La Patrona, la esperanza del migrante (2ª parte)
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La Patrona, la esperanza del migrante (2ª parte)

Animal Político publica la segunda entrega del reportaje sobre 'Las Patronas', las ganadoras del Premio Nacional de Derechos Humanos 2013 por su labor en apoyo a los migrantes que van en 'La Bestia' rumbo a la frontera norte.
Por Manu Ureste
20 de noviembre, 2013
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Norma Romero (Izquierda), Leónida Vázquez, y Julia Ramírez, forman parte del grupo de ayuda humanitaria 'Las Patronas'. //Foto: Manu Ureste

Norma Romero (Izquierda), Leónida Vázquez, y Julia Ramírez, forman parte del grupo de ayuda humanitaria ‘Las Patronas’. //Foto: Manu Ureste

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) informó en un comunicado que debido “a su destacada trayectoria” a favor de los migrantes, el grupo humanitario Las Patronas son las ganadoras del Premio Nacional de Derechos Humanos 2013, el cual será entregado el próximo 10 de diciembre por el presidente Enrique Peña Nieto, en Los Pinos.

Las Patronasagradecieron también a través de su cuenta de Twitter (@LasPatronas_dh) el premio recibido, y lo dedicó a los migrantes y a su derecho a la vida:

En Animal Político repasamos con la crónica La Patrona, la esperanza –publicada en dos entregas en este portal los días 30 y 31 de marzo de 2013- la labor que este grupo de mujeres brinda desde hace más de 15 años a los miles de migrantes que tienen en la pequeña localidad veracruzana de Guadalupe -conocida como La Patronaun ‘oasis’ en su tortuoso camino para alcanzar la frontera norte con Estados Unidos.

 

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“¡Por Dios, ayúdenos!”

Es media noche y una brisa helada se abre paso por los campos de la zona cañera de Córdoba.

Una mujer centroamericana fue a pedirme ayuda a mi casa junto a una compañera que trabajaba conmigo –Norma comienza a relatar qué fue lo que la motivó a dedicar su vida a la defensa de los indocumentados-. Me tocaron la puerta y me dijeron que había un muchacho que estaba muy enfermo en las vías”.

De inmediato, y sin reparar en las posibles consecuencias -en aquella época ayudar a un indocumentado era un delito-, Norma arranca la camioneta y toma el camino empedrado que la lleva hasta la vía del ferrocarril.

“Mi compañera se fue a su casa y me dejó con los muchachos –continúa-. Y, la verdad, cuando vi el tren que venía cargado con más de 500 personas, sí sentí miedo. Porque muchos se bajaron y me rodearon la camioneta, y no sabía si era para quitarme algo o para hacerme daño”.

“Algunas personas piensan que aquí se paga, pero cuando ven que no es así… se dan la vuelta y se marchan”

Pero lo que aquellos hombres buscaban sólo era ayuda.

“Cuando vi la manera en que me pedían socorro, fue algo que me tocó mucho –se lleva la mano derecha al pecho-. Ver a aquella mujer hincada de rodillas en mi puerta implorándome por ese muchacho moribundo… fue algo a lo que no me pude negar. Yo creo que eso… -Norma deja un espacio para el silencio mientras piensa cómo terminar la frase-, yo creo que hincarse en el suelo para suplicar ayuda, uno sólo debe hacerlo ante Dios”.

A partir de ese instante, y ante la imagen de aquel joven hondureño malherido sobre el acero de los rieles, la veracruzana asegura que sintió un llamado en su interior.

“Ya me consideraba una mujer católica, y también ayudaba a repartir la comida entre los migrantes. Sin embargo –concede-, no había sentido bien el llamado hasta que me pasó esta situación esa noche, en 1997. Aquello me hizo perder el miedo ante lo desconocido, y hasta hoy no lo tengo. Ahora siempre me digo que si me tiene que pasar algo ayudando a los migrantes, es porque Dios así lo ha decidido”.

