La carretera que podría dejar sin agua a todo Morelia
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La carretera que podría dejar sin agua a todo Morelia

Académicos y activistas denuncian daños al ecosistema de La Loma de Santa María y la Cuenca del Río Chiquito, pulmones de la capital michoacana, por la construcción de una obra pública.
Por Manu Ureste
7 de noviembre, 2013
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La 2ª Etapa del Libramiento Sur contempla la construcción de un puente en la zona natural de los 'Filtros Viejos'. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

La 2ª Etapa del Libramiento Sur contempla la construcción de un puente en la zona natural de los ‘Filtros Viejos’. //Foto: Manu Ureste (@ManuVpC)

El abasto de agua de la ciudad de Morelia se encuentra en peligro por la construcción de la Segunda Etapa del Libramiento Sur Tramo Ramal Camelinas, una carretera que pone en riesgo el ecosistema de La Loma de Santa Maríay la Cuenca del Río Chiquito, los pulmones de la ciudad.

Así lo denuncian ambientalistas, ecólogos, académicos, y un sector de vecinos, que advierten que esta vialidad supone una amenaza.

La vialidad se construirá en lo que originalmente eran áreas protegidas debido a un decreto emitido en las últimas horas del 31 de diciembre de 2009, que dejó sin efecto la categoría de Área Natural Protegida de la Loma de Santa María, y redujo además el área de protección.

La Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) alega en el Resumen Ejecutivo que, además de propiciar una mayor conectividad en beneficio de todas las colonias que hay en la parte alta de la Loma, la Segunda Etapa del Libramiento Sur favorecerá al medio ambiente, pues promete librar el tráfico que a diario atasca la zona, reducir las emisiones de gases contaminantes, ahorrar en combustible, y además mitigar el nivel de contaminación acústica.

Sin embargo, académicos insisten en que esos beneficios no compensarán el daño que se ocasionará al ecosistema, especialmente a los mantos feráticos de la Cuenca del Río Chiquito, los cuales nutren de agua a Morelia, evitan inundaciones, y ejercen una función vital en el sostenimiento del suelo en una zona potencialmente sísmica.

Además, en la Manifestación de Impacto Ambiental que permite la construcción de la obra, la SCT tampoco menciona cuál será el destino de las toneladas de desechos que genere la obra.

Por todos esos motivos, investigadores como Víctor Manuel Toledo, docente de la UNAM, califican la construcción de esta vialidad, cuyo trazo atraviesa hasta tres áreas naturales, como un “ecocidio”.

 

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De Área Natural Protegida a “vialidad a gusto del cliente”

En la Loma de Santa María se encuentra la Cuenca del Río Chiquito. Una zona considerada como el pulmón de Morelia, que a pesar de tener una centésima parte del tamaño del Valle de México, concentra el 50% de toda la biodiversidad de lo que aún queda del cinturón verde del DF y el Estado de México.

Precisamente, por el equilibrio ecológico y los servicios ambientales que ofrecen a la capital michoacana y zonas aledañas, tanto la Loma de Santa María como la Cuenca del Río Chiquito contaban con diversos mecanismos de protección desde 1936, cuando Lázaro Cárdenas la decretó “zona protectora forestal vedada”.

Desde aquel entonces, tanto a nivel municipal, como estatal y federal, se aprobaron nuevos mecanismos de protección, como el decreto de 1993; año en que el gobernador Ausencio Chávez decretó la creación del Área Natural Protegida (ANP) de la Loma de Santa María, la cual establece la creación de un polígono de 232 hectáreas, en el que queda prohibido construir cualquier tipo de edificación u obra civil.

Sin embargo, dicho decreto colisiona con los nuevo planes de desarrollo urbano de Morelia, que a finales de los noventa comenzaron a considerar zonas que en los años ochenta eran de uso agrícola o ecológico, como nuevas parcelas urbanizables. Fue en ese tiempo cuando en la Loma se construyeron fraccionamientos de lujo, torres hoteleras, universidades, hospitales y más tarde, en 2010, un mega centro comercial.

