El DF se resiste a preservar los deportes prehispánicos
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El DF se resiste a preservar los deportes prehispánicos

Desde 2009, el único espacio de la capital acondicionado para practicar juegos de pelota fue destinado a otros fines. Pese a una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos del DF, aún no hay espacios debidamente acondicionados.
Por Paris Martínez / última parte
7 de noviembre, 2013
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Desde 2009, la Jefatura de Gobierno del DF recibió una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos local, para que asegure un espacio para los deportes prehispánicos. // Foto: Cuartoscuro.

Desde 2009, la Jefatura de Gobierno del DF recibió una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos local, para que asegure un espacio para los deportes prehispánicos. // Foto: Cuartoscuro.

El 27 de octubre de 2008, el entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, emitió la Declaratoria de Patrimonio Cultural Intangible de los Juegos de Pelota de Origen Prehispánico, tras constatar que estos “han visto amenazada su existencia ante el surgimiento de nuevas expresiones culturales y por la falta de espacios que fomenten su preservación, razón por la cual deben ser salvaguardados por el Gobierno del DF, a fin de propiciar su preservación, protección, valoración y revitalización”. Un año después, sin embargo, las autoridades capitalinas clausuraron el único espacio de la Ciudad de México en el que los deportes prehispánicos se desarrollaban de manera formal, y que venía funcionando desde hacía medio siglo: las canchas de pelota mixteca conocidas como Pasajuego Balbuena, a tiro de piedra de la Cámara de Diputados.

Hoy, en el predio que ocuparan los practicantes de juegos prehispánicos desde el año de 1954 –y que luego de ser un basurero, fue acondicionado por las comunidades indígenas asentadas en el DF mediante el trabajo comunitario, o tequio–, se alzan dos estructuras pintadas de gris: el Centro de Comando, Control, Comunicaciones, Cómputo, Inteligencia, Integración, Información e Investigación de la policía capitalina (mejor conocido como C4), desde donde se opera la red de videovigilancia del gobierno local, y un estacionamiento de varios pisos.

“Y de entonces a la fecha –explica Ana Claudia Collado, presidenta de la Asociación de Juegos y Deportes Autóctonos y Tradicionales del DF–, los distintos grupos que practican estos deportes en la capital del país han tenido que salir a buscar espacios prestados, porque nos dejaron sin nada, es indignante que no tengamos un espacio para practicar, y ahora todo el tiempo nos estamos peleando los espacios públicos que, o están concesionados, o cuyo uso está limitado a la práctica del futbol.”

Por la clausura de estas canchas, donde se practicaba Pelota Mixteca de forro y de hule, Pelota Tarasca y Pelota del Valle, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió hace cuatro años su recomendación 25/2009, dirigida al Gobierno de la Ciudad de México, en la cual reclamaba la restitución de este espacio a los jugadores de pelota prehispánica, o el acondicionamiento de uno que cumpliera con los requerimientos para el desarrollo de estos deportes, así como la creación de un programa amplio para su difusión entre la población capitalina.

La recomendación, formulada en septiembre de 2009, estipula además que el gobierno local debía  asegurarse de que la Secretaría de Cultura del DF dispusiera de los recursos suficientes para el fomento y expansión de estos juegos.

Pero según la misma CDHDF, nada de esto ha sido cumplido.

Está pelón…

Aunque el Pasajuego Balbuena no fue devuelto a sus ocupantes tradicionales, señala Ana Claudia Collado, practicante de pelota purépecha desde su juventud, el gobierno local intentó en ese año dotar a los deportistas de un espacio nuevo, en busca de acatar la recomendación 25/2009.

