4 aspectos de las marchas que sí pueden legislarse, según Derechos Humanos del DF
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

4 aspectos de las marchas que sí pueden legislarse, según Derechos Humanos del DF

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal estableció algunos parámetros de lo que, en términos ideales, debería contener una ley que pretenda ordenar las manifestaciones que se realizan en la capital del país.
Por Paris Martínez / segunda y última parte
17 de diciembre, 2013
Comparte
cnte_1

Un modelo de regulación de las manifestaciones, según la Comisión, debe resguardar los derechos humanos y contemplar el derecho al libre tránsito de quienes no participan en las protestas. // Foto: Cuartoscuro.

Luego de considerar “inconstitucionales” las cinco iniciativas para regular las manifestaciones en la Ciudad de México, que actualmente se discuten a nivel legislativo, debido a que se basan en un modelo “prohibicionista” que resulta incompatible con el marco legal en materia de garantías individuales, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal estableció algunos parámetros de lo que, en términos ideales, debería contener una ley que pretenda ordenar las protestas públicas que se realizan en la capital del país.

Incluidos en su Propuesta General número 1, titulada Manifestación, movilidad y derechos humanos: una propuesta de aproximación desde los estándares internacionales, estos parámetros planteados por la CDHDF responden, afirma el organismo autónomo, al único modelo legislativo que puede considerarse respetuoso de los derechos humanos, mismo que busca garantizar el derecho a la libre manifestación, y conciliarlo con el derecho a la movilidad de aquellas personas que no participan en las protestas.

A continuación, Animal Político te presenta un resumen de esos aspectos sobre los que debería versar una ley en materia de manifestaciones en el DF, para que, en vez de limitar su ejercicio, se brinden condiciones de seguridad y armonía ciudadana, a los ojos del organismo encargado de velar por el respeto de los derechos humanos en la capital del país.

1. Una cosa es protestar, otra delinquir

Para que una ley sobre manifestaciones en la capital del país sea congruente con el marco jurídico –nacional e internacional– que defiende los derechos humanos de las personas, ésta no debe intentar regular el derecho de los ciudadanos a expresarse, reunirse y manifestarse libremente.

Esto no quiere decir, subraya el estudio de la CDHDF, que deba brindarse impunidad a las conductas ilícitas en las que pueda incurrir algún participante en la protesta, sino que dichos delitos deben ser considerados como independientes y aislados de la manifestación.

Así, para la CDHDF, “la legislación debe quedar limitada única y exclusivamente a la sanción de conductas ilícitas específicas y aisladas, que puedan cometerse en el marco de manifestaciones o conglomeraciones públicas, sin que ello signifique la posibilidad de asociarlas con la totalidad o integridad de las manifestaciones”.

De esta forma, añade, una ley no debería imponer ningún tipo de “responsabilidad solidaria” a quienes participan en dichas manifestaciones, cuando alguien de manera aislada cometa actos delictivos, ni tampoco debería depositar en los manifestantes la responsabilidad de mantener un ambiente de seguridad en el marco de la protesta, sino que ésta debe ser una obligación de la autoridad, la cual debe garantizar “condiciones óptimas para el ejercicio de los derechos fundamentales”.

2. Aviso sí, permiso no

De las cinco iniciativas legislativas que buscan regular las manifestaciones en la capital –tres de ellas presentadas a nivel federal, y dos a nivel capitalino–, cuatro plantean que todo grupo que pretenda protestar de forma pública en el DF debería de contar con una “autorización previa a cargo de la autoridad”, lo cual funcionaría, destaca la CDHDF, como un sistema de “censura previa”, ya que de forma discrecional quedaría a criterio de un grupo de funcionarios el determinar a cuál protesta se le otorga permiso y cuál se prohibe, lo que resulta propicio para que se generen violaciones a los derechos humanos y actos discriminatorios.

