¿Cuánto le cuesta la inseguridad a América Latina?
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¿Cuánto le cuesta la inseguridad a América Latina?

América Latina sigue siendo la región "más desigual y más violenta" en el mundo y vive una paradoja, asegura el informe "Seguridad Ciudadana con un Rostro Humano", divulgado recientemente por el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).
23 de diciembre, 2013
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La inseguridad le costó a América Latina más de 330 millones de años de vida en solamente un año.

Y la criminalidad es un problema regional, que obstaculiza el desarrollo social y económico de cada nación latinoamericana, según Naciones Unidas.

América Latina sigue siendo la región “más desigual y más violenta” en el mundo y vive una paradoja, asegura el informe “Seguridad Ciudadana con un Rostro Humano”, divulgado recientemente por el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).

En la década pasada, la región experimentó crecimiento económico pero también un aumento del crimen.

América Latina tuvo un crecimiento económico agregado sostenido de 4,2% en promedio anual en los últimos 10 años y 70 millones de personas “salieron de la pobreza”.

Sin embargo, mientras las tasas de homicidios se redujeron en otras regiones, en América Latina aumentaron, con más de 100.000 homicidios por año y un total de más de un millón desde 2000 a 2010.

Los latinoamericanos tienen además “la percepción más baja de seguridad a nivel mundial”: en promedio, una de cada tres personas dijo haber sido víctima de un delito violento.

El informe mira también a los múltiples factores que inciden en la criminalidad, incluyendo la fractura del tejido social, el grave problema de la deserción escolar en la región, la lentitud del sistema judicial y las dificultades en la inserción laboral.

El costo del delito

“Se puede medir el costo del delito de distintas maneras”, le dijo a BBC Mundo el Dr. Marcelo Bergman, director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (Celiv), de la Universidad Nacional Tres de Febrero en Argentina, y uno de los autores del informe.

Una de las opciones es “medir el costo por años de vidas perdidos”.

“Esto suena extraño pero les doy un ejemplo. Supongan que una persona es asesinada a los 25, esa persona en normales circunstancias de acuerdo a las estimaciones para un país determinado podría haber llegado a vivir 75 años. Si es asesinada a los 25 quiere decir que se perdieron 50 años de vida de esa persona”.

Un cálculo complejo permite estimar por cada país cuántos meses de vida se perdieron por exceso de homicidios, una cifra que se multiplica por la población del país. Brasil, por ejemplo, perdió ocho meses en su expectativa de vida, que multiplicada por sus más de 190 millones de habitantes resulta en más de 100 millones de años de vida perdida.

Tomando como base la información de 15 países de América Latina, en 2009 la región perdió 331 millones de años de vida, según el informe.

La inseguridad afecta también el potencial económico: sin la mortalidad excesiva debida a los homicidios, el Producto Interno Bruto (PIB) regional habría sido 0,5% mayor, lo que equivale a una ganancia potencial de más de US$24.000 millones en 2009, según la ONU.

Otra opción es realizar un cálculo contable estimando los costos directos e indirectos del delito, explicó Bergman.

“Por ejemplo, cuánto gastan las personas en protegerse comprando candados o pagando por vigilancia, cúanto gastan las autoridades en mantener un sistema de seguridad, en policías, fiscales, cuánto cuestan las cárceles etc”.

La suma de esas estimaciones revela que los países de la región gastan en seguridad desde el 2,5% de su PIB, como Costa Rica (US$915 millones) hasta más del 10% en el caso de Honduras (US$1.700 millones).

Multicausal

“Hay muchos factores que inciden en el crecimiento del delito. El problema fundamental de por qué crece el delito es multicausal, multivariable”, afirmó Bergman.

Una paradoja de la relativa prosperidad que ha tenido el continente en los últimos 10 años es que más gente tiene capacidad de consumo y se vuelca a consumir productos muchas veces robados.

Por otra parte, el narcotráfico está produciendo violencia “en la mayoría de los lugares por donde transitan las enormes cantidades de droga que van hacia los mayores centros de consumo que son Europa y EE.UU”.

