El secreto del éxito del cine mexicano
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El secreto del éxito del cine mexicano

El cine mexicano lleva más de una década en la cresta de la ola y ha logrado progresar a pesar de los impedimentos de la recesión global y la competencia feroz por obtener financiación internacional.
10 de noviembre, 2013
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En Ciudad de México salen del cine los últimos espectadores que han experimentado el asalto a los sentidos que es “Gravity”. Con las gafas de 3D aún en la mano, parpadeando y desorientados por la luz, manifiestan su agrado con murmullos de aprobación.

También se nota cierto orgullo, porque esta extraordinaria pieza cinematográfica que suena como candidata a un Oscar de Hollywood es del director mexicano Alfonso Cuarón. La película suscitó incluso comparaciones con el legendario director estadounidense Stanley Kubrick.

“Está a la altura de las (cintas) de la edad de oro del cine mexicano”, comenta María Esther Domínguez, una de las espectadoras. Se refiere a las gloriosas décadas del 30, 40 y 50, cuando los filmes mexicanos estaban considerados entre los mejores del mundo.

Hipérboles aparte, 2013 ha sido un año de inmenso éxito para el cine en este país.

Por segundo año consecutivo el premio al mejor director en el Festival de Cannes ha recaído en un director mexicano. En la edición celebrada en mayo, el galardón se lo llevó Amat Escalante por la película “Heli”, un poderoso drama ambientado en una región rural de México, donde imperan la violencia y las revanchas por asuntos de droga.

Además, las comedias mexicanas “Nosotros los Nobles” e “Instrucciones no incluidas” han logrado superar con creces los récords nacionales de taquilla.

Noches de cine

El cine mexicano lleva más de una década en la cresta de la ola y ha logrado progresar a pesar de los impedimentos de la recesión global y la competencia feroz por obtener financiación internacional. Entonces, ¿cuál es el secreto?

“Lo primero y más importante siempre ha habido mucho talento en México”, dice Daniela Michel, la directora del undécimo Festival de Morelia que se celebró en octubre en el estado de Michoacán.

“Las instituciones y las escuelas de aquí trabajan muy bien y han apoyado proyectos muy interesantes. Es un momento vibrante, de gran energía”, añade Michel.

En concreto, iniciativas como el cine Ambulante en Ciudad de México se han convertido en una plataforma óptima para jóvenes cineastas que quieren poner a prueba su material en la gran pantalla.

Pero más allá del talento y las ayudas institucionales, algo que que está presente en muchos géneros cinematográficos en otros países de América latina y Europa, hay algo que distingue la identidad cinematográfica mexicana y que parece atraer a las audiencias.

El nuevo boom comenzó, según el criterio de Michel, en la época de “Amores Perros”. Rodada en 2000 por el director Alejandro González Iñárritu, ayudó a recolocar la industria cinematográfica mexicana en el mapa internacional después de décadas pasando relativamente inadvertida.

En los últimos 13 años, el éxito de la industria ha ido fortaleciéndose a su propio ritmo. Los directores y productores mexicanos han cosechado regularmente galardones en festivales como Cannes (Francia), Sundance (en el estado de Utah, EE.UU) y San Sebastián (España). Algunos de sus máximos exponentes, como Diego Luna y Gael García Bernal, han llegado a actuar en Hollywood.

Alfonso Cuarón es indudablemente el director más destacado del año. Su hermano menor, Carlos Cuarón, también estuvo presente en el festival de Morelia con la presentación de su película, “Besos de azúcar”.

La generación just do it

 

Al contrario que el filme de gran presupuesto de Alfonso, el de Carlos es una historia muy simple sobre el primer amor de dos adolescentes en Tepito, un barrio de Ciudad de México castigado por la corrupción.

“Lo que en mi opinión es bonito del cine mexicano en este momento es la variedad, y parte de esa variedad es el realismo”, le dijo Carlos Cuarón a la BBC después de que su película fuera exhibida a una audiencia tan numerosa que parte de ella se sentó en las escaleras o se acomodó en las salidas de emergencia para verla.

