El cine y sus historias están en la FIL Guadalajara
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El cine y sus historias están en la FIL Guadalajara

Hoy, el escritor y crítico de cine Miguel Cane presenta su libro 'Pequeño diccionario de cinema para mitómanos amateurs' en la FIL de Guadalajara a las 19 horas.
Por Mayra Zepeda
3 de diciembre, 2013
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Miguel Cane casi tenía siete años cuando se enamoró del cine. Su abuelo -el responsable de que este escritor mexicano y crítico del séptimo arte se rindiera ante los encantos de la pantalla grande- lo llevó al Bella Época a ver Desayuno en Tiffany´s. No hubo vuelta atrás cuando vio a Audrey Hepburn enfundada en un vestido de coctel negro, perlas en el cuello, gafas de sol y peinado de peluquería mientras sonaba “Moon river” de Henry Mancini.

Hoy, 30 años después de esa visita al cine, Miguel presentará su libro Pequeño diccionario de cinema para mitómanos amateurs en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a las 19:00 horas. Miguel dará a conocer ante los lectores el resultado de un acto “producto del amor al arte y con amor al arte”, a su abuelo que le enseñó el cine, a sus padres que lo llevaron desde pequeño, a sus amigos, al joven escritor Daniel Krauze –autor del prólogo- y a Ana Bustelo, la mujer que ilustró hermosamente esta obra editada por Impedimenta.

Con este libro, Miguel Cane se revela como todo un mitómano –favor de olvidarse de la connotación negativa de esta palabra asociada con la compulsión por decir mentiras-. Para Miguel, un mitómano es “alguien que está obsesionado con el cine, quien lo hace y lo que representa (…) alguien que llena su vida con los mitos de la pantalla”.

Él es un mitómano, sin duda. Cuando habla de su pasión, los nombres de actores, actrices, directores y películas le brotan con una naturalidad que sólo puede brindar más de 30 años de ver cine, una colección personal de entre mil 800 y 2 mil obras, cientos de entrevistas realizadas y textos escritos.

Se entiende por qué cuando su editor, Enrique Redel, le propuso el proyecto de crear un libro que introdujera al lector a las vidas de sus iconos del cine Miguel entregó una lista con 700 nombres de actores, actrices, personajes, directores, películas y hasta objetos.

Sin embargo, la lista definitiva tuvo que recortarse a 250. En las páginas de este Pequeño diccionario conviven las vidas y anécdotas de tres tipos de personajes:

  • “Los de siempre”, clásicos y conocidos de la talla de Greta Garbo, Marilyn Monroe, Marlene Dietrich, Gary Cooper, Cary Grant, Humphrey Bogart, James Stuart, Warren Beatty, las Hepburn (Kate y Audrey), James Dean…
  • Los “modernos” como Anne Hathaway, Ryan Gosling, Kate Winslet, Cate Blanchett, Drew Barrymore, Alfonso Cuarón, Reneé Zellweger…
  • Aquellos que se pasean en la cuerda floja del olvido como Alex Karras, Alan Bates, James Fox, Dirk Bogarde, Pamela Franklin, Deborah Kerr, Sandy Denis, Paula Prentiss, Brooke Adams…

Sí, son muchos nombres. Sí, muchos son de las décadas de los 30, 40, 50, 60 y 70, pero como dice Daniel Krauze en su prólogo, “este libro es una puerta de entrada a lo que llamamos cinefilia o una invitación para desempolvar la filmoteca personal y volver a ver lo mejor de Ingmar Bergman o lo más sobresaliente de John Ford (…) es un viaje a través de las filias y fascinaciones de su autor”.

A Miguel le interesa que los jóvenes se acerquen al cine, que se interesen por ver películas antiguas, que este libro les despierte la curiosidad de buscar las obras y compartirlas para así contrarrestar el olvido del tiempo muchas veces injusto.

Aquí encontrarás la historia de Mia Farrow, protagonista de la película favorita de Miguel: El bebé de Rosemary o La semilla del diablo, dirigida por Roman Polanski y estrenada en 1968.

“Para mí la mejor época del cine abarca de 1959 a 1979. Son los años que más conozco” dice Miguel, quien de pronto suelta los nombres de varias de sus películas consentidas: El año pasado en Marienbad, Hiroshima mon amour, Los paraguas de Cherburgo, La aventura, La dolce vita, La noche, Persona, La hora del lobo, Repulsión, 2001, Espartaco, Doctor insólito, Charada, Los pájaros, Psicosis, Marni y, por supuesto, El bebé de Rosemary.

Pequeño diccionario de cinema para mitómanos amateurs fue escrito en sólo tres meses, en noches y madrugadas en las que Miguel escribió de manera febril –siempre acompañado por Audrey, su perrita salchicha, a quien dedicó esta obra–, vio películas para recordar diálogos y escenas específicas, y sostuvo conversaciones provechosas en Twitter, esa red social que alimentó el trabajo de este escritor que la reconoce como la más poderosa hoy en día, incluso por encima de Facebook.

“Escribir un libro de cualquier tipo es un trabajo solitario, sin embargo, este libro me llenó de mucha gente que me aportaba cosas. Mientras escribía me sentía un poco menos solo”, dice Miguel mientras saborea un cigarrillo.

“Que no se pierdan estos mitos. Que vivan para siempre. Si el libro cumple esta función, si hace que la gente se interese y comparta, entonces habrá cumplido su objetivo”.

Animal Político te presenta un adelanto del libro que Miguel Cane presentará hoy en la FIL Guadalajara:

Avance Diccionario by Mayra Zepeda Arriaga

A Miguel también lo puedes leer todos los domingos en el suplemento dominical de Milenio y en su blog aquí en Animal Político. En Twitter lo encuentras siempre como @AliasCane.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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https://www.youtube.com/watch?v=5BNNcz1-soc

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