Es entonces cuando surge en toda su dimensión la problemática de cómo conectar rápidamente los nuevos complejos urbanísticos de una zona con difícil.

Así lo explica la Doctora en Antropología Social y maestra en Desarrollo Urbano de la UNAM, Patricia Ávila, quien recuerda que el proyecto del Libramiento Sur es ya el cuarto intento de las autoridades por construir una vialidad de similares características, y en la misma zona.

El primero –cita la académica- fue en 2006, el Megapuente. El segundo en 2007, el Megatúnel. El tercero en 2010, el proyecto Altozano-Ocolusen y el cuarto en 2012, el actual Libramiento Sur de Morelia.

Cuatro intentos que tienen dos aspectos en común: el primero, que en los cuatros casos el trayecto comienza en las inmediaciones del centro comercial Paseo Altozano, y el segundo: un “inconveniente” de 232 hectáreas: el tamaño que abarcaba el Área Natural Protegida de la Loma de Santa María.

 

Fuente: estudio 'El papel del Estado en la gestión urbano ambiental'

Fuente: estudio ‘El papel del Estado en la gestión urbano ambiental’

 

A diferencia de sus predecesores, el Libramiento Sur salva la prohibición cuando el 31 de diciembre de 2009 el gobernador Leonel Godoy firma un nuevo decreto, en cuyos artículos transitorios deja sin efecto el Área Natural Protegida.

En su lugar, la nueva ordenanza rebaja la protección a Zona de Restauración y Protección Ambiental (ZRPA), reduce en 73% el número de hectáreas protegidas, y permite así la construcción de la Segunda Etapa del Libramiento Sur.

Checa la evolución de ANP a ZRPA:

[Aquí puedes leer las conclusiones del Foro de Análisis de la Loma de Santa María, celebrado por la UNAM]

 

Con esos cambios, a ojos de la Semarnat, la obra es legal y viable, ya que con el nuevo decreto de 2009 la Segunda Etapa del Libramiento no atraviesa ningún área protegida, sino que la bordea.

En cambio, para investigadores como Patricia Ávila este nuevo decreto es fruto de las presiones que empresarios ejercieron sobre las autoridades municipales encargadas de hacer los Planes de Desarrollo Urbano, para hacer realidad la carretera, y contar además con el beneplácito de Semarnat que la considera “ambientalmente viable”.

“Pero la obra sí pasa hasta por tres áreas que cuentan con protección ambiental”, añade Ávila, que en este sentido recalca que el trazo carretero, tal cual está proyectado en el Resumen Ejecutivo de la SCT, pasa con un puente por la Cuenca del Río Chiquito, área protegida con el decreto de zona protectora forestal vedada de 1936; por una Zona de Restauración y Protección Ambiental (ZRPA) –“la anterior Área Natural Protegida que Leonel Godoy redujo con un decretazo”-; y por el Área Natural Protegida Urbana Francisco Zarco, que se encuentra en Ocolusen, “y que el trazo de la obra pisa totalmente”.

“Todo se ha hecho a gusto del cliente –concluye Ávila-. ¡Ah! ¿qué hay un Área Natural Protegida que nos estorba? Pues les quitamos un pedazo y hacemos como que la obra pasa por la orillita“.

 

La importancia del ‘pulmón’ de Morelia

Carlos Olivares, egresado en Ciencias Ambientales de la UNAM, explica en video cuál es la importancia ecológica de la Cuenca del Río Chiquito y los riesgos de construir una obra civil en una zona mega diversa en flora y fauna, y en cuyas profundidades se encuentran los mantos feráticos que dotan de agua a Morelia:

 

 

“La empresa Sega falseó la Manifestación de Impacto Ambiental” Otro de los temas que preocupa a los académicos y a miembros de la sociedad civil que se oponen a la vialidad, es el manejo de las toneladas de desechos que genera la construcción.

“Con estas laderas, todos los residuos de la montaña van a parar, de forma natural, a las cañadas, a la avenida de agua –detalla el ambientalista Carlos Olivares-. Por lo que, con las obras que va a haber en los alrededores, y puesto que no tienen contemplado qué van a hacer con los desechos, lo lógico es que todos los residuos vayan a parar directamente al agua”.

