Decapitados en México, un drama casi cotidiano
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Decapitados en México, un drama casi cotidiano

La semana pasada, un hecho irrumpió en las primeras planas del extranjero: la de una mujer cuyo sacrificio, a manos de un sicario del cartel de los Zetas, fue filmado y publicado en Facebook.
Por BBC Mundo
1 de noviembre, 2013
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Fotos y videos de decapitaciones son comunes en algunas páginas de internet que cubren noticias del narco en México.

En la madrugada del miércoles 6 de septiembre de 2006, una veintena de hombres armados, vestidos de negro y con los rostros cubiertos por pasamontañas, entró en la discoteca Sol y Sombra de la población de Uruapan, en el estado de Michoacán.

Luego de disparar al aire y obligar a los clientes a tirarse al suelo, arrojaron cinco bolsas de plástico negro en la pista de baile del lugar.

Después se revelaría su sombrío contenido: cinco cabezas humanas.

Por el número de decapitados, por la manera como ocurrió el hecho, la noticia tuvo repercusiones internacionales.

La semana pasada, otra decapitación en México irrumpió en las primeras planas del extranjero: la de una mujer cuyo sacrificio, a manos de un sicario del cartel de los Zetas, fue filmado y publicado en Facebook.

Sin embargo, lo que provoca indignación y rechazo a nivel internacional es pan casi cotidiano en este país: el decapitamiento de una persona, su filmación y difusión.

Los Kaibiles

Los cinco decapitados de la ciudad de Uruapan habían desaparecido desde el martes 5 de septiembre. Un periodista de la región indicaría luego a la BBC que se trataba de vendedores de droga locales.

Esa misma semana otras dos personas habían sido decapitadas en el estado. Trece en todo el año.

Según registros periodísticos, durante el gobierno de Felipe Calderón (2007-2012), en el que se dispararon todos los índices de violencia por su estrategia de ataque frontal a los carteles, al menos mil 300 personas fueron decapitadas en el país.

Pero esa modalidad de asesinato había empezado antes de que Calderón llegara al poder.

La mayoría de expertos consultados coincide en que la práctica fue introducida por desertores de las fuerzas especiales Kaibiles de Guatemala, quienes empezaron a engrosar las filas de los Zetas a principios de la década de 2000, cuando ese grupo todavía fungía como brazo armado del Cartel del Golfo.

Es una de las explicaciones que da el periodista Sergio González Rodríguez en su libro “El hombre sin cabeza”, publicado en 2008, un texto personalísimo en el que, a través de relatos familiares, crónica y reflexiones antropológicas e históricas, trata de encontrarle sentido al brutal ritual de cortarle la cabeza a alguien.

Hacia el final del libro, González Rodríguez registra una conversación que sostuvo en una fonda con un decapitador de los Zetas, quien le confesó que había sido “entrenado” por expertos que, a su vez, habían sido adiestrados por exintegrantes de los batallones de jungla Kaibiles.

Escalada táctica

Por su parte, el profesor estadounidense George Grayson, autor del libro sobre los Zetas All the executioner’s men (“Todos los hombres del verdugo”) y experto en temas mexicanos, asegura que hasta la incorporación de los Kaibiles, los Zetas “sólo” torturaban y golpeaban a sus enemigos.

Según Grayson, las tácticas de los ex Kaibiles -que las utilizaron durante la guerra sucia en su país- encontraron eco en los dos principales comandantes Zeta: Heriberto Lazcano Lazcano (alias El Lazca o Z3) y Miguel Ángel Treviño Morales (Z40), conocidos por su brutalidad.

Lo que siguió es algo que países como Colombia conocen muy bien: cuando un grupo armado empieza a utilizar métodos especialmente violentos, sus rivales los imitan para infundir igual o más temor entre sus enemigos y en los habitantes de las zonas donde operan.

El Cartel de Juárez, el de Sinaloa, el del Golfo. Todos empezaron a decapitar a sus enemigos.

Símbolo histórico

En su libro, González Rodríguez recuerda que en la historia de México hay tres símbolos vinculados con la decapitación:

Las empalizadas de cráneos que edificaban los aztecas; la cabeza del sacerdote y primer líder independentista Miguel Hidalgo, exhibida en una jaula de hierro por los españoles para escarmiento de los revolucionarios y la testa de Pancho Villa, arrebatada de su cuerpo años después de su muerte.

