México, con la esperanza de vida más baja de la OCDE
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México, con la esperanza de vida más baja de la OCDE

Accidentes vehiculares, obesidad, enfermedades cardiovasculares y homicidios frenan la elevación de la esperanza de vida en nuestro país.
22 de noviembre, 2013
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Salud

En los últimos diez años, la esperanza de vida en México ha aumentado más lentamente que en otros países que integran de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), lo que ha provocado que nuestro país presente la esperanza de vida más baja de los 34 países miembros.

Mientras que en promedio, en los demás países pertenecientes a la organización, la esperanza de vida aumentó 3 años entre el 2000 y el 2011 (pasando de 77.1 a 80.1 años), en México aumentó menos de un año (de 73.3 a 74.2 años), aumentando la brecha de longevidad entre México y los demás países de 4 a 6 años, reveló este jueves 21 de noviembre la más reciente edición del Panorama de la Salud (Health at a Glance).

El lento avance de la esperanza de vida en México se debe a distintos “comportamiento nocivos para la salud”, detalla la organización a través de un comunicado, en el que se incluyen las altas tasas de obesidad  (primer lugar en obesidad infantil y segundo en obesidad adulta) y los malos hábitos de nutrición, que han aumentado las tasas de mortalidad a causa de diabetes y mantenido el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares.

A esto se le suman las altas tasas de muerte por accidentes de tránsito y homicidios, así como las “persistentes barreras” de acceso a servicios de calidad en materia de salud.

Para la organización, es esencial dar más acceso a servicios de salud de calidad y detalla que casi el 90% de la población tuvo seguro médico en 2011 con la creación del Seguro Popular, sin embargo, añade, el alcance de la cobertura y los servicios de salud aún son limitados.

Además, advierte que cerca de la mitad de los gastos en salud corrieron a cargo de los pacientes, lo que significa que los hogares mexicanos pagaron una mayor proporción en salud de su bolsillo que cualquier otro país miembro.

Aquí un gráfico que detalla qué porcentajes del bolsillo de los pacientes son destinados a los servicios de salud:

Fuente: Panorama de la Salud 2013

Fuente: Panorama de la Salud 2013

Además, el Panorama de la Salud 2013 muestra que la oferta de los servicios de salud sigue siendo muy baja en México para los estándares de la OCDE, pues a pesar del gran incremento en el número de médicos desde 1990, en 2011 México tenía 2.2 médicos, 2.7 enfermeras y 1.7 camas por cada mil habitantes, todas cifras más bajas que el promedio de la OCDE.

Para reducir estas desigualdades, prevé el reporte, será necesario dirigir los recursos con mayor precisión hacia donde son más necesarios.

El Panorama de la Salud 2013 reúne datos sobre una amplia variedad de temas de salud, entre ellos estado, factores de riesgo, acceso, calidad y gasto.

Los 34 países miembros de la OCDE son Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, República Checa, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Islandia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Corea, Luxemburgo, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, México, Polonia, Portugal, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Suiza, Turquía, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Aquí puedes consultar el informe completo (en inglés):

Panorama de la Salud/ Health at a Glance 2013 by http://www.animalpolitico.com

*Nota publicada originalmente el 21 de noviembre de 2013.

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Tanya Dalton

Cómo reducir el estrés en la pandemia de COVID en 3 simples pasos

La demanda de atenciones relacionadas con la salud mental han aumentado durante los meses en que la COVID-19 se ha propagado por el mundo. ¿Cómo enfrentar los altos niveles de estrés y ansiedad que provoca la pandemia? Esta es una de las herramientas que puede ayudarte.
Tanya Dalton
19 de noviembre, 2020
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La pandemia de COVID-19 ha dejado ya más de 40 millones de personas infectadas en el mundo y más de un millón de víctimas fatales.

Quienes no han sido afectados de manera directa por el virus, probablemente han tenido que hacer cambios en su vida para adaptarse a las presiones familiares, económicas o laborales que la pandemia ha impuesto en un contexto de incertidumbre.