Además, Moctezuma Madrigal, vocero del Movimiento Ciudadano en Defensa de la Loma, señala al respecto que denunciaron ante un juez federal que la Manifestación de Impacto Ambiental realizada por Sega “falseó la información” para continuar con las excavaciones.

“El estudio no declaró todas las especies que existen en este ecosistema que están protegidas por la norma mexicana, y que se verán afectadas por esta vialidad”, apunta.

  “El que paga manda. Jamás vas a encontrar una Manifestación de Impacto Ambiental que diga que una obra no se puede hacer por los riesgos que implica” 

Manifestación de Impacto Ambiental… “el que paga manda”

¿Cuáles son, entonces, los principales riesgos que plantea la Segunda Etapa del Libramiento Sur para la SCT y la empresa de estudios de impacto ambiental Sega?

De acuerdo con la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA), organismo dependiente de Semarnat que hizo el análisis de la MIA para su posterior aprobación, la SCT admite que, entre los impactos más serios, la obra generará “una potencial afectación de los escurrimientos naturales”, “pérdidas de vegetación terrestre”, además de “erosión debido a las actividades de desmonte y excavaciones”.

Esto, además de afectaciones a la estética del paisaje que se verá ‘afeado’ por la construcción de túneles. En cuanto a la construcción de un puente en los Filtros Viejos, en la Cuenca del Río Chiquito, la DGIRA señala que, según la MIA, esta infraestructura no ocasionará daños al afluente.

Por lo tanto, el estudio concluye que si bien se ocasionarán daños de diversa índole, todo es mitigable y puede ser contrarrestado. ¿Cómo? Entre otras medidas, con “programas de conservación y restauración de suelos” y construyendo “obras hidráulicas para que funcionen como paso de fauna” y evitar así el “efecto barrera” que pone en peligro a múltiples especies.

Sin embargo, estas medidas de mitigación de daños, tampoco convencen a los académicos e investigadores.

“El que paga manda –apunta la Doctora Patricia Ávila-. Y jamás vas a encontrar una MIA que llegue a la conclusión de que la obra no se puede hacer porque tiene tantos impactos que no es posible hacerla. Por lo general, todos los estudios dicen que sí hay impactos, pero que todo tiene remedio, y siempre salen aprobados los proyectos por más terribles que sean”.

En cuanto a esos programas de “conservación y restauración de suelos”, el ambientalista Carlos Olivares alega que esa medida no será suficiente para evitar la destrucción del ecosistema. “Esto es algo muy sensible. A veces, la variación en la temperatura del espacio de una sola décima de grado puede provocar que determinadas especies no se puedan reproducir, o que no germinen las plantas. Ahora, imagínate con una obra”.

  “Si una autoridad dijera que va a atravesar el bosque de Chapultepec para que pasen los coches por la poca área verde que le queda al DF, creo que les mentarían la madre”

Carlos Padilla, investigador ecologista que pertenece al Consejo Estatal de Ecología de Michoacán y al Consejo Municipal de Morelia, apunta por su parte que si bien una reforestación de la zona puede mitigar a largo plazo los impactos negativos que genere una obra, el problema, en su opinión, es otro.

“Si una autoridad dijera que va a atravesar el bosque de Chapultepec para que pasen los coches por la poca área verde que aún tiene la ciudad, creo que les mentarían la madre. Por eso los automovilistas le dan la vuelta al bosque y no lo atraviesan. Y esa vuelta que dan en el DF es más grande que la que nosotros necesitamos en Morelia, para no afectar un área natural protegida”.

Por ello, Padilla critica que las autoridades no han querido escuchar otras alternativas a la Segunda Etapa del Libramiento Sur, como las expuestas en foros organizados por la UNAM, o por organizaciones civiles como el Movimiento Ciudadano en Defensa de la Loma y el movimiento Di Sí a la Loma, o incluso por el propio Congreso de Michoacán. Organismo que, según explica en entrevista Reginaldo Sandoval, presidente de la Comisión de Desarrollo Sustentable, celebró un Foro en el mes de junio pasado, en el que “participaron todos los puntos de vista, desde científicos, investigadores, ciudadanos que necesitan la vialidad, y ciudadanos que defienden que la Loma debe ser protegida”.