Entorna ligeramente los ojos color miel y añade con una amplia sonrisa: “Y si es que esa fuera Su voluntad, pues así sería bien aceptada”.

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Se calcula que hasta 150 mil indocumentados entran ilegalmente al año a territorio mexicano para acceder a la frontera norte con Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Se calcula que hasta 150 mil indocumentados entran ilegalmente al año a territorio mexicano para acceder a la frontera norte con Estados Unidos. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

 

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), secuestra en promedio a unos 20 mil indocumentados al año en México. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), secuestra en promedio a unos 20 mil indocumentados al año en México. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

En Córdoba, Veracruz,

Unas patronas muy hermosas,

Valientes mariposas,

Dan al migrante su luz…

(Canción en honor a la labor de Las Patronas incluida en el documental ‘El tren de las moscas, publicado por diario El País)

Muchas cosas han cambiado desde que iniciaran con su labor hace ya casi dos décadas. Sin embargo, ellas aseguran que siguen siendo las mismas de siempre. Y que ni los incontables reportajes periodísticos realizados en torno a su labor solidaria, ni los documentales cinematográficos –varios de ellos premiados a nivel internacional-, ni las canciones o corridos en su honor, ha ocasionado que ninguna pierda de vista el sentido original con el que nació esta agrupación.

¿”Amenazas del narco? Nuestro trabajo es la ayuda humanitaria, y que cada quien haga lo suyo. Las personas que se dedican a eso (a secuestrar migrantes) yo no las juzgo. Algo muy fuerte les debió de tocar vivir”

“Nosotras seguimos siendo las mismas –afirma rotunda Norma, luego de que el periodista le mencionara la canción expuesta unas líneas más arriba, y le hablara de la notoriedad adquirida por la labor del grupo en la red social Youtube-. Aquí somos todas sencillas, humildes, y nunca hemos perdido el piso”.

“Aunque, claro –añade y admite a continuación-: también ha habido cosas negativas y obstáculos en el camino. Porque nuestra tarea no se trata sólo de dar de comer a quien lo necesite, sino que también implica afrontar algunos problemas”.

-¿Uno de esos problemas son las bandas criminales que, tal y como se ha denunciado en algunos casos, amenazan incluso a los albergues de migrantes?

La activista se mueve en la silla.

-Nuestro trabajo es la ayuda humanitaria, y que cada quien haga lo suyo –zanja-. Las personas que se dedican a eso (a secuestrar migrantes)… pues yo no las juzgo. Algo muy fuerte les debió de tocar vivir y se encontraron en esa situación.

-Hablando con vecinos de localidades próximas a las vías del tren como Córdoba, Fortín, Orizaba, o Amatlán, hay quienes denuncian haber sido objeto de robos y otros delitos por parte de los indocumentados que se bajan del tren… ¿Tienen algún reporte de esta situación?

-Desgraciadamente, cuando no conocemos al verdadero migrante podemos echarle la culpa a cualquiera. En el caso de La Patrona sí ha habido gente que dice que los migrantes les robaron. Pero también hay que tener presente que existen falsos migrantes, que son los que vienen a hacer la maldad. Y claro, es más fácil echarle la culpa al migrante, porque no tiene tiempo ni recursos para poder defenderse. Por eso hay que aprender a diferenciarlos, porque unos hacen la maldad y otros muchos pagan la culpa.

Audio: Cuando no conocemos al verdadero migrante podemos echarle la culpa de los robos a cualquiera.

-Por ese tipo de denuncias se cerró, precisamente, el albergue de migrantes de Orizaba…

-En Orizaba existe una gran indiferencia hacia los indocumentados. Estuve allí con la caravana de madres migrantes, y no miran tan bien la labor que hacemos. Pero debemos ponernos la mano en el corazón, porque todas esas mujeres que van en marcha… van por algo, no es por gusto. Y nosotras tampoco vamos a ayudar por gusto, o por lucimiento personal, sino para decirles a esas mujeres que estamos con ellas. Porque nosotras también somos madres, y consideramos que toda mujer que tiene un hijo perdido y que no sabe dónde está, es una vida que se está consumiendo poco a poco.