Bergman también destaca entre los elementos que han incidido mucho en el crecimiento del delito “la debilidad de las instituciones del Estado, como la policía, los jueces, las cárceles, que no han estado a la altura del desafío. En general son instituciones que no se fortalecieron, que no han incorporado tecnología, inteligencia, que han sido desfasadas por la amenaza de organizaciones criminales”.

Desigualdad y deserción

Entre 2008 y 2010, ocho de los diez países del mundo con mayor índice de desigualdad en el ingreso se encontraban en A. Latina, donde “el entorno en el que nacen las personas continúa determinando su futuro”, según el informe.

Otro factor es la falta de calidad del empleo. El 92% de los pobres en situación de indigencia tienen empleo pero esto no les ha permitido superar su situación.

El PNUD apunta también cambios profundos en las familias latinoamericanas,.

El porcentaje de nacimientos en hogares monoparentales se duplicó en 30 años, de 7,3% en 1970 a 15% en 2000. Y A. Latina y el Caribe es la segunda región con mayor fecundidad adolescente entre 15 y 19 años, después de África.

A este panorama se suma uno dato que impacta: el 51% de los jóvenes varones y el 45% de las mujeres en la región no terminan la secundaria.

“La mano dura no funciona”

El PNUD advierte que la “mano dura”, la política de represión criminal, ha coincidido a menudo con mayor criminalidad.

“No hay bala de plata, no hay una sola decisión o conjunto de tres o cuatro decisiones que van a resolver el problema. No hay ley de tolerancia cero o de mano dura o de promover la educación para todos que vaya a resolver estos problemas, son muchas las cosas que hay que hacer”, advierte Bergman.

Las recomendaciones del informe incluyen modernizar la policía, democratizar los procesos de reclutamiento, fortalecer el sistema de justicia reduciendo la impunidad y sancionar la violencia contra mujeres.

Para Bergman, “tal vez la recomendación más importante es que todos los actores que tienen algún grado de involucramiento en el tema de la criminalidad tienen que ocuparse todos los días de estos problemas”.

“Las agencias de desarrollo social tienen que hacer un gran trabajo en identificar factores de riesgo en zonas determinadas, ayudar a los padres, identificar las personas que tienen determinados problemas y atenderlas en una edad temprana para que no caigan el delito”.

“Cuando ocurre un delito no dejarlo pasar, la policía tiene que recabar información y sistematizarla para hacer una inteligencia criminal efectiva, e identificar hotspots o zonas calientes, las zonas donde ocurren más delitos y atenderlas no solo a través de patrullas policiales sino de programas de prevención”.

Bergman también recomienda atender focos de violencia familiar que son precursores de otras violencias, regular bien los mercados de armas de fuego, de droga, y del alcohol, “porque es bien sabido que en muchas ciudades se redujo el nivel de homicidios significativamente cuando se instalaron horarios en que no se puede consumir alcohol, como es el caso de Bogotá o Diadema, una municipalidad en el estado de Sao Paulo”.

Para el experto argentino, la criminalidad es un problema que va creciendo y requiere de recursos presupuestarios cada día más importantes, “pero lo más importante de todo es que todas las recomendaciones de política pública tienen que surgir de una alta coordinación interministerial o interagencial y con una dedicación permanente”.

“No hay que dejar pasar las cosas porque cuando uno las deja pasar después tiene descalabros como en el norte de México, Honduras, Venezuela, o como fue Colombia hasta los años 90, en que no se hacía gran cosa y los problemas tomaron proporciones que hizo muy difícil revertirlos”.

331 millones de años de vida perdidos en 2009

“El cálculo estima el número de años que pierde la población de América Latina debido a la violencia homicida, tomando como base de cálculo el número de personas vivas y que nacieron en el 2009 en los 15 países incluidos en el estudio.

