Las casas del crimen: el negocio inmobiliario de las muertes sangrientas
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Las casas del crimen: el negocio inmobiliario de las muertes sangrientas

¿Cuánto vale un apartamento en el que se ha cometido un asesinato? La respuesta la tiene el experto inmobiliario californiano Randall Bell, quien desde hace más de dos décadas se dedica a tasar "propiedades estigmatizadas".
Por BBC Mundo
6 de noviembre, 2013
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¿Cuánto vale un apartamento en el que se ha cometido un asesinato? ¿Qué hacer con un restaurante en el que ha habido una matanza? ¿Cuál es el mejor momento para poner a la venta una casa en la que se han celebrado ritos satánicos?

La respuesta a estas preguntas la tiene el experto inmobiliario californiano Randall Bell, quien desde hace más de dos décadas se dedica a tasar lo que él mismo denomina “propiedades estigmatizadas”.

Se trata de lugares en los que han ocurrido crímenes violentos u otros eventos trágicos -como atentados terroristas o catástrofes naturales- cuya venta no se rige por las reglas habituales del mercado inmobiliario.

En muchas ocasiones, esas propiedades estigmatizadas pierden una parte importante de su valor y Bell se encarga de asesorar a los dueños sobre cuál es el mejor momento para deshacerse de ellas y qué elementos hay que tener en cuenta antes de ponerse a buscar un comprador.

Entre los inmuebles que ha tasado Bell a lo largo de los años se encuentran algunos que fueron escenario de crímenes de alto perfil, como el apartamento de Los Ángeles en el que en 1994 murió asesinada la exmujer del exjugador de fútbol americano O. J. Simpson o la vivienda de Colorado en la que en 1996 apareció muerta de reina de la belleza infantil JonBenét Ramsey.

También ha dado asesoramiento en casos como el del rancho de San Diego en el que 39 miembros de la secta Heaven’s Gate se suicidaron en 1997, el del solar en el que se levantaban las Torres Gemelas de Nueva York antes de los atentados de 2001 o el de algunas propiedades que resultaron dañadas por el huracán Katrina en 2005.

Vea: Las fantásticas casas que desaparecían

Comparativa

“A principios de los años ’90, cuando ya llevaba un tiempo ejerciendo de agente inmobiliario, se me ocurrió que, en vez de medir el valor de una propiedad, sería interesante estudiar qué factores hacen que esa propiedad pierda valor”, explica Bell en conversación con BBC Mundo.

Para realizar su trabajo, Bell compara las propiedades de sus clientes con otras en las que hayan ocurrido eventos parecidos, ya sea dentro o fuera de Estados Unidos, y con algunas de características similares que estén libres de cualquier estigma.

El resultado final es un informe exhaustivo en el que detalla los factores que pueden tener un impacto en el precio final de la propiedad y en el que sugiere la mejor estrategia para sacarla al mercado.

Según explica Bell, “generalmente las propiedades en las que se han cometido crímenes tienen una pérdida de valor de entre 15% y 25%, que en algunas ocasiones puede llegar hasta 100%”.

Como ejemplo de esto último pone el caso de un restaurante de la cadena McDonald’s de San Diego en el que en 1984 un hombre mató a 21 personas.

“La compañía demolió el local y donó el terreno a la ciudad de San Diego. El ayuntamiento tuvo muchos problemas para venderlo y no fue hasta cuatro años después que lo adquirió una escuela comunitaria con un gran descuento”, explica.

Bell señala que ese caso demuestra que “el estigma por lo general está asociado a los terrenos y no a los inmuebles”.

“Eso también sucede en el lugar donde se levantaban las Torres Gemelas de Nueva York. El que hayan construido nuevos edificios no ha hecho que la gente deje de asociar ese lugar con los atentados de 11 de septiembre de 2001”, explica.

La clave es la paciencia

Bell cree que, antes de intentar deshacerse de una propiedad que ha quedado estigmatizada, lo mejor que pueden hacer los dueños es vivir en ella durante un tiempo o alquilarla.