Los únicos que no asistieron al Foro, lamenta Sandoval, fueron las autoridades responsables del proyecto. “No quieren escuchar –vuelve a denunciar Padilla-. Porque nosotros sí tenemos fundamentos, pero ellos no. Y a pesar de que con esta obra se afecta al ser humano, han preferido los intereses económicos”.

“Esta obra es un ecocidio que tiene su origen en un capricho empresarial”

En el mismo tono concluye Víctor Manuel Toledo, investigador de la UNAM en el Centro de Investigaciones del Campus Morelia, quien considera que el trazo de la Segunda Etapa del Libramiento Sur responde a los intereses de empresarios que buscan revalorizar la nueva zona comercial-urbanística de la parte alta de la Loma, a pesar de que se pone en riesgo tres zonas naturales que dotan de servicios ambientales, como aire limpio y agua, a los habitantes de Morelia.

“Desde luego que esa obra es un ecocidio –denuncia el investigador al ser cuestionado-. Un ecocidio que tiene su origen en un capricho empresarial, que quiere obligar a los ciudadanos a aceptar una obra que no tiene ningún sentido”.

Checa aquí el conflicto de la Loma de Santa María, en videos:

Trazo proyectado por la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) para la Segunda Etapa del Libramiento Sur Tramo Ramal Camelinas, el cual comienza en ‘Inicio 0+200′, a la altura del centro comercial Paseo Altozano, y concluye en 4+463, en la Bajada Baltazar Echave, en Ocolusen. Haz click en cada uno de los puntos del trayecto para ver los videos.

 

****
Para este reportaje Animal Político buscó la opinión de Sega, empresa que realizó la Manifestación de Impacto Ambiental de la Segunda Etapa del Libramiento Sur de Morelia. Sin embargo, Sega no hizo ninguna declaración al respecto, remitiendo a la SCT para cualquier información sobre el proyecto carretero.

Por su parte, la Secretaría de Obras Públicas del Ayuntamiento de Morelia, a través del área de Comunicación Social, también remitió al Centro SCT Michoacán.

Nadie de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte, tanto a nivel federal como estatal, ha ofrecido versión alguna ante los cuestionamientos que académicos, activistas y vecinos plantean en este reportaje.

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Qué es la 'desigualdad oculta' y por qué perjudica sobre todo a las mujeres que trabajan

Se ha hablado mucho sobre cómo las mujeres tienen que realizar la mayor parte de las tareas domésticas, pero lo que es menos conocido es la "carga mental" que también recae mayoritariamente en las mujeres, afectando su capacidad de trabajar.
25 de agosto, 2021
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Organizarles un programa con amigos o reservar sus turnos médicos. Pensar cómo esconder verduras en sus comidas o asegurarte de que haya suficientes en la lista del supermercado.

Preocuparte por si tu hijo va por buen camino en la escuela, su tu hija necesita zapatos nuevos y cuándo reemplazar tu lavarropas.

Por sí solas, todas estas pueden parecer tareas pequeñas, pero se acumulan.

Y si le preguntas a las parejas heterosexuales con hijos cuál de los dos suele lidiar con ellas, es probable que la mayoría de la misma respuesta: la madre.

Numerosos estudios muestran que las mujeres en relaciones heterosexuales todavía hacen la mayor parte del trabajo doméstico y el cuidado de niños.

Si bien muchas parejas tienen como objetivo dividir sus responsabilidades en un 50:50, por diversas razones estructurales y socioeconómicas terminan asignando tareas según los roles estereotípicos de género.

Incluso en las parejas que piensan que han logrado una división igualitaria del trabajo, las formas de cuidado más ocultas generalmente terminan recayendo en la mujer.

De hecho, un creciente cuerpo de investigación indica que, para las responsabilidades del hogar, las mujeres realizan mucho más trabajo cognitivo y emocional que los hombres.

