¿Quiénes protestaron el 1Dmx y por qué? (primera parte)
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

¿Quiénes protestaron el 1Dmx y por qué? (primera parte)

Animal Político presenta en cuatro entregas, quiénes son y porqué se manifestaron los grupos que salieron a la calle el día de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. Ellos explican sus reivindicaciones y sus argumentos contra el estigma de “vándalos”.
Por Daniela Rea / Primera parte de cuatro
25 de noviembre, 2013
Comparte

MArchas

Durante las manifestaciones fueron anulados bajo el calificativo de “anarquistas” y  sus motivaciones ignoradas.  A un año de que cientos de personas, en su mayoría jóvenes, se lanzaran a las calles a marchar contra el gobierno de Enrique Peña Nieto y la criminalización de la protesta social, Animal Político rescata en este especial de cuatro entregas, quiénes son y porqué marchan estos grupos; sus reivindicaciones y sus argumentos contra el estigma de “vándalos”.

Integrantes del Frente Oriente en una protesta el pasado 20 de abril. //Foto: Cuartoscuro.

Integrantes del Frente Oriente en una protesta el pasado 20 de abril. //Foto: Cuartoscuro.

Frente Oriente: la APPO capitalina

Luis y Carlos son dos integrantes del Frente Oriente, una organización que nació de #Yosoy132, se independizó de ella y buscó tejer redes con trabajadores y vecinos del oriente de la ciudad.

Luis, 41 años, actor y acróbata de zancos. Carlos, de 28 años, poeta y conductor de radio por internet, ex alumno de Ciencias Políticas de la UNAM. Ambos fueron detenidos en la marcha del 10 de junio, acusados por ataques a la paz pública, ultrajes a la autoridad y daños a propiedad del GDF y SSP y liberados al pagar fianza. Ambos continúan su proceso.

Frente Oriente es una agrupación que desde sus orígenes ha sido confundida o calificada como “anarquista”, aunque sus integrantes se definen como comunistas con perspectiva proletaria. De ahí el que escogieran como su lema: “proletario y combatiente”.

El Frente nació de #Yosoy132 y  tuvo un origen convulso. Por mera geografía ideológica estudiantes de la FES Aragón, Zaragoza, de la UAM y UACM campus Iztapalapa, entre otras escuelas, se aglutinaron en un grupo que, entonces sin nombre, planteaba las posturas más radicales al interior del movimiento estudiantil. Si unos se decían apartidistas, ellos claramente se manifestaban anti Peña Nieto; si ellos hacían pintas durante sus marchas, unos salían al día siguiente a borrarlas; si los otros pedían “democratización de los medios”, ellos pujaban por un cambio radical de la política mexicana.

Las tensiones eran constantes en las asambleas, las acusaciones de “tibios” y “radicales” iban y venían. Poco a poco el grupo se fue independizando de #Yosoy132 al considerar que necesitaban acciones radicales contra lo que consideraban la imposición presidencial, hasta que se plantearon dos caminos: seguir con el movimiento estudiantil o vincularse con la organización popular. Y escogieron la segunda.

“Siempre habíamos salido a marchar, porque nos parece que es un derecho manifestar nuestro descontento. Después de la ruptura con #Yosoy132 comenzamos a marchar reivindicando a nuestro contingente de Frente Oriente. Así salimos el 1 de diciembre”, habla Luis.

Entonces, todavía eran jóvenes en su mayoría. El momento definitivo de su formación como organización popular fue durante el plantón en Santa Martha Acatitla para exigir la liberación de los detenidos del llamado 1DMx. Aquellos días,  recuerda Luis, los vecinos se acercaban a apoyarlos con comida o cobijas y en las charlas de madrugada surgió la idea de hacer asambleas entre los vecinos.

Hoy el Frente Oriente se considera una organización popular –ya no estudiantil- con base en Iztapalapa. Se organizan a través de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oriente para revisar, canalizar y exigir solución a problemas como el agua, luz, predios e inseguridad.

Luis reconoce que la organización es aún incipiente y afirma que el trabajo de los jóvenes es acompañar los procesos de asambleas, no hacer gestión ante las autoridades.

