¿Se puede bajar la inflación de Venezuela por decreto?
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¿Se puede bajar la inflación de Venezuela por decreto?

Después de que el presidente Venezuela, Nicolás Maduro, ordenó regularizar los precios de los electrodomésticos, muchos se preguntan si su intención es bajar la desbordada inflación de su país por decreto.
14 de noviembre, 2013
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Los televisores y las licuadoras no fueron suficientes. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, también quiere regularizar las ganancias de los zapatos, los autos y la ropa, entre otros.

Para esto, dice que necesita una ley que le permita legislar por decreto. Y el martes se dio un paso importante para obtenerla.

Tras el allanamiento de la inmunidad de una parlamentaria chavista que esperaba votar en contra de la Ley Habilitante, todo parece indicar que el presidente tendrá los porcentajes necesarios en la Asamblea Nacional para expandir sus poderes.

Sin ellos, sostiene el gobierno, sería imposible combatir la “guerra económica” con la que “la derecha venezolana” y el “imperialismo” tienen la economía venezolana en crisis.

El desabastecimiento de productos básicos ha llegado a un 20%, según datos del Banco Central de Venezuela (BCV), y la inflación fue del 54% en el último año.

Lea también: Cómo es vivir con la inflación por las nubes

Nunca, en los últimos 15 años, los venezolanos habían visto los precios de los productos subir tan aceleradamente. El mismo ministro de Finanzas, Nelson Merentes, reconoció este miércoles que la inflación está “por encima del promedio”.

Y por eso es que, después de las medidas de los últimos días, muchos se preguntan si el objetivo de fondo del presidente es bajar la inflación por decreto.

La comparación con Zimbabue

Esta semana, mientras crecían las filas para comprar electrodomésticos y se saqueaban algunas tiendas que decidieron no abrir, en las redes sociales muchos compartían artículos de la prensa internacional con fecha de junio de 2007.

Lea también: Qué es lo que está pasando en las calles de Venezuela

En ellos se reportaba la regularización de precios realizada por el gobierno del polémico presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, en el poder desde 1987.

El africano bajó los precios en un 50% y prohibió a los comerciantes subir el costo de los productos.

Pero eso no detuvo la inflación, también conocida como la “hiperinflación zimbabuense”, que llegó a triplicar precios en lapsos de hasta un día, algo solo comparable a la Europa de las guerra mundiales.

Hoy en día Zimbabue usa divisas extranjeras después de que se relajaron los controles. La moneda local prácticamente no existe. Y la economía, de cuya crisis el gobierno culpa a las sanciones internacionales, sigue inestable.

Especulación

Después de una década del control de cambio en Venezuela, la disparidad del precio del dólar en el mercado negro y el oficial es más grande que nunca.

Lo que busca atacar el gobierno, según dice, es el enriquecimiento de algunos negocios que acusa de comprar su mercancía con dólares oficiales -que adquieren a 6,5 bolívares- pero la venden a precios del mercado paralelo, donde el dólar se cotiza ocho veces más caro por estos días.

Esa es, para Nicmer Evans, analista económico y político de línea chavista, la diferencia con el caso de Zimbabue: “Mugabe decretó la inmovilidad de los precios, por lo que su país se detuvo mientras el mundo siguió”.

“Pero acá no va a desaparecer la inflación, sino que se van a regularizar las ganancias”, le dice a BBC Mundo.

Para el analista, si la política de Maduro va acompañada de una campaña pedagógica para evitar que la gente compre desmesuradamente y de un órgano que regule con transparencia las ganancias, el gobierno puede suavizar una inflación que “por muy rentistas y muy dependientes del petróleo que seamos, no tiene explicación”.

El gobierno considera que la inflación tiene su origen en la especulación y el enriquecimiento ilícito de algunos comerciantes, así que sometiéndolos a un régimen de control de ganancias cree que puede reducirla.

Lea también: La “guerra económica” de Maduro

Problema estructural

Sin embargo, hay quienes creen que la inflación en Venezuela es un fenómeno más estructural cuyas causas se desligan de la especulación de algunos comerciantes.

Henkel García, analista de la consultora Econometría, dice que cuando se tiene tanta liquidez monetaria como en Venezuela, donde crece a una tasa interanual del 73%, es imposible frenar la inflación.

“Tal vez puedas contenerla con decretos que regularizan las ganancias de algunos productos, pero no la vas a frenar de manera generalizada”, le dice a BBC Mundo.

Además, explica, este tipo de bienes como los electrodomésticos tienen un porcentaje muy pequeño en la canasta general determinada por el BCV, por lo que su regulación no va a afectar el correr general de la inflación.

La teoría económica dice que todo comerciante analiza dos cosas al plantear su negocio: los rendimientos y los riesgos. Y, en ese sentido, según García,”si ves que la ganancia que te propone el gobierno no te favorece, simplemente no vas a importar y generarás más escasez”.

“Tú no puedes detener la inflación con decretos como estos sin generar más escasez”, señala.

Por su parte, Evans reitera: “Solo se le está diciendo a los comerciantes que no sean usureros; este no es un problema de reposición de inventarios”.

Habrá que ver, pues, dentro de unos meses, si los televisores, las licuadoras, los zapatos y los autos no escasean. Sino que siguen vendiéndose a lo que le gobierno llama “el precio justo”.

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Cuánta gente se necesita que salga a protestar para derrocar a un gobierno (según la ciencia)

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20 de septiembre, 2020
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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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