-De acuerdo con organismos como la CNDH, el estado de Veracruz tiene en localidades como Tierra Blanca, Coatzacoalcos, y Medias Aguas, múltiples focos rojos en cuanto al secuestro de indocumentados. ¿Cómo veracruzanas, qué sensación les deja esta situación?

-Es muy triste que nuestro estado salga en los medios por ser un foco rojo para los migrantes, claro. Es algo que nos entristece mucho, porque la mayoría de las personas aquí quieren la paz, pero es cierto que Veracruz ha sido muy golpeado por este tema.

“Para nosotras el mejor pago son las bendiciones de los migrantes y de familias enteras que se acercan para agradecernos nuestra labor”

-Precisamente, Las Patronas han sido un poco la excepción a tanta nota sobre robos, secuestros y asesinatos de indocumentados en Veracruz. De ahí que, incluso, se llame a la población ‘La Patrona, la esperanza’

-Bueno, ese es nuestro pago –deja fluir un largo silencio-. Mucha gente pregunta: ustedes están haciendo una labor sin recibir nada a cambio… ¿por qué lo hacen? Sin embargo, la remuneración más grande que nosotras podamos recibir es el reconocimiento de esa gente que se pregunta por qué hacemos esto sin recibir nada.

Norma da un respiro profundo, reflexivo.

Se ajusta de nuevo el moño y busca con la mirada a Jeremías y Crisaldo, los dos jóvenes centroamericanos a los que ayudan para que puedan continuar con su camino hacia la frontera de Estados Unidos.

-El mejor pago también son las bendiciones de los migrantes y de familias enteras que se acercan hasta nosotras para agradecernos nuestra labor –continúa-. Cuando un migrante te da un abrazo y te dice: ‘madre, que Dios te bendiga’… es algo que no se puede pagar con nada. Porque, siendo los indocumentados los que realmente necesitan más el abrazo y la bendición, todavía son ellos los que te dicen gracias por todo lo que estás haciendo por mí. Claro –admite-, hay muchas personas que no ven esto como un pago y dicen: ah, un abrazo o una bendición para qué me sirve. Pero para ellos, un abrazo o unas simples palabras pueden decir mucho, aunque por desgracia muchos no lo entienden de esta manera.

Quizá por este motivo, concluye la activista, ningún hombre se ha querido integrar al grupo para ayudar.

“No sabemos por qué Dios decidió que fuéramos doce –como los Apóstoles- y todas mujeres, porque realmente sí hemos invitado a hombres a que nos ayuden, pero se acercan y no aguantan. Esa es la verdad. Algunas personas piensan que aquí se paga, pero cuando ven que no es así… se dan la vuelta y se marchan”.

 

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Crisaldo Edú. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

El hondureño Crisaldo Edú, en espera de que pase ‘La Bestia’ para ayudar a ‘Las Patronas’ a repartir la comida. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

-¿Seguro que tienes 18 años?

Crisaldo Edú no contesta de inmediato a las preguntas del periodista.

Sentado en una silla de plástico y con ambos codos apoyados sobre la tabla de madera que hace las veces de mesa de comedor, sonríe mientras juguetea con el teléfono celular entre sus manos.

-Tranquilo, aquí no hay policía ni tampoco está la migra –aclara el reportero-.

El hondureño, nacido en Comayagua, acentúa la sonrisa tímida ante la presencia de la grabadora a la que, curioso, mira de reojo con insistencia.

-Ya sé -murmulla y sigue jugando con el aparato sin levantar la mirada de ojos negros-.

-¿Cuánto tiempo hace que saliste de Honduras?