Se calculan los meses de vida que cada una de estas personas pierde en promedio, a lo largo de toda su vida, por la eventual afectación que en cualquier momento de su vida del 2009 en adelante, sufriera en términos de la violencia homicida que sufrió la región en el 2009. Al multiplicar estos meses de vida por el tamaño de población de la región (529 millones de personas) se obtiene el número de años que dejaría de vivir la población de América Latina debido a la violencia homicida (331 millones de años)”.

Fuente: Investigadores del CERAC, Centro de Recursos para al Análisis de Conflictos, Colombia

Educación y crimen

El PNUD cita un estudio reciente sobre México, según el cual la tasa de homicidios de hombres de 18 a 40 años sin primaria es de 300 homicidios por cada 100.000 habitantes. En contraste, los varones entre 26 y 40 que lograron terminar la universidad tuvieron una tasa de homicidios de 26 por cada 100.000 habitantes en 2011.

La tragedia de la pasta base

“Lo que está pasando aparentemente en los últimos 5 a 10 años es que desde los países productores de coca, Bolivia, Perú y Colombia, ya no se envía (a Argentina o Uruguay) siempre cocaína sino la pasta base para que se cocine la cocaína o el crack”.

Son drogas muy baratas o relativamente baratas que producen un exitación muy rápida pero un período muy corto de tiempo.

Generan una dependencia muy seria y es muy fácil entrar porque con dos o tres dólares uno comienza a consumir, pero después va necesitando más y más y necesita US$40 o 50 por día para mantener la adicción.

En esos estados de adicción pueden acabar matando para robar muy poco dinero.

Esta es una de las grandes tragedias que resulta de la pasta base y que habrá que atender como problema de salud pública”.

Dr. Marcelo Bergman 

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Rusia y Ucrania: por qué Biden cruzó una peligrosa línea al comentar que Putin 'no puede seguir en el poder'

Las declaraciones fuera de guion del presidente estadounidense sobre su homólogo ruso han tensado las relaciones entre ambos países.
28 de marzo, 2022
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El presidente de EU, Joe Biden, hizo la semana pasada una serie de declaraciones fuera de guion que elevaron la temperatura de las relaciones entre su país y Rusia.

Su comentario improvisado el sábado en la parte final de lo que en Polonia consideraron un “gran discurso”, cuando sugirió la destitución del presidente Vladimir Putin, pudo haber tenido graves consecuencias.

En su discurso ante una multitud de funcionarios y dignatarios del gobierno polaco en el Castillo Real de Varsovia, el presidente de EE.UU. advirtió una vez más que el mundo se encuentra en medio de un conflicto decisivo en nuestra era entre democracias y autocracias.

Prometió que la OTAN defenderá “cada centímetro” del territorio de sus estados miembros. También que brindará un apoyo continuo a Ucrania, aunque señaló que el Ejército estadounidense no se enfrentará a las fuerzas rusas allí.

Fue un discurso de confrontación, aunque mesurado, en línea con el que mantienen desde hace meses las autoridades estadounidenses, comenzando por el secretario de Estado, Antony Blinken.

Al final, justo antes de los agradecimientos y la despedida, Biden comentó sobre su homólogo ruso: Por el amor de Dios, este hombre no puede seguir en el poder”.

Ahí estalla la bomba.

“Este discurso, y los comentarios referidos a Rusia, son asombrosos, por usar términos educados”, declaró el portavoz de Moscú, Dmitry Peskov. Biden, afirmó, “no entiende que el mundo no se limita a Estados Unidos y gran parte de Europa”.

Putin y Peskov

Getty Images
Peskov, portavoz del gobierno de Putin, criticó el comentario de Biden.

Y entonces EE.UU. recula.

“El punto del presidente era que no se puede permitir que Putin ejerza el poder sobre sus vecinos o la región”, alegó un funcionario de Washington. “No estaba debatiendo el poder de Putin en Rusia, o un cambio de régimen”.