“Queremos que la gente experimente formas distintas de organización, son formas alternativas de poder, y que aprendan que ellos mismos pueden ir haciendo su gestión. A pesar de que estos movimientos no son de masas, se han movilizado los colonos. Si antes su lucha era meter un papel y esperar toda su vida, ahora meten el mismo papel pero marchan, hacen consignas”.

Confundidos con anarquistas por los medios y el gobierno capitalino, los de Frente Oriente lo niegan: el anarquismo tiene una perspectiva autogestora, libertaria con la que coinciden, pero no con el rechazo a la existencia de cualquier Estado o poder.

“Creemos que para llegar a una sociedad sin clases necesitamos una etapa transitoria. Creemos que el poder debe emanar del pueblo organizado. El anarquismo cree que el Estado es el origen de todos los males, nosotros creemos que el origen es la acumulación capitalista, una clase social que tiene a su servicio la burguesía”, toma Luis la palabra.

La confusión, dice, no es porque reivindiquen la violencia como los anarquistas, sino porque en todas las marchas los cobijan en su contingente. Si los maestros de la CNTE o los del #Yosoy132 les gritan “váyanse infiltrados”, los del Frente les permite entrar y terminan con ellos en la acción directa.

Así, han quedado en medio de los enfrentamientos y han tenido que defenderse de las detenciones. Hoy siete de sus integrantes están bajo proceso judicial.

Mientras el Estado no cambie la violencia física e institucional las movilizaciones seguirán a pesar de la represión, no cesaremos, mucho menos ahora que nos hemos articulado con los maestros, que tenemos apoyo”, dice Carlos.

Sobre el futuro inmediato tranzan algunos rumbos. Luis dice que Frente Oriente es un grupo radical, pero, aclara, lo es en el sentido de creer que el único cambio posible es el de raíz. Carlos considera que el gobierno ha rechazado cualquier tipo de protesta y si los manifestantes deciden bajar el nivel de resistencia, la autoridad no hará lo mismo con la violencia, reivindica la resistencia de quienes salen a la calle como una forma de defensa, que el Estado busca desactivar.

“El problema no es ir a confrontarse a madrazos con ellos, es que el gobierno no quiere ningún tipo de manifestación, quiere que el pueblo permanezca embrutecido. Creemos que no puede ser un pequeño grupo el que sustituya la violencia de las masas. Frente Oriente hace el llamado a luchar en la forma que lo dice el pueblo”, dice Carlos.

Acampada Revolución: A celebrar la batalla…

Miembros de la Acampada Revolución en una conferencia de prensa en septiembre de 2012. //Foto: Cuartoscuro.

Miembros de la Acampada Revolución en una conferencia de prensa en septiembre de 2012. //Foto: Cuartoscuro.

A y B son integrantes de Acampada Revolución, un colectivo que surgió como parte del movimiento estudiantil #YoSoy132 y luego como una organización independiente que reúne a universitarios y grupos vecinales de la capital del país.

Durante seis meses, el grupo acampó en el Monumento a la Revolución, de ahí su nombre, hasta el 1 de diciembre de 2012, cuando abandonó el lugar después de las confrontaciones entre manifestantes y policías durante la toma de protesta de Enrique Peña Nieto, pero no dejó de operar. Desde entonces, la Acampada Revolución es uno de los colectivos más activos en las movilizaciones callejeras, por lo que han sido tachados como “anarquistas” por los medios y autoridades.

Ambos jóvenes cuentan con formación profesional y aclaran, no son anarquistas: A se define como comunista, de madre panista y padre comunista; B., inició su participación política con los “indignados mexicanos” que emulaban a otros grupos de protesta en el  mundo. Los une, subraya A, la “conciencia de clase” que los hizo marchar contra la “imposición de Peña Nieto” y, después, contra la política represiva que a partir del 1 de diciembre de 2012 ha habido hacia los manifestantes.

A y B narran, por separado, su experiencia personal como activistas y analizan el contexto de violencia en el que desarrolla la protesta pública desde el inicio del sexenio, con la condición de guardar su identidad, ya que contra uno se sigue proceso penal por los disturbios callejeros de hace un año y otro, afirma, es vigilado por la policía, lo mismo en la calle, que fuera de su casa.