Los mayas también realizaban rituales de decapitamiento.

Samuel González Ruiz, exconsejero de la Organización de las Naciones Unidas en la lucha contra las drogas y quien entre 1996 y 1998 estuvo a cargo de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada de México, dice a BBC Mundo que no es posible establecer un hilo histórico entre lo que ocurre hoy y el pasado.

Sin embargo, cree que las decapitaciones actuales tienen una dimensión política: “El mensaje es claro: no tenemos piedad y haremos lo que sea para controlar nuestro territorio”.

Proliferación de imágenes

Luego de que la “Familia Michoacana” anunciara su conformación como cartel arrojando las cinco cabezas en la pista de baile de Sol y Sombra, el temor se apoderó de la región.

“Los inversionistas empezaron a irse en busca de zonas más seguras”, dijo el año pasado a la BBC el corresponsal de un medio nacional en Michoacán.

Desde entonces, las decapitaciones se han vuelto más abundantes. Según registros de la Procuraduría General de la República citados por medios periodísticos, en 2007 al menos 32 personas sufrieron este tipo de muerte. Para 2011, la cifra rondaba las 500.

Sólo entre abril y mayo de 2012, más de 80 personas fueron decapitadas, en medio de una terrible guerra de toma y daca entre los Zetas y sus antiguos patronos, el Cartel del Golfo.

Y a medida que aumentaban las muertes, también lo hacía la familiaridad pública con el crimen. Y con sus lancinantes imágenes.

En ocasiones es posible ver fotos de decapitados en los medios impresos nacionales -en especial en revistas- pero donde más han proliferado es en internet, en sitios como Historias del Narco y otras páginas web que publican la más cruda información sobre el narcotráfico.

Para una tumba sin nombre

También es común verlos en YouTube: videos aficionados, granulosos, donde se degolla con sevicia a menores, a mujeres y a veces hasta a grupos de personas.

La polémica de la semana pasada, que involucró al propio primer ministro del Reino Unido, David Cameron, se presentó porque uno de esos video cruzó una frontera invisible y llegó a Facebook.

Luego de varios días de controversia, la red social decidió retirarlo.

Sin embargo, en México aún es posible ver el video de menos de un minuto, en el que, ante una mujer de rodillas, con una camiseta rosada, un hombre enmascarado, con un cuchillo en la mano, anuncia que “esto es lo que le pasa a todos los del Cartel del Golfo”. Luego procede a asesinarla.

En medio de la polémica, el nombre de esta nueva víctima de la violencia que asola a México ha quedado en el silencio. No ha sido posible identificarla. Su cuerpo no ha sido hallado, sus familiares no se han pronunciado.

Tampoco lo ha hecho el gobierno, que, como dice Samuel González Ruiz, quizá debió haber aprovechado el revuelo para, al menos, resolver este crimen.

Al parecer no será así. Como tantos otros casos de decapitados, la mujer reposa en una tumba sin nombre mientras su terrible muerte seguirá circulando tal vez por décadas en el limbo de internet.

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El mandatario podría estar jugándose en las urnas algo más que su futuro político. Te explicamos por qué.
3 de noviembre, 2020
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Para Donald Trump, una derrota en las elecciones de este martes no sería solamente una humillación política. El mandatario arriesga mucho más.

Las investigaciones en torno a los escándalos que han ocurrido durante su gestión sugieren, según expertos, que el mandatario puede enfrentar una compleja situación financiera personal, además de procesos penales, si tiene que salir de la Casa Blanca el próximo 20 de enero.

Hasta el momento, frente a la posibilidad de una investigación criminal en su contra, lo protege la inmunidad que le brinda el cargo. Los presidentes en ejercicio no pueden ser procesados.

Lo que lleva a la pregunta obvia: ¿qué pasa si ya no es el presidente?

La inmunidad en el cargo

“Creo que hay la posibilidad de que se le imputen cargos criminales a Trump”, dice a BBC Mundo Bennett Gershman, catedrático de derecho constitucional en la Universidad de Pace, quien se desempeñó por una década como fiscal en el estado de Nueva York.

“Los cargos que el presidente podría enfrentar tienen que ver con fraude bancario, fraude de impuestos, lavado de dinero, fraude electoral”, entre otros, asegura Gershman, citando “toda la información que ha salido a la luz en los medios sobre su conducta financiera”.

