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Calderón creó centros de inteligencia con EU: ex Cisen
Guillermo Valdés Castellanos, ex titular del Cisen, confirma que durante el gobierno de Calderón se crearon centros de fusión de inteligencia en conjunto con Estados Unidos.
26 de noviembre, 2013
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El gobierno del expresidente Felipe Calderón creó centros de fusión de inteligencia en el país con apoyo de Estados Unidos como parte de su estrategia para enfrentar el crimen organizado y en algunos de ellos también participaban agencias estadounidenses, dijo uno de los exfuncionarios clave en materia de seguridad de la administración anterior.

[contextly_sidebar id=”313b1616070b52e9e3a084a3a587baf5″]El mismo funcionario negó, empero, tener conocimiento de la existencia de centros de inteligencia estadounidenses a los que no tenían acceso las autoridades mexicanas, según reveló un documento desclasificado del Pentágono.

Guillermo Valdés Castellanos, responsable de la agencia de inteligencia mexicana durante casi todo el gobierno del presidente Calderón, dijo a The Associated Press que desde su oficina se trabajó en la construcción de esos centros de fusión a partir de las experiencias tanto de Estados Unidos como de Colombia.

Los estadounidenses, por ejemplo, “pasaban su experiencia y sus avances en esa materia”, comentó Valdés, titular del llamado Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) de enero de 2007 a septiembre de 2011.

Valdés habló con la AP con motivo de la reciente publicación de su libro Historia del Narcotráfico en México, en el que asegura que no intentó defender la estrategia de seguridad del presidente Calderón (2006-2012), sino aportar elementos para tratar de entender la violencia explosiva del crimen organizado que a lo largo de esa administración causó al menos 70 mil muertos, de acuerdo con cifras oficiales.

Una semana después de la divulgación de un documento desclasificado del Departamento de Defensa estadounidense, según el cual Washington instaló durante la administración de Calderón un centro de inteligencia en México al que no tenían acceso las autoridades mexicanas, el ex funcionario aseguró no saber nada sobre eso.

“No te sé decir”, señaló.

El memorando del Departamento de Defensa, obtenido por la organización no gubernamental estadounidense National Security Archive, describe en parte el apoyo que una oficina del Pentágono había dado al denominado “Centro de Fusión México”, con acceso exclusivo para autoridades estadounidenses y cuyo propósito era enfocarse en “blancos de alto perfil”, los cuales no son identificados.

Algunos reportes periodísticos habían hecho referencia en el pasado a la existencia en México de al menos dos centros de fusión de inteligencia. Pero mientras se mencionaba que en esos lugares trabajaban en conjunto autoridades estadounidenses y mexicanas, el centro del que se habla en el documento desclasificado es identificado como de uso exclusivo de agencias de Estados Unidos.

Y al ser interrogado sobre si en los centros de fusión creados por México sí hubo participación de agencias estadounidenses, como habían informado reportes periodísticos en el pasado, el ex funcionario se limitó a asentir con la cabeza.

Valdés evitó mencionar cuántos centros de fusión fueron instalados con Estados Unidos. “No se puede decir eso”, dijo.

Tampoco mencionó cuándo o dónde fueron instalados o si continúan en operación.

El gobierno del presidente Calderón promovió una relación sin precedente con Estados Unidos en un intento por fortalecer su estrategia de combate al narcotráfico y el crimen organizado. En esa estrategia, el CISEN jugó un papel clave, desde donde “se trabajó en la construcción de centros de fusión de inteligencia con las distintas dependencias”, según Valdés.

En los centros, explicó, se combinaba la inteligencia obtenida de las diferentes dependencias como la Policía Federal, el ejército, la Procuraduría General de la República y el propio CISEN, lo cual se vinculaba con operaciones específicas contra alguna organización.

Por ejemplo, dijo, la realización de patrullajes militares o policiales generaba información que era enviada al centro de fusión y de ahí se analizaba y se determinaba contra qué blancos se actuaría.

Aseguró que antes del gobierno de Calderón “no había centros de fusión”.

Hasta ahora ningún ex funcionario del área de seguridad de Calderón había escrito algo sobre el tema.

“Al final me quedó muy claro que había una necesidad muy grande de explicar qué estaba pasando“, dijo Valdés al explicar sus motivos para escribir el libro. “La imagen que yo tengo es de que al presidente Calderón le tocó que hiciera erupción un volcán y que había que platicar cómo y cuándo se formó ese volcán”, añadió.

AP

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La revolucionaria ley que permite convertir los cadáveres humanos en abono para jardines
El estado de Washington es el primero de EU en aprobar una ley que permite que el cuerpo se transforme en compostaje como una forma de entierro.
Getty Images
29 de abril, 2019
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“Polvo eres y en polvo te convertirás”: una máxima que se ha repetido por siglos como una forma de definir lo que ocurre con nuestro cuerpo una vez acaba la vida.

Sin embargo, en el estado de Washington, Estados Unidos, han decidido cambiar un poco esa aproximación: en vez de polvo, el cuerpo humano puede convertirse en el compostaje perfecto para jardines y cultivos en general.

O sea, que los restos humanos pueden ser los cimientos de un jardín florecido a las puertas de una casa o pueden servir para alimentar las raíces de los árboles.

