Patishtán ya está libre: "Quisieron acabar con mi lucha, pero la multiplicaron"
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Patishtán ya está libre: "Quisieron acabar con mi lucha, pero la multiplicaron"

Osorio Chong instruyó a funcionarios de la Segob a trasladarse a la clínica del DF donde se encuentra internado Patishtán para notificarle sobre su libertad inmediata
31 de octubre, 2013
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Foto: Tania Montalvo

Alberto Patishtán en la rueda de prensa posterior a su puesta en libertad. // Foto: Tania Montalvo

Ya es un hombre libre. Tras pasar 13 años en prisión acusado de un delito que no cometió, el profesor tzotzil Alberto Patishtán ofreció esta tarde una conferencia de prensa en el DFen la que reiteró su inocencia “ante los ojos de Dios y de mí mismo”. 

“Quisieron acabar con mi lucha, pero lo que pasó fue que se multiplicó”, aseguró el profesor ante los medios de comunicación, quien agregó al respecto que su encarcelamiento se debió “por defender al pueblo oprimido”. 

Asimismo, Alberto Patishtán comentó en la Casa de la Solidaridad, en la colonia del Valle, que durante su estancia en prisión también encontró a otros compañeros que “vivían una gran injusticia”, y denunció que las personas indígenas, “que no tienen dinero y que no disponen de intérpretes para defenderse“, se quedan en la cárcel.

Cuestionado por los medios sobre qué significa para él recuperar la libertad, el profesor tzotzil señaló que siempre se ha sentido libre, aún y cuando permanecía en prisión.

“¿Qué significa la libertad? La sentí desde el primer día que llegué a la cárcel. Me he sentido libre siempre“, dijo.

“Fue el pueblo quien indultó a Patishtán, no las autoridades”

Minutos antes, Héctor, hijo de Patishtán, reiteró que nadie le dio indulto a su padre, puesto que “fue el pueblo quien logró su libertad”. 

Alberto Patishtán libre. Foto: @TodosxPatishtan

Alberto Patishtán libre. Foto: @TodosxPatishtan

El profesor tzotzil Alberto Patishtán Gómez recuperó su libertad este 31 de octubre de 2013 tras permanecer encarcelado por más de 13 años, acusado de un delito que no cometió.

Patishtán dejó hace unos minutos la clínica de la Ciudad de México en la que se encontraba internado recibiendo radioterapia debido a que padece un tumor en el cerebro.

El maestro, previamente sentenciado a 60 años de prisión por supuestamente participar en una emboscada en la que murieron siete policías estatales de Chiapas, salió libre luego de que funcionarios de la Secretaría de Gobernación (Segob) le notificaron su libertad inmediata.

Minutos antes, la Segob confirmó que el presidente Peña Nieto concedió un indulto al profesor tzotzil Alberto Patishtán. Miguel Ángel Osorio Chong, titular de la Segob, informó que tras encargar un dictamen sobre el caso Patishtán y luego de las reformas al código penal federal aprobadas recientemente por el Congreso, Peña Nieto decidió otorgar el indulto al maestro chiapaneco.

El funcionario federal reveló que tras la investigación del caso, se determinó que hubo violaciones graves a los derechos humanos del profesor Patishtán y al debido proceso, por el cual se mantuvo preso por más de 13 años.

Una vez que el Presidente concedió el indulto, Osorio Chong  instruyó a funcionarios de la Segob a trasladarse a la clínica del DF donde se encuentra internado Patishtán para notificarle sobre su libertad inmediata.

Días antes, Alberto Patishtán lo reiteró: no pediría un indulto porque él es inocente. Sin embargo,luego de 13 años de cárcel y de agotar todas las instancias del Poder Judicial, el indulto le fue otorgado sin que tenga que solicitarlo y con ello, finalmente, recuperará su libertad.

El caso Patishtán

Pero el camino para llegar a este punto ha sido largo y jurídicamente muy complicado. Es, sin duda, el resultado de la lucha constante del profesor Patishtán, de su familia y de organizaciones sociales que a lo largo de este tiempo han exigido justicia. Y es, también, el reconocimiento de que Patishtán pagó por un crimen que nunca cometió y, por lo tanto, un reflejo más de las deficiencias del sistema de justicia en México. “Implícitamente se está reconociendo que Patishtán es inocente”, dijo su abogado Sandino Rivero.

