Por qué desaparecen niños en América Latina
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Por qué desaparecen niños en América Latina

Aunque no existen cifras confiables en la región sobre cuántos niños se pierden o son sustraídos, el problema, dicen los expertos, es muy grave. En particular porque muchos de estos menores son víctimas de trata de personas.
Por BBC Mundo.
19 de noviembre, 2013
Comparte
Bloqueo_Infantes_Desaparecidos-3

Cuartoscuro.

El 5 de diciembre del 2004, Jacqueline María Jirón, de 11 años, salió de paseo a un balneario en Nicaragua con su hermano y sus vecinos y nunca más se le volvió a ver.

Al principio se dijo que la niña se había ahogado. Pero durante las investigaciones surgieron informes de que Jacqueline estaba viva, que había sido vista primero en una cantina en Honduras, seis meses después en un prostíbulo en El Salvador, y más recientemente en Chiapas, México.

Aunque la mujer que fue acusada de secuestrar y llevar a la niña a Honduras fue detenida en 2006 y condenada a seis años de prisión, nunca informó dónde se encontraba Jacqueline. Y hasta ahora se desconoce el paradero de la menor.

Jacqueline, cuyo caso está siendo investigado por la Red Latinoamericanos Desaparecidos, un organismo con base en Costa Rica, es sólo una de lo que se calcula son decenas de miles de menores que se pierden sin dejar rastro en América Latina.

Una de las principales causas de estas desapariciones en la región -un continente “de porosas fronteras”- es la trata de personas, explica a BBC Mundo Rocío Rodríguez, directora ejecutiva de la Red de Latinoamericanos Desaparecidos.

“También están las fugas del hogar, que se dan a partir de factores como la violencia sexual, agresiones físicas, engaño, coacciones, etc. O está la pérdida de conocimiento: simplemente un niño no recuerda dónde vive, cómo se llama, etc.”

“Asimismo recibimos muchas denuncias de padres o madres que se llevan a sus hijos lejos del otro progenitor, en lo que se conoce como secuestro (o sustracción) parental”.

“Pero en mi opinión, el mayor grado de desapariciones se mueve en el tema de la trata de personas, sobre todo con fines de explotación sexual y laboral”, explica Rodríguez.

Por su parte, Katia Dantas, encargada para América Latina y el Caribe del Centro Internacional para Niños Desaparecidos y Explotados (CINDE), con sede en Washington, indica que hay tendencias de países, como Guatemala o México, donde existe otra problemática: el robo de niños para “venderlos” o entregarlos en adopciones irregulares.

Trata de personas

Cada día decenas de niños son vendidos o traficados en el mundo como objetos sexuales.

Según el Centro Internacional para Niños Desaparecidos y Explotados (CINDE), más de 1,8 millones de niños son víctimas de explotación sexual globalmente.

El tráfico sexual ahora ya no se negocia en las calles sino en internet, lo cual ha provocado un floreciente mercado global difícil de controlar.

Un amplio estudio del CINDE y la UNICEF sobre la desaparición de menores en Centroamérica, realizado en 2011, encontró “un grave problema de tráfico de niños por la existencia de ‘puntos ciegos’ en las fronteras y el aumento de la migración ilegal en toda la región”.

Entre 250.000 y 800.000 niños procedentes de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua viven a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México como migrantes ilegales -dice el organismo- lo cual hace que sea más difícil estimar el número exacto de niños que podrían ser víctimas de trata.

Fuga del hogar

“Una de las categorias de desaparición más común en América Latina es la de las fugas del hogar”, dice Katia Dantas del CINDE.

“Nos preocupa la problemática del ambiente en que vive un niño que huye, muchas veces de violencia o de abuso sexual. Y un niño que sale de su casa y desaparece se encontrará en la calle mucho más vulnerable que en su hogar. Se ve entre adolescentes pero también tenemos casos de menores de 12 años”, agrega.

“La situación es principalemente preocupante entre las niñas. Hemos visto un creciente número de casos de niñas que huyen de su casa para encontrarse con personas que acaban en una relación de abuso sexual y uso de drogas, o terminan como víctimas de trata de personas” afirma la encargada para América Latina del Centro Internacional para Niños Desaparecidos y Explotados.

