El aborto en 26 historias
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El aborto en 26 historias

Con el afán de romper estigmas, la New York Magazine publica un especial en el que relata las historias de 26 mujeres que han practicado (una o varias veces) la interrupción del embarazo.
12 de noviembre, 2013
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Protestas para despenalizar aborto

Foto: Cuartoscuro

Luego de décadas de debate, el aborto continúa siendo un tema polémico y estigmatizado, aunque sea una realidad cotidiana de  miles de mujeres que se lo practican alrededor del mundo.

Mientras que en nuestro país, el Distrito Federal continúa siendo la única entidad federativa donde el aborto es legal durante las primeras doce semanas de gestación, el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) calcula que la tasa de abortos inducidos en 2009 en todo México fue de 38 por cada mil mujeres entre las edades de 15 y 44 años, lo que se traduce en números totales en  un millón 25 mil  669 abortos inducidos al año. Con esta cifra, México se ubica entre las tasas de aborto más altas del mundo.

En Estados Unidos, desde hace cinco décadas, el aborto ha sido un tema de amplio debate. Tan sólo en los últimos dos años, 26 de los 50 estados han aprobado 111 provisiones que restringen la interrupción del embarazo. Muy pocas mujeres comparten sus experiencias, lo que provoca que la realidad del aborto, así como las emociones que lo acompañan, se convierta en un testigo silente en la controversia.

Así, con el afán de romper dichos estigmas, The New York Magazine publicó un especial en el que relata las historias de 26 mujeres que han practicado (una o varias veces) la interrupción del embarazo.

Aquí una selección de los testimonios:

Lindsay, 35
Minnesota, 2012
Fui abusada por un hombre. Cuando la chica que atendía la clínica me presentó mis opciones, no pude contener el llanto. La sociedad está demasiado enfocada en que las mujeres seamos madres. Me sentí egoísta por no querer ser madre.

Rachel, 30
West Virginia, 2007
Sufro de trastorno esquizoafectivo. Estoy bien mientras tome mis medicinas, pero me daba miedo que pudiera lastimar a mis hijos como lo hicieron mis padres conmigo. Cuando entendí la historia de las enfermedades mentales en mi familia, mi esposo y yo dijimos “Vamos a ponerle fin al ciclo de abuso y no vamos a tener hijos.” Cuando me enteré que estaba embarazada, no podía parar de llorar. La doctora me pasó folletos de clínicas en distintos estados. No podía seguirme recentando mis medicamentos si estaba embarazada. Manejamos 4 horas hasta Maryland para poderme realizar el aborto en un día y así no tener que faltar al trabajo. Afuera de la clínica habían monjas rezando. Adentro de ella, tuve la sensación de volver a respirar. Opté por el procedimiento de aspiración. En una escala de uno a diez, el dolor llegó al nivel ocho. De camino a casa, tuve naúseas y sangrado leve. La familia de mi esposo nos dejó de hablar y así entendimos quien realmente nos apoyaba. Fue una intersección de estigmas- enfermedad mental y aborto. No puedo vivir sin mis medicamentos y honestamente puedo decir que si no hubiera abortado, ya estaría muerta.

Anya, 36
Nueva York y California, 2003 y 2006
Apoyo enormemente a Planned Parenthood por el trabajo que hace, pero a mi me tocó estar en la sala de espera durante horas y cuando fui atendida, fue por un doctor con la mirada en blanco que no me veía a los ojos. Me desperté en una camilla a la mitad de un pasillo, rodeada de caos. Nadie me explicaba lo que pasaba. Tres años más tarde, me enteré que estaba embarazada otra vez. Recordé que tenía seguro médico así que el procedimiento me costó un total de 30 dólares. De camino, a mi novio le dio un ataque de pánico y me preguntó “¿Qué tal que estás matando a mi hijo?”. Tuvimos que pararnos para que yo pudiera manejar. Respeto que haya sido una experiencia emotiva para él. Yo no lo pienso mucho. Cuando lo platico, y la gente me contesta con cara incrédula, les explico que no hay problema, que no me siento mal. Al final acabo consolándolos.

Para leer los demás testimonios haz click aquí.

Aquí algunas cifras sobre la Interrupción Legal del Embarazo en la Ciudad de México (De 2007 a septiembre de 2013)

Infografía aborto en la Ciudad de México by http://www.animalpolitico.com

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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