Comprender por qué esto sucede podría ayudar a explicar por qué la igualdad de género no solo se ha estancado, sino que está retrocediendo, a pesar de que el tema se debate más que nunca.

Y una comprensión más amplia de este trabajo detrás de escena podría ayudar a las parejas a redistribuir las tareas de manera más equitativa, algo que, aunque inicialmente será difícil, podría desempeñar un papel importante para ayudar a las madres a aligerar su carga.

Una madre sostiene a un niño que llora

Getty Images
La carga oculta es mental y emocional: las investigaciones muestran que tareas como calmar a los niños angustiados generalmente recaen sobre las madres.

Trabajo invisible e ilimitado

Los expertos dicen que este trabajo oculto se presenta en tres categorías superpuestas:

  • trabajo cognitivo: consiste en pensar en todos los elementos prácticos de las responsabilidades del hogar, incluida la organización de citas para jugar, las compras y la planificación de actividades.
  • trabajo emocional: mantener las emociones de la familia; calmar las cosas si los niños se portan mal o si se preocupan por cómo les va en la escuela.
  • carga mental: es la intersección de las dos anteriores. Es preparar, organizar y anticipar todo, tanto lo emocional como lo práctico, que debe estar resuelto para que la vida fluya.

Este trabajo oculto es difícil de medir, porque es invisible y se realiza internamente, lo que dificulta saber dónde comienza y dónde termina.

En 2019, Allison Daminger, candidata a doctorado en sociología y política social en la Universidad de Harvard, descubrió que, si bien la mayoría de los participantes en su estudio sobre el trabajo cognitivo del hogar se dieron cuenta de que las mujeres estaban haciendo la mayor parte, esto no era considerado una “forma normal de trabajo”.

En su investigación, que incluyó a 35 parejas, los hombres se referían a sus esposas usando términos como “gerente de proyecto”, o decían que ellas estaban “haciendo un mayor seguimiento”.

Daminger identificó cuatro etapas claras del trabajo mental relacionadas con las responsabilidades del hogar:

  • anticipar las necesidades
  • identificar opciones
  • decidir entre las opciones
  • monitorear los resultados

Su investigación mostró que las madres hicieron más en las cuatro etapas; aunque las parejas a menudo tomaban decisiones juntas, las madres se ocupaban más de la anticipación, la planificación y la investigación.

En otras palabras, los padres estaban informados cuando se trataba de tomar decisiones, pero las madres hacían todo el resto del trabajo.

Una familia desayunando

Getty Images
Los padres suelen participar de las decisiones, pero no de la planificación, investigación, ejecución y monitoreo de las actividades de los niños.

Este trabajo oculto tiene varios impactos; sabemos, por ejemplo, que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de preocuparse por el cuidado de los niños incluso cuando no están con sus hijos.

Esto causa estrés adicional, porque esa preocupación siempre está presente, incluso cuando las mujeres deberían concentrarse en otras cosas.

La carga mental es ese hilo que trae tu familia a tu vida laboral“, dice Leah Ruppanner, profesora asociada de sociología en la Universidad de Melbourne y autora de Motherlands (“Tierras de madres”).

Es la preocupación constante de bajo nivel sobre si estamos haciendo lo suficiente y sobre el impacto que nuestra forma de crianza tendrá en el futuro de nuestro hijo o hija.

“Siempre estás tratando de mitigar el riesgo futuro”, señala Ruppanner.

“Control materno”

Una cosa que desconcertó a Daminger fue que esta distribución desigual del trabajo mental no parecía crear mucho conflicto entre sus participantes.

Para entender por qué, realizó un estudio de seguimiento que, un año después, mostró que las parejas justificaban algunos de estos comportamientos relacionados con el género.

Tanto hombres como mujeres sugirieron que la división desigual del trabajo mental se debía a que uno de los miembros de la pareja trabajaba más horas.

O afirmaron que las mujeres estaban “por temperamento interesadas en estar organizadas”, que simplemente eran buenas para planificar el futuro.

Esto mostró que los participantes creían que las diferencias de personalidad y las limitaciones laborales estaban impulsando estas desigualdades.