Por ello, para la Comisión de Derechos Humanos del DF, una ley en la materia no debería imponer el otorgamiento de permisos, sino promover la emisión de avisos por parte de los grupos que planean protestar, como regla de convivencia que permita a las autoridades tomar las medidas pertinentes para reducir al mínimo las afectaciones viales, comerciales y laborales, y para que los ciudadanos que no participan en la manifestación puedan contemplar alternativas de movilidad.

Sin embargo, para que estas notificaciones no representen una violación a los derechos de los manifestantes, éstas deben contemplar los menores requisitos posibles, no deben solicitar información detallada sobre la identidad o procedencia de las personas que organizan la protesta o de quienes se sumen a ella. Este trámite, además, debe ser lo suficientemente sencillo para que no se convierta en “una carga excesiva ni desproporcionada que pueda significar una restricción indirecta a los derechos a la libre expresión, reunión y manifestación”.

Y aún cuando la CDHDF considera que es viable establecer por ley la obligación de dar aviso previo de las manifestaciones que pretendan realizarse en la capital del país, esta misma norma deberá prever que habrá protestas espontáneas, “en las que, por su propia naturaleza, resulta imposible cumplir con el aviso”, lo cual no deberá ser pretexto para que dichas reuniones públicas sean obstruidas por la autoridad.

3. Espacio-tiempo

Según el estudio de la Comisión de Derechos Humanos capitalina, las cinco iniciativas de ley promovidas por legisladores (del PAN y del PVEM) para regular marchas pretenden “acotar” los horarios en los que sería legal manifestarse, algo que “representa una medida desproporcionada, que limita de manera indirecta la posibilidad de las personas de ejercer sus derechos humanos de reunión, manifestación y protesta”.

Por ello, el organismo autónomo consideró que, de establecerse una regulación para las protestas en el DF, ésta no debe establecer horarios para su realización, ni tampoco limitar su duración, sino que, por el contrario, nuevamente debe ser la autoridad la responsable de “generar condiciones de diálogo efectivas, a fin de lograr la resolución de conflictos o exigencias” de los manifestantes, y la duración de sus protestas sólo deberá ser limitada de forma “excepcional”, en casos de “mayor gravedad”.

Siguiendo la misma lógica, para la CDHDF, una ley de manifestaciones que sea congruente con los derechos humanos no debe establecer límites al uso y aprovechamiento del espacio público, ya que éste no sólo sirve para la circulación, sino también para la participación política y social, de tal forma que establecer por ley puntos geográficos donde sí puedan realizarse protestas, y puntos en donde queden prohibidas, resulta violatorio de las garantías individuales.

Las únicas restricciones válidas en términos de espacios públicos, señaló el organismo, son aquellas que protejan puntos estratégicos, tales como accesos a hospitales, a unidades o centrales de transporte (aéreo o terrestre), u otros puntos que, de ser bloqueados, “pongan en grave e irreparable riesgo la seguridad e integridad de terceras personas”.

4. Regular a autoridades, no a manifestantes

Bajo el principio de que el goce y ejercicio de un derecho humano no puede ser reglamentado por ninguna ley, la CDHDF consideró que, una norma en materia de manifestaciones en la capital del país debe regular el comportamiento de las autoridades, y no de aquellas personas que ejercen su derecho a la reunión, la expresión y la protesta.

Este planteamiento cobra especial relevancia cuando, a ojos de la Comisión, todas las iniciativas legales presentadas hasta ahora “otorgan a la autoridad un amplio margen de actuación, que pueden generar escenarios propicios para el desarrollo de violaciones a derechos humanos, como detenciones arbitrarias, afectaciones a la integridad personal e, incluso, la posibilidad de que se cometan actos de tortura”, además de que “establecen un amplio abanico de restricciones a los derechos humanos a la libre expresión y reunión, lo que deja a las personas manifestantes en una posición de vulnerabilidad frente al poder público, respecto a su libertad y su seguridad”.