“La paciencia es clave para recuperar el valor perdido”, señala el experto inmobiliario.

“No hay que sacarla al mercado justo después de que haya ocurrido una tragedia, ya que es muy poco probable que se venda. Por lo general lo mejor es esperar entre tres y cinco años”, asegura.

Según explica Bell, eso es lo que hicieron, por ejemplo, los dueños de la casa de Los Ángeles en la que en 1969 Charles Manson y sus secuaces asesinaron a Sharon Tate, la mujer del director de cine Roman Polanski, y a otras cuatro personas.

“El propietario decidió vivir en ella y no fue hasta dos décadas después de que se hubieran cometido los crímenes que la vendió, logrando que le pagaran el precio de mercado”.

Antes de poner a la venta una propiedad estigmatizada, Bell recomienda que los dueños se aseguren de que no queda ningún rastro del crimen.

Además, cree que a veces es una buena idea cambiar la dirección de la casa y hacer algunas reformas en la fachada o el jardín para que no sea tan reconocible.

Otro punto importante que destaca el experto es que hay que ser completamente honesto con los potenciales compradores sobre la historia de la propiedad, algo que en estados como California la ley contempla como una obligación.

¿Y qué les diría Bell a los que están dispuestos a comprar una casa en la que se ha ocurrido una tragedia?

“Siempre les digo que están haciendo un favor a la comunidad. Ocupando una propiedad estigmatizada no sólo se mejora la casa sino que también se le hace un favor al vecindario, ayudando a que se pueda pasar página”.

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Chile: 4 claves para entender la consulta por la que cambiará la Constitución de Pinochet

Una gran mayoría de chilenos votó este domingo a favor de reemplazar la Constitución vigente, que fue redactada bajo el régimen militar de Augusto Pinochet.
26 de octubre, 2020
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chile

Getty Images
Las autoridades iniciaron el recuento de votos en la noche del domingo.

Por primera vez en la historia de Chile, este domingo se preguntó a la ciudadanía si aprobaba o rechazaba la redacción de una nueva Constitución.

El resultado fue abrumador: uni 78% de la población votó por el cambio de la Carta Magna.

Será además la primera vez desde 1833 que la Constitución es redactada por una convención ciudadana elegida en votación popular.

Tras conocer los resultados preliminares, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, afirmó que “triunfó la ciudadanía y la democracia” tras conocerse los primeros resultados del histórico plebiscito.

“Hoy hemos demostrado nuevamente la naturaleza democrática, participativa y pacífica del espíritu de los chilenos y del alma de las naciones honrando nuestra tradición de república”, indicó.

El proceso, que transcurrió en tranquilidad, generó largas filas tanto en el país como en el extranjero, mientras las autoridades se esforzaban por mantener la distancia entre los votantes para evitar la propagación del coronavirus.

colas

AFP
Se han reportado largas filas a lo largo del país.

El referendo chileno, aprobado en un acuerdo político en el Congreso tras un ciclo de manifestaciones que comenzó con las marchas estudiantiles el 2006 y culminó en octubre del 2019, definirá el destino político institucional de Chile en los próximos años.

Qué está en juego en el referéndum, más allá del “apruebo” o “rechazo” y del tipo de convención que eventualmente surja para redactarla es lo que responden a BBC Mundo aquí analistas chilenos y latinoamericanos.

chile

AFP
Efectivos del Ejército ayudan a algunas personas a ejercer el voto.

1. Generar una Constitución “sin traumas”

Pese a que sufrió numerosas reformas, la Constitución vigente hasta hoy en Chile fue redactada y aprobada en 1980 bajo el régimen militar del general Augusto Pinochet y, según afirma el politólogo Gabriel Negretto, “simbólica y políticamente, nunca superó ese defecto congénito”.

Por eso, lo que está en juego en el proceso constituyente que podría comenzar con el triunfo del “apruebo” es la legitimidad de origen de una eventual nueva Constitución para Chile, le dice a BBC Mundo Negretto, quien ha sido consultor de Naciones Unidas en procesos de reforma constitucional en distintos países latinoamericanos.