Según un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 130 países, la demanda de consultas relacionadas con problemas de salud mental se ha incrementado, mientras que los sistemas de salud no dan abasto para responder a esos requerimientos.

Los especialistas hablan de una “crisis de salud mental sin precedentes”, donde una de las causas son los altos niveles de estrés.

Tanya Dalton, consultora especializada en productividad laboral, fundadora de la firma estadounidense Inkwell Press y autora de The Joy of Missing Out (“La alegría de perderse las cosas”), se ha especializado en el trabajo con mujeres.

En estos meses le ha tocado ver cómo muchas de ellas han aumentado su autoexigencia para responder a las demandas del trabajo y de su vida familiar, particularmente aquellas que suelen ser perfeccionistas y que, por ese motivo,no se permiten fallar.

“Tenemos que ser agresivamente imperfectos”, dice Dalton en diálogo con BBC Mundo, refiriéndose a la urgente necesidad de aceptar la imperfección como parte de nuestras vidas de una manera frontal.

No basta, explica, con bajar las revoluciones y reducir el número de tareas. Lo que se requiere es un profundo cambio de mentalidad que permita aceptar la imperfección en nuestras vidas como algo natural.

Una ilustración con personas usando mascarillas

Getty
“Está bien sentirse vulnerables”, argumenta Dalton.

Y ahora, en tiempos de pandemia, es el mejor momento para hacerlo. “Está bien sentirse vulnerable porque todos nos estamos sintiendo de esa manera”.

“En todos mis años de experiencia, he visto cómo ese cambio de mentalidad las ayuda enormemente en el trabajo y en sus vidas”, señala.

Estos son tres simples pasos para ser agresivamente imperfectos y bajar los niveles de estrés, según la consultora.

1. Priorizar lo que es importante y urgente

Se trata de identificar las tareas que nos llevan hacia objetivos a largo plazo y que tienen una fecha límite apremiante.

Para eso, hay que ponerlas en la parte superior de una listay darles máxima prioridad.

El problema es que cuando las personas están corriendo contra el reloj, no queda espacio para innovar o para encontrar soluciones creativas. Ahí es donde entra el segundo nivel.

2. Desarrollar lo que es importante, pero no urgente

En el segundo nivel están las actividades que nos acercan a nuestros objetivos finales porque se centran en la planificación futura y la superación personal, pero no tienen una fecha límite inminente.

Y precisamente porque no tienen un plazo a cumplir de manera urgente, es muy fácil que desaparezcan completamente del radar.

Es importante dejarles un espacio, dice Dalton, porque se trata de las actividades y proyectos que eventualmente aumentarán las posibilidades de un mejor desempeño laboral y personal.

3. Adaptarse (dejando de lado las cosas sin importancia)

En el tercer nivel entran las cosas sin mayor importancia, que no ayudan a alcanzar las metas a largo plazo pero que hacen muchísimo ruido.

Por ejemplo, cualquier tarea cotidiana del hogar como lavar los platos. O cumplir con un compromiso extralaboral simplemente porque nos sentimos obligados a hacerlo.

Una ilustración que muestra a una mujer sentada en posición de yoga frente a un reloj

BBC
Dalton plantea que es necesario priorizar las tareas partiendo por las cosas que son importantes y urgentes al mismo tiempo.

Por eso, hay ocasiones en que hay que decir que no. “No pasa nada si la cocina es un desastre”, apunta Dalton. Si se tiene que hacer más tarde o incluso mañana… tendrá que quedar para después.

Lo bueno de hacer una lista de cuestiones importantes, agrega, es que dejamos de desperdiciar energía pensando en qué viene a continuación y, en cambio, trabajamos por prioridades.

“Centrarse en nuestras prioridades es lo que separa a los ocupados de los verdaderamente productivos”, apunta.

“Pasé años sintiendo que todos los días se quedaban cortos. Finalmente me desperté y me di cuenta de que no existe lo perfecto”.

“Es hora de liberarse”, concluye.


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