Patishtán fue detenido en el año 2000 acusado de haber participado en una emboscada que dejó siete policías muertos y dos personas heridas en El Bosque, Chiapas, de donde es originario. Los delitos en su contra van desde homicidio hasta portación de armas de uso exclusivo del Ejército, entre otros. Él siempre ha sostenido ser víctima de una “venganza política”.

En el 2000, Patishtán -además de su trabajo como profesor bilingüe en un albergue escolar- se había convertido en un luchador social. Junto con otras personas, comenzó un movimiento para denunciar los actos de corrupción del entonces presidente municipal de El Bosque, Manuel Gómez Ruiz. Buscaban su destitución, incluso enviaron un documento solicitándola a Roberto Albores Guillén, gobernador de Chiapas en ese momento.

El 12 de junio de 2000 por la mañana ocurrió la emboscada. Uno de los sobrevivientes era el policía Belisario Gómez; el otro, Rosemberg Gómez, hijo del presidente municipal. Siete días después, el 19 de junio, personas que vestían de civil se llevaron a Patishtán. Su hija Gabriela tenía 9 años, pero recuerda bien aquella mañana cuando de camino a la escuela escuchó a la gente murmurar en el mercado. Una señora se le acercó y le dijo: “A tu papá se lo llevaron, lo subieron en un carro de forma violenta, ve a decirle a tu mamá”. En el pueblo había conmoción. La gente que apoyaba a Patishtán tomó la presidencia municipal; atribuyeron la agresión a una represalia del presidente municipal.

Gabriela, su mamá y su hermano Héctor, de 4 años, pasaron una semana sin saber nada del profesor de primaria. Supieron, luego, que se encontraba arraigado en el hotel Safari en Tuxtla Gutiérrez. “Lo tenían aislado, sin abogado, le fabricaron delitos y lo torturaron, así estuvo un mes”, cuenta su hija, hoy estudiante de Derecho y madre de Génesis, la primera nieta de Patishtán. Tras el arraigo, fue trasladado al CERESO Número 1 de Cerro Hueco en Tuxtla Gutiérrez.

El caso está plagado de irregularidades. Los testimonios de que Patishtán, aquel 12 de junio, se encontraba primero en el albergue donde daba clases, luego en un reunión de supervisión y después en la fiesta de San Antonio -incluidas constancias de asistencia- fueron desestimados por el juez. Y las declaraciones de los sobrevivientes resultaron contradictorias: mientras que Belisario, el policía, dijo no ser capaz de reconocer a Patishtán como su agresor; Rosemberg, el hijo del entonces presidente municipal, lo señaló como culpable.

El caso Patishtán llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero en marzo pasado los ministros rechazaron revisar su solicitud de reconocimiento de inocenciay turnaron el asunto al Primer Tribunal Colegiado de Circuito en Tuxtla Gutiérrez, que el pasado 12 de septiembre ratificó la sentencia de 60 años a Alberto Patishtán, al resolver en su contra el último recurso jurídico que quedaba para su defensa.

Actualmente, el profesor indígena se encuentra en un hospital de la Ciudad de México recibiendo radioterapia debido a que padece un tumor en el cerebro.

 

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COVID: la conversación en un autobús que llevó a salvar cientos de miles de vidas

Un encuentro de dos científicos en un autobús condujo a un ensayo clínico para encontrar tratamientos para salvar vidas de enfermos de COVID-19.
27 de marzo, 2021
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El ensayo clínico llamado RECOVERY (Random Evaluation of Covid-19 Therapy o Evaluación aleatoria de terapias para covid-19) inició en marzo de 2020 para probar medicamentos que ya existían en pacientes con covid y estudiar si éstos tenían un efecto sobre la enfermedad. Gracias a este ensayo se han salvado cientos de miles de vidas.

Todo comenzó en el autobús número 18 en Londres. Mientras se abría paso entre el tráfico, dos pasajeros estaban enfrascados en una conversación.

Lo que acordaron en ese trayecto, que tuvo lugar antes del confinamiento en la ciudad por covid-19, cambiaría el curso de la pandemia y posiblemente el futuro de la medicina.

Llevó al trabajo conjunto de investigadores, el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) y 40.000 pacientes de covid en un esfuerzo especialmente adaptado a un sistema nacional de salud pública.

Y salvaría la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo. La conversación de estos dos pasajeros llevó a la creación del ensayo clínico Recovery.