Augusto Pinochet votando en el referéndum en 1980.

Getty Images
La Constitución vigente fue aprobada y redactada durante el gobierno militar del general Augusto Pinochet.

“¿Qué rodeó a la Constitución de Pinochet?: que nació de un acto de fuerza, de violencia; que se hizo en un clima de miedo, de terror”, describe el académico. “Para marcar un contraste con el origen de la vieja Constitución, la nueva debe nacer de un amplio respaldo ciudadano y en un entorno pacífico”, precisa.

“En ese sentido, hay un llamado a la atención de quienes apoyan el ‘apruebo’ de llamar a la calma… El estallido social, que incorporó gran cantidad de demandas legítimas, también estuvo asociado a actos de violencia injustificados que hasta hoy no están claros. No se puede eliminar toda la violencia, pero tiene que quedar claro que corresponde a grupos aislados”, plantea.

Para que Chile efectivamente cuente con una Constitución que no arrastre los traumas de la actual, argumenta Negretto, se requiere además que una de las dos opciones gane por una mayoría suficientemente ampliay en una votación con una participación importante, ojalá mayor a los promedios de las últimas elecciones chilenas.

colas

Getty Images
Las autoridades han pedido a la población mantener la distancia social.

“No es lo mismo un referéndum como el que se hizo por el acuerdo de paz en Colombia que uno sobre las reglas fundamentales con las que queremos vivir como sociedad, como se definirá en Chile. En este caso, si la diferencia entre la opción que gana y la que pierda es pequeña, es problemático”, advierte el académico.

“Sería un mal comienzo que el ‘apruebo’ ganara por un margen pequeño: el trauma que vive Chile respecto a los legados de la dictadura provienen del plebiscito de 1988, cuando la dictadura militar terminó cediendo la transición a la democracia con un altísimo poder político (el “Sí” a Pinochet obtuvo un 43% y el “No” un 54,7%). Aquí no debe quedar duda de la posición mayoritaria”, sostiene Negretto.

“Si el resultado fuera 51 para el ‘apruebo’ y 49 por el ‘rechazo’, estaría muy preocupado por el futuro de Chile”, agrega Negretto.

“Porque eso querría decir que el cambio constitucional no lo rechaza una minoría, sino la mitad de la población. Y eso es preocupante en un contexto polarizado, porque aquí no hay medias tintas: se cambia la Constitución o no”.

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Getty Images
Muchas filas buscan mantener el distanciamiento social.

2. Recuperar legitimidad de la política

Vicky Murillo, directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, precisa que el plebiscito en Chile emergió como respuesta a la movilización social, “síntoma de la crisis de representación del sistema político” en el país.

“La toma de la calle y los gritos buscaban que los políticos escucharan a la ciudadanía, incluso cuando esta demanda de atención requiriera romper la puerta del salón donde se toman las decisiones, como dice la canción de ‘Hamilton'”.

Disturbios durante una manifestación en el aniversario del inicio de las protestas antigubernamentales.

Getty Images
El pasado 18 de octubre se cumplió un año del inicio del estallido social en Chile.

La académica se refiere a “The room where it happened” uno de los temas del popular musical estadounidense que describe las negociaciones secretas donde la élite negocia fuera del ojo de la opinión pública, una práctica que en Chile se describe como “la cocina”.

“Es importante recordar las expectativas que conlleva el proceso constituyente y la importancia de mantener esa puerta abierta. Esto implica que no solo el resultado, sino también el proceso constitucional será clave para la recuperación de la legitimidad política”, dice Murillo.

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Las largas filas se han mantenido desde que abrieron los centros para ejercer el voto.

De ganar el “apruebo”, la politóloga advierte que es importante “asegurar la entrada de nuevos actores como agentes de representación ciudadana y, al mismo tiempo, que tanto viejos como nuevos representantes garanticen su atención a la ciudadanía incluso cuando no grite o esté en las calles”, dice.

¿Cómo lograr ese objetivo? Estableciendo una conexión humana, basada en la empatía y la experiencia compartida, propone.