“Para entender la escalada violenta que han sufrido los movimientos sociales en el último año –explica A– debe entenderse que hay un antes y un después del 1 de diciembre de 2012. Antes la movilización social, particularmente el Movimiento #YoSoy132, del cual fui parte, evidenció la inconformidad del pueblo no sólo con el proceso electoral antidemocrático, sino con todo el sistema que le dio sustento a dicha elección; pero el 1 de diciembre, el gobierno priista, del que Miguel Ángel Mancera es parte, puso en marcha una estrategia de aniquilación de esa inconformidad social, y el mensaje fue claro: primero se dio la represión policiaca en mancuerna (con participación de agentes federales y locales), luego vino la publicación del protocolo que legalizó la represión (el Protocolo para el Uso de la Fuerza Pública en el DF), y después en cadena todas las demás acciones represivas, la del 10 de junio, la del 1 de septiembre, la del 13 de septiembre y la del 2 de octubre…”

Ambos reivindican su participación en las acciones de “confrontación directa” con las autoridades a lo largo de este año, acciones calificadas por como vandálicas; sin embargo, destaca B, “no es vandalismo lo que hacemos, es defendernos de las agresiones”. 

Y es que, abunda A, en todos los casos “la violencia siempre ha empezado del lado de la policía, entonces la confrontación directa no es ni la mejor ni la peor forma de lucha, es la forma de lucha a la que nos orillan con esta nueva estrategia de criminalización y represión de la protesta.”

–¿Qué opinión tienes de la imagen de vándalos formada sobre ustedes? –se pregunta a B.

–Nosotros no queremos justificarnos, queremos que la gente entienda su realidad (…) No justificamos pedradas y petardos a cada rato, pero sí nuestra defensa.

En su balance de este año, B no es optimista. El gobierno los ha criminalizado y dispersado a través de represión y detenciones, pero ha perdido legitimidad en su actuar. Ellos, en cambio, se han desgastado al interior del movimientos y ante la sociedad. “No creo que algún bando vaya ganando –señala–. Es como en el ajedrez, ellos llevan ventaja, pero estamos en un punto medio, ambos estamos midiendo fuerzas y confrontándolas”.

–Y, hacia el futuro, ¿cuáles son tus perspectivas? ¿La confrontación aumentará o disminuirá? –se cuestiona a A.

–Nosotros vemos que la cosa se va a poner cada vez peor y esperamos nuevos actos de represión. Contra los jóvenes hay una abierta política de criminalización, y contra los grupos organizados, contra el nuestro en particular, hay una represión selectiva, no sólo me siguen a mí, sino a otros miembros de la asamblea. No vemos que la violencia del Estado disminuya, todo lo contrario. Y, obviamente, esa violencia generará más violencia, porque hay muchos que ya estamos hasta la madre…

Es con esa frustración, mezclada con “convicción de lucha”, que este 1 de diciembre, distintos grupos civiles, universitarios y juveniles están convocando ya a marchar el próximo 1 de diciembre, para conmemorar el primer aniversario de la “La Batalla de San Lázaro”.

“No queremos presos ni heridos –dice B–, queremos una marcha festiva, pacífica, para celebrar que el 1 de diciembre le ganamos al gobierno, porque no se trató sólo de aventar piedras, sino de la articulación de distintos movimientos. Nosotros queremos una marcha pacífica, pero todo dependerá de lo que haga el gobierno. Quizá haya más violencia. No le llamamos escalada de violencia de nuestra parte, sino escalada de la reacción de la defensa, de la resistencia organizada y preparada. Nosotros marcharemos para presumir que les ganamos, quizá ellos busquen su revancha…”.

Anarquistas: buscar la paz, aunque roce la violencia

Grupos de anarquistas en la pasada marcha del 2 de octubre. // Foto: Animal Político

Grupos de anarquistas en la pasada marcha del 2 de octubre. // Foto: Animal Político

La primera vez que Spyke escuchó hablar sobre el anarquismo fue de boca de su maestra de historia. Tenía entonces 15 años y durante la clase de la revolución francesa ella mencionó a este grupo que abogaba por la caída del Estado, del poder o de la autoridad.

