Mueren 70 mil adolescentes al año por complicaciones en embarazo
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Mueren 70 mil adolescentes al año por complicaciones en embarazo

En México, la tasa de fertilidad en adolescentes es de 65 mujeres por cada mil, según un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas.
23 de noviembre, 2013
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Alrededor del embarazo en adolescentes hay cifras alarmantes: 20 mil de ellas dan a luz todos los días en países en desarrollo, sobre todo en las regiones de África, Asia Meridional y algunos países de América Latina y el Caribe. Además, 70 mil de estas jóvenes mueren al año por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto.

En México, la tasa de fertilidad en adolescentes es de 65 mujeres por cada mil.

Tasa de Fecundidad Adolescente en Países Miembros de la OCDE. Fuente: http://www.oecd.org/social/soc/oecdfamilydatabase.htm

Tasa de Fecundidad Adolescente en Países Miembros de la OCDE. Fuente: http://www.oecd.org/social/soc/oecdfamilydatabase.htm

La perpetuación de la pobreza, el desarrollo personal truncado e incluso un fuerte impacto económico en esos países son sólo algunas de las consecuencias de la falta de atención a este problema, que podría comenzar a repuntar —como ya sucede en muchos países— si no se toman las medidas necesarias.

Para el Fondo de Población de las Naciones Unidas México (UNFPA), que acaba de presentar “Maternidad en la niñez. Enfrentar el reto del embarazo en adolescentes” —la edición de 2013 de su informe anual Estado de la Población—, las inversiones para facultar a las niñas con conocimiento sobre sus derechos humanos, educación y la posibilidad de postergar el embarazo, benefician a la economía de las naciones. Por el contrario, los costos de no invertir en esto son muy altos.

Un estudio del Banco Mundial citado en el informe, da fe de la relación entre el embarazo adolescente y el rezago económico: en Brasil, por ejemplo, en donde 19% de las mujeres de entre 20 y 24 años reportaron haber tenido un hijo antes de los 18 años, se habrían sumado 3 mil 500 millones de dólares al Producto Interno Bruto (PIB) si esas adolescentes hubieran tenido la oportunidad de completar la escuela en lugar de quedarse en casa a atender su embarazo o cuidar de sus hijos.

Los costos económicos, sin embargo, no deben de ponerse por encima de los costos sociales que acarrea la falta de inversión en las adolescentes, advierte el informe. Esto significa que estas jóvenes no pueden gozar ni ejercer sus derechos básicos, como a la educación, lo que genera un círculo vicioso de pobreza, marginación, desigualdad y la erosión del tejido social.

 

Foto: Cuartoscuro.

Foto: Cuartoscuro.

Ellas contra todos

Las adolescentes, en muchos casos, se enfrentan a fuertes presiones desde todos los niveles de la sociedad que impiden que esta situación mejore. Según indica el UNFPA, algunas leyes nacionales niegan el acceso a métodos anticonceptivos a menores de edad; las familias pueden forzar a una adolescente a contraer matrimonio a causa de su embarazo, en donde después estará en una situación difícil para decir que “no” a más niños, y mucho más difícil aún si decide buscar cómo desarrollarse personalmente. Además, la falta de algo tan elemental como una educación sexual efectiva puede tener consecuencias desastrosas pues quedan a merced de la información (muchas veces incorrectas) sobre el embarazo y la sexualidad que les dan compañeros de su misma edad.

Por esto, el informe hace énfasis en que la comprensión de las causas subyacentes del embarazo adolescente debe de ponerse al centro del debate y de las políticas públicas generadas para erradicarlo. La desigualdad de género, la pobreza, la violencia y la coacción sexual, el matrimonio infantil, las presiones sociales, la exclusión de oportunidades educativas y laborales, y las actitudes negativas y los estereotipos con respecto a las niñas adolescentes son algunos de los factores determinantes sobre los que se debe tener una atención constante en este sentido.

Algunas de las políticas generadas que más han ayudado a reducir la fecundidad adolescente están encaminadas a solucionar otros problemas: terminar con el matrimonio infantil, prevenir el VIH o mantener a las niñas en la escuela, por ejemplo. Sin embargo, muchas de las medidas tomadas con el objetivo de prevenir el embarazo adolescente están enfocadas en modificar el comportamiento de las adolescentes e ignoran todos estos factores.