“Destinaron 3 millones de pesos para demoler un deportivo abandonado, ubicado en la delegación Venustiano Carranza, y ahí se construyó una cancha de pelota mixteca, unos baños, una caseta de vigilancia y una pequeña oficina, sin embargo –se lamenta la titular de la asociación capitalina de juegos prehispánicos–, no había un interés real en atender las necesidades de los jugadores, mucha infraestructura necesaria nunca se construyó, a pesar de que estaba incluida en el proyecto, y de hecho, hasta la cancha que construyeron es inútil, porque mide 70 metros, cuando la pelota mixteca se practica en canchas de 110 metros, ni siquiera eso respetaron”.

Este espacio, ubicado en Boulevard Puerto Aéreo y Eje 2 Norte, fue inaugurado en 2010 por el gobierno local, con el nombre de Deportivo Pelón Osuna, en homenaje al laureado tenista mexicano. “Y ahí está –dice Ana Claudia–, abandonado, en ruinas, porque luego del acto inaugural ninguna autoridad le dio seguimiento, no se asignaron más recursos para concluirlo o para darle mantenimiento, ni tampoco para realizar actividades, encuentros, torneos, y ahora el único servicio activo en ese predio es la caseta de vigilancia, aunque el espacio no se usa… si acaso, algunos jugadores de pelota mixteca acuden, pero nada más para hacer presencia, porque definitivamente la cancha es inservible.”

–¿Qué tipo de infraestructura le hace falta a ese deportivo, además de una adecuada cancha de pelota mixteca? –se le pregunta.

–La Federación Mexicana de Juegos y Deportes Tradicionales y Autóctonos tiene un catálogo de 100 actividades, desde juegos como canicas, trompo, tiro al blanco con resortera o vuelo de papalotes, hasta deportes competitivos de equipo, pasando por juegos de destreza mental, así que se requiere mucho más que una cancha de pelota, este debía ser un recinto para la preservación no de uno, sino de muchos juegos prehispánicos, cuya importancia radica en que son el génesis de la cultura deportiva mexicana.

Estos deportes y juegos, subrayó, “importan porque son la base del desarrollo de muchas otras prácticas deportivas del México moderno, y cada una de estas disciplinas afianzan la identidad de las personas y su pertenencia comunitaria, además de que refuerzan los lazos sociales y preservan, como en el caso de la pelota mixteca, parte de la cosmovisión de los pueblos indígenas.”

Cojos…

La importancia de la recomendación 25/2009, señala la promotora de los deportes prehispánicos, estriba no sólo en el reclamo de restitución de derechos para los usuarios del Pasajuego Balbuena, sino también en que pone de relieve la necesidad de fomentar, más allá de ese espacio, la práctica de estos juegos entre toda la población y en toda la ciudad.

“El beneficio de preservar estos deportes no sólo tiene que ver con cuestiones culturales y de identidad nacional y regional –subraya–, tal como otros deportes convencionales, los juegos prehispánicos permiten a quienes lo practican generar y fortalecer habilidades y destrezas físicas y mentales. Con la pelota purépecha, por ejemplo, se desarrolla la potencia, la resistencia y la velocidad, y como ésta, muchas otras, no sólo útiles, sino muy necesarias.”

La pertinencia de impulsar estos deportes, insiste Ana Claudia, queda retratada en una experiencia reciente: “Con el apoyo de algunos maestros de educación física de nivel primaria, comenzamos a difundir la práctica del temalacachtli, que es un juego similar al avión, en el que hay que brincar en un solo pie, en escuelas de Milpa Alta y Tláhuac, que son semirrurales, así como en Gustavo A. Madero, que está totalmente urbanizada. Y así nos dimos cuenta que los niños de GAM presentaban dificultad para mantener el equilibrio, se les dificultaba brincar de cojito, ya que sus posibilidades de jugar en espacios abiertos son muy limitadas, mientras que los niños de las otras demarcaciones rurales no tenían este problema, y el temalacachtli fue empleado para ayudar a los niños de Gustavo A. Madero para fortalecer su equilibrio”.