La línea entre condenar y pedir un cambio de régimen

La rapidez con la que se emitió la “aclaración”, de la que luego se hizo eco Blinken, sugiere que el gobierno de EE.UU. comprende el peligro inherente de las palabras de Biden.

Horas antes el presidente de Estados Unidos había llamado “carnicero” a Putin; y la semana pasada pareció adelantarse al procedimiento diplomático de su propia administración al acusar al líder ruso de crímenes de guerra.

En ambos casos los comentarios de Biden provocaron condenas y advertencias de Moscú de que las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Rusia se estaban deteriorando hasta el punto de ruptura.

Hay una línea entre condenar al líder de una nación -la retórica a veces sobrecalentada de la diplomacia- y pedir su destitución; una línea que tanto los estadounidenses como los soviéticos respetaban incluso en el apogeo de la Guerra Fría; una línea que Biden, en principio, ha cruzado.

Frecuentemente se acusa a los países poderosos de imponer a los débiles un “cambio de régimen”.

Esto, sin embargo, no suele ser lo que una nación con armas nucleares exige a otra.

El domingo incluso algunos aliados de Estados Unidos intentaban distanciarse de los comentarios de Biden.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, advirtió que el líder estadounidense estaba poniendo en peligro las negociaciones de armisticio entre Rusia y Ucrania.

“Queremos detener la guerra que Rusia ha creado en Ucrania sin una escalada”, afirmó. “Si esto es lo que queremos hacer no debemos agravar las cosas, ni con palabras ni con acciones”.

En Washington, los líderes del Congreso también expresaron su preocupación. El republicano de Idaho Jim Risch, el de mayor rango en su partido en el comité de relaciones exteriores del Senado, calificó los comentarios de Biden como una “horrible metedura de pata”.

“Dios mío, desearía que lo ciñeran al guion”, declaró. “Decir, o incluso como hizo él, sugerir que tu política es de cambio de régimen, causa un gran problema. Esta administración ha hecho todo lo posible para detener la escalada. No hay mucho más que puedas hacer para aumentarla que pedir un cambio de régimen”.

Un historial de comentarios improvisados

Joe Biden y Barack Obama en 2012

Getty Images

Es conocida la tendencia de Biden a hacer comentarios improvisados que pueden ponerlo en situaciones difíciles.

Estos han dañado anteriores candidaturas presidenciales y en ocasiones han sembrado la frustración entre los funcionarios de la administración Obama cuando era vicepresidente. Sin embargo, tales comentarios no son del todo accidentales. Pueden revelar lo que siente Biden aún si su cabeza -y las de quienes lo rodean- preferirían que se callara.

A veces son una fortaleza política, escribe Tom Nichols de la publicación The Atlantic, que permite a Biden conectarse auténticamente con las emociones del pueblo estadounidense.

Pero en este momento actual de crisis diplomática, cuando unas palabras mal elegidas pueden acarrear consecuencias importantes, también se consideran una debilidad.

“Es difícil culpar a Biden por no contener su conocido temperamento después de hablar con las personas que han sufrido la barbarie de Putin”, escribe Nichols. “Pero las palabras de todos los líderes mundiales importan en este momento, y ninguna más que las del presidente de Estados Unidos”.

Es posible que Biden crea que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia están tan dañadas que no se repararán mientras Putin esté en el poder. Sin embargo, decirlo explícitamente podría dificultar el objetivo inmediato de Estados Unidos: poner fin a la guerra en Ucrania y preservar la integridad territorial de la nación.

La guerra en Ucrania no transcurre como Putin pretendía. Su ejército está atascado en amargos combates y las bajas van en aumento. Su economía está sufriendo el peso de las sanciones económicas. Rusia está cada vez más aislada del resto del mundo.

La situación tiene potencial para llevar a la desescalada que piden EE.UU. y sus aliados, pero también podría hacer que Putin se desespere más. Y si el líder ruso cree que su poder está en juego, y piensa que EE. UU. persigue ese objetivo de forma abierta, es posible que el giro que tome la crisis a partir de ahora no sea precisamente el de la paz.


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