Las bases para el progreso

El informe del UNFPA presenta cuatro objetivos que deben ser prioritarios para los gobiernos para la solución del problema del embarazo adolescente:

  • Empoderamiento de las niñas. Se debe facultar a las niñas para que sean capaces de tomar mejores decisiones. Para ello es necesario implementar políticas públicas enfocadas a la educación y la generación de consciencia sobre sus derechos humanos.
  • Rectificar la equidad de género. Romper los estereotipos de los lugares que ocupan niños y niñas en la sociedad es imprescindible, así como asegurar la equidad de oportunidades para ambos sexos.
  • Respetar los derechos humanos para todos. Con esto se atacan de frente muchos de los factores determinantes subyacentes que llevan al embarazo adolescente.
  • Reducir la pobreza. Para romper el círculo vicioso es necesario atacar el desarrollo económico y las posibilidades de inserción en un mercado laboral estable.

Asimismo, presenta ocho maneras con las que se pueden alcanzar estos objetivos:

  • Intervenciones preventivas en niñas de 10 a 14 años que incluyan una educación sexual oportuna y bien elaborada.
  • Eliminar el matrimonio en menores de 18 años y prevenir la violencia y coacción sexual.
  • Crear recursos globales para las niñas y mantener a las niñas saludables y seguras, y reafirmar su trayectoria de vida.
  • Proteger los derechos a la salud, educación, seguridad y libertad frente a la pobreza.
  • Lograr que las niñas asistan a la escuela y permitirles quedarse más tiempo en ella.
  • Involucrar directamente a hombres y niños, y ayudarles a formar parte de la solución.
  • Ampliar la información adecuada (educación sexual) a la edad y ofrecer servicios de salud para adolescentes.
  • Desarrollar un marco sucesor de Metas de Desarrollo del Milenio (MDG, por sus siglas en inglés) basado en principios de los derechos humanos, la igualdad y la sustentabilidad.

Aquí puedes consultar el informe completo:

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Elecciones en Colombia: el país decidirá cuán profundo es el cambio que desea (y quién lo representa mejor)

Todos los candidatos de las presidenciales de este domingo, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, hablan de un cambio para Colombia. El favorito, Gustavo Petro, propone una ruptura en la historia. Esto es lo que está en juego.
29 de mayo, 2022
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Elecciones en Colombia

Getty Images

Todas las elecciones son históricas, pero unas más que otras. Todas las elecciones buscan un cambio, pero unas más que otras.

Lo que vive Colombia este domingo en las presidenciales promete ser histórico por la dimensión del cambio que puede significar.

Todos los candidatos, incluidos aquellos cercanos al gobierno saliente de Iván Duque, proponen un cambio; sea este moderado, profundo o conservador. Pero cambio.

Más del 85% de los colombianos piensa, según la encuesta Invamer, que el país va por mal camino. Desde los años 90, el momento más agudo del conflicto armado, no se reportaban números de pesimismo tan altos.

La política colombiana, a pesar del récord de violencia, se ha destacado por ser una de las más estables de América Latina: acá no hubo golpes de Estado, ni regímenes de facto, ni un gobierno que marcara una ruptura con los anteriores.

Pero esa estabilidad, también manifiesta en una economía sin altibajos, tiene sus críticos. O es considerada una “farsa” por una gran cantidad de colombianos que aluden a la violencia y a la desigualdad, una de las más altas del mundo, como resultados de gobiernos “oligárquicos” y “corruptos”.

Esos colombianos, la mayoría de ellos jóvenes, ahora parecen empoderados. Muchos de ellos llenaron las calles en 2019 y 2021, en olas de protestas inéditas para un país ensimismado por la guerra durante décadas.

El proceso de paz firmado con la guerrilla en 2016 parece haber abierto una caja de pandora de demandas sociales, económicas y culturales.

Elecciones en Colombia

Getty Images

Al sentimiento de indignación hacia lo que acá llaman “el establecimiento” se añaden dos elementos sensibles: la crisis económica heredada de la pandemia, que aumentó el desempleo, la pobreza y la informalidad laboral, y un conflicto armado que amenaza con resurgir.