“Que la ciudadanía se reconozca en sus representantes y pueda confiar en ellos. El proceso no podrá ser participativo hasta las últimas instancias, requerirá de esperas, y puede involucrar errores. Por ello, la confianza en quienes están en el salón donde se tomen las decisiones depende tanto de una puerta abierta como de la empatía entre estos y quienes han estado ya por demasiados años pidiendo ser oídos”, describe la politóloga.

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El referendo ha transcurrido con normalidad.

3. Redistribuir poder y bienes públicos

“Las constituciones definen las reglas del juego”, describe Miriam Henríquez, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado.

“La etiqueta mayor que yo pondría al proceso chileno sería la opción de cambiar las reglas del juego sobre la distribución del poder y los bienes públicos valiosos para la existencia de toda la sociedad. No sólo los derechos civiles, las libertades, también los sociales, como agua, vivienda, educación”.

Henríquez plantea que, si se lleva adelante el proceso constituyente, una de las opciones es que se remuevan los obstáculos que hoy impiden cambiar algunas políticas públicas en Chile a través del Congreso. Bajo la Constitución actual, incluso si una ley es aprobada por una súper mayoría parlamentaria, puede ser impugnada ante el Tribunal Constitucional (TC).

colas

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El referendo se realiza en medio de la pandemia de coronavirus.

“Si uno establece en la Constitución que los asuntos se regularán por ley simple, por ejemplo, y se modifica el TC, el efecto será que los cambios de políticas públicas serán más sencillos”, dice la académica.

“El ‘rechazo’ supondría que la ciudadanía no tiene voluntad de cambiar Constitución, porque las cosas como están, están bien. Pero eso no obsta que se pueden hacer reformas. Hay personas del ‘rechazo’ que creen que se necesitan cambios profundos y se han comprometido a emprenderlos”, dice Henríquez.

“La diferencia es que en el apruebo hay un itinerario, un camino claro, un órgano específico. Las reformas que se hicieran en el caso del ‘rechazo’, se harían a través del actual Parlamento, y los cambios no tendrían tanta legitimidad como los que tendría un órgano especialmente elegido para ello”, agrega.

“Es posible que una nueva Constitución se parezca bastante a la actual, y las expectativas pueden quedar frustradas, pero insisto en la importancia del hecho de sentarse a conversar. Esa diferencia ya debería satisfacer muchas expectativas: tener un pacto social que sintamos propio”, concluye.

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El proceso ha sido calificado de histórico.

4. Generar un proceso constituyente único en Latinoamérica

Tanto la realización del plebiscito como el proceso constituyente que derive de sus resultados se normarán por la Constitución vigente, que fue especialmente reformada por el Congreso con este fin. Eso marca una de las diferencias del referéndum constitucional chileno con otras experiencias latinoamericanas.

“No es tan habitual que una Constitución vigente se modifique para su reemplazo. Es excepcional que Chile siga este cauce, este proceso, con procedimientos y plazos establecidos. Y es un desafío máximo que los cumplamos”, precisa Henríquez.

Trabajadora del Servicio Electoral chileno, durante un ensayo para el referendo.

Getty Images
Las autoridades han tomado medidas especiales para evitar la propagación del virus.

Además, en este caso no es el gobierno el que definirá el cambio constitucional ni el órgano que podría redactar la nueva Constitución, sino la ciudadanía.

“En Chile, además, no hay una fuerza hegemónica que se imponga en el debate. Varios de los procesos latinoamericanos han sido marcados por la existencia de fuerzas políticas muy preponderantes, donde se impone una mayoría. Eso no ocurre en Chile porque las fuerzas están fragmentadas. Y eso, que podría ser complejo y lo es, nos obliga a hacer pactos” dice la politóloga.

“Cada proceso en Latinoamérica tiene algo que lo hace único. En el caso chileno que todas, o gran parte de las fuerzas políticas hayan acordado un cauce institucional a la crisis es algo que lo hace único”, remata Henríquez.


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