero aquí, fui testigo de toda la fuerza del poderoso sistema de rastreo de contactos de Islandia en acción.

En cuestión de horas, todos habían sido contactados y en unos días más de 1.000 personas habían sido evaluadas. Se identificaron dos casos más y todos los infectados fueron trasladados al hotel de aislamiento.

Sorprendentemente, la variante estaba contenida, incapaz de causar el caos visto en otras partes de Europa en este momento.

“Normalmente somos una nación bastante rebelde, pero prosperamos en una crisis”, señaló Stefansson con orgullo.

Dejando la ciencia a un lado, es imposible ignorar el papel que la geografía única de Islandia ha jugado en su éxito. Esta isla volcánica, con todas sus erupciones y avalanchas, está acostumbrada a lidiar con desastres.

Islandia

BBC
Islandia tiene mucha experiencia lidiando con desastres.

Durante semanas, Islandia ha experimentado un serie de miles de terremotos al día y ha quedado claro que la pandemia es solo otra catástrofe que manejar. La primera ministra incluso admitió que tenía los mismos equipos trabajando en ambos.

Gylfi Thor Thorsteinsson está de buen humor en el hotel de aislamiento a pesar de sus nuevos pacientes.

“Tenemos el control”, sonríe desafiante. “Este es el espíritu que mantenemos. Estamos ganando”.

Pero aún no está listo para celebrar: “No más fiestas de despedida de covid. Todavía no”.

Kate Vandy contribuyó con esta nota.


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