Todo esto ha hecho que los colombianos, en contra de todo pronóstico, se hayan puesto de acuerdo en algo: que hay que cambiar.

La pregunta, y eso es lo que tendrán que definir en estas presidenciales, es cómo y cuánto.

Alexander Vega

Getty Images
Por primera vez en muchos años el registrador, Alex Vega, es protagonista central de las elecciones. Y eso se deba a que el sistema electoral está cuestionado.

Los tipos de cambio

Las encuestas vaticinan que la de este domingo será la primera de dos rondas electorales. Para ganar en primera vuelta se necesita la mitad más uno de los votos, una ventaja que, según las encuestas, ningún candidato tiene a su favor.

En el tarjetón habrá ocho opciones, pero dos de ellas ya se retiraron.

Para sumar a las facetas inéditas de esta elección está que por primera vez existe un manto de dudas sobre el proceso electoral: los candidatos han declarado estar preocupados por la falta de garantías del sistema de votación. El terreno, quizá en como ninguna otra elección reciente, está embarrado.

El líder de las encuestas es Gustavo Petro, un viejo conocido de la política nacional cuyo triunfo, sin embargo, significaría una ruptura en la historia. La larga campaña ha estado marcada por su figura, que desafía a los gobernantes “de siempre”. Incluso existe la mínima posibilidad de que gane en primera vuelta.

Un gobierno de izquierda como el que él propone sería un hito histórico para un país sin experiencias realmente progresistas o revolucionarias en el poder. Muchos lo ven como “un salto al vacío”.

Exguerrillero del M19, valiente congresista y polémico alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016, Petro ha hecho una carrera política a partir del enfrentamiento con la clase política gobernante y de la denuncia de la corrupción y la violación de derechos humanos.

Gustavo Petro

Getty Images
Petro hace campaña con un enorme esquema de seguridad. Da los discursos con escudos antibalas. Candidatos como él en el pasado han sido asesinados.

Esta es la tercera vez que se lanza a la presidencia. Ahora propone un “pacto histórico” que congregue “diferentes”, al que se han adherido políticos de todas las ramas, incluidos algunos cuestionados en el pasado por el mismo Petro.

Su personalidad, catalogada por algunos como de “déspota” y “megalómana”, le genera un rechazo y una desconfianza que pueden pasarle factura en segunda vuelta.

El economista, especializado en medio ambiente, propone profundas reformas en pensiones, salud, educación, impuestos y subsidios. Promete una reforma agraria, pendiente por décadas en un país de enorme desigualdad en la propiedad de la tierra. Asegura que va a transformar la economía extractiva basada en exportaciones por una industrialista y agrícola con altos aranceles a las importaciones.

Su programa, de ser ejecutado, supondría un shock para un modelo económico que no sufrió grandes cambios por décadas. Un programa que asusta a algunos e ilusiona a otros. Y que vaticina un choque de poderes que puede traducirse en ingobernabilidad.

“Llegó el momento”, pregonó Petro en su cierre de campaña en Bogotá. “No necesitamos fusiles como ellos ni apuntar con una escopeta de gases lacrimógenos a nadie. Ni todos los fusiles juntos podrían cambiar la historia como sí lo puede cambiar un esfero (un bolígrafo). Un esfero es más importante que un fusil y lo vamos a demostrar”.

“El domingo cambiaremos la historia de Colombia”, dijo.

Federico Gutiérrez

Getty Images
Federico Gutiérrez se muestra como un colombiano común, que habla y trabaja como el común. Es la carta del establecimiento gobernante.

En el segundo lugar de las encuestas está Federico Gutiérrez, mejor conocido como “Fico”.

Alcalde de Medellín entre 2016 y 2019, Gutiérrez es el candidato más cercano a la derecha gobernante, aunque él se percibe como una opción de “cambio responsable” que busca “cambiar lo que no sirve y mejorar lo que sí sirve”, sobre todo en términos de seguridad y creación de empleo.