En este programa participaban 15 maestros de educación física, que tomaron un curso con valor curricular con la Asociación de Juegos y Deportes Tradicionales del DF, mismo que luego llevaban a sus alumnos. “Sin embargo –se lamenta la promotora deportiva–, con la reforma educativa ese programa fue eliminado.”

Y no es lo único, remata, ya que en 2006, los deportes prehispánicos fueron eliminados de la Olimpiada Nacional Infantil y Juvenil, “simplemente los sacaron, junto con otros deportes no olímpicos, y esto lo hizo la Comisión Nacional del Deporte siguiendo la lógica de que, al no ser disciplinas que aporten medallas internacionales, entonces son prescindibles.”

Epílogo: 1 de 11

La recomendación 25/2009, por la omisión de proteger y garantizar la práctica de juegos de pelota prehispánicos, es solo una de las 11 reconvenciones dirigidas por el ombudsman capitalino a la Jefatura de Gobierno del DF y que, hasta la fecha, permanecen “sujetas a seguimiento”, debido a la falta de cumplimiento satisfactorio.

En total, la Comisión de Derechos Humanos del DF ha enviado 17 recomendaciones a la Jefatura de Gobierno desde que ésta fue instituida, en el año 1997, de las cuales ha aceptado 15, aunque sólo cuatro han sido atendidas en su totalidad.

Entre las 11 recomendaciones que aún están pendientes de cabal cumplimiento se contemplan las violaciones cometidas por la construcción de la Supervía Poniente, por la tolerancia de asentamientos irregulares en áreas naturales de Xochimilco, por los abusos que derivaron en la muerte de 12 personas durante el operativo de 2008 en la discoteca New’s Divine, el incumplimiento de laudos laborales y los abusos cometidos en la investigación del secuestro del joven Fernando Martí, hijo del empresario y hoy activista civil Alejandro Martí, que derivaron en la captura de una presunta banda de secuestradores que, a la postre, las autoridades federales deslindaron de dicho caso.

Para conocer la postura oficial sobre estas recomendaciones no acatadas, Animal Político solicitó una entrevista a la jefatura de Gobierno sin que al cierre de esta edición dicha petición fuese atendida.

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Chile vota en plebiscito histórico: 4 claves para entender qué está en juego

La votación definirá el destino político institucional de Chile para los próximos años. Más allá del "apruebo" o "rechazo", varios analistas explican qué está en juego.
25 de octubre, 2020
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Por primera vez en la historia de Chile, este 25 de octubre se pregunta a la ciudadanía si aprueba o rechaza la redacción de una nueva Constitución.

El referendo chileno, aprobado en un acuerdo político en el Congreso tras un ciclo de manifestaciones que comenzó con las marchas estudiantiles el 2006 y culminó en octubre del 2019, definirá el destino político institucional de Chile en los próximos años.

De ganar el “apruebo”, será la primera vez desde 1833 que la Constitución es redactada por una convención ciudadana elegida en votación popular.

Qué está en juego en el referéndum, más allá del “apruebo” o “rechazo” y del tipo de convención que eventualmente surja para redactarla es lo que responden a BBC Mundo aquí analistas chilenos y latinoamericanos.

1. Generar una Constitución “sin traumas”

Pese a que sufrió numerosas reformas, la Constitución vigente hasta hoy en Chile fue redactada y aprobada en 1980 bajo el régimen militar del general Augusto Pinochet y, según afirma el politólogo Gabriel Negretto, “simbólica y políticamente, nunca superó ese defecto congénito”.

Por eso, lo que está en juego en el proceso constituyente que podría comenzar con el triunfo del “apruebo” es la legitimidad de origen de una eventual nueva Constitución para Chile, le dice a BBC Mundo Negretto, quien ha sido consultor de Naciones Unidas en procesos de reforma constitucional en distintos países latinoamericanos.

Augusto Pinochet votando en el referéndum en 1980.

Getty Images
La Constitución vigente fue aprobada y redactada durante el gobierno militar del general Augusto Pinochet.

