Aunque la CNTE libera la circulación, los festejos por la Revolución se cancelan
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Aunque la CNTE libera la circulación, los festejos por la Revolución se cancelan

La circulación en la Plaza de la República quedó libre por completo después de que los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, en plantón en la zona desde septiembre, levantaron las carpas que obstruían el paso. Por tanto, vehículos particulares y el Metrobús pueden avanzar por el circuito.
Por Nayeli Roldán @nayaroldan
11 de noviembre, 2013
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//Foto: Cuartoscuro.

//Foto: Cuartoscuro.

Los festejos del 103 aniversario de la Revolución Mexicana serán suspendidos debido al campamento que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) mantiene en la Plaza de la República desde el pasado 13 de septiembre.

Edgar Rojano, director del Museo Nacional de la Revolución, explica que a unos días de la conmemoración y ante la advertencia de los profesores de permanecer ahí, se hace imposible llevar a cabo las actividades previstas para conmemorar la fecha en el Monumento a la Revolución.

Este año la Banda Sinfónica de la Defensa Nacional daría un concierto en la Plaza de la República, también se preparaba un ciclo de conferencias sobre el movimiento armado de 1910, la proyección de algunos documentales, así como talleres exprofeso. Todo, “penosamente tuvo que ser suspendido porque el público no asistiría. Este año no habrá actividades especiales para conmemorar la Revolución”, lamenta Rojano.

En otros aniversarios, el Jefe del Ejecutivo encabezó las ceremonias, pero esta vez, no se prevé que la presencia de Enrique Peña Nieto. Ni ningún otro acto al que asista el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera.

Reduce CNTE el plantón 

La CNTE retiró carpas del circuito alrededor de Plaza de la República para compactar su plantón, luego de que este domingo se cumplió el ultimátum anunciado por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, a los dirigentes magisteriales la semana pasada.

La circulación en la Plaza de la República quedó libre por completo después de que los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, en plantón en la zona desde septiembre, levantaron las carpas que obstruían el paso. Por tanto, vehículos particulares y el Metrobús pueden avanzar por el circuito.

Desde la tarde del domingo, integrantes de la dirección de concertación política del GDF acudieron a la zona para dialogar con los profesores para la liberación de calles, incluso personal de limpia apoyó a los profesores que levantaban sus casas de campaña.

Aunque existía la expectativa de utilizar la fuerza pública para desalojar a los profesores si se reusaban a compactar su plantón, los policías de la Secretaría de Seguridad Pública local ubicados en cada una de las calles alrededor del campamento solo permanecieron vigilantes durante el día sin que se reportaran enfrentamientos.

La compactación, dice la dirigencia magisterial, no obedece a la advertencia gubernamental sino a la protección de sus compañeros, toda vez que muchos de ellos se encontraban sobre mufas eléctricas, lo que los colocaba en riesgo de algún accidente. Por eso aseguran que su manifestación seguirá. “Nosotros dijimos que no nos vamos a mover de aquí, porque este es el Monumento a la Revolución. No es del gobierno, es del pueblo, como el Zócalo y ellos no pueden determinar algo que no es suyo”, sostiene Leidi Acevedo, integrante de la coordinación política nacional de la CNTE.

Disminuyen visitas al museo 

La presencia de la CNTE desde hace casi dos meses, no sólo ha afectado la economía de los comercios de la zona, sino también la vida cultural, sobre todo al Museo Nacional de la Revolución que reporta 70 por ciento menos visitantes desde que inició la manifestación.

Las carpas convierten a la Plaza de la República en una especie de laberinto en el que se deben esquivar los lazos entrelazados que sostienen las lonas. Sólo así se puede llegar a la entrada del museo ubicado en el sótano del Monumento a la Revolución, pero pocos han querido hacerlo.

Desde el 13 de septiembre la disminución es notable, pero “el aspecto más dramático es noviembre, el mes de la Revolución. El año pasado recibimos aproximadamente 70 mil visitantes y este mes no llevamos más de mil”. Incluso hubo días que solo asistieron 20 personas en un día. Los fines de semana se atendían hasta 6 mil visitantes, pero ahora apenas llegan 300.

En lo que va de noviembre, el Museo de la Revolución lleva menos de mil visitantes. //Foto: Nayeli Roldán.

En lo que va de noviembre, el Museo de la Revolución lleva menos de mil visitantes. //Foto: Nayeli Roldán.

Este museo registra 300 mil visitantes al año, lo que lo ubica como uno de los más concurridos en la Ciudad de México y cuyos ingresos ascienden a más de un millón de pesos al año; sin embargo, ante la baja asistencia, obviamente hay merma en los recursos que “son importantes para el mantenimiento de la vida del museo”, dice Rojano.

Las pocas visitas hacen que toda la obra “está desperdiciada. Es una tristeza”, afirma María González, promotora cultural y trabajadora del recinto desde hace 25 años. Su sentencia obedece a que el museo creado en 1986 fue remodelado en 2010 para conmemorar el centenario de la gesta revolucionaria para lo que se invirtieron 360 millones de pesos.

Con ese dinero se logró crear ocho salas, estaciones interactivas, pantallas con material fílmico de la época y se conservan 3 mil 300 objetos del movimiento armado.

Entre sus principales atractivos está el conjunto de piezas escultóricos de fibra de vidrio y poliuretano que se ubican en la parten central del recinto y rinden homenaje a “La bola”, es decir, a los miles de campesinos que tomaron las armas en 1910.

Peligra acervo por roedores y cucarachas 

Dicho acervo histórico se encuentra en peligro, toda vez que la presencia de miles de personas viviendo en la explanada genera otros problemas. Rojano explica que los daños a la estructura del museo no se ven, pero van a estar latentes

“Han estado clavando cosas arriba y una vez que se retire y se hagan las valoraciones habrá que ver las filtraciones que se generan”.

El otro aspecto es lo referente a la higiene. Los maestros preparan sus alimentos en la explanada, alrededor tienen los baños y hay basura por doquier, lo cual genera fauna nociva que es “peligrosísima en un entorno que guarda patrimonio histórico”.

“Los roedores pueden atacar nuestro documentos, libros, ejemplares de periódicos, hay muchas cucarachas, además del mal ambiente que se genera en torno del museo”.

El director advierte que el reclamo para desalojar a los maestros de ese punto es por las afectaciones económicas, pero el recinto “está atrapado en toda esta dinámica”. Peor aún, “resulta paradójico que los maestros que deberían promover la cultura, con este asunto estén afectando nuestra vida cotidiana”.

Sin embargo, para los profesores el problema del museo no es grave. “Nosotros no prohibimos la entrada. La gente puede pasar, nosotros no somos vándalos, no agredimos a nadie. El plantón no afecta al museo, incluso muchos de los compañeros han entrado porque no lo conocían”, dice Leidi Acevedo, integrante de la coordinación política nacional de la CNTE.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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