Quizá fue ese mismo día o algunos después que comenzó a leer a los clásicos como Bakunin, Kropotkin y le hizo click preguntarse ¿porqué la división en clases sociales o etnias? Si el trabajador es el que produce ¿por qué vive en la miseria?  Así decidió reivindicarse como anarquista. Quizá no fue tanto la realidad del país, como lo que Spyke vivía al interior de su casa, lo que lo empujó.

“Sentía necesidad de liberación. Más que nada dentro de mi familia porque por un lado me apoyan en ciertas cosas, pero en otras no. Sentía mi libertad un poco limitada”.

Hoy, a sus 21 años, es anarco vegano. Reivindica el ideal libertario para todos los seres vivos de la tierra, por eso no consume ni usa productos de origen animal o probados en animales y está afiliado al Frente de Liberación Animal.

Antes, mucho antes de ir a las marchas contra Peña Nieto, contra la reforma educativa, contra la impunidad del 2 de octubre, Spyke protestaba afuera de los circos con fotografías gigantes de elefantes lacerados por las cadenas o tigres esqueléticos por el hambre; marchaba hasta la embajada española con el rostro pintado como de demonio y una lanza afilada en la mano a punto de enterrarla a un compañero que, a gatas, simulaba ser un toro.

Hace un par de meses Spykefue despedido de una fábrica del Estado de México donde maquilaba  playeras y disfraces.

Influido por sus lecturas propuso hacer una “huelga activa” –reducir la velocidad de producción como forma de sabotaje- contra el patrón por no pagar horas extras, no darles prestaciones. Lo despidieron. Ahora planea estudiar literatura o vender comida vegana en la calle –sus perforaciones y su look rebelde le dificultan encontrar trabajo-.

Spyke ha participado en las marchas del 1 de mayo, 1 de septiembre y 2 de octubre, sabe armar bombas molotov, pero dice que no ha arrojado una a los policías porque no la ha tenido en las manos durante las protestas, sólo piedras y palos.

“Sólo he lanzado pedradas, pero es justo lanzarles petardos y bombas molotov por el simple hecho de que los granaderos vienen armados con armas antidisturbios que en sí son letales, como las escopetas que lanzan balas de goma o gas lacrimógeno. He llegado a golpear a policías pero creo que nunca he herido a un policía de gravedad”.

Ha recibido golpes, disparos con balas de goma o madera. No ha sido detenido.

Spyke reconoce que el anarquismo no es violento de origen y que sus objetivos son lograr la liberación de los individuos y un mundo de paz.

-¿Y ustedes están lejos de ser el ideal anarquista?

-Si, porque en primer lugar muchos confunden libertad con libertinaje. Libertad no es hacer lo que quieras, lleva una gran responsabilidad y creo que todavía no estamos preparados como para cargar con esa responsabilidad tan grande, pero hay que seguir en la lucha, hacer lo que podamos para ir alcanzando esa libertad. Nos falta mucha unión entre nosotros.

-Si el anarquismo no es violento de origen, ¿por qué no la desobediencia civil pacífica como alternativa de lucha?

-La desobediencia civil pacífica o la acción directa pacífica ya implica violencia por el hecho de trasgredir. Además hemos vivido inmersos en una violencia estructural del Estado, cotidiana, que nos ha condicionado a ser violentos de antemano.

-¿Reivindicas la violencia?

-La reivindico como autodefensa y como violencia revolucionaria porque los anarquistas buscamos un mundo donde haya paz. Pero la paz no se puede conseguir sin justicia, entonces primero tiene que pasar algo para conseguir esa anhelada justicia, aunque sea la violencia.

Esto es lo que los anarquistas, según Spyke, reivindican:

La acción directa contra autoridades, que no agresiones. Marchan en “bloque negro”, una táctica que busca resguardar a los manifestantes, sean o no anarquistas, de los policías. Salen con el rostro cubierto para formar una masa homogénea que significa “todos somos uno, no hay líderes ni límites”.