Por ello, para el organismo autónomo, una ley sobre manifestaciones debe, en todo caso, obligar a la autoridad a desarrollar protocolos de uso de la fuerza, “que limiten al mínimo la discrecionalidad de su uso”, que impongan sistemas de capacitación entre policías, para que conozcan el marco jurídico en derechos humanos que deben respetar, y que establezcan, también, las sanciones a que se harán acreedores aquellos funcionarios públicos que incurran en abusos.

En la misma medida, una ley de manifestaciones congruente con los derechos humanos debería incluir mecanismos que reduzcan la discrecionalidad por parte de jueces, para impedir que las sanciones penales y administrativas redunden en “criminalización” de manifestantes acusados de presuntos delitos, y también deberán incluir sanciones para los jueces que violen este principio.

Por último, para la Comisión de Derechos Humanos del DF, no sólo la policía capitalina deben contar con protocolos de actuación en el contexto de protestas públicas, sino que éstos deben ser también desarrollados por las autoridades encargadas de organizar el transporte y la vialidad en la ciudad, para que estos organismos puedan echar a andar “medidas claras de prevención y protección tanto a manifestantes como a las demás personas, sin limitar las manifestaciones, y realizando actos que garanticen el derecho a la movilidad”, tales como “planear rutas alternativas de las personas que no se manifiestan y la organización de facilidades para el transporte”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

El innovador y exitoso método nórdico para acabar con el acoso escolar

El acoso en la escuela suele dejar secuelas que la víctima puede llegar a experimentar por décadas. Pero hay metodologías que ayudan a cambiar el entorno escolar para evitar que esto ocurra.
2 de mayo, 2022
Comparte

Lady Gaga, Shawn Mendes, Blake Lively, Karen Elson, Eminem, Kate Middleton y Mike Nichols. Estas son solo algunas de las personas que han hablado de su experiencia como víctimas del acoso escolar y el dolor que esto les ha causado en la infancia y en etapas posteriores de su vida.

Cualquiera que haya sido victimizado de niño comprenderá los sentimientos de vergüenza que pueden generar este tipo de experiencias. Y las consecuencias no se quedan ahí.

Investigaciones recientes sugieren que los efectos del acoso infantil pueden persistir durante décadas, con cambios duraderos que pueden ponernos en mayor riesgo de enfermedades mentales y físicas.

Estos hallazgos están llevando a un número cada vez mayor de educadores a cambiar su punto de vista sobre el matoneo: de una situación inevitable del crecimiento a una violación de los derechos humanos de los niños.

“La gente solía pensar que el acoso escolar era un comportamiento normal y, en algunos casos, que incluso podría ser algo bueno, porque ayuda a fortalecer el carácter”, explica Louise Arseneault, profesora de psicología del desarrollo en el King’s College de Londres, en Reino Unido.

“Les tomó mucho tiempo comenzar a considerar este comportamiento como algo que puede ser realmente dañino”.

Con este cambio de mentalidad, muchos investigadores ahora están probando varios esquemas contra el acoso, con algunas estrategias nuevas y emocionantes para crear un entorno escolar más amable.

Cultura de tolerancia de la victimización

El Programa de Prevención del Acoso Olweus (Olweus Bullying Prevention Program) es uno de los esquemas que más se ha puesto a prueba.

Lady Gaga

Getty Images
Lady Gaga es uno de los personajes famosos que ha hablado abiertamente sobre su experiencia de acoso escolar.

Fue desarrollado por el fallecido psicólogo sueco-noruego Dan Olweus, quien encabezó gran parte de las primeras investigaciones académicas sobre la victimización infantil.

El programa se basa en la idea de que los casos individuales de acoso suelen ser producto de una cultura más amplia que tolera la victimización. Como resultado, intenta abordar todo el ecosistema escolar para evitar que prospere el mal comportamiento.

Como muchas otras intervenciones, el Programa Olweus comienza con un reconocimiento del problema. Por este motivo, los colegios deberían realizar una encuesta para preguntar a los alumnos sobre sus experiencias.

“Saber lo que está pasando en tu edificio es realmente importante y puede guiar tus esfuerzos de prevención del acoso escolar”, dice Susan Limber, profesora de psicología del desarrollo de la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, Estados Unidos.