“Adoro crear personajes universales y trabajar con temas universales en contextos muy específicos. En este caso, el contexto no ha sido sólo Ciudad de México, sino muy en concreto Tepito. Este barrio ofrece un retrato muy honesto y creo que ese es el motivo por el que ciudadanos británicos o de Estados Unidos son capaces de entenderlo y apreciarlo”, continuó.

Tepito es famoso en México por su mercado de productos falsificados. Los dos niños de la película provienen de familias que están metidas en negocios corruptos, un mundo muy peligroso.

“En la audiencia había un americano que lleva viviendo en México por algún tiempo y que se emocionó mucho”, comentó Carlos Cuarón. “Se apasionó con la historia y dijo que era el retrato de más real del país que había visto nunca. ¡Un buen empujón para mi ego!”.

Entre la variedad Cuarón hace también una mención especial al cine de animación mexicano. La primera película de animación mexicana en 3D, El Americano, ha sido presentada este año, así como a una amplia lista de cortos y documentales de directores y productores noveles.

“Mi generación fue llamada la generación crisis. Desde niños, hemos vivido una crisis después de otra durante 30 años. A esta gente joven ya no le importa la crisis. Sólo se ponen manos a la obra y eso es admirable”.

Dado el éxito internacional de la película de Amat Escalante, “Heli”, que cuenta la historia de una adolescente que se enamora de un joven atrapado en un mundo peligroso de droga, uno puede pensar que es la presencia de esa violencia la que está detrás del éxito del cine mexicano.

Pero la directora del Festival de Morelia, Daniela Michel, no está de acuerdo con esa visión. “El cine mexicano no prioriza la presencia de violencia porque los propios mexicanos tampoco lo hacen”, afirma.

Desde su punto de vista, eventos como el de Morelia, que se lleva a cabo en uno de los estados más peligrosos de México, ayudan a mostrar la otra cara del país, su lado más cultural y artístico que tan a menudo se pierde entre titulares de violencia asociados al país.

Esta es la imagen que los mexicanos preferirían proyectar.

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Chile vota en plebiscito histórico: 4 claves para entender qué está en juego

La votación definirá el destino político institucional de Chile para los próximos años. Más allá del "apruebo" o "rechazo", varios analistas explican qué está en juego.
25 de octubre, 2020
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Por primera vez en la historia de Chile, este 25 de octubre se pregunta a la ciudadanía si aprueba o rechaza la redacción de una nueva Constitución.

El referendo chileno, aprobado en un acuerdo político en el Congreso tras un ciclo de manifestaciones que comenzó con las marchas estudiantiles el 2006 y culminó en octubre del 2019, definirá el destino político institucional de Chile en los próximos años.

De ganar el “apruebo”, será la primera vez desde 1833 que la Constitución es redactada por una convención ciudadana elegida en votación popular.

Qué está en juego en el referéndum, más allá del “apruebo” o “rechazo” y del tipo de convención que eventualmente surja para redactarla es lo que responden a BBC Mundo aquí analistas chilenos y latinoamericanos.

1. Generar una Constitución “sin traumas”

Pese a que sufrió numerosas reformas, la Constitución vigente hasta hoy en Chile fue redactada y aprobada en 1980 bajo el régimen militar del general Augusto Pinochet y, según afirma el politólogo Gabriel Negretto, “simbólica y políticamente, nunca superó ese defecto congénito”.

Por eso, lo que está en juego en el proceso constituyente que podría comenzar con el triunfo del “apruebo” es la legitimidad de origen de una eventual nueva Constitución para Chile, le dice a BBC Mundo Negretto, quien ha sido consultor de Naciones Unidas en procesos de reforma constitucional en distintos países latinoamericanos.

Augusto Pinochet votando en el referéndum en 1980.