El ingeniero civil de 47 años se presenta como el “presidente de la gente” y usa un lenguaje simple e informal para sustentarlo. Dice haber ejecutado el 95% de su plan como alcalde. Su gran ventaja es el apoyo de los partidos tradicionales y las grandes élites regionales ligadas al empresariado. Esa es la fuerza que ha definido quién es presidente prácticamente toda la vida.

“Sí necesitamos el cambio”, exclamó en su arenga de cierre en Medellín.

“Un cambio que signifique un país sin hambre, sin odios, sin discursos de lucha de clases, sin corruptos y sin violentos”.

“Unamos a Colombia”, clamó, en lo que ha sido una de sus principales líneas de campaña: la unión.

Rodolfo Hernández

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Rodolfo Hernández está rodeado de jóvenes, pero tienen 77 años. Hizo una fortuna construyendo vivienda social. Es un enigma político.

El tercero en la mayoría de las encuestas es Rodolfo Hernández, una de las revelaciones de la elección.

De 77 años, el empresario de finca raíz y exalcalde de Bucaramanga ha hecho una campaña novedosa a través de TikTok, ejecutada por decenas de jóvenes que él llama “la muchachada” y en la que se presenta como un arrollador de la corrupción. Un personaje del común hastiado con quienes gobernaron este país.

No es claro si es de derecha o de izquierda, si votó sí o no por el acuerdo paz de 2016 con la guerrilla, pero promete reducir el gasto público, bajar impuestos, condonar deudas estudiantiles, modificar las prisiones y negociar con las guerrillas vigentes.

Desconocido a nivel nacional hace seis meses, el discurso chabacano y vehemente de Hernández parece seducir a la gente, de edades y clases diversas, sin ideología política pero preocupada por la corrupción y el clientelismo históricos. La gente que ve atractivo un candidato diferente, un “outsider”.

Si avanza a la segunda vuelta, como revelaron algunas encuestas justo antes de la veda electoral hace una semana, sería un sacudón para la campaña. El timing de su subida pudo haber sido perfecto.

Sergio Fajardo

Getty Images
Sergio Fajardo, el candidato profesor, usa la educación como principal carta para cambiar el país.

El último candidato que en las encuestas tiene cierta chance de calificar a la segunda vuelta es Sergio Fajardo, quien hace cuatro años no entró por apenas 200.000 votos de diferencia con Petro.

El también exalcalde de Medellín, crítico de la derecha y de la izquierda, representa un “cambio sin rabia” que acabe con la polarización y una a los colombianos. Fajardo es un obsesivo de las formas, de la ética, de la decencia, del perjuicio de los atajos y el utilitarismo: “Como se llega al poder, se gobierna”, suele decir.

El doctor en Matemáticas ha sido uno de los grandes impulsores de la educación como base de los cambios económicos y políticos que pide Colombia. Tiene de su lado a economistas, ingenieros y gestores culturales de reconocimiento internacional.

La diferencia del Fajardo de ahora con el de hace cuatro años no es grande en términos discursivos ni programáticos. Su campaña ha estado plagada de errores y divisiones. Eso en parte explica una caída en las encuestas que él pide no tener en cuenta, sino “votar a conciencia”.

Colombiano votando

Getty Images

Un país distinto

Aunque históricamente la abstención en Colombia ha sido alta, hasta ahora los colombianos nunca eligieron una opción de cambio tan drástica como la que podrían significar Petro o Hernández.

Solo el hecho de que ellos tengan opciones de ganar ya es un desarrollo histórico.

El hartazgo con el estado de las cosas es notable e inédito. Pero además se da tras una profunda transformación de las prioridades y preocupaciones de la gente.

Durante décadas los presidentes fueron elegidos por su postura ante el conflicto armado, las guerrillas, el terrorismo. Eso explica la inmensa popularidad de Álvaro Uribe en los últimos 20 años.

Pero este año la cosa cambió. Uribe, de hecho, está casi ausente en la campaña. El silencio sobre la guerra asombra. En su lugar se habla de pensiones, racismo, desigualdad, corrupción, medio ambiente.

Los colombianos, por primera vez, esperan cambios de fondo en estos temas. Y ahora irán a las urnas en busca de alguien que pueda ejecutarlos.

El país ya cambió. Ahora veremos si sus gobernantes también.


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