“Lo que buscamos es abrir paso a la marcha porque los policías lo impiden. Cuando los granaderos inician las agresiones, nos defendemos. Te empiezan a empujar con escudos, toletes, arrojan piedras y al recibir esas agresiones respondemos defendiéndonos para dispersarlos y poder avanzar”.

Las expropiaciones, que no actos vandálicos. Se trata de romper los cristales de algún local o cajero automático, tomar dinero de ahí y repartirlo “entre la gente”; generalmente van contra locales que representan “poder”, los Oxxos manejados por Femsa o contra los cajeros automáticos de Bancomer porque apoya las corridas de toros.  El Frente de Liberación Animal fue señalado por el gobierno capitalino por detonar artefactos explosivos en cajeros automáticos en el año 2009 y 2011 en las delegaciones de Milpa Alta, Iztacalco y Benito Juárez.

“Rechazamos a los chavos que se dicen anarquistas pero no aterrizan bien sus ideas, aun están muy verdes y van a reventar cristales de los Oxxos para robarse cervezas, pomos, cigarros”.

Además de esos chavos violentos, señala a los “infiltrados” oficiales o funcionarios vestidos de civil que buscan provocar a los manifestantes.

Spyke no cree en la manifestación pacífica, para él ésta sólo sirve al Estado que “autoriza” a la gente marchar y espera hasta que se desgasten sin resolver las demandas.

-La manifestación violenta les ha generado el rechazo social.

-Siento impotencia cuando piden que nos detengan, porque la gente está siendo manipulada y es poco solidaria. Entiendo que ya no quieren manifestaciones, pero porque lo que ocurre nos compete a todos. Incluso los del 132 y los maestros nos querían afuera de sus filas, nos decían “infiltrados” y siento que aunque busquen un cambio, siguen muy manipulados, no entienden que los actos violentos tienen una razón de ser.

-¿Qué horizonte ven?

-Puede haber una escalada de violencia, como se ha visto, y se siente miedo porque nadie quiere que le pase nada, pero no podemos dejar la lucha. Yo no defiendo a una nación, espero que la gente entienda por sí misma y se una para que ya no haya más injusticias.

Aquí una recopilación de videos que dan cuenta de los hechos registrados el #1Dmx:

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Felimar Luque

De vender arepas en un mercado a luchar como médica contra la COVID-19

Felimar Luque temía no volver a trabajar como médica tras emigrar de Venezuela. Pero la falta de personal sanitario que sufren países de la región como Perú ha hecho que vuelva a ejercer.
Felimar Luque
5 de agosto, 2020
Comparte

Preparando arepas en la habitación que compartía junto a su hermana en Lima, Felimar Luque temía no volver a ponerse nunca más la bata de médica que se tuvo que quitar cuando salió de Venezuela en busca de un futuro mejor.

Hoy, tras un año en el que vendió arepas en un mercado y medicamentos en una farmacia, vuelve a ejercer la medicina en un hospital. Una oportunidad que ansió durante meses y que no le llegó hasta que ocurrió una tragedia: la pandemia de COVID-19.

“La esperanza era bastante lejana por el tema económico”, cuenta esta ginecóloga de 34 años, a quien se le hacía imposible asumir el costo de homologar su título cuando llegó a Perú el año pasado.

Ahora, ante la falta de profesionales de la salud para atender de los casos de coronavirus que hay a nivel nacional, Luque ha sido contratada para trabajar en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins, el complejo hospitalario más importante de la seguridad social peruana.

Allí, se encarga de evaluar cómo evolucionan cerca de 200 afectados por COVID-19.

Perú ha decidido permitir durante la pandemia la contratación de médicos extranjeros, incluso aquellos que aún no hayan terminado de realizar sus trámites para colegiarse. Es una medida que también han tomado países como Chile, México y España.

Luque ha sido una de las beneficiadas. Como a muchos de los 900,000 venezolanos que emigraron al país andino en los últimos años, a ella, le había tocado empezar desde cero en su nuevo destino.

Es decir: dejar atrás 11 años de estudios universitarios y cuatro de experiencia laboral, para, en cambio, comenzar los días levantándose a las cinco de la mañana para amasar agua y harina P.A.N.

“Despertábamos para hacer las arepas y que estuvieran calientes al momento de venderlas”, recuerda.