Como si esto fuera poco, Trump enfrenta grandes riesgos financieros, incluyendo, según informes de los medios estadounidenses, una enorme deuda personal y dificultades con su imperio empresarial.

El diario The New York Times ha dicho que en los próximos cuatro años Trump tiene que pagar más de 300 millones de dólares en préstamos, en momentos en que algunas de sus inversiones personales no pasan por el mejor momento.

Y si Trump sale derrotado en los comicios, tal vez sus acreedores sean menos flexibles a la hora de exigir el pago de esas obligaciones.

La Casa Blanca ha actuado como una barrera frente a los problemas legales y financieros del mandatario, advierten sus críticos. Si esa muralla desaparece, Trump enfrentaría días difíciles.

No admite faltas

El presidente asegura haber sido víctima de numerosas conspiraciones por parte de sus enemigos para acusarlo falsamente de haber cometido crímenes antes y durante su tiempo en el poder.

Joe Biden.

Reuters
Trump ha acusado repetidamente a Biden sin presentar pruebas.

Trump niega de manera tajante haber cometido cualquier falta.

Y subraya el haber salido airoso de las investigaciones que ha llevado a cabo el Departamento de Justicia en torno a los numerosos escándalos que han enmarcado su gestión, así como del juicio político que le realizó el Congreso a comienzos de este año.

Pero todos esos procesos partían de la base de la inmunidad presidencial frente a los procesos penales. El Departamento de Justicia ha dicho en repetidas ocasiones que un mandatario no puede ser procesado penalmente mientras ocupe el cargo.

No obstante, esas investigaciones podrían ser la base de nuevas actuaciones judiciales contra Trump, le dicen expertos a BBC Mundo.

“Ya sabemos que puede enfrentar acusaciones de fraude electoral, ya que el fiscal federal del Distrito Sur de Manhattan en efecto ya nombró como co-conspirador junto a Michael Cohen“, asegura Gershman.

El experto se refiere a la investigación federal contra el exabogado personal de Trump, Cohen, quien en 2018 se declaró culpable de irregularidades electorales durante la campana de 2016 relacionadas con pagos efectuados a la actriz porno Stormy Daniels, quien alega haber tenido un affaire con el presidente.

Stormy Daniels.

Reuters
La actriz Stormy Daniels estuvo en el centro de uno de los escándalos que afectaron al presidente.

Durante la investigación contra Cohen, la fiscalía describió en su acusación oficial a un entonces candidato presidencial, al que designaron como “Individuo 1”, supuestamente relacionado con esa actividad criminal. Los medios estadounidenses asumieron universalmente que la Fiscalía se refería en ese momento a Trump.

En su momento, el hecho fue noticia nacional. El 7 de diciembre de 2018, The New York Times titulaba: “Fiscales dicen que Trump dirigió pagos ilegales durante la campaña”.

Agregaba el diario que “fiscales federales dijeron el viernes que el presidente Trump dirigió pagos ilegales para evitar un potencial escándalo sexual que amenazaba sus posibilidades de ganar la Casa Blanca en 2016, poniendo el peso del Departamento de Justicia detrás de las acusaciones previamente realizadas por su exabogado”.

El informe Mueller

Gershman dice que cabe suponer que “pueda haber otros cargos por obstrucción a la justicia” a partir de los resultados del llamado informe Mueller.

En 2019, el fiscal especial Robert Mueller entregó su investigación sobre las acusaciones de interferencia del gobierno ruso en la campaña presidencial estadounidense de 2016.

Dicho informe no encontró prueba concluyente de que la campaña del entonces candidato Trump estuviera deliberadamente colaborando con el gobierno ruso.

Sin embargo, el informe documentó una serie de actuaciones controversiales del mandatario en respuesta a esa investigación.

Mueller manifestó entonces que el Congreso estadounidense debía decidir si le seguía un “impeachment” o juicio político a Trump por supuesta obstrucción de justicia, ya que el presidente tenía inmunidad frente a los canales normales de la justicia penal.

Robert Mueller.

EPA
Hay expertos que creen que Trump podría afrontar cargos derivados de la investigación que llevó a cabo el fiscal especial Robert Mueller.

En esa ocasión, el Congreso se abstuvo de abrirle un juicio político a Trump, aunque sí lo hizo meses después por un caso distinto, esta vez ante versiones que decían que el presidente había intentado manipular al gobierno de Ucrania para que investigara supuestas irregularidades cometidas por Hunter Biden, el hijo del candidato demócrata Joe Biden.