El Programa Olweus alienta a la escuela a establecer expectativas muy claras para un comportamiento aceptable, y las consecuencias si se infringen esas reglas.

“ no deberían ser una sorpresa para el niño”, dice Limber. Los adultos deben actuar como modelos positivos a seguir, que refuercen los buenos comportamientos y muestren tolerancia cero ante cualquier forma de victimización.

También deben aprender a reconocer los lugares dentro de la escuela donde es más probable que ocurra la intimidación y supervisarlos regularmente.

Acoso escolar

Getty Images

“Todos los adultos de la escuela necesitan una formación básica sobre el acoso: las personas que trabajan en la cafetería, los conductores de autobuses, el conserje”, señala Limber

A nivel del aula, los propios niños organizan reuniones para discutir la naturaleza del acoso escolar y las formas en que pueden ayudar a los estudiantes que son víctimas de este comportamiento.

El objetivo, en todo ello, es conseguir que el mensaje anti-intimidación quede arraigado en la cultura de la institución.

Resultados positivos

Al trabajar con Olweus, Limber probó el esquema en varios entornos, incluida una implementación a gran escala en más de 200 escuelas en Pensilvania.

Sus análisis sugieren que el programa resultó en 2.000 casos menos de intimidación durante dos años. Es importante destacar que los investigadores también observaron cambios en la actitud general de la población escolar hacia el acoso, incluida una mayor empatía con las víctimas.

Los resultados de Limber no son los únicos que muestran que las campañas sistemáticas contra el acoso pueden generar un cambio positivo.

Comedor escolar

Getty Images
Todo el personal de la escuela debería estar alerta a las posibles señales de intimidación y matoneo.

Un metanálisis reciente, que examinó los resultados de 69 ensayos, concluyó que las campañas contra el acoso escolar no solo reducen la victimización sino que también mejoran la salud mental general de los estudiantes.

Curiosamente, la duración de los programas no pareció predecir sus posibilidades de éxito.

“Incluso unas pocas semanas de intervención fueron efectivas”, dice David Fraguas, del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid, España, quien fue el autor principal del estudio.

Atentos a las señales

La intimidación no acaba en la escuela, y Limber argumenta que los padres y cuidadores deben estar atentos a las señales que indican que puede haber un problema. “Debes ser proactivo al hablar sobre el tema, no esperes a que surja”, dice.

“Puedes hacerlo como parte de una conversación del tipo: ‘¿Cómo van las cosas con tus amigos? ¿Tienes algún problema?'”.

Ella enfatiza que el adulto debe tomar en serio las preocupaciones del niño, incluso si parecen triviales desde una perspectiva externa, al mismo tiempo que debe mantener una mente abierta.

“Escucha atentamente y trata de controlar tus emociones mientras las escuchas”. El cuidador debe evitar hacer sugerencias apresuradas sobre cómo el niño puede manejar el problema, ya que esto a veces puede crear la sensación de que la víctima tiene la culpa de la experiencia.

Acoso escolar

Getty Images
Todos los sitios donde puede ocurrir el acoso dentro de la institución educativa deberían estar supervisados.

Si corresponde, el padre o tutor debe iniciar una conversación con la escuela, que debe elaborar un plan de inmediato para asegurarse de que el niño se sienta seguro. “Lo primero es centrarse en ese niño y sus experiencias”.

Crecer rara vez va a ser fácil: los niños y los adolescentes están aprendiendo a manejar las relaciones sociales y eso va a traer dolor y malestar.

Pero como adultos, podemos hacer un trabajo mucho mejor al enseñarles a los niños que ciertos tipos de comportamientos nunca son aceptables: no hay nadie a quien culpar sino a los mismos agresores.

Estas lecciones podrían tener un impacto generalizado en la salud y la felicidad de muchas generaciones venideras.

*Este artículo fue publicado en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=ZkQj6xbNUVA

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.