Getty Images
La Constitución vigente fue aprobada y redactada durante el gobierno militar del general Augusto Pinochet.

“¿Qué rodeó a la Constitución de Pinochet?: que nació de un acto de fuerza, de violencia; que se hizo en un clima de miedo, de terror”, describe el académico. “Para marcar un contraste con el origen de la vieja Constitución, la nueva debe nacer de un amplio respaldo ciudadano y en un entorno pacífico”, precisa.

“En ese sentido, hay un llamado a la atención de quienes apoyan el ‘apruebo’ de llamar a la calma… El estallido social, que incorporó gran cantidad de demandas legítimas, también estuvo asociado a actos de violencia injustificados que hasta hoy no están claros. No se puede eliminar toda la violencia, pero tiene que quedar claro que corresponde a grupos aislados”, plantea.

Para que Chile efectivamente cuente con una Constitución que no arrastre los traumas de la actual, argumenta Negretto, se requiere además que una de las dos opciones gane por una mayoría suficientemente amplia y en una votación con una participación importante, ojalá mayor a los promedios de las últimas elecciones chilenas.

“No es lo mismo un referéndum como el que se hizo por el acuerdo de paz en Colombia que uno sobre las reglas fundamentales con las que queremos vivir como sociedad, como se definirá en Chile. En este caso, si la diferencia entre la opción que gana y la que pierda es pequeña, es problemático”, advierte el académico.

“Sería un mal comienzo que el ‘apruebo’ ganara por un margen pequeño: el trauma que vive Chile respecto a los legados de la dictadura provienen del plebiscito de 1988, cuando la dictadura militar terminó cediendo la transición a la democracia con un altísimo poder político (el “Sí” a Pinochet obtuvo un 43% y el “No” un 54.7%). Aquí no debe quedar duda de la posición mayoritaria”, sostiene Negretto.

Simpatizante de la opción de "apruebo", durante una manifestación.

Getty Images
El estallido social de octubre de 2019 incorporó entre sus demandas la redacción de una nueva Constitución.

“Si el resultado fuera 51 para el ‘apruebo’ y 49 por el ‘rechazo’, estaría muy preocupado por el futuro de Chile”, agrega Negretto.

“Porque eso querría decir que el cambio constitucional no lo rechaza una minoría, sino la mitad de la población. Y eso es preocupante en un contexto polarizado, porque aquí no hay medias tintas: se cambia la Constitución o no”.

2. Recuperar legitimidad de la política

Vicky Murillo, directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, precisa que el plebiscito en Chile emergió como respuesta a la movilización social, “síntoma de la crisis de representación del sistema político” en el país.

“La toma de la calle y los gritos buscaban que los políticos escucharan a la ciudadanía, incluso cuando esta demanda de atención requiriera romper la puerta del salón donde se toman las decisiones, como dice la canción de ‘Hamilton'”.

La académica se refiere a “The room where it happened” uno de los temas del popular musical estadounidense que describe las negociaciones secretas donde la élite negocia fuera del ojo de la opinión pública, una práctica que en Chile se describe como “la cocina”.

“Es importante recordar las expectativas que conlleva el proceso constituyente y la importancia de mantener esa puerta abierta. Esto implica que no solo el resultado, sino también el proceso constitucional será clave para la recuperación de la legitimidad política”, dice Murillo.

De ganar el “apruebo”, la politóloga advierte que es importante “asegurar la entrada de nuevos actores como agentes de representación ciudadana y, al mismo tiempo, que tanto viejos como nuevos representantes garanticen su atención a la ciudadanía incluso cuando no grite o esté en las calles”, dice.

Disturbios durante una manifestación en el aniversario del inicio de las protestas antigubernamentales.

Getty Images
El pasado 18 de octubre se cumplió un año del inicio del estallido social en Chile.

¿Cómo lograr ese objetivo? Estableciendo una conexión humana, basada en la empatía y la experiencia compartida, propone.