La idea, que fue aprobada la semana anterior por el Senado estatal y está a la espera de la firma del gobernador Jay Inslee para su visto bueno final, es convertir el compostaje en una alternativa al entierro o la cremación, mediante un proceso que dura 30 días y por el que el cadáver se convierte en abono natural.

Una idea que cada vez tiene más adeptos en EE.UU. como una forma de aportar al medio ambiente después de la muerte. Y sobre todo, hacerlo de forma legal, porque en muchos países está prohibido disponer de restos humanos por fuera de cementerios o sitios de entierro autorizados.

Pero, ¿cómo cambia la forma en que se degrada el cuerpo con este método, comparado con el proceso que ocurre naturalmente con un cuerpo enterrado? ¿Y cómo puede ser beneficioso para el medio ambiente?

Maneras ecológicas de morir

De acuerdo al antropólogo forense Daniel Wescott, al cuerpo humano le toma meses degradarse en la tierra.

Y todo depende de la calidad del suelo. En un ambiente seco, el cuerpo puede terminar momificado. En zonas más húmedas, un rostro puede degradarse hasta llegar a los huesos en pocas semanas.

“Si tienes una buena cantidad de actividad de bacterias, en un mes el cuerpo humano ya debería estar degradado en la tierra“, le dijo Wescott a la BBC.

Pero es algo que cada vez pasa menos: más de la mitad de los cuerpos de quienes fallecieron en 2016 en Estados Unidos fueron cremados, no enterrados.

Y los que son enterrados van dentro de ataúdes de madera, que ralentizan el proceso de degradación.

Por eso, hay personas que llevan años pensando en que deberían extenderse otras maneras de ser depositado bajo tierra.

“La naturaleza sabe cómo transformar nuestros cuerpos en tierra. En abono“, le dijo a la BBC Nina Schoen, una de las promotoras de la idea de convertir el cuerpo humano en compostaje.

“Lo que es más importante, al menos para mí, es que mi cuerpo sea capaz de devolverle a la Tierra lo que ella hizo por mí cuando yo estaba viva y, a través de ese proceso, crear nuevas fuentes de vida”, agregó.

Pero, ¿cómo hacerlo?

Tal vez la mayor impulsora de esta nueva ley estadounidense es Katrina Spade, la fundadora de la compañía Recompose, con sede en la ciudad de Seattle, en el oeste del país.

Es ella la que señala que puede convertir el cuerpo humano en un fértil abono en tan solo 30 días.

“Lo que hacen es simplemente acelerar el proceso natural de descomposición”, explicó Nora Menkin, directora People’s Memorial, una organización sin ánimo de lucro que provee servicios funerarios a personas sin recursos en Seattle.

El método de Recompose, que ha sido tratado por investigadores de la Universidad de Washington, consiste en seguir el proceso normal de compostaje, pero en el caso del cuerpo humano se le añade una mezcla de astillas de madera y otros ingredientes biodegradables.

Lo que hace que microbios y bacterias termofílicas -o sea, a las que les gusta el calor- hagan su trabajo y aceleren la descomposición.

Todo el proceso ocurre a unos 55 C, que además termina de matar a posibles bacterias responsables del contagio de enfermedades.

El resultado es abono que se puede usar de manera segura, que es la razón definitiva por la que muchas personas apoyan esta forma de tratar los cuerpos tras la muerte.

“Tenemos toda esta energía que muchas veces es quemada o sellada en ataúdes que podemos utilizar para ayudar a que la vida continúe”, dijo Menkin.

Por su parte, Schoen aclara que apoya esta opción porque quiere que su cuerpo aporte al medio ambiente.

“Las preocupaciones sobre el medio ambiente son muy importantes para mí y tienen un rol central en las decisiones que tomo a diario”, dijo.

Costoso… por ahora

Para 2035, la Asociación de Funerarias de Estados Unidos (NFDA, por sus siglas en inglés) anticipa que solo el 15% de los entierros serán de tipo tradicional.

Sin embargo, experimentar puede resultar costoso.

“Es un hecho que la mayoría de las personas señalan que (el proceso de convertir al cuerpo en compostaje) es una opción costosa“, dijo Menkin.

“Ahora mismo puede llegar a costar unos US$5.500. No es un proyecto barato”, agregó.

El costo promedio de un entierro tradicional es de alrededor de US$7.000. Sin embargo, una cremación llega solo a los US$1.000.

Por ahora, los entierros ecológicos no son muy populares.

Además de que existen reparos éticos sobre esta manera de disponer de los restos de lo que fue un ser humano.

¿Los cuerpos van a ser cuidados de forma respetable?, ¿podremos en el futuro ser capaces de recordarlos, de recordar que formaron parte de una comunidad? Esas preguntas siempre estarán cuando se insiste en cambiar la forma en que enterramos a quienes mueren”, dijo el profesor de la Universidad de California David Sloane.

Sin embargo, tanto Menkin como Schoen creen que la idea es convencer a la gente de que aunque “sea diferente, no es malo”.

“Lo que pasa es que aquí en EE.UU. nadie quiere hablar sobre el tema. No hablamos lo suficiente sobre lo que significa la muerte o sobre la muerte en general”, recalcó Schoen.


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