“¿Qué rodeó a la Constitución de Pinochet?: que nació de un acto de fuerza, de violencia; que se hizo en un clima de miedo, de terror”, describe el académico. “Para marcar un contraste con el origen de la vieja Constitución, la nueva debe nacer de un amplio respaldo ciudadano y en un entorno pacífico”, precisa.

“En ese sentido, hay un llamado a la atención de quienes apoyan el ‘apruebo’ de llamar a la calma… El estallido social, que incorporó gran cantidad de demandas legítimas, también estuvo asociado a actos de violencia injustificados que hasta hoy no están claros. No se puede eliminar toda la violencia, pero tiene que quedar claro que corresponde a grupos aislados”, plantea.

Para que Chile efectivamente cuente con una Constitución que no arrastre los traumas de la actual, argumenta Negretto, se requiere además que una de las dos opciones gane por una mayoría suficientemente amplia y en una votación con una participación importante, ojalá mayor a los promedios de las últimas elecciones chilenas.

“No es lo mismo un referéndum como el que se hizo por el acuerdo de paz en Colombia que uno sobre las reglas fundamentales con las que queremos vivir como sociedad, como se definirá en Chile. En este caso, si la diferencia entre la opción que gana y la que pierda es pequeña, es problemático”, advierte el académico.

“Sería un mal comienzo que el ‘apruebo’ ganara por un margen pequeño: el trauma que vive Chile respecto a los legados de la dictadura provienen del plebiscito de 1988, cuando la dictadura militar terminó cediendo la transición a la democracia con un altísimo poder político (el “Sí” a Pinochet obtuvo un 43% y el “No” un 54.7%). Aquí no debe quedar duda de la posición mayoritaria”, sostiene Negretto.

Simpatizante de la opción de "apruebo", durante una manifestación.

Getty Images
El estallido social de octubre de 2019 incorporó entre sus demandas la redacción de una nueva Constitución.

“Si el resultado fuera 51 para el ‘apruebo’ y 49 por el ‘rechazo’, estaría muy preocupado por el futuro de Chile”, agrega Negretto.

“Porque eso querría decir que el cambio constitucional no lo rechaza una minoría, sino la mitad de la población. Y eso es preocupante en un contexto polarizado, porque aquí no hay medias tintas: se cambia la Constitución o no”.

2. Recuperar legitimidad de la política

Vicky Murillo, directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, precisa que el plebiscito en Chile emergió como respuesta a la movilización social, “síntoma de la crisis de representación del sistema político” en el país.

“La toma de la calle y los gritos buscaban que los políticos escucharan a la ciudadanía, incluso cuando esta demanda de atención requiriera romper la puerta del salón donde se toman las decisiones, como dice la canción de ‘Hamilton'”.

La académica se refiere a “The room where it happened” uno de los temas del popular musical estadounidense que describe las negociaciones secretas donde la élite negocia fuera del ojo de la opinión pública, una práctica que en Chile se describe como “la cocina”.

“Es importante recordar las expectativas que conlleva el proceso constituyente y la importancia de mantener esa puerta abierta. Esto implica que no solo el resultado, sino también el proceso constitucional será clave para la recuperación de la legitimidad política”, dice Murillo.

De ganar el “apruebo”, la politóloga advierte que es importante “asegurar la entrada de nuevos actores como agentes de representación ciudadana y, al mismo tiempo, que tanto viejos como nuevos representantes garanticen su atención a la ciudadanía incluso cuando no grite o esté en las calles”, dice.

Disturbios durante una manifestación en el aniversario del inicio de las protestas antigubernamentales.

Getty Images
El pasado 18 de octubre se cumplió un año del inicio del estallido social en Chile.

¿Cómo lograr ese objetivo? Estableciendo una conexión humana, basada en la empatía y la experiencia compartida, propone.

