El número mágico al buscar trabajo es 50
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El número mágico al buscar trabajo es 50

Hoy, en el mundo de las redes sociales "conocemos" a mucha más gente que nunca y además podemos relacionarnos con la gente que nuestros "conocidos" conocen, lo cual tendría que facilitar encontrar trabajo, pero no siempre es así
24 de noviembre, 2013
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Oficina BBC“No es lo que sabes sino a quién conoces” dice un viejo refrán sobre la búsqueda de empleo.

Hoy, en el mundo de las redes sociales “conocemos” a mucha más gente que nunca y además podemos relacionarnos con la gente que nuestros “conocidos” conocen, lo cual tendría que facilitar encontrar trabajo, pero no siempre es así.

“Entender a la audiencia”

Hay muchas formas de socializar en internet y con creciente frecuencia los sitios más importantes, como Facebook, están siendo utilizados por compañías para reclutar empleados.

“Todo tiene que ver con entender a la audiencia”, dice, en conversación con la BBC, Michael Weiss, experto en redes sociales y director ejecutivo de figure18, una empresa que asesora a la gente para ser mejores “narradores”.

LinkedIn probablemente es el sitio más importante para buscar empleo. Aunque si usted es creativo, Pinterest e Instagram también son útiles. Y si es escritor o si desea tener más presencia pública entonces debe ir a Twitter.

LinkedIn se ha convertido en la plataforma favorita del mundo corporativo y en el principal sitio que usan los empleados para reclutamiento profesional.

“Para posiciones a nivel profesional, se espera que los solicitantes tengan un perfil robusto en LinkedIn que pueda mostrarle claramente sus calificaciones y experiencia al empleador potencial”, le asegura Alison Doyle, experta en búsqueda de empleo de About.com, a la BBC.

Secretos de LinkedIn

LinkedIn, basada en Sillicon Valley, California, acaba de cumplir 10 años. Tiene más de 259 millones de miembros, dos tercios de los cuales viven fuera de Estados Unidos.

¿Algún consejo sobre cómo establecer contactos en las redes sociales para mejorar los chances de encontrar empleo?

Básicamente la misión es establecer contactos para entablar relaciones profesionales con personas que pueden serle útiles. Además, ampliar su círculo de contactos para aparecer en el radar de las conexiones de sus conexiones.

“Sabemos que el número secreto de conexiones es el 50”, revela Erran Berger, un ingeniero de LinkedIn responsable de construir el sitio.

Berger afirma que lograr la cifra mágica de 50 es crucial para que ocurra el efecto de la onda expansiva.

“Se empieza con conexiones de primer grado. Por ejemplo, Ana es alguien que conozco porque trabaja conmigo y ella tiene decenas de contactos, uno de ellos es Jim. De pronto, mis conexiones de segundo grado aquí se vuelven realmente grandes”, explica en entrevista con la BBC.

“Jim quizás trabaja en una compañía que me interesa y quizás desempeña el trabajo que siempre he soñado. Puedo pedirle a Ana que me lo presente y puedo preguntarle qué necesito para conseguir un empleo en su compañía”.

Cuestión de modales

No obstante, el proceso de establecer nuevos contactos en línea plantea preguntas sobre la etiqueta de crear relaciones de trabajo. Solía pensarse que era inapropiado hacer “llamadas en frío” a extraños, incluso si eran contactos de nuestros colegas de trabajo, para pedirles consejo sobre un nuevo empleo.

“La regla general para relacionarse con personas en LinkedIn es que uno se conecta con las personas a las que conoce o podría conocer en el futuro, por ejemplo en una conferencia o un evento”, señala Caroline Gaffney, quien dirige la página de inicio y cronología de LinkedIn.

Y, gracias a su naturaleza, las relaciones de trabajo digitales pueden alimentarse mucho más fácilmente que cuando los nuevos contactos se reducían a un montón de tarjetas de presentación que terminaban apiladas en un cajón.

“Las interacciones son mucho más fluidas ahora y la gente es mucho más abierta a recibir mensajes de alguien que pueden o no conocer, siempre y cuando haya un contexto”, dice Gaffney.

Hasta los tímidos

Pero muchas personas todavía no se acostumbran a ese enfoque. No todos desean ser tan abiertos con su currículo en internet ni se sienten cómodas al llamar a extraños para que una nueva compañía les abra la puerta.

Para quienes son tan tímidos en línea como lo son en persona, Gaffney sugiere que “hay formas más ligeras de interactuar: se puede hacer clic en ‘me gusta’ o comentar en la participación de otros”.

“Por ejemplo, alguien con quien trabaja comparte un artículo sobre un nuevo producto, usted hace clic en ‘me gusta’ y eso es todo. Así hace que lo recuerden. Un ‘me gusta’ es algo muy ligero”.

Y añade que “a medida que gane confianza, quizás le den ganas de comentar sobre el artículo de otro y después graduarse compartiendo artículos. Verá que eso trae beneficios valiosos y lleva a crear más conexiones con gente que traerá oportunidades”.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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