Por su parte, Rocío Rodríguez, directora ejecutiva de la Red de Latinoamericanos Desparecidos, afirma que “un alto porcentaje, aproximadamente un 75% de esas fugas de hogar, termina con un delito”.

“Por ejemplo el caso de una niña de 13 años que se va de su casa por su voluntad con un sujeto de 40 años. El sujeto la viola y la deja tirada en la calle”.

“Este caso se repite en muchos otros países”, agrega.

Robo o sustracción

“A mí me robaron a mi nieta de 2 años”, dice María Elena Solís. “Se la llevaron de la casa. Vino una mujer buscando empleo de trabajadora doméstica y se llevó a la niña”.

“Cuando comenzó la búsqueda se descubrió que la mujer era una robachicos profesional que pertenecía a una banda dedicada al robo de menores en la ciudad de México”.

“Cuando las autoridades la detienen, junto con el sujeto que dirigía la banda, se dan cuenta de que en menos de tres meses se había robado a tres niños pequeños, que fueron recuperados”.

A raíz de esa experiencia en 1995, María Elena Solís fundó la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos.

Esta es una de las muchas organizaciones que trabajan en América Latina tratando de ayudar a encontrar a algún menor perdido.

“Afortundamente el robo de niños pequeños ha disminuido”, dice María Elena Solís. “La problemática ahora es la trata de personas, el robo de niñas y jovencitas de 11 a 22 años”.

“Pero la realidad es que no hay estadísticas”, añade. “El problema existe a nivel nacional pero hay un banco de datos que diga cuántos niños son robados o sustraídos en cada estado”.

En América Latina también ha habido un incremento en el número de menores que son sustraídos por alguno de sus progenitores. Y muchos países no cuentan con estrategias para investigar este tipo de desapariciones.

“Se suele considerar que estos casos pertenecen al área civil”, explica Katia Dantas “y a menudo no se investigan porque se piensa que los niños involucrados no corren riesgos”.

Esto es un concepto grave, agrega, porque los niños sí pueden caer en una situación de considerable riesgo, principalmente emocional, y en ocasiones también físico.

Falta de estrategias

El problema de fondo, explica Katia Dantas, es que no hay una estrategia internacional dirigida a abordar el problema de los niños desaparecidos.

El mundo cuenta con instrumentos jurídicos internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU o la Convenión Internacional para la Protección de Todas las Personas Desaparecidas, pero no hay una herramienta universal que integre los casos en que los menores desaparecen.

Ni siquiera hay un consenso que permita definir a un niño desaparecido o sustraído o cómo investigar esas desapariciones.

“En Centroamérica hay una situación muy dura porque, con excepción de Guatemala, ningún país tiene ningún tipo de legislación, y casi nadie implementa prácticas relacionadas a niños desaparecidos”, asegura Katia Dantas, del CINDE.

Esta falta de legislación ha conducido a que las autoridades no tengan un mandato para investigar cuando un menor desaparece.

¿Cuántos niños desaparecen?

En 2012 el Senado mexicano presentó un informe que indicaba que de 2007 a 2011 habían desaparecido en el país 150.000 niños, el equivalente a entre tres y cuatro cada hora, de ellos 50% tenían entre 4 y 12 años y casi 65% eran niñas.

En Brasil se estima que mas de 40.000 niños al año desaparecen.

Argentina es uno de los pocos países que sí cuentan con una base de datos nacional, el Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

Las cifras indican que desde su creación en 2003, se han registrado 20.287 casos de menores perdidos. Pero no es claro cuántos de Éstos han sido resueltos y cuántos están pendientes.

“Son pocos los países en América Latina con una base de datos consolidada, concreta y realista sobre menores desaparecidos”, dice Katia Dantas, del CINDE.

“Los que tienen datos a menudo presentan números dispares de bases distintas. Y esa es la realidad para toda la región. Algunos ni siquiera tienen una compilación real. Tienen registros, pero no se hace un seguimiento de los casos, no se conoce cuántos se solucionan, cuántos conitnúan desaparecidos, qué ocurre con los que fueron encontrados, etc.etc.”.