Los dos pasajeros del autobús eran el profesor Martin Landray, médico y diseñador de ensayos de fármacos a gran escala, y Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust, uno de los mayores organismos de financiamiento para investigación médica del mundo y uno de los fundadores de Recovery.

La fecha era el 9 de marzo de 2020. Ambos discutían la pandemia inminente, las escenas que se veían en Italia, que fue el primer país de Europa en sentir el impacto devastador del virus, y la inevitabilidad de que Reino Unido se enfrentaría a lo mismo.

“Lo que acordamos en ese viaje en autobús fue que el tsunami llegaría en un par de semanas y teníamos que tener un ensayo en funcionamiento en dos semanas”, explica el profesor Landray al programa Inside Health de la BBC.

“Nueve días después, se inscribió al primer paciente, y el año que pasó ha sido extraordinario”, agrega.

Dos semanas antes, el profesor Landray le había enviado un correo electrónico a Jeremy Farrar para subrayar la importancia de los ensayos.

Lo que pasó a ser uno de los momentos más importantes en el enlace de vínculos científicos comenzó cuando Farrar respondió: “Será mejor que hable con Peter”.

Píldoras de dexametasona

Science Photo Library
El ensayo Recovery ha salvado la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo.

Las campanas de alarma ya habían estado sonando para el profesor Peter Horby desde el 2 de enero, cuando surgieron informes de una “neumonía viral” en Wuhan, China.

Para Horby, esto tenía todas las características del síndrome respiratorio agudo severo (o SARS) de 2003.

“Para mí estaba bastante claro que había un problema que podría salirse de control si no teníamos cuidado”, señala el profesor Horby, un destacado experto en enfermedades nuevas y emergentes.

Ya había ayudado a establecer dos ensayos de medicamentos en Wuhan, pero debido al confinamiento allí, no obtuvieron ningún resultado.

“Las salas de hospitales estaban abarrotadas”

Juntos, el profesor Horby y el profesor Landray formarían el eje científico que definiría el tratamiento de covid.

Se vieron impulsados por los errores del pasado. El peligro en una pandemia es que todos empiezan a correr como pollos sin cabeza y los científicos y médicos actúan solos, cada uno probando diferentes tratamientos en un pequeño número de pacientes; creando mucho ruido, pero sin respuestas.

El ruido ya estaba aumentando. Se presentaba como evidencia ensayos con una decena de pacientes o experimentos con células en un laboratorio.

Incluso el presidente Donald Trump estaba proclamando los beneficios del medicamento contra la malaria hidroxicloroquina, cuando la evidencia era escasa o inexistente.

El objetivo de Recovery era brindar claridad en medio del caos.

Hubo cuatro claves en el éxito de Recovery:

  • Se puso en marcha rápidamente, en un mundo en el que las pruebas pueden tardar más de un año en configurarse.
  • Era grande, involucraba a todos los hospitales de pacientes graves y a uno de cada 10 pacientes con covid en Reino Unido, por lo que incluso se pudo encontrar medicamentos que tuvieran solo un beneficio moderado.
  • Los pacientes fueron asignados al azar para recibir atención estándar o un medicamento experimental, de modo que los médicos pudieran ver la diferencia entre los dos.
  • Y fue simple.
Una dosis de dexametasona

Reuters
Uno de los fármacos involucrados en el ensayo fue la dexametasona, un esteroide.

El Recovery tuvo un marcado contraste con el ensayo clínico moderno, que se arrastra bajo el peso de la burocracia, los contratos con todos los hospitales, los criterios estrictos sobre los participantes y una gran cantidad de trabajo para quienes miden y recopilan datos.

Si el ensayo iba a tener éxito, era necesario trabajar en salas sometidas a una intensa presión.

“Las salas estaban abarrotadas, los médicos estaban abrumados con pacientes enfermos. Para que un ensayo clínico funcione, este no puede interferir con la atención médica”, dice la Dra. Raha West, médica de cuidados intensivos en Buckinghamshire, quien dirigió el ensayo en su hospital.

“Con el Recovery esto fue fácil”.

El profesor Landray dice que “eliminaron todo” para que el Recovery fuera tan básico que inscribir a un paciente en el ensayo era tan fácil como recetar el medicamento.

Uno de los primeros desafíos fue decidir qué medicamentos deberían estar involucrados.