Estos eran participantes bien educados que aceptaron participar, por lo que es posible que no fueran completamente representativos, pero aún así da una idea interesante de un concepto erróneo que otros estudios han desacreditado: las mujeres no son naturalmente mejores en la planificación, organización o el multitasking, solo se espera que lo hagan más y, por lo tanto, eventualmente se vuelvan mejores en eso.

Una mujer tratando de trabajar con sus dos hijas al lado

Getty Images
Las mujeres no son naturalmente mejores con el “multitasking” sino que se hacen expertas por necesidad.

Sin embargo, existen otras razones estructurales por las que las mujeres continúan asumiendo una mayor carga mental.

A menudo encuentran una manera de trabajar de manera flexible, mientras que los trabajos de los hombres se consideran más rígidos y sus carreras son tradicionalmente más lineales.

Esto significa que las mujeres están más disponibles para el cuidado de los niños, lo hacen más y, como resultado, tienen que pensar más en ello.

Algo incluso más fuerte es que las expectativas de género, que comienzan desde el nacimiento, explican por qué las ideas sobre quién hace las tareas del hogar y el cuidado de los niños están tan arraigadas.

Se sabe que las hijas hacen más tareas domésticas que los hijos, por ejemplo.

Los ideales de la maternidad también se incorporan a esta ecuación. Por ejemplo, el hogar a menudo se considera un dominio de la mujer.

Sabemos que las mujeres son juzgadas por la pulcritud con más dureza que los hombres.

Un estudio mostró que si se decía que una misma habitación supuestamente en alquiler pertenecía a una mujer (Jennifer), ella era calificada como menos simpática, menos competente y menos trabajadora. Si se decía que pertenecía a un hombre (John), no había iguales juicios de valor.

¿La conclusión? El estado del hogar de una mujer estaba literalmente vinculado a su valor.

Estos ideales pueden autoperpetuarse. Debido a que las mujeres son más juzgadas por la forma en que funciona su hogar, es esencial que muestren un “control materno”.

Esto significa asumir tareas de cuidado infantil que podrían compartirse, como planificar comidas o elegir ropa, sugiriendo sutilmente que es el trabajo de una madre.

Piensa en el viejo chiste: “Bueno, la vistió su padre” (cuando la niña estaba mal vestida). Es gracioso si un papá lo hace mal, pero si las madres hacen las cosas mal implica una mala maternidad.

Una mujer vistiendo a su hija

Getty Images
La tarea de elegir la ropa de los niños suele recaer en las madres y si lo hacen mal son juzgadas por ello mucho más severamente que los padres.

A pesar de los avances que hemos logrado con que sea más normal que los hombres cuiden de los niños, todavía existe “la sensación de que las mujeres son en última instancia responsables de los resultados familiares”, señala Daminger.

“Hay más costos para una mujer si estas cosas no salen bien o no ocurren”, afirma.

Impactos, en casa y en el trabajo

Sin embargo, el hecho de que las madres terminen asumiendo esta carga mental tiene consecuencias.

Las madres están más estresadas, cansadas y menos felices que los padres durante el cuidado de los niños, según muestra la investigación, en parte porque ellos tienden a realizar actividades divertidas y recreativas con más frecuencia.

Un estudio sueco mostró que cuando las mujeres pensaban que la distribución de las tareas domésticas más obvias era injusta y las percepciones sobre la contribución de cada miembro de la pareja eran diferentes, esto generaba problemas en el matrimonio y aumentaba la probabilidad de una separación.

El riesgo también es el agotamiento de las madres, que inicialmente pueden pedir ayuda, lo que puede sonar fastidioso si tiene que repetirse una y otra vez.

“Y luego eso afecta a las relaciones“, dice el sociólogo Daniel Carlson de la Universidad de Utah, quien descubrió que la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado en las parejas también puede conducir a menos relaciones sexuales.

Si las mujeres quedan agobiadas en sus casas, además, eso significa que muchas sienten que no pueden dedicar física o mentalmente las horas extra que exigen muchos lugares de trabajo, por lo que la brecha salarial de género continúa ampliándose.