Legislación

Rocío Rodríguez, de la Red de Latinoamericanos Desparecidos, está de acuerdo en que la falta de legislación sobre menores desaparecidos es el primer problema, y el más grave, que hay que solucionar en América Latina.

“La mayoría de los países no cuenta con legislación específica en materia de desapariciones de niños. Muchos casos son catalogados como ‘fugas de hogar’ y por lo tanto, no se recibe la denuncia y por supuesto, no se investiga”.

“En Costa Rica no existe legislación sobre el tema de desaparecidos. Desaparecerse no es un delito. Entonces la entidad encargada de velar por la niñez costarricense no tiene un mandato legal que le obligue a buscar a los niños”.

“La policía es una unidad preventiva y entonces no investiga casos. Y el Organismo de Investigación Judicial, que es el que debe investigar, no investiga porque desaparecerse no es un delito. Y ellos solo están facultados para investigar delitos”.

“Es toda una maraña de problemas que no dejan avanzar en la materia”.

Actualmente, dice Rocío Rodríguez, la Red de Latinoamericanos Desaparecidos está trabajando en un proyecto de ley que nos permitiría regular el tema a nivel de legislación.

Protocolos nacionales

Aunque la creación de registros nacionales que permitan conocer el alcance real de las desapariciones en cada país es un paso muy importante, no es la solución.

“Un registro naional sin procedimientos, como atención a los recuperados, prevención y campañas de sensibilización, no sirve. Son sólo números”, afirma Katia Dantas.

Lo que se necesita, agrega, es un protocolo de procedimientos que oriente a la policía cómo reaccionar con una desaparición, cómo registrar los casos y cómo tramitarlos para que la investigación sea inmediata.

“Y, al mismo tiempo, si la población no está sensibilizada en la búsqueda inmediata del desaparecido no se obliga a las autoridades a hacer la investigación inmediata”.

Actualmente -afirman ambas expertas- muchas familias en América Latina no reportan la desaparición de un menor porque no saben qué hacer. O si la reportan, la policía les dice que “regresen en 48 horas”.

“Necesitamos llevar a cabo un trabajo en conjunto: sensibilizar a la población sobre la importancia de notificar y regsitrar la pérdida del menor y sensibilizar a la policia para que registre el caso e investigar de inmediato y con seriedad”, asegura Katia Dantas.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo fue estar con Donald Trump el día que perdió la carrera por la Casa Blanca

Cómo el presidente que nunca ha dudado de sí mismo se enfrentó a la derrota después de cuatro años en el poder.
8 de noviembre, 2020
Comparte

En los últimos cuatro años he visto al presidente de EE. UU. en sus días buenos y en sus días malos.

Pero este 7 de noviembre, el día en que perdió las elecciones, fue un día muy distinto a todos esos otros.

Vestido con una chaqueta negra, pantalón deportivo oscuro y un gorro con la inscripción MAGA (las iniciales de su lema de campaña en inglés, Make America Great Again), Donald Trump dejó la Casa Blanca un poco después de las 10 de la mañana del sábado.

Antes, se la había pasado tuiteando sobre las elecciones y, sobre todo, sobre el fraude electoral que considera tuvo lugar en torno a los comicios generales del 3 de noviembre.

Salió por la puerta de la residencia presidencial y se subió a su vehículo oficial que lo llevó en dirección de su club de golf Trump National, en la ciudad de Sterling, Virginia, a unos 40 kilómetros de Washington.

En ese momento, proyectaba un aire de autoconfianza. Era un día precioso, perfecto para el golf, y por eso decidió que iba a pasarlo en su club.

Trump jugando al goflf.

Getty Images
Trump pasó gran parte del día jugando al golf.

Pero, a la vez, se notaba que las personas que trabajaban con él estaban incómodas. Como al borde de una situación muy tensa.

“¿Cómo la están pasando?”, le pregunté a una de sus empleadas.

“Bien”, respondió. Y sonrió, pero sus ojos se entrecerraron y bajó rápido la mirada hacia la pantalla de su celular.

Trauma electoral

La Casa Blanca ha estado en una especie de trauma en los días que han pasado desde la elección.

Aunque fue apenas el martes, parece que hubiera ocurrido hace mucho tiempo.