El coronavirus era una entidad nueva, un desconocido sin reglamentos a seguir.

El profesor Horby y el profesor Landray seleccionaron los medicamentos más prometedores para enfermedades similares o los que habían surgido de las pocas investigaciones sobre covid.

Si el paciente quería participar, su médico seleccionaría en una computadora cuáles de los medicamentos involucrados en el ensayo eran seguros según el historial médico del paciente y la computadora decidiría qué medicamentos se debían administrar.

El fármaco dexametasona, un esteroide antiguo y barato que ya se había utilizado en infecciones respiratorias, se convirtió rápidamente en una fuente de controversia.

La reacción fue dura y rápida y se acusó a los dos expertos de comportamiento poco ético y peligroso.

La dexametasona calma el sistema inmunológico y algunos argumentaron que era lo peor que se podía hacer cuando el cuerpo estaba combatiendo una infección.

“Tengo un cajón lleno de cartas que me dicen que estoy matando gente”, me dijo el profesor Horby. Pero lo tranquiliza saber que también tiene un cajón de “cartas de amor y correos de elogios”.

Saltando de alegría

dexametasona

Getty Images
El tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

Cada fármaco que probaron fue puesto a prueba porque pensaron que existía la posibilidad de que funcionara. La dexametasona fue el primero que lo demostró.

Apenas 100 días después de ese trascendental viaje en autobús, el profesor Landray y el profesor Horby se prepararon para contarle al mundo sus hallazgos.

Sabían que estaban a punto de cambiar el tratamiento para los pacientes en todas partes y habían pasado una semana repasando los números repetidamente para estar seguros.

El 16 de junio estaban listos.

“Fue un resultado hermoso, hermoso”, dice el profesor Landray.

El profesor Horby recuerda a su jefe saltando de alegría al otro lado de una videollamada cuando transmitió los resultados.

Para quienes estaban conectados a un ventilador, como Katherine Millbank, el fármaco redujo la posibilidad de morir en un tercio.

Ella fue una de las primeras pacientes que obtuvo el medicamento en el ensayo.

Cuando las enfermeras corrieron las cortinas alrededor de su cama, todos los que estaban en la sala de cuidados intensivos la aplaudieron.

“Estoy eternamente agradecida con todos ellos por salvarme”, le dijo Katharine a Inside Health.

Cuatro horas después del anuncio, el tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

La doctora Raha West rompió a llorar cuando llegaron los resultados. Todos los pacientes que inscribió en el ensayo terminaron recibiendo dexametasona.

“Nunca lo olvidaré, fue muy emotivo”.

Ahora se estima que la dexametasona sola ha salvado cientos de miles de vidas; posiblemente más de un millón.

El Recovery mostró que otro fármaco, tocilizumab, también salva vidas.

Pero el ensayo también se enfrentó a fracasos. El fármaco contra la malaria hidroxicloroquina, la combinación de lopinavir / ritonavir que se usan contra el VIH y el antibiótico azitromicina habían sido promocionados, pero finalmente se demostró que no tenían ningún efecto.

Su éxito dependió de la disposición de los pacientes, que en uno de los momentos más espantosos de sus vidas, estuvieron dispuestos a participar.

Aiden Temple, de 10 años, que tenía un trastorno inmunológico poco común después de contraer el virus, quiso hacer la diferencia.

“Fue muy aterrador, pero me sentí bastante orgulloso de poder ayudar a otras personas a mejorar rápidamente”, dijo.

También se necesitaron los esfuerzos de miles de médicos y enfermeras, así como de un equipo de unos 20 científicos en Oxford, para recopilar y analizar los datos.

El Recovery logró algo que ninguna otra prueba ha obtenido. Ya tiene garantizado un lugar en los libros de historia solo por su papel en la pandemia de covid.

La esperanza es que sea un catalizador de cambio en la medicina para hacer ensayos de estilo Recovery que brinden respuestas sobre los mejores tratamientos para otras infecciones, como la fiebre de Lassa, o que finalmente demuestren si las píldoras de vitamina D son la cura para todo lo que a menudo se dice que son.

“Creo que ha establecido un nuevo estándar para lo que se puede lograr y no solo durante las pandemias”, me dijo el profesor Landray.

“Sería una farsa si volviéramos a una situación en la que a veces se necesitan años para que un ensayo despegue”.


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