Harina P.A.N.

Getty Images
Felimar Duque se despertaba todos los días a las 5am para amasar la harina P.A.N.

“Vendíamos unas 30 o 35… No eran muy grandes porque la harina P.A.N. es importada y costosa y queríamos obtener un poquito de ganancia”, le dice a BBC Mundo por teléfono en el descanso de su turno en el hospital.

A dos soles cada una (0.6 dólares), ganaban entre 18 y 21 dólares cada día. Tres veces más que su sueldo mensual en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo, conocido por ser donde murió en 2013 el exmandatario venezolano, Hugo Chávez.

Este monto, sin embargo, era insuficiente para vivir cómodamente en Perú. Así que, recién llegadas a Lima, las hermanas vendían las arepas por las mañanas y dedicaban el resto del día a buscar trabajo.

“El choque emocional era demasiado”, cuenta Luque. “Aparte, jamás había vendido nada”.

“Todo en mi vida había sido estudiar, estudiar, estudiar… El día en que decidí trabajar ya era médico y, desde entonces y ya graduada, nunca había dejado de trabajar”.

Dejar Venezuela

Felimar Luque era en Caracas especialista adjunta del servicio de ginecología de un hospital de nivel 4, el más alto, es decir, con un gran número de camas, área de terapia intensiva y de especialidades.

De pequeña, había decidido ser pediatra después de que una infección gastrointestinal le llevara a acabar ingresada en un hospital.

“Me atendió una excelente pediatra, que fue muy atenta conmigo. A pesar de no tener turnos, se quedó conmigo durante mi hospitalización”, recuerda.

“De ahí le dije a mi mamá: ‘Quiero ser pediatra porque quiero atender a las personas así como ella me atiende a mí”.

Pero, a medida que estudiaba la carrera, fue cambiando de opinión. “Me di cuenta de que la pediatría era bonita, pero a la vez un poco triste“.

“Sobre todo el área oncológica me deprimía, así que dije: ‘No, prefiero ser ginecóloga, que así traes un bebé al mundo y, en la mayoría de los casos, les das una alegría a los familiares”. Todavía recuerda su primer parto: varón, 3.5 kilos.

Felimar Duque con un bebé recién nacido

Felimar Duque
Duque optó por especializarse en ginecología porque el traer bebés al mundo “das una alegría a los familiares”.

Los años tomando notas o sacando fotocopias de libros que no podía permitirse comprar rindieron frutos: se graduó de la Universidad Rómulo Gallegos con notas sobresalientes o, como se dice en Venezuela, cum laude.

Un posgrado después, llegó a ser jefa de servicio en un hospital grande. Pero era un puesto que también tenía desventajas que se hicieron más agudas cuando el país empezó a verse golpeado por una dura crisis económica.

“En 2012 ya empezó el déficit, pero se acentuó muchísimo, muchísimo en 2014. En 2015, ya no teníamos absolutamente nada, teníamos que solicitar al paciente que llevara sus insumos para poder atenderle”, hace memoria.

Alternaba cuatro trabajos en dos clínicas y dos hospitales públicos para poder mantenerse. Le alcanzaba, “ajustadita”, y solo porque vivía sola y no había formado aún una familia.

Pero la falta de condiciones para atender a sus pacientes era lo que más le afectaba.

“El choque no lo vive el director del hospital, lo vives tú como jefe en tu área. Eso ya me tenía un poquito inestable emocionalmente porque decía: ¿Cómo voy a una guardia? Como recurso humano puedo hacer cualquier cosa, pero me atas de manos porque no tengo cómo resolver al paciente porque no tengo insumos”.

Protesta en Venezuela por la crisis hospitalaria

Getty Images
En Venezuela hay una crisis hospitalaria desde hace varios años.

Estas deficiencias le hicieron pasar por situaciones tensas, como cuando tuvo que resguardarse para no ser agredida por el familiar de una paciente.

“Había sido referida de otro hospital y, en ese momento, nosotros no contábamos con servicio de quirófano porque no había aire acondicionado y solo estábamos atendiendo estrictas emergencias”, recuerda.