-Tengo dos meses fuera. Llegué a La Patrona hará cosa de un mes. Mis padres ya saben que estoy aquí.

-¿Cómo les dijiste que te ibas a los Estados Unidos?

-No me lo pensé dos veces –levanta ahora la barbilla y deja descansar, por fin, el celular sobre la mesa-. Les dije a mis padres que quería ser independiente y buscar una mejor forma de vida que la que tenía en Honduras. Porque allí no hay trabajo, ni nada de nada. Y con lo poquito que uno agarra… Así no se puede vivir.

-¿Qué te dijeron?

-Que no podían hacer nada –encoge los hombros con naturalidad-. Que era una decisión mía la de salir de mi país.

-¿Venías solo en el tren?

-Sí, yo solo. Estuve un mes viajando en el ferrocarril y también hice camino a pie.

-¿Sabías de los riesgos de atravesar México?

-Sí, pero no tuve miedo –afirma sin titubear, como si ya esperara la pregunta-. Me dijeron de los peligros que hay en México, y que el camino está plagado de maras, zetas, y asaltantes, pero me da igual. En todo el mundo hay personas buenas y personas malas, no sólo en México. También hay maleantes en Honduras, Guatemala, El Salvador… y también en los Estados Unidos. Al final… en todas partes es lo mismo.

-¿Cómo llegaste a La Patrona?

-Ya me habían platicado en Honduras sobre Las Patronas. Por eso cuando pasó el tren por aquí me bajé para pedir ayuda. Les dije que venía de indocumentado y que si me podían apoyar aunque fuera con un taco para comer. La verdad es que lo que hacen por nosotros es algo… –traga saliva y piensa unos segundos en las palabras adecuadas-, lo que hacen es algo excelente –acierta a decir-. Debemos estar muy agradecidos con ellas.

-Cuando ves a tus connacionales ahí arriba del tren… ¿Qué sientes?

-Lo único que puedo hacer por ellos es encomendarlos mucho a Dios para que puedan llegar hasta donde quieran, pero no puedo hacer nada más. Porque, aunque quisiera hacer algo para cambiar esta situación, la realidad es que no se puede.

“No tuve miedo a salir de Honduras. En todo el mundo hay personas buenas y malas, no sólo en México. También en EU hay maleantes”

Son más de las tres de la tarde, y en el ambiente comienza a sentirse que el tren puede pasar en cualquier momento luego de una tregua de varias horas. Crisaldo, que hace unos minutos interrumpió la plática para ayudar con las tareas de la cocina, camina ahora algo cabizbajo por la vía que pasa muy cerca de la casa y se sienta sobre un riel con los codos apoyados en las rodillas.

-¿Te arrepientes de haber emprendido el viaje?

El hondureño contesta de nuevo con un silencio.

Sonríe tímidamente.

Baja la vista y lanza una piedra a ninguna parte.

-Claro que lo pasas mal en el camino –responde al fin-. Pero, este es el destino de uno y así hay que aceptarlo. No nos queda de otra.

****

Doña Leónida Vázquez reparte bolsas con comida a pesar de sus 75 años de edad. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

Doña Leónida Vázquez reparte bolsas con comida a pesar de sus 75 años de edad. //Foto: Manu Ureste (@ManuVPC)

La cocina se queda en silencio.

Sobre los fogones, unas enormes ollas de acero inoxidable hierven a fuego lento un par de kilos de frijoles negros y arroz blanco, y una brisa de aire húmedo mece lánguidamente varias decenas de bolsas repletas de pan que se amontonan en bandejas de plástico.

La Bestia ruge.

Una.

Dos.

Y hasta tres veces.

Ante el alarido del silbato que anuncia la llegada del ferrocarril, La Patrona se estremece.

Doña Leónida, que ya tiene los oídos “diestros” y los pies sensibles al temblor que origina la llegada del convoy, abandona sus quehaceres y en una maniobra automatizada, agarra con fuerza a pesar de sus 75 años una carretilla con botellas de coca-cola llenas de agua.