Un hombre y su hij@ limpian la casa

Getty Images
Distribuir las tareas domésticas más equitativamente beneficia la relación de pareja.

La mayoría de los trabajos a tiempo parcial los realizan mujeres, por ejemplo, y, a su vez, es menos probable que obtengan aumentos salariales o ascensos después de tener hijos, lo que dificulta aún más la búsqueda de los mejores empleos.

Muchas abandonan la fuerza laboral por completo.

Habla más, haz menos

Desde que estalló la pandemia, el vínculo entre la igualdad de género en el hogar y la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha estado más en el centro de atención que nunca.

Si bien hay muchos problemas sistémicos en juego, abordar el trabajo doméstico oculto dentro de las parejas podría ayudar a aliviar la carga que recae sobre las mujeres y disuadirlas de otras actividades.

Está claro que la mayoría de los hombres quieren involucrarse más en la vida de sus hijos, por lo que, para facilitar esto, las parejas podrían hablar explícitamente sobre quién hace qué, de principio a fin (no sirve mucho llevar a los niños a jugar con amigos si la otra persona tuvo que planificar y organizar el encuentro).

Para fomentar nuevos hábitos que ayuden a compartir la carga, tenemos que hacer que lo invisible sea más visible.

Tener conocimiento de ello es un buen primer paso, coincide Daminger, y tener constantemente claro quién está gestionando qué tarea, incluida la planificación.

Si declaramos explícitamente cuánta planificación implica cada aspecto del cuidado de los niños y las tareas del hogar, quedará más claro cuánto trabajo oculto hacemos.

Dos hombres cambian a sus bebés

Getty Images
Las parejas homosexuales dividen el cuidado de los niños de forma más equitativa, lo que demuestra que es posible hacerlo.

Afortunadamente, no todas las parejas dividen el cuidado de forma desigual: las parejas del mismo sexo, por ejemplo, tienen una distribución mucho más equitativa en comparación con las parejas heterosexuales, ya que no deben cumplir con los roles de género esperados.

Esto muestra que la carga se puede compartir claramente cuando se habla de ella de manera más abierta.

Por lo tanto, a nivel social, también debemos replantear algunas creencias muy arraigadas sobre lo que es el papel de un hombre o una mujer.

Carlson, quien dirigió una investigación que muestra que los puntos de vista igualitarios sobre el reparto de tareas contribuyen a la frecuencia sexual, dice que también debemos considerar los “factores estructurales que no permiten que haya flexibilidad en el lugar de trabajo”.

Por ejemplo, la norma de que los hombres son el sostén económico de la familia y “la cultura del trabajador ideal que empuja a los hombres a la fuerza laboral y los mantiene fuera del hogar”.

La política también podría ayudar: las investigaciones muestran que los hombres que toman una licencia por paternidad se encargan más del cuidado de sus hijos más adelante.

Pero en ausencia de políticas, quizás la mejor manera de que las mujeres reduzcan la carga mental sea hacer menos.

Esto puede generar dolor inicial, en pos de una ganancia a largo plazo, dice Carlson.

Si la madre deja de pensar en lo que hay que hacer y el padre no anticipa estas necesidades es posible que inicialmente cause estrés o críticas, pero eso podría permitir el aprendizaje para la próxima vez.

“Es una especie de condicionamiento operante clásico. No les estamos dando descargas eléctricas como en los experimentos con hámsteres… pero es como, ‘Oh, no me acordé de hacer esto la última vez y hubo una consecuencia negativa'”.

Con el tiempo, hacer menos podría aumentar la participación de nuestra pareja y, a su vez, liberar más energía mental para concentrarnos en nosotras mismas.

Al principio, es posible que nos juzguen por ello, pero podría llevarnos a una mayor felicidad más adelante. Todos aprendemos de la práctica, después de todo.

Melissa Hogenboom (@melissasuzanneh en Twitter) es la editora de BBC Reel y autora del libro, “The Motherhood Complex” (El complejo de maternidad), publicado en Reino Unido en mayo de 2021.


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