“La paciente estaba en un inicio de trabajo de parto… Tenía oportunidad de ir a otro centro a ver si la podían atender”. El familiar montó en cólera, estallando en reclamos e insultos contra ella y un colega, que eran los encargados del servicio aquel día.

“Tuvimos que permanecer encerrados en la habitación porque si salíamos nos podían agredir”, afirma.

Choque emocional

Episodios como este la llevaron a iniciar la homologación de su título en España para emigrar allí.

“Mi temor era: ‘se me va a morir una paciente por el simple hecho de que en el hospital no hay tan siquiera sangre para transferirle o no hay una jeringa, nada…’ Que me llegue un paciente crítico y no pueda resolverlo, no porque no tenga conocimiento, sino porque no tengo los recursos para atenderlo”.

Pero las trabas burocráticas, tanto en España como en Venezuela, y la ralentización de los trámites en las instituciones de este último país hizo que, a inicios de 2019, se decidiera a seguir a su hermana a un destino más barato y menos complicado: Perú.

Felimar Luque (izq.) en la sala de partos en Venezuela

Felimar Luque
Practicar medicina en Venezuela se ha vuelto difícil por la falta de recursos.

A diferencia de miles de sus compatriotas, ellas tuvieron la “suerte” de poder viajar hasta allí en avión.

Pero eso no logró amainar un cambio tan brusco: “En Venezuela siempre tuve trabajo, muchísimo trabajo. Pero una vez que vengo para acá, nunca había vendido y había que relacionarse con cualquier persona”.

“Pero era más que todo el choque emocional: eras una persona reconocida en tu país. En mi caso, yo era jefe de servicio porque era especialista adjunta del servicio de ginecología ya con cuatro años de experiencia como tal. Y sí, el choque es bastante fuerte en ese sentido”.

“De verdad que me sentía bastante mal”.

Junto a su hermana, pidieron permiso en un puesto de un mercado cercano a donde vivían para ponerse de pie al lado a vender las arepas. El comerciante se lo permitió.

“Entonces hice mi currículum, lo dejé por locales comerciales, farmacias. Llamaba a los anuncios para cuidar bebés, cuidar abuelitos”. Menos de un mes después de llegar, consiguió empleo en una farmacia donde trabajaba seis días a la semana por el salario mínimo.

Inmigrante venezolana entrando a Perú

Getty Images
Muchos venezolanos que inmigran a Perú tienen dificultades en buscarse la vida.

¡No tenemos gente!

Poco a poco, fue reuniendo y validando los papeles que necesitaba para homologar su título de médico general.

“Registré mi título… pero hubo un freno porque me exigían estudiar un año más”, cuenta. No podía permitírselo: su hermana tenía problemas para encontrar empleo y de su salario salían la manutención de las dos y el dinero que enviaba a sus padres, en Venezuela.

“Decidimos oye, nada, a reunir plata. A ver si se puede lograr de alguna forma en algunos meses”.

Casi a finales de 2019, vio un anuncio en Instagram: la ONG Unión Venezolana en Perú estaba ayudando a médicos venezolanos a convalidar sus títulos. La organización ha reunido en los últimos dos años un listado de 39,000 inmigrantes venezolanos con estudios, cuyos datos se los ofrece al gobierno peruano para ayudar a cubrir vacantes difíciles de llenar.

Tras una dura selección que empezó con 150 profesionales, Luque acabó siendo una de los 20 que recibió la ayuda de la ONG y de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) para poder colegiarse en Perú.

“Tuve que pasar varias pruebas y cursos”, asegura. “A veces nos decían el mismo día o la noche anterior: ‘Hoy, urgente, tienen que ir a tal sitio’. Y bueno, ese día le pedía permiso a mi jefe y gracias a Dios fue bastante tolerante. Me decía: ‘Tranquila’. Luego, eso sí, tenía que pagarle las horas como sea”.

Pero incluso cuando su nombre apareció oficialmente en la base de datos de médicos colegiados de Perú, encontrar trabajo como tal siguió siendo una tarea complicada.

Coronavirus en Perú

Getty Images
En algunos lugares de Perú se han visto desbordados por la falta de médicos para combatir el coronavirus.