Tras ella, su hija Norma y una hilera de voluntarias enfilan el camino de tierra arcillosa que lleva hasta el cruce donde una señal en forma de equis ya corroída por el paso del tiempo, advierte a los oxidados autobuses de línea que van con dirección a Córdoba que tengan Cuidado con el tren.

Sobre la vía, allá donde el sendero ocre se quiebra a poca distancia de la densa neblina que rodea las fértiles laderas del cerro Motzorongo, el ferrocarril dobla la última curva pronunciada y enfila, agónico, una recta de varios kilómetros de piedras, rieles y durmientes, que disecciona de un tajo limpio en dos la localidad.

-¡Bájale tantito, bájale!

Norma respira con la boca entreabierta por el esfuerzo.

En la mano izquierda sostiene un par de botellas de agua unidas por una delgada cuerda; y con la derecha sujeta dos bolsas que contienen varias raciones de pan, arroz, frijol, atún y algo de fruta que una cadena de supermercados donó recientemente. Ante la proximidad del convoy, la líder de Las Patronas deja las bolsas en el suelo junto a otro montón y agita los brazos al viento una y otra vez tratando de llamar la atención del operario de Ferrosur para que éste reduzca la velocidad, y poder repartir las provisiones sin poner en peligro sus vidas, ni la de los cientos de indocumentados que vienen abrazados a los hierros de La Bestia.

Pero el tren no aminora la marcha.

Y el interminable amasijo de acero y hierros pasa ante ellas a toda velocidad, levantando a su paso una ráfaga de aire con olor a tierra mojada.

“Cuando no puedes darle a todos, te quedas con una sensación amarga“, lamenta Doña Leónida con la mano oprimiendo el pecho y respirando todavía algo agitada por el esfuerzo y la emoción.

“Desafortunadamente, a todos no les toca”, corrobora por su parte Julia Ramírez, quien lleva diez años ayudando a Las Patronas.

“Hay veces que los maquinistas le bajan la velocidad –explica-, pero casi preferimos que no lo hagan, porque cuando los migrantes se bajan den marcha es un riesgo muy grande para ellos”.

A lo lejos, Norma vuelve caminando por entre los durmientes de la vía para reunirse con el resto del grupo.

Viene con el gesto exhausto, un ligero destello de sudor en la frente y los pómulos, y una leve sonrisa desgastada en los labios.

“Siempre pido que los muchachos puedan agarrar las bolsas –dice con la respiración todavía algo entrecortada-. Porque cuando, al menos, algunos de ellos reciben algo, siento mucha tranquilidad, mucha paz. No sé, es algo que no se puede explicar. Los veo y pienso: hoy van a poder comer algo –concluye con los ojos puestos en la estela del último vagón que se funde lentamente con el paisaje de montañas y campos de caña-.  Y ya mañana… Dios dirá”.

 

Checa aquí la fotogalería del reportaje:

 

Aquí puedes leer la primera parte del reportaje

Textos publicados originalmente los días 30 y 31 de marzo de 2013

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El inquietante aumento de los suicidios entre las mujeres en Japón durante la pandemia

Los efectos económicos y sociales de la pandemia y una conducta de imitación por casos de suicidio entre celebridades están impulsando este "impactante" fenómeno en el país asiático.
23 de febrero, 2021
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Japón informa de los suicidios con mayor rapidez y precisión que cualquier otro país del mundo. A diferencia de la mayoría de los países, se recopilan las cifras al final de cada mes.

Durante la pandemia de covid-19 los números han contado una historia inquietante.

En 2020, las tasas de suicidio en Japón subieron por primera vez en 11 años. Lo más sorprendente es que, mientras los suicidios masculinos descendieron ligeramente, las tasas entre las mujeres se dispararon casi un 15%.

Solo en octubre, la tasa de suicidios femeninos en el país dio un salto de más del 70%, en comparación con el mismo mes del año anterior.