“Que la ciudadanía se reconozca en sus representantes y pueda confiar en ellos. El proceso no podrá ser participativo hasta las últimas instancias, requerirá de esperas, y puede involucrar errores. Por ello, la confianza en quienes están en el salón donde se tomen las decisiones depende tanto de una puerta abierta como de la empatía entre estos y quienes han estado ya por demasiados años pidiendo ser oídos”, describe la politóloga.

3. Redistribuir poder y bienes públicos

“Las constituciones definen las reglas del juego”, describe Miriam Henríquez, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado.

“La etiqueta mayor que yo pondría al proceso chileno sería la opción de cambiar las reglas del juego sobre la distribución del poder y los bienes públicos valiosos para la existencia de toda la sociedad. No sólo los derechos civiles, las libertades, también los sociales, como agua, vivienda, educación”.

Henríquez plantea que, si se lleva adelante el proceso constituyente, una de las opciones es que se remuevan los obstáculos que hoy impiden cambiar algunas políticas públicas en Chile a través del Congreso. Bajo la Constitución actual, incluso si una ley es aprobada por una súper mayoría parlamentaria, puede ser impugnada ante el Tribunal Constitucional (TC).

“Si uno establece en la Constitución que los asuntos se regularán por ley simple, por ejemplo, y se modifica el TC, el efecto será que los cambios de políticas públicas serán más sencillos”, dice la académica.

Partidarios de la opción del "rechazo".

Getty Images
En la opción del “rechazo” también hay personas que creen que se necesitan cambios profundos.

“El ‘rechazo’ supondría que la ciudadanía no tiene voluntad de cambiar la Constitución, porque las cosas como están, están bien. Pero eso no obsta que se pueden hacer reformas. Hay personas del ‘rechazo’ que creen que se necesitan cambios profundos y se han comprometido a emprenderlos”, dice Henríquez.

“La diferencia es que en el apruebo hay un itinerario, un camino claro, un órgano específico. Las reformas que se hicieran en el caso del ‘rechazo’, se harían a través del actual Parlamento, y los cambios no tendrían tanta legitimidad como los que tendría un órgano especialmente elegido para ello”, agrega.

“Es posible que una nueva Constitución se parezca bastante a la actual, y las expectativas pueden quedar frustradas, pero insisto en la importancia del hecho de sentarse a conversar. Esa diferencia ya debería satisfacer muchas expectativas: tener un pacto social que sintamos propio”, concluye.

4. Generar un proceso constituyente único en Latinoamérica

Tanto la realización del plebiscito como el proceso constituyente que derive de sus resultados se normarán por la Constitución vigente, que fue especialmente reformada por el Congreso con este fin. Eso marca una de las diferencias del referéndum constitucional chileno con otras experiencias latinoamericanas.

“No es tan habitual que una Constitución vigente se modifique para su reemplazo. Es excepcional que Chile siga este cauce, este proceso, con procedimientos y plazos establecidos. Y es un desafío máximo que los cumplamos”, precisa Henríquez.

Trabajadora del Servicio Electoral chileno, durante un ensayo para el referendo.

Getty Images
El referendo tendrá lugar siguiendo las restricciones impuestas por la pandemia de coronavirus.

Además, en este caso no es el gobierno el que definirá el cambio constitucional ni el órgano que podría redactar la nueva Constitución, sino la ciudadanía.

“En Chile, además, no hay una fuerza hegemónica que se imponga en el debate. Varios de los procesos latinoamericanos han sido marcados por la existencia de fuerzas políticas muy preponderantes, donde se impone una mayoría. Eso no ocurre en Chile porque las fuerzas están fragmentadas. Y eso, que podría ser complejo y lo es, nos obliga a hacer pactos” dice la politóloga.

“Cada proceso en Latinoamérica tiene algo que lo hace único. En el caso chileno que todas, o gran parte de las fuerzas políticas hayan acordado un cauce institucional a la crisis es algo que lo hace único”, remata Henríquez.


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