En diciembre de 2019 la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, acusó formalmente a Trump, pero en febrero siguiente, el Senado, de mayoría republicana, lo absolvió.

Trump fue apenas el tercer mandatario estadounidense en la historia en enfrentar un “impeachment”.

Cargos locales y federales

Como presidente, Trump podría en principio autoperdonarse por cualquier violación a las leyes federales que hubiese cometido, aunque no hay antecedentes en la historia del país de una situación semejante.

En cambio, sí ha ocurrido que un mandatario que enfrenta la posibilidad de cargos criminales salga del cargo y sea perdonado por su sucesor.

Ese fue el caso en 1974 cuando Richard Nixon renunció después del escándalo de corrupción de Watergate, y su entonces vicepresidente y sucesor en el cargo, Gerald Ford, le extendió un perdón judicial total.

Richard Nixon.

BBC
Nixon es hasta ahora el único presidente en la historia de EE.UU. que ha recibido un perdón total.

“Hay muy poca probabilidad de que Trump enfrente cargos federales, pues es de esperar que se autoperdone”, le dice a BBC Mundo Norman Ornstein, experto del American Enterprise Institute, un centro de investigación política de línea conservadora.

En un escenario de derrota electoral, si Trump no se atreve a autoamnistiarse, dice Ornstein, el mandatario tendría algún incentivo para renunciar al cargo antes del final de su periodo, que se cumple el 20 de enero de 2021.

En ese escenario hipotético extremo, el actual vicepresidente Mike Pence quedaría a cargo para completar los días finales del periodo presidencial y podría perdonar a Trump por anticipado de cualquier crimen a nivel federal que hubiese podido cometer.

Pero las potenciales dificultades legales de Trump no terminan ahí, asegura Ornstein.

Los medios estadounidenses han estado ventilando la posibilidad de que, aparte de cargos federales, Trump también enfrente cargos criminales a nivel local, le recuerda a BBC Mundo el exfiscal Gershman.

Carteles frente a la Casa Blanca.

Reuters
Detractores del presidente han colgado carteles que piden su arresto frente a la Casa Blanca.

El 1 de noviembre, la publicación The New Yorker se unía a muchos otros medios estadounidenses discutiendo un escenario en el que el fiscal de Nueva York, Cyrus Vance, quien ha estado investigando los negocios privados del presidente, podría eventualmente acusarlo de irregularidades relacionadas con su pasado como magnate inmobiliario.

En eso concurre Ornstein, quien le dice a BBC Mundo: “Hay investigaciones agresivas en curso por el Fiscal General del Estado de Nueva York, y el Fiscal del Distrito de la Ciudad de Nueva York sobre irregularidades de impuestos y de otra índole potencialmente cometidas antes de que Trump fuese presidente”.

A diferencia de los cargos federales, los de nivel local no son susceptibles de perdón presidencial.

Una decisión política

Los expertos insisten en que no hay seguridad de que las autoridades decidan emprender estas acciones en contra de Trump, incluso si creyesen que existe evidencia para justificarlo.

Ya en 1974 el gobierno de la época decidió que enjuiciar a Nixon solo extendería la agonía del escándalo de Watergate, y, alegando conveniencia nacional, prefirió perdonarlo.

Al respecto, Joe Biden dijo el pasado 6 de agosto en una entrevista que, en caso de ser elegido presidente, ni se opondría ni impulsaría un proceso penal contra Trump, dejando esa decisión enteramente a los fiscales del Departamento de Justicia.

Si esos fiscales federales, o los del estado de Nueva York, finalmente deciden adelantar un proceso contra Trump, no será una situación que se resuelva rápidamente.

Por cuenta de los litigios previos, un juicio fácilmente podría tomar meses o incluso años en comenzar, le dice Gershman a BBC Mundo

Si fuera encontrado culpable por cargos como los que se han discutido, Trump podría enfrentar una pena “de años, no de meses” en prisión, advierte el académico.

“La ley aplica para todos”, recuerda Gershman.

Ornstein, por su parte, sospecha que los fiscales de Nueva York seguirán adelante con sus investigaciones contra Trump.

“No creo que terminen sus esfuerzos contra Trump cuando deje su cargo. Trump es vulnerable, y lo sabe”, le dice Ornstein a BBC Mundo.

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