¿Qué está ocurriendo? ¿Y por qué la pandemia parece estar afectando mucho más a las mujeres que a los hombres?

*Advertencia: Algunos pueden encontrar el contenido de esta historia perturbador

Encontrarse cara a cara con una joven que ha intentado suicidarse en repetidas ocasiones es una experiencia inquietante. Ha despertado en mí un nuevo respeto por quienes trabajan en la prevención del suicidio.

Estoy sentada en un centro de acogida en el barrio rojo de Yokohama, dirigido por una organización benéfica dedicada a la prevención del suicidio que se llama Proyecto Bond.

Al otro lado de la mesa hay una mujer de 19 años, con el pelo recogido. Está sentada. Muy quieta.

En silencio, sin mostrar emoción alguna, empieza a contarme su historia.

Dice que todo empezó cuando tenía 15 años. Su hermano mayor empezó a abusar de ella con violencia. Al final se escapó de casa, pero eso no puso fin al dolor y la soledad.

Acabar con su vida parecía la única salida.

“Desde el año pasado por estas fechas, he estado entrando y saliendo del hospital muchas veces”, me cuenta.

“Intenté muchas veces suicidarme, pero no lo conseguí, así que ahora supongo que he renunciado a intentar morir”.

Lo que la detuvo fue la intervención del Proyecto Bond. Le encontraron un lugar seguro para vivir y empezaron a darle asesoramiento intensivo.

Jun Tachibana es la fundadora del Proyecto Bond. Es una mujer fuerte, de 40 años, con un optimismo infatigable.

Jun Tachibana

BBC
Tachibana, del Proyecto Bond, afirma que la covid-19 parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

“Cuando las chicas tienen verdaderos problemas y sufren, realmente no saben qué hacer”, asevera.

“Nosotros estamos aquí, dispuestos a escucharlas, a decirles: estamos con vosotras”.

Tachibana afirma que la pandemia parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

Describe algunas de las desgarradoras llamadas que ha recibido su personal en los últimos meses.

Escuchamos muchas frases como “Quiero morir” o “No tengo adónde ir”, asegura. “Dicen: ‘Es tan doloroso, me siento tan sola que quiero desaparecer'”.

Para quienes sufren abusos físicos o sexuales, la pandemia ha empeorado mucho la situación.

“Una chica con la que hablé el otro día me confesó que su padre la acosa sexualmente”, cuenta Tachibana.

“Pero, debido a la pandemia, su padre no trabaja mucho y está más en casa, así que no puede escaparse de él”.

Un patrón “muy inusual”

Si se observan los anteriores periodos de crisis en Japón, como la crisis bancaria de 2008 o el colapso del mercado bursátil y la burbuja inmobiliaria a principios de la década de 1990, el impacto se dejó sentir sobre todo en los hombres de mediana edad.

Se observaron grandes picos en las tasas de suicidio masculino.

Pero la crisis de la covid-19 es diferente, está afectando a los jóvenes y, en particular, a las mujeres jóvenes. Las razones son complejas.

Número de suicidios en Japón. 2008 - 2020. .

Japón solía tener la tasa de suicidio más alta del mundo desarrollado.

En la última década, ha tenido un gran éxito en la reducción de las tasas de suicidio: han caído alrededor de un tercio.

La profesora Michiko Ueda es una de las principales expertas en suicidios de Japón. Me cuenta lo impactante que ha sido presenciar el fuerte retroceso de los últimos meses.

“Este patrón de suicidios femeninos es muy, muy inusual”, me revela.

“Nunca había visto un aumento tan grande en mi carrera como investigadora en este tema. Lo que ocurre con la pandemia de coronavirus es que las industrias más afectadas son las que cuentan con personal femenino, como el turismo y el comercio minorista y las industrias alimentarias”.