“Que la ciudadanía se reconozca en sus representantes y pueda confiar en ellos. El proceso no podrá ser participativo hasta las últimas instancias, requerirá de esperas, y puede involucrar errores. Por ello, la confianza en quienes están en el salón donde se tomen las decisiones depende tanto de una puerta abierta como de la empatía entre estos y quienes han estado ya por demasiados años pidiendo ser oídos”, describe la politóloga.

3. Redistribuir poder y bienes públicos

“Las constituciones definen las reglas del juego”, describe Miriam Henríquez, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado.

“La etiqueta mayor que yo pondría al proceso chileno sería la opción de cambiar las reglas del juego sobre la distribución del poder y los bienes públicos valiosos para la existencia de toda la sociedad. No sólo los derechos civiles, las libertades, también los sociales, como agua, vivienda, educación”.

Henríquez plantea que, si se lleva adelante el proceso constituyente, una de las opciones es que se remuevan los obstáculos que hoy impiden cambiar algunas políticas públicas en Chile a través del Congreso. Bajo la Constitución actual, incluso si una ley es aprobada por una súper mayoría parlamentaria, puede ser impugnada ante el Tribunal Constitucional (TC).

“Si uno establece en la Constitución que los asuntos se regularán por ley simple, por ejemplo, y se modifica el TC, el efecto será que los cambios de políticas públicas serán más sencillos”, dice la académica.

Partidarios de la opción del "rechazo".

Getty Images
En la opción del “rechazo” también hay personas que creen que se necesitan cambios profundos.

“El ‘rechazo’ supondría que la ciudadanía no tiene voluntad de cambiar la Constitución, porque las cosas como están, están bien. Pero eso no obsta que se pueden hacer reformas. Hay personas del ‘rechazo’ que creen que se necesitan cambios profundos y se han comprometido a emprenderlos”, dice Henríquez.

“La diferencia es que en el apruebo hay un itinerario, un camino claro, un órgano específico. Las reformas que se hicieran en el caso del ‘rechazo’, se harían a través del actual Parlamento, y los cambios no tendrían tanta legitimidad como los que tendría un órgano especialmente elegido para ello”, agrega.

“Es posible que una nueva Constitución se parezca bastante a la actual, y las expectativas pueden quedar frustradas, pero insisto en la importancia del hecho de sentarse a conversar. Esa diferencia ya debería satisfacer muchas expectativas: tener un pacto social que sintamos propio”, concluye.

4. Generar un proceso constituyente único en Latinoamérica

Tanto la realización del plebiscito como el proceso constituyente que derive de sus resultados se normarán por la Constitución vigente, que fue especialmente reformada por el Congreso con este fin. Eso marca una de las diferencias del referéndum constitucional chileno con otras experiencias latinoamericanas.

“No es tan habitual que una Constitución vigente se modifique para su reemplazo. Es excepcional que Chile siga este cauce, este proceso, con procedimientos y plazos establecidos. Y es un desafío máximo que los cumplamos”, precisa Henríquez.

Trabajadora del Servicio Electoral chileno, durante un ensayo para el referendo.

Getty Images
El referendo tendrá lugar siguiendo las restricciones impuestas por la pandemia de coronavirus.

Además, en este caso no es el gobierno el que definirá el cambio constitucional ni el órgano que podría redactar la nueva Constitución, sino la ciudadanía.

“En Chile, además, no hay una fuerza hegemónica que se imponga en el debate. Varios de los procesos latinoamericanos han sido marcados por la existencia de fuerzas políticas muy preponderantes, donde se impone una mayoría. Eso no ocurre en Chile porque las fuerzas están fragmentadas. Y eso, que podría ser complejo y lo es, nos obliga a hacer pactos” dice la politóloga.

“Cada proceso en Latinoamérica tiene algo que lo hace único. En el caso chileno que todas, o gran parte de las fuerzas políticas hayan acordado un cauce institucional a la crisis es algo que lo hace único”, remata Henríquez.


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