En tres meses, solo llamaron para dos plazas lejos de Lima, de donde no quería irse.

“Conseguí un puesto de asistente de cirugía plástica. Realmente, no es mi área, solo llenaba historias de los pacientes y hacía las tareas de las enfermeras”.

Con la pandemia, la clínica cerró: “Lo que más me angustiaba era que yo tengo que enviar dinero a Venezuela porque mis papás lo necesitan… Era estresante: quedarte sin dinero en un país donde no tienes nada”.

Hasta que un colega le avisó de que la seguridad social peruana, EsSalud, estaba contratando médicos para afrontar la pandemia de COVID-19.

Como muchos países de la región, Perú cuenta con menos médicos de los que necesita, según refleja un informe del Ministerio de Salud de 2018: apenas 13,6 médicos por cada 10.000 habitantes en vez de los 23 que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

A esto se suma el hecho de que muchos se han dado de baja porque su edad o historial médico los hace especialmente vulnerables al nuevo coronavirus.

Por ejemplo, en Lambayeque, una de las regiones más afectadas por la pandemia y en la que se han tenido que construir cementerios temporales para enterrar a los muertos por coronavirus, el director del Hospital Regional explicaba a principios de mes que, pese a tener 60 camas libres con punto de oxígeno, no las podía usar:

“¡No tenemos gente! ¡No tenemos gente! ¡No tenemos gente!”, gritaba con desesperación en una entrevista con la emisora pública, RPP.

Talento desaprovechado

Carlos Scull, nombrado embajador de Venezuela en Perú por Juan Guaidó, aseguró en una radio local que hay unos 1.000 médicos venezolanos en Perú -de los que solo entre 200 y 300 están colegiados- y unos 3,000 enfermeros.

Otras fuentes como la campaña “Tu causa es mi causa” eleva a 4,000 el número de médicos venezolanos que podrían unirse al esfuerzo del sistema de salud peruano contra la pandemia.

Trabajadores de la salud con equipos de protección personal frente a una ambulancia en Perú

Getty Images
En Perú hay escasez de trabajadores de la salud para hacerle frente a la pandemia.

Al menos uno de ellos, Felimar Luque, empezó a trabajar en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins el lunes de la semana pasada: “Es hermoso, se parece al hospital en el que yo trabajaba ”.

“Me siento bien, a pesar de la pandemia, haciendo lo que más me gusta”, dice. Ahora gana ocho veces más de lo que recibía en la farmacia. Su hermana, abogada, ha tenido menos suerte y ahora trabaja cuidando a una mujer mayor en una provincia al norte de Lima.

“El venezolano tiene una necesidad de tener un ingreso y ejercer su profesión”, dice Garrinzon González, director de Unión Venezolana en Perú. En los años que lleva frente a la ONG, ha visto a muchos compatriotas experimentados y con estudios superiores haciendo trabajos no cualificados.

“Es un activo que se está perdiendo el Perú en vez de beneficiarse con estos profesionales cuyos estudios fueron un gasto que hizo otro Estado. Y más cuando hay vacantes”, afirma.

Del listado de 39,000 profesionales venezolanos que ofreció al Estado peruano, calcula que solo el 10% consiguió empleo.

Él espera que la experiencia de echar mano de profesionales sanitarios venezolanos durante la pandemia sirva para abrir las puertas a otros sectores.

Luque tiene un contrato de solo tres meses, prorrogable por otros tres meses más si la pandemia se extiende. Aunque, así como cuando soñaba con volver a ponerse la bata mientras preparaba arepas, le sobran esperanzas.

“Aunque el contrato dice ‘solo pandemia’, yo confío, Dios quiera, que nos dejen trabajando como tal. Ya ellos saben que soy especialista, que estoy en proceso de mi registro nacional de especialista acá en Perú. Y si no, bueno, como médico general, que ya tengo todo legal”.

“Si la posibilidad está, sería genial quedarnos acá trabajando”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

Visita nuestra cobertura especial


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=WhjChg-SfiE&t=5s

https://www.youtube.com/watch?v=0LMiekyc95A

https://www.youtube.com/watch?v=bXK31IpSnLQ

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.