La mayoría de los escritorios del ala oeste de la Casa Blanca estaban vacíos cuando pasé por el edificio en la mañana de este sábado. Muchos miembros del personal han resultado infectados por el covid-19 y no pueden ir a la oficina. Los otros están en cuarentena.

Entonces, a eso de las 11:30 y mientras el presidente estaba jugando al golf, la BBC y varias cadenas comenzaron a proyectar que Joe Biden había ganado las elecciones.

Estaba sentada en un restaurante italiano ubicado a un poco más de un kilómetro de distancia del Trump National cuando recibí el dato.

Trump regresa a la Casa Blanca después de jugar al golf

Reuters
El presidente Trump se enteró de la noticia de la victoria de Joe Biden en su campo de golf en el estado de Virginia.

Yo hago parte del grupo permanente de periodistas que cubren la Casa Blanca, un conjunto de colegas de medios distintos que viajan con el presidente de EE.UU.

Todos estábamos esperando que saliera del club.

“Él es una persona tóxica”, dijo una mujer en las afueras del restaurante. Ella, como muchos de sus vecinos en ese distrito de mayoría demócrata, habían votado por el rival de Trump.

Otros se preguntaban en voz alta cuándo el presidente dejaría el club y volvería a la Casa Blanca.

Pasaron los minutos. Pasaron las horas.

“Se está tomando su tiempo”, le dijo un funcionario a otro.

El presidente no tenía prisa en marcharse. En el club estaba rodeado de amigos. Fuera de esas puertas, sus seguidores me gritaban a mí y a los otros periodistas “Acaben con los medios”.

Una mujer, vestida con tacones altos y un gorro rojo, azul y blanco, llevaba un cartel en el que se leía: “Detengan el robo”.

Un hombre pasó conduciendo su camioneta por enfrente del club mientras hacía ondear varias banderas, incluso una en la que se mostraba al presidente encima de un tanque, como si fuera el comandante de los ejércitos del mundo.

Críticos del presidente.

BBC
Un mensaje claro: “Usted está a punto de perder su trabajo”.

Era una muestra de cómo sus seguidores ven al presidente, e incluso cómo Trump se veía a sí mismo.

Finalmente, el presidente decidió abandonar el club y regresar a la Casa Blanca.

Allí, miles de sus críticos lo esperaban.

“Has perdido. Nosotros hemos ganado”

La caravana presidencial avanzó por Virginia. Yo iba en una camioneta que hacía parte de la caravana, que por poco se estrella en una de las calles del condado de Fairfax. Se encendieron las sirenas.

Entre más cerca estábamos de la Casa Blanca, más grande era el tumulto: la gente estaba en las calles celebrando la derrota del mandatario.

Alguien llevaba en alto un cartel: “Has perdido y todos nosotros hemos ganado”. Había clima festivo y cánticos.

Con un letrero de "Hasta nunca" algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia).

Getty Images
Con un letrero de “Hasta nunca” algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia). La campaña del mandatario estadounidense anunció este sábado que no reconocen los resultados y que la “elección está lejos de haber terminado”.

Cuando llegamos a la Casa Blanca, el presidente ingresó por una puerta lateral, una entrada que ha utilizado poco durante sus cuatro años de mandato. Sus hombros estaban hundidos y la cabeza, gacha.

Entonces levantó la vista hacia los periodistas que estábamos allí y levantó su pulgar. Fue un gesto a medias. No levantó su mano ni apretó su puño, como suele hacer.

Tanto en la Casa Blanca como en el club de golf, el presidente nunca vaciló: siempre hizo reclamos sin sustento sobre el fraude electoral e insistió que será reivindicado.

Durante toda esa mañana escribió en su cuenta de Twitter sobre los “votos ilegales” y por la tarde declaró, desafiante y en mayúsculas, “YO GANÉ ESTAS ELECCIONES”.

Pero eso fue Trump en Twitter. El hombre que yo vi me dejó una impresión muy distinta. Cuando entró por la puerta lateral de la Casa Blanca por la tarde, la arrogancia se había ido.

Texto de Tara McKelvey, corresponsal de la BBC en la Casa Blanca

raya separatoria

BBC

Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=bW1ibaFkARg

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.