Japón ha visto aumentar considerablemente el número de mujeres solteras que viven solas -muchas de ellas optan por ello en lugar de casarse- lo que desafía los tradicionales roles de género que aún perviven en el país.

La profesora Ueda afirma que las mujeres jóvenes también son mucho más propensas a tener empleos precarios.

depresión

Getty Images
En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

“Muchas mujeres ya no están casadas”, relata.

“Tienen que mantener su propia vida y no tienen trabajos permanentes. Así que, cuando ocurre algo, por supuesto, se ven afectadas muy duramente”.

“El número de pérdidas de empleo entre el personal no permanente es enorme en los últimos ocho meses”.

Hay un mes que destaca. En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

Los titulares de los periódicos dieron la voz de alarma.

Algunos comparaban el número total de suicidios de hombres y mujeres en octubre (2.199) con el número total de muertes en Japón por coronavirus hasta ese momento (2.087).

Algo particularmente extraño estaba ocurriendo.

El 27 de septiembre del año pasado, una actriz muy famosa y popular llamada Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa. Después se conoció que se había quitado la vida.

Yuko Takeuchi

Getty Images
La actriz japonesa Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa y los expertos han percibido un efecto de imitación.

Yasuyuki Shimizu es un antiguo periodista que ahora dirige una organización benéfica dedicada a combatir el problema del suicidio en Japón.

“Desde el día en que se hace público que un famoso se ha quitado la vida, el número de suicidios aumenta y se mantiene así durante unos 10 días”, estima.

“A partir de los datos podemos ver que el suicidio de la actriz el 27 de septiembre provocó 207 suicidios femeninos en los 10 días siguientes”.

Si se observan los datos de los suicidios de mujeres de la misma edad que Yuko Takeuchi, las estadísticas son aún más reveladoras.

“Las mujeres de 40 años fueron las más influenciadas de todos los grupos de edad”, sostiene Shimizu.

“Para ese grupo (la tasa de suicidio) se duplicó con creces”.

Otros expertos coinciden en que existe una conexión muy fuerte entre los suicidios de famosos y un repunte inmediato de los suicidios en los días posteriores.

El fenómeno de los famosos

Este fenómeno no es exclusivo de Japón, y es una de las razones por las que informar sobre el suicidio es tan difícil.

Cuanto más se hable del suicidio de un famoso en los medios de comunicación y en las redes sociales, mayor será el impacto en otras personas vulnerables.

Una investigadora de este tema es Mai Suganuma. Ella misma vivió de cerca un suicidio. Cuando era adolescente, su padre se quitó la vida.

Ahora colabora en apoyar a las familias de otras personas que se han suicidado.

Y al igual que el coronavirus está dejando a familias sin poder llorar a sus seres queridos, también está haciendo más difícil la vida a los parientes de las víctimas de suicidio.

“Cuando hablo con los familiares, su sentimiento por no poder salvar a su ser querido es muy fuerte, lo que a menudo hace que se culpen a sí mismos”, explica Mai Suganuma.

People walk past the entrance of an Karaoke store closed due to the spread of the conoravirus in Tokyo

Getty Images
Las calles de Japón se han vaciado por la tercera ola de la pandemia.

“Yo también me culpé por no haber podido salvar a mi padre”.

“Ahora les dicen que deben quedarse en casa. Me preocupa que el sentimiento de culpa se haga más fuerte. Para empezar, los japoneses no hablan de la muerte. No tenemos una cultura de hablar de los suicidios”.

Japón se encuentra ahora en la tercera ola de infecciones por covid-19, y el gobierno ha ordenado un segundo estado de emergencia.

Es probable que se prolongue hasta bien entrado febrero. Más restaurantes, hoteles y bares están cerrando sus puertas. Más personas están perdiendo sus empleos.

Para Ueda hay otra pregunta persistente. Si esto ocurre en Japón, sin cierres estrictos, y con relativamente pocas muertes por el virus, ¿qué está ocurriendo en otros países donde la pandemia es mucho peor?


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